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II. LA REALIDAD ES FICCIÓN

 

PLANO MEDIO: un hombre enteramente vestido de blanco en el puerto de Nápoles. ¿San Pancracio mártir? Había un parecido... 1958.

Plano general: el contraste violento entre Roma de día y de noche. Lo impactó el Panteón. Por su magnificencia. Fue su primer gran encuentro con el arte italiano.

Zoom: un tubo de metal cuadrado y negro mate que encontró en la calle. Espacio y límite. Sigue siendo la base de su pensamiento y de su trabajo. El límite es varilla, madera, materia. Todas envuelven las ideas, el espacio. Usted y yo.

Roma: ahí vivió más de un año y la recorrió como un sonámbulo. No la recuerda, o no quiere recordarla, con nitidez. Su Roma es un amasijo de imágenes sueltas, fragmentadas, personales y hasta inventadas.

Lo impresionaron sus fuentes, sus mártires, su cantidad de esculturas, el 'Trastevere' y el Tíber, que comparó, para divertirse, con el Amazonas: era un hilo de agua. Las diferencias con los europeos empiezan por ahí, con el vocabulario.

En Roma descubrió intrigado la cantidad de ruinas. Se dedicó a recorrerlas y a tratar de armarlas en su cerebro. Otra afición: visitar tumbas; la de Adriano, la de Cecilia Mettela... Tantas, que pensó que Roma era una gran tumba. De esos pasatiempos todo le quedó. "Mi obra siempre ha hablado de pedazos, de un mundo que desapareció. Soy un antropólogo que juega a reconstruir el universo".

Roma era un estilo de vida. Una ciudad recogida, convivial y gocetas. Era la capital del catolicismo pero no era ni pacata ni aburrida. Se conjugaban nuevos matices de la libertad. "Italia fue un referente comparativo y relativo a la vez; y la práctica de vida fue para mí definitiva".

El arte que visitaba febrilmente en museos y galerías le pareció abrumador. En el Vaticano descubrió una escultura, el Torso del 'Belvedere', que lo dejó sin voz. Una impresión similar la vivió en La Spezia, en la Italia Meridional, meses después, al localizar un torso de un granito negro e intenso (maravilloso y gigantesco, dice Rojas, que adora los adjetivos), el de Ramsés III.

Contrariamente a lo que esperaba, la Capilla Sixtina no lo motivó. "Me pareció monumental pero aburridísima. Creo que nunca fue funcional". Rafael no le interesó porque lo absorbieron totalmente las obras de Miguel Angel y de Leonardo. No ha cambiado. A Piero della Francesca no lo podía ignorar y no lo hizo. "Fui a muchos sitios de Italia a vivir sus obras".

Roma es colecciones, espacios, iglesias y estilos arquitectónicos. Lo inquietó el románico aunque prefiere el gótico. Le dio la sensación de eterno, desproporcionado y espiritual. "Iba mucho al Museo de las Termas".

En ese momento daba sus primeros pasos Fellini. Lo vio filmando en la calle. Lo sorprendió su naturalidad, su capacidad para mezclarse con la gente sin establecer diferencias. Secretamente, acarició el deseo de ser actor y trabajó como modelo de ropa y extra en algunas películas. Era otra manera de situarse en el terreno de la creación. O de la figuración. Con Rojas nunca se sabe.

Le fue bien, al parecer. Su atadura con la pintura la mantuvo, sin embargo, a través de Pipo, un estudiante de bellas artes que había sido pastor en Sicilia y redondeaba sus fines de mes posando como modelo. Angelo también fue vital en esa decisión, también era modelo y también era abstracto. ¿Rojas qué era? "Nada. Ni abstracto ni figurativo".

Pipo y Angelo bien valen un paréntesis. Rojas, al llegar a Roma, tomó una habitación en vía Angelo Brunetti 33, segundo piso, corredor izquierdo sobre la calle. Esa dirección podría ser exacta. Era tan pequeña que pensó estar viviendo uno de aquellos momentos memorables en los que el espacio vital se reduce a uno mismo. Pintaba sentado sobre la cama. Y, sin embargo, decidió compartir su habitación. Con Angelo y Pipo solventaba dos problemas: la plata esquiva y el rosario de tareas domésticas que sigue detestando.

