|
INDICE
|
|
Arquitectura y caricatura
Por: José Roca - Arquitecto
En más de un siglo de caricaturas, Bogotá ha aparecido
constantemente y de diversas maneras. En ese lapso la ciudad ha
sufrido una serie de cambios que van desde la apariencia física
-los estilos arquitectónicos, los edificios y los monumentos- hasta
su estructura urbana, expresada en las avenidas, los servicios y
los aportes tecnológicos asociados a la noción de progreso. Vale la
pena anotar que la referencia más general que nos sitúa en el
contexto de Bogotá es la línea de los cerros de Monserrate y
Guadalupe.
La forma en que aparece la arquitectura de la ciudad en las
caricaturas también es diversa: contextos urbanos generales,
construcciones o lugares reconocibles y, en menor grado, edificios
específicos. Es decir, en la mayoría de las veces la arquitectura
es escenario de los hechos y en muy pocas ocasiones protagonista.
Esto nos permite ver, en una antología de caricaturas, la evolución
de los estilos de la arquitectura bogotana en los escenarios de las
mismas.
Las tres grandes fuerzas estilísticas de nuestro acervo
arquitectónico están retratadas en los fondos de las caricaturas de
sus mejores y más incisivos dibujantes. En efecto, vemos la ciudad
despertando del letargo atávico de su legado colonial en Pepe
Gómez, la arrogancia y el amaneramiento de los fondos republicanos
de Rendón y la Bogotá Moderna consolidada -y desordenada-, en los
perfiles urbanos reticulados y anónimos de Merino.
Sin embargo, el protagonismo de los edificios ha sido muy poco.
Es solamente en los casos más recientes, de los años 70 en
adelante, en que se hace un comentario acerca de la arquitectura
como tal. La razón de lo anterior puede estar en el hecho de que
hasta principios de este siglo la ciudad, como fruto de una
continuidad histórica, no atraía la atención (el interés general)
sobre sí misma; además, siendo Bogotá el lugar de llegada de
continuas inmigraciones rurales, lo urbano tiene escaso arraigo
entre sus habitantes.
|
|
241. Fábula.
A un panal de rica miel...
Anónimo.
"Sal y Pimiento", febrero de 1926.
Clisé, 8 x 12 cms.
|
Rara vez se ha visto una manifestación de protesta ante la
intención de construir un edificio que rompa con el estilo de un
sector tradicional. Mucho menos una caricatura acerca de la
demolición de un edificio de valor histórico-arquitectónico.
Ejemplos tristemente célebres como el Convento de Santo Domingo, o
el Hotel Granada, entre muchos atestiguan el poco interés que
despierta la arquitectura en los ciudadanos. Es solamente en el
momento en que el objeto arquitectónico se involucra con los temas
de interés general, lo social y lo político, en que él mismo atrae
la atención de la gente. Las caricaturas sobre el Palacio de San
Carlos, los puentes y viaductos durante la Alcaldía de Mazuera y
Durán Dussán, la "vivienda sin cuota inicial" del
presidente Betancur, las obras civiles con motivo de la visita del
Papa, son ejemplos en los cuales la arquitectura logra el
protagonismo al perturbar un sector social o político
determinado.
En Nueva York, la metrópoli por excelencia, se abrió hace
algunos años un concurso para la ampliación del Museo Whitney, una
pequeña joya del diseño arquitectónico moderno. El favorecido con
la comisión fue el arquitecto Michael Graves, quien planteó, en
concordancia con su propia tradición, una mezcla ecléctica de
formas tomadas libremente en préstamo de distintas vertientes
histórico-arquitectónicas, que alteraba profundamente el sentido
original del edificio de Marcel Breuer. La respuesta no se hizo
esperar: en periódicos y en revistas especializadas comenzaron a
aparecer innumerables artículos y caricaturas en las cuales se
ponía en evidencia la falta de bases sólidas que respaldaran la
propuesta, su vacuidad, su carácter de máscara o maquillaje, y
finalmente, se cuestionaba inclusive la elección misma del
arquitecto. La presión pública que generaron las caricaturas fue
tan intensa, que polarizó en dos bandos a defensores y detractores,
resultando a la postre en profundos y radicales cambios a los
planteamientos del proyecto, así como en participación efectiva del
público en la toma de decisiones.
|
|
225. Album literario o colección de
chistes, agudesas i bellas artes.
José Manuel Morroquin, José Moría Vergara y Vergara, Ricardo
Carrasquilla, Fermín Molo y otros.
1860. Xilografía, 20 x 12 cms.
En 801 se publico en el "Correo Curioso" la
"Conversación I.(imaginaria) de Monserrate y
Guadalupe" G: ( ... ) Esta ciudad que se puso, desde los
principios de su fundación, baxo la sombra de nuestro ciudadano que
se nos encargo tantó el zelo sobre su niñez; y que a nuestros ojos
ha crecido rápidamente, haciendo honor o nuestra tutela (...) M: No
es mucho pues que yo me acuerde de eso allá entre gallos y media
noche.
|
|
|
265. Reconocimiento tardío.
Le Corbusier: ¿Y todo esto destrucción?
Loureano: Es obra mía.
Lisandro Serrano (activo 1920 - 1960).
"El Tiempo", junio 16 de 1947.
Tinta sobre papel en reproducción,
10 x 9 cms.
Silvio Arango reconstruye así lo llegada del arquitecto francés o
Bogotá: "Cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de
Techo estaban esperando a Le Carbusier casi todos los arquitectos y
estudiantes de arquitectura de Bogotá, unos doscientos, can
pancartas de bienvenida yo los gritos de A bas l' Academie. Vive Le
Corbusier!''.
|
¿Es posible que en Colombia se dé un poder a la caricatura sobre
la opinión pública? Creemos que sí. Sin embargo la opinión pública
no abarca, desgraciadamente, el campo de la arquitectura. Un sujeto
se convierte en el personaje central de una caricaturo, al conmover
un temo de interés general. Un vistazo rápido a los temas
protagónicos de la caricatura en Colombia, hace evidente que los
que predominan ampliamente son el social y el político,
difícilmente el arquitectónico. En ambos casos la arquitectura, si
bien no protagoniza, puede jugar un papel imprescindible como apoyo
visual-contextual al comentario crítico.
Las artes son y han sido un reflejo de la sociedad de la cual
surgen: sin embargo, la arquitectura, dada su prioridad
programática y su carácter físico, no puede sustraerse de una
asincronía entre momento histórico y realización de la obra. La
caricatura, en cambio, puede hacer un juicio crítico inmediato a
las situaciones de su momento. Algo a lo que debemos aspirar es a
que la caricatura de arquitectura llegue a la madurez de asumir el
papel de vehículo mordaz de toma de conciencia de la colectividad
ante problemas que muchos casos hasta ahora se insinúan cuya
proyección e implicaciones aún no alcanzamos a vislumbrar.
|
|
276. Normas urbanísticas.
Héctor Osuna (1938).
"El Espectador", mayo 15 de 1983.
Tinto sobre papel en reproducción,
9.4 x 8.4 cms,
Las normas urbanisticas defendidos por el director de Planeación
Municipal, el arquitecto Antonio Alvarez, generaron una sonoro
polémico alrededor de los edificios de los almacenes
"Only", cuyas vitrinas ya forman parte de la
arquitectura típica bogotana.
|
|