1. EL PORTAL DE LA INTERPRETACION.
1.1. Del espacio.
"La relación entre el hombre y el espacio es como una mancha de aceite en el
asfalto" Vladimir Melo Moreno
Si la geografía es una ciencia que estudia el espacio es natural que en un trabajo
"geográfico" la primera pregunta a responder sea para el concepto: espacio,
¿no?.
La ciencia busca resolver problemas, pero cuando se plantea una pregunta (hipótesis)
puede que se esté dependiendo de algunos presupuestos y que estos presupuestos no se
cumplan.
Para abordar, entonces, la calle como "espacio geográfico", se hace fundamental
resolver el problema de la conceptualización de espacio. Al sentarme a escribir este
texto se que no hay respuesta evidente a este problema, sin embargo no puedo dejarlo de
lado, porque en mí existe algo que no me permite construir sobre supuestos. Se que es
mucho más fácil dar por sentado que el tiempo y el espacio son elementos presubjetivos
-anteriores al sujeto- constituyendo el orden experimentado; pero en este caso, se trata
de comenzar desde el problema fundamental llevando a cabo una lucha como la que libra el
anónimo metropolitano por conservar la conciencia de si mismo, de que como ser humano
tiene valor, aún inmerso dentro de la mas(s)ificación de finales de siglo.
Al indagar por el concepto de espacio se podría comenzar por la elaboración de un
resumen de sus respectivos "conceptos" a través de la historia pero no tendría
sentido una revisión bibliográfica que no (de)muestra nada en concreto. Es cuando se
hace necesario tomar distancia de los autores y enfocar el problema de la
conceptualización de espacio hacia el problema de las formas de
conocimiento.
Para los historiadores de la filosofía de la ciencia es claro que existen tres tipos de
pensamiento respecto al espacio: el pensamiento mítico, la filosofía natural y el
pensamiento científico. A mi modo de ver no hay una separación absoluta entre las
diferentes formas de pensamiento, pues el conocimiento del espacio se desarrolla a partir
de los distintas formas de conocer, pero no en una forma lineal evolutiva, donde el actual
estadío es superior a los anteriores, sino a través de la coexistencia, el
amalgamamiento y el sincretismo que se presentan entre éstas, procesos que se concretan
en el desarrollo del conocimiento occidental.
El espacio no és sin el hombre, des-cifrarlo requiere de la cifra, de una significación;
"¿Cuál es el sonido que hace un árbol al caer en un bosque deshabitado?",
¿Quién da razón de ello?, ¿Quién puede describirle?. Apartir de este elemento podemos
observar cómo cada individuo en cada sociedad, construye a través de su propia
cosmología una relación con su exterioridad, como cada cultura cifra su experiencia y
experimentación en un lenguaje propio.
Por lo anterior, lo importante para este escrito es el manejo cosmológico de la sociedad
occidental de fin de siglo en un país con un capitalismo tardío dependiente en el cual
emergemos, y para lograr dar cuenta de este hecho, tenemos que entender cómo se ha
llevado a cabo el análisis de la construcción de la noción de espacio a través de la
historia y los historiadores.
1.1.1. Del tiempo del espacio.
Para la mayoría de los historiadores del concepto de espacio, el pensamiento
primitivo no era capaz de abstraer el concepto de espacio de la experiencia espacial, esto
quiere decir que el pensamiento creador de mitos establece una coordinación con el
sistema espacial pero no está determinado por mediciones objetivas, sino por el
reconocimiento emotivo de valores.
Esto significa que la medición es el proceso de abstracción objetiva del espacio, pero
¿Objetiva respecto a qué?, ¿Acaso el mito no es un proceso mucho mas abstracto,
complejo y colectivo, ya que incluye la motivación esencial del alma humana?.
Surgen luego las preguntas: ¿La medición es objetiva?, y si lo es, ¿En qué términos?.
