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La calle: Espacio geográfico y vivencia
urbana en Santa Fé de Bogotá
Vladimir Melo Moreno
© Derechos Reservados de
Autor
3. BACATÁ, SANTA FE DE BOGOTÁ, BOGOTÁ, SANTA FE
DE BOGOTÁ.
Este capítulo es la continuación de la
descripción y el análisis histórico de la ciudad versión: Sinacaquira (pueblo de estas
tierras), Nueva Granada, Gran Colombia,..., Colombia.
Cómo se construyó la ciudad, en especial la
calle de Santa Fe de Bogotá, aún antes de ser Santa Fe, es el proceso que se intenta
describir e interpretar, para poder abordar posteriormente los procesos que se desarrollan
en la calle de las últimas décadas del siglo XX.
3.1. De los antiguos.
La época pre-conquista es para nosotros en
realidad una incógnita en muchos aspectos, no fue precisamente el "tollendo-tollendo
tollendo-ponens" a la manera española, una ética propicia para brindar memoria a un
pueblo, todo lo contrario. Probablemente si los españoles no se hubieran resistido tanto
al trabajo manual en nombre de la hidalguía, y querido colonizar en todo el sentido del
término, habrían exterminado a la totalidad de los indígenas para trabajar las nuevas
tierras ellos mismos, como lo hicieron los ingleses en el norte del continente; entonces
no nos importaría nada anterior a Europa en estas tierras.
Todo el conocimiento que nos queda sobre el pasado
pre-conquista se reduce a una memoria escrita por los españoles, claro también se
dispone de la especulación científica sobre la base de la investigación arqueológica,
no obstante la guía etnohistórica así como las fuentes más próximas a la situación
de los pueblos aborígenes son las descripciones de los cronistas. Desde entonces sucede
algo muy curioso: pedimos prestadas las gafas a diferentes extraños para mirarnos en el
espejo.
Respecto a la construcción del espacio llevada a
cabo por la cultura muisca se han presentado análisis encontrados, aunque existe un
acuerdo en el cual el patrón de poblamiento combina la existencia de bohíos dispersos y
nucleados, no es así respecto a la preeminencia de las aldeas, la cual no es muy clara; y
menos aún lo es la consideración de espacio urbano para estos núcleos [1].
Dora Pinto pone de manifiesto a la aglomeración
aborigen como proceso urbano pero su misma definición de "hecho urbano", como
hemos visto, es restrictiva, pues el modelo no cubre la totalidad de los elementos y
procesos que se revelan en la historia de la ciudad. Algunas ciudades tuvieron dentro de
sí la actividad agrícola; otras, a su vez, no fueron precisamente respuestas adecuadas
solidarias, cotidianas y permanentes a las necesidades esenciales de sobrevivencia[2]; en cambio fueron
campamentos obreros, militares, ciudades templarias o religiosas, o simplemente
funerarias.
Dora pinto de todas formas logra atornillar su
modelo a la cultura muisca proponiendo características como:
"A-La organización interna de las ciudades
aborígenes correspondían a la obediencia de normas y prácticas religiosas. La
distribución espacial de las construcciones fue nuclear al rededor de un jefe religioso.
Los patios circulares y las empalizadas de defensa concéntricas al templo y a la
residencia del jefe son signos de lo que fue la conciencia de la población sobre los
valores morales de la jerarquía y de lo sagrado.
B-Las necesidades de bienestar colectivo y de
convivencia pacífica encontraron respuesta en estas agrupaciones indígenas. Las
actividades artesanales se desarrollaron permitiendo la producción para el consumo
doméstico, el trueque y el pago de tributos"[3]. Para la autora, éstos pudieron ser elementos
que constituyeran al conglomerado muisca en ciudad.
Una posición diferente la propone Zambrano[4], para quien no
existió realmente una ciudad, que fueron simples núcleos de población indígena. Por
otra parte, siguiendo el análisis de Misión Colombia: "La caducidad de los
materiales empleados por los muiscas en sus construcciones civiles, religiosas y militares
fue factor determinante de que, desde poco después de la conquista, no quedara ni rastro
de ellas. Además, los muiscas no llegaron al concepto de agrupación urbana. No hubo
entre ellos poblados, en el sentido estricto del vocablo... Las viviendas estaban
dispersas por todas partes y generalmente eregidas al lado de las labranzas, formando un
conjunto pintoresco pero desordenado, y que de ninguna manera obedecía a plan o concierto
alguno. Como la densidad de población de nuestra sabana era muy alta, las construcciones
estaban relativamente cerca unas de otras, y como, además, su forma y concepción eran,
al parecer, agradables a la vista y estaban todas ellas rodeadas de cercados, el
adelantado Jiménez de Quesada inspirado por la primera impresión que recibió al
divisarlas dio a estas tierras el nombre de Valle de los Alcázares... "[5].