Pipo Gala era un personaje que parecía vivir desolado. Frente a la tela daba la impresión de un volcán en plena ebullición. "Lo recuerdo con una serie de adjetivos que se pueden relacionar con los seres que no tienen nada y que todo lo quieren". Pero en la vida, Pipo era una presencia permanente y discreta, apoyada en un cuerpo frágil que inspiraba sosiego y paz. "Siempre pensé que aquel hombre no produciría nada más que deseos". En ese momento produjo más. Rojas reconoce que algunos de los elementos de Pipo terminaron su obra. No fue un tránsito unilateral. Trabajaban juntos e incluían tierras naturales y de las vías, papeles arrancados de las paredes y arenas. Les seducía la tierra que se utilizó para construir a Roma. Una tierra volcánica que, triturándola y mezclándola, da la impresión de ser fosforescente. Los cuadros de Rojas eran claros y abstractos. Los de Pipo oscuros, abstractos y misteriosos. "A Pipo le debo".

Rojas describe a Angelo Maggiorana como un tipo regordete, bajito, divertido y juguetón. "Parecía un cupido descolgado de una iglesia romana y era de una inocencia tan grande que llegué a pensar que nunca había pecado".

Los tiempos eran rudos, aún dividiendo los gastos por tres. Al final de la primavera, y tras haber presentado sus exámenes, Pipo volvió a Taormina (Sicilia) por falta de dinero. Angelo viajó a Alemania por el mismo motivo. "Yo presenté mis exámenes y sin saber los resultados me fui a recorrer Italia durante el verano".

En otoño se convenció de que había cumplido su ciclo en Europa y decidió viajar a Estados Unidos, no sin antes ir hasta Alemania a visitar iglesias góticas, museos y talladores de madera. Estados Unidos ya sonaba como la gran magia del siglo XX.

"Un mes después recibí una carta de una amiga en que me contaba que había pasado los exámenes y que me postergaban la beca con la que me había ido a estudiar durante cinco años. Regresar era retroceder y de Italia ya había tomado lo que me interesaba".

Rojas, ya se dijo, no hace mucha diferencia entre lo visto y lo vivido, la realidad y la ficción. La dualidad es su territorio. Siempre le ha parecido un sueño su estadía en los sitios. Estados Unidos confirma con creces esa ambigüedad.

Cosas, no hizo tantas. Pero vio mucho y pensó más. Fue una experiencia que en la parte más íntima se redujo a una vida en un ático lleno de polvo, donde hizo su estudio. "Sólo limpié dos o tres metros para colocar una silla y una mesa para pintar".

Un estudio no en Nueva York sino en Washington. A una cuadra de Dupont Circle frente a la Catedral Metropolitana. Era una enorme construcción en piedra que veía desde su estudio en su último piso. El polvo lo obsesionaba. Pero ni lo tocaba ni trabajaba con él. Esa idea de lo viejo, lo reciclado, lo destruido, lo abandonado, es una realidad hoy en su estudio en Bogotá.

Estado Unidos era el |Pop que se estaba gestando, el anonimato, las cataratas del Niágara que lo sorprendieron por su exuberancia, sus cuadros que no se vendían, la literatura rusa, sus análisis de izquierda, la serie de retratos que hizo de Lumumba, sus días pasados en galerías y museos, sus almuerzos en People's, su pasión por el |jazz y por el arte negro, sus cuadros destruídos porque sí, el estudio minucioso de las culturas egipcia y el Lejano Oriente, su deseo de viajar a Africa, sus soiréesen ópera, teatro y recitales de música, sus miles de impresiones de tanto visitar, ver, leer y analizar. . . Italia lo conectó con la modernidad; Estados Unidos le confirmó que debía estructurar su vida y su obra alrededor del pensamiento.

 

 

Estados Unidos le sirvió para que cuestionara su vida y organizara sus valores, su cultura. "Sus mejores artistas, por ser universales, son parte integral de mi concepto latinoamericano y sabanero. Creo que, además del |pop, mi viaje a ese país me sirvió para encontrarme con Rothko".

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