La medición es objetiva en el sentido en que se acepta un marco de referencia coincidente
entre sujetos, pero al contrario de lo que se piensa, esto muestra la medición como una
visión del objeto que es en todo forma subjetiva, ya que no se puede prescindir de su
experimentación; se conforman, entonces, sistemas de convenciones apenas intersubjetivos
determinados por las estructuras culturales del lenguaje, dirigidas por el método, la
ideología y la cosmología. En el plano puramente práctico del conocimiento occidental
no puede haber una objetividad en la medición del espacio simplemente porque no existe
una (geo)metría verdadera, pues para cualquier tipo de geometría: plana, esférica o
hiperbólica, se parte de supuestos físicos no comprobables como los siguientes
principios:
1)
La trayectoria de un rayo de luz en el vacío es una línea recta.
2) Un cuerpo rígido, libre de deformidades, conserva sus medidas cuando se le transporta.
Respecto a este par de principios Poincaré elabora una reflexión, señalándolos sólo
como simples convenciones y agrega cómo las mediciones no revelan si el objeto y sujeto
son verdaderos o no, ya que solo constituyen el patrón de medida[1]. Si se acepta
o no el conocimiento resultado de la aplicación del método científico, como lo ha
señalado Kuhn en su "Estructura de las Revoluciones Científicas"[2] para sus
paradigmas, es solo nuestra decisión o cuestión de fe, y en esta decisión son más
relevantes los valores de simplicidad y utilidad técnica que el encuentro con una verdad,
esto quiere decir que la relatividad del conocimiento transcurre desde el punto de vista
sencillamente experimental hasta la reflexión epistemológica.
Podemos concluir, entonces, cómo las demostraciones de la ciencia occidental son
contundentes respecto a su propia producción de conocimiento la cual responde a una
estructuración social, política y económica para el caso que nos interesa; sin embargo
detrás de su contundente "objetividad" no existe una "verdad"
omnietiva: la verdad del sentido de la vida de los individuos, su entorno y su sociedad.
Sentido que encontramos plasmado en el mito, pero no en el mito científico, donde el
hombre no tiene conocimiento de sí mismo, sino en el mito del conocimiento popular, el
mito de tradición oral, donde la memoria de sí mismo no permitirá nuestro eterno
retorno, el cual es, por tanto, el mito que viene de un auto(re)conocimiento y en esa
medida da cuenta del(o) otro al dar cuenta de si mismo.
1.1.2. Por la historia del
conocimiento occidental.
La ciencia pues, ha sido un producto histórico-filosófico-religioso-experimental, lo
cual se ejemplifica perfectamente en las consideraciones sobre el espacio.
Realmente no existe una gran distancia entre la ciencia y el mito como forma en cierto
sentido religiosa, pues entre Aristóteles, la Cábala y Newton no existen grandes
abismos. Las concepciones de espacio no llevan una evolución lineal en la historia, la
teoría del espacio absoluto y relativo, las condiciones de su dimensionalidad y su
esencia son conceptos desarrollados en varias épocas, pues se trata de resolver siempre
una misma situación.
La experimentación de la exterioridad y las respuestas a ésta, han sido víctimas de
múltiples y profundas reflexiones a través de la historia. Para los historiadores, la
primera aproximación conceptual es lograda por la filosofía natural griega, donde el
concepto de espacio varía según los diferentes tipos de escuela filosófica, la más
fuerte sería la aristotélica privilegiada posteriormente en la Edad Media, la cual
arguye que el espacio es una cantidad continua por categoría, siendo la suma de todos los
lugares ocupados por los cuerpos, donde el lugar es aquella parte del espacio cuyos
límites coinciden con los del cuerpo ocupante. Para Aristóteles, la última esfera
exterior de la tierra, allí donde se encontrarían las estrellas fijas, es el final del
espacio, más allá no hay nada. Entonces ¿Dónde está el universo?: En sí mismo.