Colmenares y Londoño[6] concuerdan con
esta visión y declaran una débil tendencia a la centralización alrededor de los
cercados de los caciques. La ambigüedad persiste en los comentarios de los conquistadores
europeos: "Fray Pedro Simón describió así al "pueblo" de Guachetá:
"...había más de mil casas o bohíos...y lo
más juntos que estaban casi a manera de pueblo, porque los otros estaban como sembrados
por todo el valle".
De acuerdo con una cita de Oviedo se podría
apoyar la idea de la existencia de aldeas; en palabras del cronista, había:
"...poblaciones desparramadas por sus valles
é territorios, de diez, de veynte, de treynta de ciento é más é menos casas cada
pueblo.
También, en 1556, el Sínodo de Fray Juan de los
Barrios, llegó a una conclusión que apoya lo anterior al pedir que "porque
comúnmente los indios viven divididos y separados en muchos Pueblezuelos... hagan /los
curas/ iglesias en los pueblos mayores"[7].
Tenemos que apreciar en el "casi a manera de
pueblo" o los "pueblezuelos" el hecho de utilizar la analogía o la
metáfora, nuestro conocimiento se basa en la experiencia y describir algo nuevo implica
en este caso poder hacer que el lector identifique las formas a través de la comparación
con los objetos ya conocidos, no podemos saber realmente cuál era la concepción del
espacio construido por los muiscas, no por que los cronistas señalen al pueblo muisca
como "habitantes de poblados", significa que fueran "ciudades" como
quiere presentarlo Pinto, lo cual significa que a los conquistadores las formas
encontradas se les "parecían" en alguna medida a sus poblados, y aunque las
investigaciones arqueológicas reporten en Guatavita "...una región muy erosionada
con tiestos de cerámica Chibcha que cubren por lo menos una hectárea. Por el área que
cubre y la cantidad de tiestos, este sitio debe representar el lugar de habitación de por
lo menos unos centenares de personas"[8]; esta evidencia no es concluyente para afirmar que los
núcleos de población fueran ciudad.
Pero, por otro lado, existe un elemento que
construye ciudad, la conciencia de la pertenencia a ella, lo cual expone Amalia Geraiges[9] como un factor
decisivo en la conformación física y la simbolización del espacio urbano. La
identificación del lugar es un punto de referencia para una reflexión acerca del
poblamiento aborigen, por eso acudo al análisis de la toponimia muisca para guiarnos en
la comprensión de esa cultura incluyendo su construcción del espacio. "Ya hemos
visto que quica es pueblo, patria, de donde sale la palabra quicasbtascua, desterrar, y
que la letra r no figura en el idioma puro; de aquí se desprende que la palabra quira,
tan frecuente en los nombres de pueblos y ciudades chibchas, debió de pronunciarse
primitivamente quica. Sin embargo, es de notarse que en esta forma sólo aparece como
componente de un nombre de una ciudad ideal: "el cielo", que se decía
Guatquica,"ciudad de lo alto"; al paso que en todos los demás nombres
geográficos suena quira o quirá, como en Zetaquirá (ciudad de la culebra),
Zipaquirá(ciudad del Zipa), Chyquyquirá (ciudad del Chyquy o Jeque, como decían los
españoles) y Sotaquirá o Sutaquirá (ciudad de Suta)"[10].
La toponimia muisca no es una prueba de la
existencia del "hecho urbano", de la construcción de un espacio urbano por
parte de esta sociedad, pero nos revela como nombre una diferenciación
"espacial". En este sentido, quica o quirá se refieren a un modo particular de
construcción del espacio que debió merecer un nombre propio para diferenciarlo de las
demás formas construidas; así pues, pudo existir una identificación del espacio, y un
espacio con identidad donde hubo sentidos y significados ligados en su construcción. Dar
cuenta de ellos hoy y ofrecer una valoración es un proceso velado por una serie de
prejuicios, métodos y egos los cuales solo llegan a un punto: averiguar cómo nosotros
observamos este proceso, más no nos conduce a comprender el proceso en sí.
