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INDICE
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Lam, Peláez, Matta y Tamayo
Los cubanos Wilfredo Lam y Amelia Peláez y el chileno Roberto
Matta, en su contacto con los intelectuales surrealistas,
constructivistas y las vanguardias que maduraban en Europa,
conjuntamente con su sensibilidad artística desarrollaron
propuestas trascendentales para el panorama plástico del
continente.
Lam y Matta, durante su época de formación, participaron en el
movimiento surrealista, pero después se retiraron y trabajaron en
obras particulares que trascendían los conceptos formulados por
esos lineamientos.
De padre oriental y madre mulata, Wilfredo Lam (1902-1982) nació
en Sagua la Grande (Cuba). Muy niño presenció sin sorpresa los
ritos del candombe, heredados de los antepasados africanos. Su
madre era sacerdotisa.
Después de cursar estudios en La Habana, viajó a España. Tuvo
contacto con las pinturas del Bosco en el Museo del Prado y se
familiarizó con las artes del paleolítico y el neolítico
representadas en el Museo Arqueológico de Madrid. Participó en la
guerra civil española y cuando se hallaba en el hospital, donde le
trataban una infección intestinal, encontró al escultor Manolo
Hugué, quien lo ayudó para que en París conociera a Picasso. El
maestro congenió con Lam, lo apoyó e, incluso, expuso con él en
Nueva York. Le presentó comerciantes de arte y a los líderes del
movimiento surrealista, Breton y Benjamín Péret.
La obra de Lam tuvo influencia de Picasso, sobre todo de Las
damiselas de Aviñón. Cuando los alemanes invadieron París, en 1940,
Lam huyó a Burdeos y luego se reunió con los intelectuales
surrealistas en Marsella. Un año mas tarde viajó a las Antillas con
otros trescientos intelectuales, entre ellos Breton y Lévi-Strauss.
En Martinica fueron retenidos en un campo de concentración.
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|Le regard vertical. (1973
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Wilfredo Lam, Cuba, 1902-1982
Litografía, 65 x 50 cm
Colección Banco de la República
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Seis meses después, Lam viajó a Cuba. Este regreso a la isla lo
recordó con tristeza porque los nativos negros se lamentaban de la
oscuridad de su piel, cuando él veía en ello parte de su grandeza,
de su ser. En Cuba, Lam tuvo contacto directo e innato con el mundo
mágico afrocubano del Caribe mestizo, magia primitiva y mitos que
otros artistas se volcaron a escrutar en los primitivos
africanos.
En su tierra decidió asumir en su obra la expresión propia de su
natividad, con un lenguaje universal. La jungla (1943), obra
maestra de concepción totémica, fue adquirida por el Museo de Arte
Moderno de Nueva York. La colección del Banco de la República posee
la pintura Sin título (1953) y la carpeta de grabados Le regard
vertical (1973), en cuyas figuras se evidencia una simbiosis de
elementos míticos afrocubanos.
Otra gran artista cubana es Amelia Peláez (1896-1968). Así se
constató desde 1927, cuando participó en la Primera Exposición de
Arte Nuevo, en La Habana, donde se destacó entre los modernistas.
Estudió en la Academia de San Alejandro antes de viajar en 1926 a
París. Sus primeros trabajos presentan naturalezas muertas,
generalmente de frutas dispuestas frente a fondos derivados de las
vidrieras de colores y dinteles propios de la arquitectura cubana.
Ella fusionó ciertos conceptos cubistas con construcciones visuales
del entorno cubano, como los enrejados de los patios y la madera
plana de vitrales.
Roberto Sebastián Matta (1911) nació en Chile. Estudió con los
jesuitas en la Universidad Católica de Santiago y decidió viajar a
Europa. Al llegar a París se incorporó al taller del gran
arquitecto Le Corbusier e hizo amistad con los poetas españoles
Rafael Alberti y Federico García Lorca.
