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Un desconocido álbum familiar
Por: Alvaro Montoya G.
Los caricaturistas son unos seres extraños, algo sombríos,
ruidosamente silenciosos, poseedores de una fascinante manera de
ver a sus semejantes y a su entorno, lo que los convierte en agudos
intérpretes de las situaciones cotidianas o trascendentes.
Gracias a un sexto sentido, descubren aquello que para la
mayoría de las personas pasa inadvertido. Tienen la rara virtud de
plasmar la historia por medio de anécdotas, que sumadas dan un
cuadro inequívoco que rebasa los límites de la simple descripción,
y muestra las venturas y desventuras del ser humano en sus
vanidades y miserias.
Esa lógica sutil que manejan los caricaturistas los convierte en
certeros conocedores del ser humano. Repasando la obra de los
caricaturistas que en Colombia han sido, encontramos los mejores
testimonios de tiempos idos, con usos y costumbres, problemas y
avatares ya superados que sirvieron de escenografía en la cual el
hombre protagoniza, una y otra vez la tragicomedia de su propia
existencia.
La idea de regalar a la cumpleañera Bogotá con una exposición de
caricaturas, no deja de tener algo de insólito. Pero,
indudablemente, este aguinaldo va a permitir a los bogotanos, por
nacimiento o por adopción, hacer un recorrido aleccionador e
interesantísimo por los últimos 150 años de la historia de su
ciudad, guiados por esos escépticos llenos de fe que la han
descrito con la tinta indeleble y elocuente de sus plumas.
Ver a sus personajes típicos, humildes o importantes; a sus
alcaldes con sus vicios y sus virtudes; a sus múltiples problemas,
siempre insolubles; y a esos sitios nónimos o anónimos en donde han
ocurrido hechos inocuos o destacables, constituye un nostálgico
viaje de turismo espiritual por el pasado de la sufrida ciudad que
hace 450 años fundó Don Gonzalo Jiménez de Quesada, en los predios
del Zipa.
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32. Festival Turístico.
Manuel Parra "Espartaco" (activo 1950).
"Voz Proletaria", febrero 18 de 1960.
Tinta sobre papel en reproducción,
l3xl7cms.
Caricatura realizado en 1959, durante la campaña preparatoria del
Festival Turístico organizado por Juan Pablo Llinás. Este incluía
una semana de la Risa", y cuatro días de carnaval.
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José María Espinosa, Ramón Torres Méndez, José Manuel Groot,
Alberto Urdaneta y Alfredo Greñas, excelentes pintores,
retratistas, dibujantes y grabadores, ejercieron pública o
clandestinamente la caricatura, y dejaron inmejorables testimonios
gráficos de la Santa Fe de Bogotá en el siglo pasado. Los amables
dibujos humorísticos de Espinosa, las acuarelas costumbristas de
Torres Méndez, los impecables grabados tocados de humor de Groot y
Urdaneta, y las contundentes caricaturas de Greñas, amojonaron la
historia cultural y política de la capital colombiana.
En publicaciones como "El Mochuelo",
"El Alacrán", "El Zancudo" y el
magnífico "Papel Periódico Ilustrado", quedaron
consignados los testimonios de estos estupendos artistas, que
prácticamente introdujeron al país ese difícil arte periodístico:
la caricatura.
El desarrollo de las técnicas del grabado y la impresión,
facilitó la labor de los cultores de este género. Ya el artista
sólo tenía que preocuparse porque sus caricaturas sintetizaran con
ironía y mordacidad la situación que querían ridiculizar y que sus
protagonistas tuvieran el esencial parecido con el grotesco modelo
de la vida real. Poco a poco el caricaturista fue relevado de la
hermosa labor artesanal del grabador.
Pepe Gómez, quien con Ricardo Rendón copa con sobrado calidad
las tres primeras décadas de la caricatura colombiana en este
siglo, fue un innovador de las técnicas del grabado que le permitió
mayor agilidad a su trabajo gráfico. Su obra iniciada a los 19 años
en el periódico humorístico "Sansón Carrasco",
sólo concluye con su muerte en 1936 a la edad de 44 años. Funda en
1917 el semanario "Bogotá Cómico", y esto le
permite concentrarse en los problemas de su ciudad. Allí adquiere
su madurez como caricaturista y aguzo su instinto de afamado
periodista. Más tarde vienen las revistas "Semana
Cómica", "Anacleto",
"Fantoches" y "La Guillotina" y
sus colaboraciones en los periódicos "El País",
"La Razón" y "El Siglo",
matutino fundado por su hermano Laureano Gómez, del que fue su
primer caricaturista. Pepe Gómez fue un profesional del humor,
trabajó en él de tiempo completo. Durante 25 años ejerció la
caricatura, convirtiéndose así en un testigo de excepción de los
grandes acontecimientos de su época, que fue la misma de Rendón, su
émulo y su amigo.