En esta medida, si creemos en la existencia o no
existencia de la ciudad muisca, implica creer en la existencia o no existencia de la
calle. Al respecto Pinto describe, a partir de su análisis de los cronistas, cómo
existía una red de "caminos de a pie" que comunicaban las construcciones y
además estos espacios se concretaban de diversas formas: "(los caminos eran) de
diversa importancia, amplitud y belleza dependiendo al lugar que conduzcan"[11]. De todas
formas el sentido de "calle", puede inferirse, tuvo múltiples caracteres que
incluyeron los ritos de peregrinación hacia los templos y entre lagunas: "La
ceremonia de "correr la tierra" era una gran fiesta que celebraban todos los
Caciques chibchas en honor del Agua. "Coronaba los montes y las altas cumbres la
infinita gente que corría la tierra, encontrándose los unos con los otros"" [12].
Por otro lado, respecto a la disposición de Fray
Juan de los Barrios se puede hacer una extensión respecto al conocimiento de la
construcción del espacio muisca, el cual evidencia la existencia de la "calle"
en una cita de Broadbent: " [Guasca, 1576]...bine por teusaca y estube en el
pueblo...esta poblado en buen sitio...y esta po bu.a orden con su plaça y quadras en
forma de pueblo y muchos de os boyos cuadrados y de ba areques parte de las calles
cercadas con algunas cañas...y que la yglesia se aga en la plaça questo falta ques lo
principal"[13].
Aunque la gran duda es: si este espacio es ya un
fruto de la modificación española del espacio construido por los muiscas, ¿Tuvo la
"calle" algún antecedente en el espacio contruidos por los muiscas?.
Tal vez nunca lo sabremos, pues aunque los muiscas
vivieran en pequeños "poblados" su "reducción a pueblos grandes" por
parte de los españoles [14], hizo desaparecer su forma propia de construcción espacial, y aunque como
lo señalan Zambrano[15]
y los autores de Historia de Bogotá[16], los españoles no encontraron aquí un Tenochtitlán o un
Cuzco elaborados en piedra, el cual era el material común a la construcción occidental y
por tanto apta para reducir la ciudad aborigen a la ciudad colonial; sin embargo, los
materiales de construcción muisca no eran "perecederos" de la forma como lo han
querido mostrar algunos autores, el bahareque y la tapia pisada resistirían mucho más de
una generación llegándose a introducir como elementos de las formas de construcción de
la ciudad colonial[17].
Pero como en los demás casos en América hispánica, la destrucción de la forma
precedente de construcción del espacio, lo que esta construcción implica como trabajo
resultante de una vida colectiva y lo que representa; fue la forma de instaurar el nuevo
orden el cual conlleva, entonces una nueva simbología espacial [18].
Los núcleos antiguos desaparecieron o se
transformaron, y si hubo piedra se desmontó, o si hubo bahareque se demolió o se
abandonó, pues para reducir a la población a "pueblos" se necesitó acabar con
la posibilidad de una alternativa de vivienda; transformándose así, su forma y esencia
para conformar "los pueblos de indios". No hay memoria, no hay respuesta.
3.2. De la conquista y la colonia: Santa Fe.
Consideraciones primeras:
Más allá del hecho, la ciudad de forma reticular
se concibe como fruto de la planificación. Morris plantea esta forma como la más simple
y práctica organización de edificios (construcciones), de ahí que por ejemplo los
campamentos obreros egipcios, siendo temporalmente "limitada" su ocupación,
tuvieran esta forma [19].
Sin embargo, para comprender la forma debemos
comprender primero la acción constructora, la planificación tiene que ver con una
expresión social concreta en la construcción del espacio: se trata de la manera como se
organizan las relaciones sociales, cómo la construcción política de la sociedad genera
una imagen ideal de sí misma, de su deber ser y de su futuro; imagen que se proyecta en
formas construidas de modo preconcebido y organizado.
La planificación es, a la luz de la historia, un
proceso largo de consolidación social interna en los distintos pueblos. La sociedad
griega antes del período helenístico construye una ciudad no reticular, la posibilidad
de reformar y ampliar las ciudades, pero sobre todo de reconstruir Mileto de acuerdo a un
imaginario de armonía geométrica, implica que las expectativas sociales respecto a la
forma de construcción del espacio urbano cambiaron. El mismo proceso se presentó en
Roma, cuando sus instituciones se consolidaron la ciudad comenzó a cambiar. Esta
reflexión nos conduce a un interesante interrogante histórico: ¿Dónde maduró la
civilización que construyó Mohenjo-Daro?, ¿dónde se proyectó por primera vez en el
espacio?.
