Del retrato al indigenismo
Después de la independencia , en varios lugares de América Latina
se impulsó el estilo neoclásico en la arquitectura y se defendieron
cánones académicos en la pintura, con temas generalmente europeos.
Paulatinamente se abandonaron esos esquemas y se adoptaron los
asuntos históricos. Sin embargo, también se despertó el interés por
la naturaleza en los paisajes y la vida cotidiana y sus personajes
en el estilo costumbrista romántico.
Al finalizar la guerra de emancipación en Colombia y Ecuador,
entre otros, los pintores se ocuparon en dejar testimonios de las
figuras más sobresalientes de esa etapa de la historia. El retrato
de Antonio José de Sucre (ca. 1824), atribuido al ecuatoriano
Antonio Salas Pérez, realizado en Colombia, donde el autor pasó
varios años de su vida, es un ejemplo de este género.
Pionero del paisajismo y del costumbrismo en su país, Salas
formó parte del grupo de artistas ecuatorianos que se identificó
con la necesidad de expresar temas nacionales. Luego, Rafael Troya
Jaramillo evolucionó aún mas en el paisaje y fue un innovador en la
descripción. Viajó pintando parajes con las expediciones de los
alemanes Alphons Stübel y Wilhelm Reiss. También trabajó el
retrato, como el del poeta Julio Flores (Julio Flórez) en 1885.
El geógrafo Agustín Codazzi organizó la Comisión Corográfica,
para continuar la Expedición Botánica, presidida por el sabio José
Celestino Mutis durante la Colonia. Su grupo de pintores se
desplazó a lo largo del país, y durante esos recorridos se
realizaron 152 dibujos. Uno de loa miembros del equipo de pintores
era el venezolano Carmelo Fernández (1810-1887), de cuyas obras a
cerca del panorama científico y social el Banco de la República
posee varias reproducciones. Arriero y tejedora de Vélez, 1850
(1957) es una de ellas.
El mexicano Felipe Santiago Gutiérrez (1824-1904), viajero e
innovador en la pintura, después de estudiar en la Academia San
Carlos, en México, donde se destacó como alumno y luego como
profesor, vivió en San Francisco ( Estados Unidos), París y Roma.
En 1873, conoció a Rafael Pombo en Nueva York, y a raíz de la
invitación que el escritor le hizo, viajó y se radicó en Colombia
durante tres años. Siempre mantuvo vínculos con su país, al cual
regresó en dos oportunidades. Gestor de la primera escuela de
arte, denominada Academia Gutiérrez, colaboró con Alberto Urdaneta
en la fundación de la Escuela de Bellas Artes, en el Colegio de San
Bartolomé, en Bogotá, en 1886. Además de retratos, como el del
General Francisco de Paula Santander (s.f.), o el de José María
Groot (1874), pintó Indias de Oaxaca (ca. 1877) y La corrosca
(1875), muestras que evidencian su espíritu renovador, al ocuparse
en asuntos costumbristas.
A finales del siglo XIX, unos países más y otros menos estaban
aferrados a exigencias académicas con una marcada inclinación
europea, y esta tendencia generalmente prosperaba en la nacientes
escuelas de arte. Los artistas querían estar a ala altura de los
sucesos en el viejo continente. "En procura de una difícil puesta
al día, se asimiló la superada contienda entre clásicos y
románticos, ente realistas y naturalistas, en lógica consecuencia
por la vía del impresionismo, con evidente retraso en cuanto a su
desarrollo en Europa". (Leopoldo Castedo, 1988, pág. 71).