La carrera pública de Ricardo Rendón duró algo más de tres
lustros, dos de los cuales los dedicó a la caricatura política.
Colaboró en los periódicos "Lo República",
"El Gráfico", "El Espectador",
"El Tiempo" y con la revista
"Cromos". Excelente dibujante y mejor
caricaturista, Rendón se convirtió muy pronto en el más cotizado
humorista político de entonces. Su ingenio y la contundencia de su
ironía, sumados a la vida bohemia le crearon una leyenda en vida
que se agigantó con su dramático suicidio en 1931, cuando sólo
contaba con 37 años de edad.
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363. El tranvía de Bogotá a
Chapinero
Alfredo Greñas, seudónimos caricaturista
Roff, grabador Riff (1857- 1949).
"El Zancudo", marzo22 de 1890.
Xilografía, 7.5 x 21.5 cms.
El mal servicio, el pésimo estado de los vehículos, las penurias
de los pasajeros y los continuos descarrilamientos del tranvías
sirven a Greñas para hacer un símil gobierno
"regenerador" de Caro. Sin embargo, según cita
que hace Germán Arciniegas de papeles de Greñas, "al otro
día publicada esta crítica, el gerente de la Empresa, con un
ejemplar del periódico se fue a Estados Unidos a hacer mejorar lo
existente"
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311. Mojicón.
Adolfo Somper (1905).
"Mundo al día", noviembre 15 de 1924.
Clisé, 20 x 16 cms.
En el último cuadro el Bolívar de Fremiet, aún vertido en un
mínimo esquema, facilita la identificación de los paisajes urbanos
en la tira cómica se trato del Parque del Centenario.
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Contemporáneos de Pepe Gómez y de Rendón, también se destacaron
los caricaturistas Coriolano Leudo, Alfonso González Camargo, Gómez
Leal, Horacio Longas, Alberto Arango Uribe, Uscátegui y Pombo,
entre otros.
En la década de los años cuarenta, los lectores de periódicos y
revistas se acostumbraron a ver a Adolfo Samper, Lisandro Serrano y
Jorge Franklin. A mediados de ella, aparecieron Peter Aldor,
Hernando Turriago "Chapete", Espartaco, Enrique
Carrizosa, Jorge Moreno Clavijo y Hernán Merino, quienes se
consolidaron en la siguiente. Alrededor de 1960, irrumpen en el
escenario Héctor Osuna, Velezefe, Pepón, De La Torre, Henry, Luisé,
Ugo Barti (menos desconocido como Timoteo), Juan Cárdenas y Antonio
Caballero. En los años 70 se inician en el exigente oficio, Jorge
Duarte, Hernando Latorre, Al Donado, Calarcá, Ponto y Naide.
Después florece una nueva generación que actualmente aparece en los
distintos periódicos de la capital: Kekar, Guerreros, Grosso,
Palosa, Alfredo Garzón, Jairo Linares, Vladdo, entre otros. Todos
ellos han dejado caricaturas sobre la vida de Bogotá y sus
protagonistas.
No se han puesto de acuerdo los caricaturistas sobre la
fisonomía de Bogotá. Citemos algunos ejemplos escogidos alazar:
para Pepe Gómez en 1919, era una vieja bruja; para Rendón en 1928,
una heroína con gorro frigio; para Serrano en 1940 una agraciada
joven; para Espartaco en 1959, una pordiosera; para Merino en 1970,
una gorda digna de Botero; para Chapete en 1975, una cenicienta; y
para Luisé en 1978, una venerable anciana.
Pero en lo que sí hay consenso entre los caricaturistas, es que
se trata de una mujer llena de problemas, asediada por burócratas,
manzanillos y politiqueros que poco o nada la ayudan a sobrellevar
sus múltiples visicitudes.
¿Cómo eran los pobladores de Santa Fe de Bogotá en el siglo XIX?