Ahora bien, parte de la "madurez" de
algunas sociedades conlleva la expansión imperialista, este hecho, tal como se presentó
en Grecia y Roma, abre una nueva faceta en la construcción urbana, surge entonces la
ciudad colonial.
Cuando se puede concebir una ciudad,
construyéndola de la "nada", la posibilidad de concretar un orden específico y
construir así un símbolo de apropiación y dominación es una circunstancia tentadora.
Tentación de Grecia con Alejandría, tentación de Roma con sus "campamentos
legionarios" en casi toda Europa.
Es curioso observar cómo, aunque a veces es
difícil encontrar las diferencias entre Oriente y Occidente en el espacio y su
construcción -especialmente en las primeras etapas de consolidación de Occidente-,
éstas se hacen ya supremamente evidentes en especial en la Edad Media, donde las ciudades
coloniales islámicas no son planeadas con una coherencia práctica al modo occidental,
como la que se presenta por ejemplo en el caso de las Bastides como Monpazier en 1284, con
un plano en retícula.
En el caso específico de la colonización
española el plan que lleva tras de sí, no solo (re)presenta la visión de cómo debe ser
la construcción social del espacio, sino la imposibilidad de lograrlo dentro de la
metrópoli por su acumulación material histórica y los conflictos de poderes internos.
La nueva ciudad se constituye, de esta forma, en una posibilidad para enfrentar la
frustración que genera la incapacidad de ordenar su espacio interno. En América sólo
existe el sueño de un orden.
La España que conquista América es un conjunto
de reinos recién unificados a la fuerza bajo el dominio de Castilla. Es una
"nación" impuesta, no es real; de hecho, el proceso de construcción nacional
de España es hoy inacabado. Podemos observar cómo estos reinos sólo tienen en común la
guerra santa contra el Islám, pues acaba de concretarse la reconquista de la península
cuando se "descubre" América; así, el único elemento compartido por todo
conquistador ibérico era la religión, entonces, de la misma forma como se lleva a cabo
la "reconquista" se lleva a cabo la conquista: con la cruz y la espada.
La ciudad en la colonia se constituye en un centro
religioso cuya función es convertir a la fe cristiana a los "salvajes". Es
tanta la falta de un proyecto colectivo en los conquistadores españoles, que la corona
conforma una normatividad estricta para poderse llevar a cabo un proceso de poblamiento
ordenado, como señala Zambrano: "... en 1514, se introdujeron las primeras normas en
nuestro territorio. Allí se señalaba con claridad las características de la plaza con
las siguientes especificaciones: "La plaza grande, mirando al crecimiento de la
población...que dispongan la población de forma que saliendo el sol, dé primero en el
pueblo que en el agua".
Pero esta legislación inicial se enfrentaba con
la codicia de los conquistadores y el afán por beneficiar a sus huestes, que muchas veces
se imponían sobre el interés por cumplir normas y preceptos urbanísticos. En búsqueda
de remediar los desafueros, en 1526 Carlos V expidió una ordenanza en la cual se
estipulan algunos principios para poblar. Esta ordenanza fue complementada por el
reglamento de 1529, titulado Instrucción y Reglas para Poblar, al que se añadió luego,
en 1542, las leyes nuevas"[20].
De esta manera se dispone por parte de las élites
la normatización del proceso de poblamiento, para dar un orden a la construcción de
espacio la cual no estuviera mediada por "intereses particulares".
Hay que agregar cómo los españoles en principio
no venían a quedarse, configurando así lugares de permanencia. Venían para buscar El
Dorado y luego volver cargados de riqueza a su Europa como grandes hidalgos. Los
españoles construían "albergues provisionales y rudimentarios para no dejar
propiedades cuya pérdida fuera realmente lamentable"[21], entonces "las autoridades coloniales
efectuaron disposiciones para obligar a levantar casas de materiales duraderos". La
ciudad secular entonces solo se presentaba como un medio para asugurar el buen término de
la empresa saqueadora. De esta forma, la construcción de la ciudad y de la calle en la
colonia se lleva a cabo a partir de la ley, del proyecto impositivo de la élite de la
metrópoli.
3.2.1. De la tierra, la piedra, el barro y el
polvo.
