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La calle: Espacio geográfico y vivencia
urbana en Santa Fé de Bogotá
Vladimir Melo Moreno
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Autor
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SE CIERRA EL CIRCULO.
Quiero comenzar esta etapa del texto refiriéndome
a la forma cómo se ha escrito. Intenté escribirlo de la forma menos técnica y compleja
posible buscando darme a entender a un número mayor de personas de las que forman las
milicias de las ciencias humanas, especialmente en la geografía. El objetivo se logra
parcialmente y de manera reducida, pues a la luz de la retrospectiva me he dado cuenta de
como éste fue un trabajo hecho por un para geógrafos, no obstante, puede convertirse en
un primer paso para desverticalizar el lenguaje científico apoyado epistemológicamente
en una desabsolutización del producto científico como conocimiento único y correcto,
para dar cabida así, a los saberes-sentires circundantes y reproductores de la vida
cotidiana; de esta manera la palabra como recreadora del mundo adquiere una pluralidad
vigorizante.
Me gustaría realizar una retrospectiva en los
elementos fundamentales del trabajo: El espacio y la calle. Respecto a nuestra pregunta
por el espacio concretamos cómo lo que nosotros denominamos "espacio" es una
construcción socio-cultural, es nombre -y nombrar es acción-; en esta medida no es un
objeto sino significación, por lo cual por lo cual el método científico a través de la
observación y la medición del objeto solo produce respuestas fragmentadas.
Con ésto intento aclarar cómo la ciencia lleva a
cabo una serie de preguntas sobre el espacio solo si son viables para una respuesta que
parta de la implementación metodológica. De esta forma, preguntarnos a nosotros mismos
por nosotros mismos no es procedente en la medida en la cual la ciencia ofrece un producto
imparcial y objetivo a través del desligar al sujeto observador del objeto observado. Por
esto, los saberes a través de los cuales respondemos a estas otras preguntas nos sitúan
en el portal desde el cual tal vez se recorra el camino a la interpretación y
comprensión de nuestros actos, de la acción humana.
Para dar cuenta del espacio como una totalidad no
es necesario unir los fragmentos que se conforman a partir de la especialización del
conocimiento científico. Sólo basta asumirlo en su integralidad, el método es sólo un
apoyo, no un fin, una herramienta la cual, de utilizarse como tal, guía nuestro
conocimiento en una dirección específica dentro de las diferentes posibilidades.
Las opciones de interpretación de la calle como
espacio son múltiples, y espero haber sido enfático en ello; todas complementarias, en
el sentido en que cada perspectiva ofrece una limitación a partir de la cual nace la
siguiente forma de conocer.
Si se asume la posibilidad de dar cuenta del
espacio como construcción social, se debe estar dispuesto a oír-leer a quien ofrezca una
interpretación de la sociedad y su acción, por tanto reducirse a la literatura
geográfica es un sinsentido, es limitar nuestra capacidad, aún dentro del pensamiento
científico, para dar razón de los fenómenos los cuales hemos elegido para interrogarnos
sobre este extraño y misterioso mundo.
Solo reconocernos integralmente como seres humanos
constructores, nos permite observar la pluriformidad de los fenómenos, pues habremos
tomado conciencia de que formamos parte de ellos, como en el caso del espacio, por
ejemplo.
La calle se nos presenta como el espacio propicio
para preguntarnos por nosotros mismos y por nuestra memoria. Memoria reveladora de
nos-otros y (el)l(y)o-s, como espacio público construido en un proceso colectivo. Este
proceso es lógicamente histórico porque cada sociedad se construye y reproduce a través
de la acción espacio-tiempo, en toda forma verbal.
En la calle se articula la sociedad, por un lado;
y por el otro, de acuerdo al modo como se relacionan individuos y grupos sociales, se
desarrollan distintas formas de participación en la construcción de la calle. El
incorporar a la memoria éste espacio tiene que ver con la posibilidad de construir
comunidad y calle simultáneamente, a través del reconocimiento del individuo y su obra,
que en tanto colectiva, conlleva la construcción de la ciudad por el ciudadano.
Procesos, aparentemente irreversibles, propios del
sistema capitalista, le han ido arrebatando al individuo la posibilidad de construir
espacio y comunidad, con miras a perpetuar la dominación. Por ello, siempre que se
presenta una contra-construcción del espacio, como en el caso del encuentro informal, el
trabajar o vivir en la calle, se genera inevitablemente un conflicto, pues la eficiencia
del sistema se encuentra en privatizar la acción social trasfiriéndola del espacio
público al edificio, de ahí la existencia de conjuntos cerrados, centros comerciales o
clubes, por ejemplo.
Un resurgimiento de la comunidad en la ciudad
conllevaría, entonces, una nueva (re)construcción del espacio, y si en esta comunidad
los seres humanos tuvieran conciencia de esto, de ser seres humanos, tal vez encaremos un
futuro lleno de nuevas posibilidades, para que podamos ser, y ser en la calle.
Este escrito no contiene conclusiones -presenta
una retrospectiva es cierto- porque este cierre del circulo es el comienzo de uno nuevo y
una conclusión sólo nos conduciría a la metáfora de Icaro derritiendo nuestras alas en
un falso sol cuando necesitamos seguir...
SE ABRE EL CIRCULO
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