Este interrogante lo responden Espinosa, con típicos personajes, y
Torres Méndez, quien nos muestra a las marchantas, a los asistentes
habituales a una chichería, a los devotos feligreses que participan
en una procesión, o a los encargados de hacer trasteos en la vieja
ciudad. También nos cuentan cómo eran sus habitantes, los grabados
de Urdaneta, Groot y Greñas.
Ya en este siglo, Pepe Gómez nos muestra cómo era el
"chapol" en 1911, que 70 años después Caballero
convierte en el "Señor Agente"; cómo patinaban en
Bogotá en 1917; cómo era un domingo en Chapinero, o la moda en
1926; o qué sucedía en un teatro capitalino cuando de improviso se
encendían las luces. Rendón dejó inmortalizados a los emboladores,
los mendigos, las marchantas y los pelafustanillos de los años
veinte. El agente de tránsito de Rendón, bien podría ser el abuelo
de las antipáticas "motas" de los años ochenta
que dibujo Duarte.
En los años treinta, Adolfo Samper crea un personaje de
historieta típicamente bogotano: Mojicón. Una década más tarde leda
vida para la revista "Sábado" a Don Amacise y a
Misiá Escopeta, cuyas aventuras transcurren como la vida normal de
los habitantes de Bogotá. En los años cincuenta Chapete y Merino
crean el personaje José Dolores, con el cual representan al pueblo
colombiano. Más tarde Pepón se divierte con las picardías de Don
Nepomuceno, un indio rolo que acompañó a loslectores de
"El Vespertino" durante algunos años y con su
carnal el señor Rodríguez, un burócrata de la década de los sesenta
perteneciente a la sufrida clase media, que aparecía en
"El Espectador".
Ernesto Franco creó a Copetín, el clásico gamín bogotano cuyas
peripecias con sus compañeros de "gallada",
Carecaucho, Misuniverso, etc.,aparecieron durante muchos años en
"El Tiempo". Timoteo publicó esporádicamente la
parásita vida de un exclusivo oligarca bogotano: El Clubman. Más
tarde Antonio Caballero retorna este personaje, que en unión del
"Señor Agente", al ama de casa proletaria, el
politiquero y el guerrillero le han permitido mantener la
"historieta" con mayor contenido político de las
que se publican en Colombia. Estos personajes
"caballerescos" aparecen en la revista
"Semana" bajo el título genérico de Monólogo
Nacional, ahora Monólogo del Exilio. Hace cerca de dos décadas Al
Donado publica semanalmente en "El Espectador"
las aventuras de su personaje Don Roque.
Es justo destacar la obra del antioqueño Hernán Merino quien, en
nuestra opinión, es el mejor caricaturista de los habitantes de
carne y hueso que deambularon y sufrieron en la Bogotá de los años
sesenta y parte de los setenta. Su temática social netamente urbana
tiene una escenográfía inconfundiblemente bogotana. Merino coloca a
sus personajes a vivir y a padecer en las calles de la capital, en
los edificios de la capital, en las oficinas de la capital. Sus
buses son los de Bogotá, sus tugurios son los de Bogotá, sus
paredes son las de Bogotá. Nadie ha retratado mejor a Bogotá que
este excelente dibujante cuya calidad se pone de presente en cada
una de sus caricaturas. No ocurre lo mismo con Chapete: si bien
describe situaciones netamente bogotanas sus personajes son más
bien estereotipos que recuerdan vagamente a los habitantes
capitalinos
Este don de inconfundible ubicuidad que hace o Merino
inconfundible, lo posee también Héctor Osuna. La acción de sus
caricaturas ocurre en sitios conocidos. Una sala del palacio
presidencial esefectivamente del palacio presidencial y no
cualquier sala. El parecido que logra Osuna en sus escenarios, es
igual al que logra en sus personajes. Al contrario de Merino, quien
se especializó en seres anónimos, Osuna lo hizo con los seres
conocidos, mostrando sus grandes dotes de fisonomista. Durante 29
años, no ha habido personaje de la vida pública colombiana que no
haya sido capturado por la pluma del genial Osuna. Le cabe el
mérito de ser el mejor historiador de la vida política colombiana
desde el Frente Nacional hasta nuestros días. Osuna es el más
especializado de los caricaturistas políticos en Colombia, y quien
ha mantenido su vigencia durante más tiempo en este difícil género
periodístico. Entre los muchos aportes que Osuna ha hecho a la
caricatura colombiana, se debe destacar su incorruptible
independencia frente a la dirección editorial del periódico en el
cual ha trabajado durante cerca de tres décadas. No han sido pocas
las discrepancias públicas entre la línea editorial de "El
Espectador" y la línea del caricaturista. Este hecho habla
bien del maestro Osuna y del diario liberal.