En la ciudad hispano-americana, caracterizada por
su forma reticular, se pensaba la relación espacio público-espacio privado de-forma que
la ciudad se estructurara correctamente (con)forme al plan, en este caso la ley:
"...la calle no era una línea, sino una banda longitudinal de una anchura
predeterminada, de alrededor de seis metros. Los cruces con las otras calles
perpendiculares a ella estaban a una distancia variable...El conjunto de estas bandas
longitudinales formaba el espacio público...El espacio que quedaba entre ellas era
espacio privado dividido en manzanas"[22].
En el caso de Santa Fe: ""La definitiva,
la fundación jurídica de Santafé, fue hecha el abril de l539", afirma Juan
Friede.... Se perfeccionó el acto de posesión, se trazaron calles y señalaron solares y
se delimitó la plaza mayor... "[23]. Entonces las calles se empezaban a delinear "Una vez
adjudicados los solares, el beneficiario debía proceder de inmediato a medirlos y
estacarlos, a fin de ir dando forma a calles y manzanas"[24].
La ciudad se había proyectado jurídicamente y su
ejecución requirió entonces del acto legislativo para que el delineamiento de la calle
fuera perfecto. La calle, por consiguiente, toma forma de construcción tridimensional, lo
cual permite el desarrollo coherente de la morfología urbana: "También obligaba el
Cabildo a tapiar lo solares que lindaban con las calles con el objeto de conservar el
trazado de las mismas. La transgresión a esta norma podía ser castigada con la pérdida
del solar"[25].
La construcción de la ciudad tuvo en principio
como límites la Plaza Mayor y el río San Francisco (Av Jiménez), posteriormente el
límite sur se desplazaría hasta el río San Agustín (Calle 7a.); más adelante en el
siglo XVII la consolidación urbana que se logra a través de la construcción de
edificios religiosos y civiles apoyados en la mita urbana, llevan a superar los límites
anteriores de la ciudad, no obstante la construcción tiene su eje en la prolongación de
la Calle Real (carrera 7a.)[26].
Respecto a los materiales de construcción, sólo
hasta el siglo XVII se comienza a empedrar las calles, lo cual significó que
anteriormente las calzadas variaran su estado de acuerdo a condiciones del
"tiempo" y la geomorfología lo cual debió modificar los comportamientos
cotidianos en el espacio público:
[1] Langebaek, Carl. 1985. Mercados y circulación de productos en el altiplano
cundiboyacense, siglo XVI. Tesis de grado. Universidad de los Andes. Bogotá. p. 64-68
[2] Pinto, Dora. 1988. La cultura muisca: ¿Pionera de la vida urbana en el espacio
colombiano?. En: Colombia sus gentes y regiones. No 12. 1988. IGAC. Bogotá. p. 198-217.
[3] Pinto, Dora. 1986. Perfiles históricos del fenómeno urbano actual de Colombia. En:
Colombia Geográfica. Vol. XII. No.1. 1986. IGAC. Bogotá. p. 7-8
[4] Zambrano, Fabio. 1995. Conformación Regional Colombiana. Inédito.
[5] Misión Colombia. 1988. Historia de Bogotá. Villegas editores. Bogotá. Tomo I. p.
25-28
[6] En: Langebaek. Op.cit.
[8] Broadbent en: Langebaek. Op.cit.
[9] Geraiges de Lemos, Amalia. 1992. 500 años de urbanización ( O cómo se formaron las
ciudades de América). Inédito. p. 2-5
[10] Triana, Miguel. /1922/ 1970. La Civilización Chibcha. Banco Popular. Bogotá. p.
181.
[11] Pinto. 1988. Op.cit. p. 210-217
[12] Triana. Op.cit. p. 62
[13] Broadbent, Sylvia. 1964. Los Chibchas, organización socio-política. Facultad de
Sociología. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. p.54
[15] Zambrano. 1995. Op.cit.
[16] Misión Colombia. Op.cit. Tomo I. p. 25-28
[17] Misión Colombia. Op.cit. Tomo I. p. 65
[18] Zambrano. 1995. Op.cit
[19] Morris. E, Op.cit. p. 25-35
[20] Zambrano. 1995. Op.cit. p. 34-36
[21] Misión Colombia. Op.cit. Tomo I. p.73-75
[22] Zambrano. 1995. Conformación Regional Colombiana. Inédito.
[23] Mision Colombia. Op.cit. P 63
[24] Misión Colombia. Op.cit. p 73-75.
[25] Misión Colombia. Op.cit. p 73-75
[26] Misión Colombia. Op cit. p 73-75
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