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|Sin título. (1962)
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Roberto Matta, Chile, 1911
Óleo sobre lino, 81 x 100 cm
Colección Banco de la República
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Lorca le presentó a salvador Dalí, quien a su vez lo relacionó
con André Breton y los surrealistas, con quienes tuvo oportunidad
de exponer sus dibujos. Allí, en 1938, comenzó su trabajo
pictórico, y su obra evolucionó a partir de la práctica de la
escritura automática promulgada por los escritores surrealistas, y
no del trabajo figurativo y onírico de Dalí.
Ante la aguda crisis económica europea, Matta, en ese entonces
con 28 años de edad, decide trasladarse a Nueva York. Sobre sus
trabajos iniciales en los Estados Unidos Edward Lucie-Smith dice:
"Ofrecen las imágenes adecuadas a al época, pero también muestran
de manera muy clara su derivación de los procesos automáticos
surrealistas. Representan un universo turbulento que está surgiendo
del caos; muchas de las imágenes se han desarrollado mediante un
uso controlado de la casualidad, de manera que la obra parece estar
todavía en proceso de transformación". (E. Lucie-Smith, pág. 89).
El uso que hace Matta de la casualidad pictórica iba a tener una
fuerte influencia en el desarrollo del expresionismo abstracto
estadounidense.
En el año 1941, los calendarios y la cultura aztecas le causan
gran impresión al conocerlos durante el viaje a México que realiza
con el artista norteamericano Robert Motherwell. Cinco años mas
tarde, su obra incluirá una mitología propia, en tanto mezcla
jerarquías comparables a las precolombinas, con fantasías
semejantes a las de la ciencia-ficción. En 1948, se radica
nuevamente en Europa y se separa del movimiento surrealista.
El Banco de la República posee varias obras del artista chileno,
como la pintura de gran formato Sin título (1962), la litografía
Mujeres en la roca (1971), y dibujos y grabados.
"Su obra como lugar poético de unión entre lo visible y lo
invisible, como campo ambiguo en que las imágenes escapan a un
sentido convenido y donde las formas se organizan según un alfabeto
imaginario abrió caminos a ciertos artistas chilenos". (Milán
Ivelic, Chile. Arte latinoamericano del siglo XX, Ed. Sullivan,
pág.
Conocido como un gran colorista y por una constante referencia
al cosmos, el mexicano Rufino Tamayo (1899-1991) trascendió los
cánones muralistas. Es uno de los artistas latinoamericanos que mas
reconocimiento han tenido en Estados Unidos y Europa.
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|Retrato de niños (Pareja de niños). (1966)
|Rufino Tamayo, México, 1899-1991
Óleo sobre tela, 98 x 135 cm
Colección Banco de la República
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A lo largo de siete decenios trabajó en pintura, dibujo y
gráfica y realizó cerca de veinte murales en México, Estados
Unidos, Canadá y Francia. Tamayo nació en un barrio humilde de
Oaxaca y su madre murió cuando él cumplió ocho años, por lo cual
una tía se hizo cargo de él. Se traslada a vivir a Ciudad de México
y en el puesto del mercado de su tía conoce el rico colorido de las
frutas tropicales que estarán presentes en sus pinturas. Ingresó a
las Escuela de Bellas Artes de San Carlos, pero, al no compartir el
tipo de enseñanza tradicional que se impartía, se retira.
En 1921, José Vasconcelos, entonces secretario de Educación, lo
nombra jefe del departamento de dibujo etnográfico del Museo
Nacional de Arqueología. Esta experiencia lo pone en estrecho
contacto con el arte hispánico, y será definitiva para su obra
posterior, en la que pudo mostrar la gran cantidad de elementos
precolombinos que se conservaban en el arte popular.
En 1933 pinta su primer mural fresco, El canto y la música, en
el edificio del Conservatorio Nacional de Música, y conoce a Olga
Flores Rivas, estudiante de piano, quien será su esposa.
Retrato de niños, de 1966, es el título de la obra de la
colección del Banco de la República. Allí se hace sensible su
aptitud de gran colorista, así como la reconocida influencia que
recibió del Art Brut de Dubuffet. Al igual que en la mayor parte de
sus pinturas, la figura protagónica son los humanos, que aparecen
en un espacio abierto.
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