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483. Elección de alcaldes.
Jorge Grosso (1957).
"El Tiempo", diciembre27 de 1987.
Tinto sobre papel en reproducción,
10 x 8 cms.
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A finales del siglo pasado Alfredo Greñas nos mostró los
problemas de la Bogotá de entonces. Cien años después los
habitantes bogotanos los siguen padeciendo. La inseguridad, el
desaseo, los malos servicios públicos, los racionamientos de
energía eléctrica o de agua, el caos en el transporte urbano, la
fácil vida de los dictatoriales burócratas, el desgreño
administrativo, los abusos de acaparadores y especuladores, los
hospitales en estado de coma, los teléfonos públicos dañados, la
falta de asistencia social, los vagos, los gamines, los locos, los
mendigos, etc., etc., han sido una constante en la vida de Bogotá.
Tanto es así, que da la impresión de que sus habitantes no podrían
vivir sin todos estos problemas, y que si algún día se encontrara
una solución permanente para ellos, Bogotá se haría invivible.
Es de la esencia del caricaturista entrar en conflicto con el
poder y ha encontrado en la persona del alcalde de turno, el blanco
favorito para sus críticas, por inocuo que haya sido el
burgomaestre, o precisamente por ello. Los caricaturistas en todas
las épocas han asumido legítimamente la yacería de los ciudadanos
para señalar las fallas, los errores, losexcesos y los defectos del
alcalde o de su gestión, con un humor y una ironía que en más de
una ocasión exasperó a sus víctimas.
El mosaico de caricaturas de los alcaldes que han tenido que
gozar o padecer los habitantes de Bogotá, es uno de los capítulos
más interesantes de esta muestra. Ver aquellos ciudadanos que una
vez gobernaron la ciudad más importante del país y que a pesar de
todos sus esfuerzos no alcanzaron a pasar a la historia -que en la
práctica significa vivir en la memoria de sus gobernados-, nos
ratifica, más si se quiere, lo deleznable que es la vanidad humana.
Conocer algo, así sea una simple anécdota, sobre la ineptitud o la
aptitud de esos alcaldes lejanos o cercanos, tiene un nostálgico
encanto. Que uno se cayó por tratar de uniformar a los choferes de
servicio público; que otro perdió el cargo por no haber sido capaz
de tapar los huecos que mandó a abrir; que el de más allá tuvo que
renunciar por haber dado una filial serenata con sinfónica
incluida, no deja de ser divertido y simpático.
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172. centenaristas.
Ese Rendón es estupendo... sale a veces con unos tiros!
Héctor Osuna (1938).
"El Espectador", noviembre 1 de 1981. Tinta
sobre papel en reproducción,
9.5 x 8.5 cms.
Ricardo Rendón, fino caricaturista de lo social y audaz crítico
político de lo conservador, se suicido en el café "La Gran
Vía" en Diciembre de 1931. Antioqueño, su humor le hizo
famoso e indispensable para los lectores de los diarios nacionales,
y su carácter bohemio pero introspectivo le ganó el afecto de los
bogotanos que le conocieron. Osuna, antioqueño también, es heredero
de su labor.
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Y finalmente, ver la manera como los caricaturistas registraron
las incidencias de la campaña política para la elección popular por
primera vez de un Alcalde de Bogotá, que inauguró una nueva época
en la historia de la ciudad, es algo que está aún fresco en la
memoria de los bogotanos.
El insólito y amable regalo que el Banco de la República ha
patrocinado para la cumpleañera Bogotá, concluye con una selección
de sitios conocidos en su momento por los habitantes capitalinos,
tal y como los captaron los caricaturistas en las diferentes
épocas. Ver la cambiante arquitectura urbana y su paisaje
circundante a través de 150 años de caricaturas, constituye un
delicioso repaso por el desconocido y mágico álbum familiar de la
capital colombiana que este año celebra el trisesquicentenario de
su fundación.
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