No obstante, la escuela atomista con Estratón no definiría el espacio como un continuo
sino como un infinito discontinuo entre átomo y poro[3].
Teofrasto, por otro lado, se inclinaría por un espacio no entidad en si misma, sino una
relación ordenadora que existe entre los cuerpos y que determina sus posiciones
relativas. Por su parte, Filipono nos daría luces tempranas sobre las condiciones del
espacio al ofrecernos una conceptualización alternativa a la aristotélica donde:
"El espacio no es la superficie limitante del cuerpo circundante, es un determinado
intervalo mensurable en tres dimensiones, incorpóreo en su naturaleza misma y diferente
del cuerpo contenido en él; es la dimensionalidad pura, carente de toda corporeidad, es
más, en lo que se refiere a la materia, el espacio y el vacío son idénticos"[4].
Debemos anotar cómo estas mismas posiciones serían adoptadas más tarde -en forma
similar- en la modernidad dando lugar al desarrollo de intensas discusiones sobre
exactamente los mismos puntos.
Notamos cómo en cierto modo la filosofía natural griega posee un grado de
experimentalidad y secularización observada en el futuro de occidente de forma bastante
clara; obviamente situándonos al final de la historia es fácil decirlo, pero -hay que
anotarlo- el proceso de en medio no es causal, los hombres de Dios en occidente, en el
occidente judeocristiano tienen mucho que decir respecto al espacio.
El pensamiento teológico es uno de los factores más importantes en la formulación de
las teorías físicas del espacio y el tiempo. Derivar de la física teórica la prueba de
la existencia de Dios como lo hizo D'Alambert o Maupertuis es un hecho realmente
significativo; no obstante, podríamos argumentar que D'Alambert y Maupertuis no son
piedra angular en el razonamiento de la física moderna y por ello subvalorar este hecho,
lo que nos lleva a argumentar de forma más agresiva al respecto afirmando cómo Sir Isaac
Newton en sus investigaciones buscó descubrir las leyes de Dios. Una tradición religiosa
reconocible influencia las concepciones de espacio hasta el siglo XX; para Newton,
entonces, el espacio es absoluto siendo el sensorio de Dios[5].
En las raíces de esta tradición existe una identificación de Dios con el espacio, la
cual proviene en gran parte de la Cábala, la Biblia, en fin, de los escritos religiosos
de la tradición Palestina, donde se presenta a Dios y al espacio como omnipresentes; por
consiguiente los atributos del espacio son los atributos de Dios, tanto Dios como el
espacio poseen la propiedad de la existencia necesaria, por lo tanto son un mismo sujeto[6].
Nos encontramos entonces, posteriormente, ante un gran hecho histórico, desde el
renacimiento hasta el siglo XVIII y posiblemente hasta el XX, los físicos y los
filósofos naturales buscan una comprobación experimental de Dios; así lo evidencia la
réplica de Einstein a la teoría de incertidumbre de Heisenberg: "Dios no juega a
los dados". Obviamente yo asumo que la ciencia no es una construcción independiente
a los valores culturales de quienes la hacen.
Asistimos así a la comprobación científica del mito. No existe una ruptura total entre
conocimiento científico y conocimiento religioso, pues si el sensorio de Dios es el
espacio, tiene entonces el espacio un carácter absoluto y ésto para Newton no tiene
discusión, aunque para él mismo existan lugares relativos dentro del "espacio
real", y por tanto, movimientos relativos de un cuerpo en el traslado de un lugar
relativo a otro. La pregunta es: ¿Como diferenciar el movimiento relativo del absoluto?.
Sobre el presupuesto del espacio absoluto se construye la física hasta prácticamente el
siglo XX, aunque Leibniz recoge una idea relacional del espacio que ya Teofrasto habría
postulado[7].
La idea relativista del espacio se desarrolla con Einstein y los demás científicos
participantes de la teoría de la relatividad general, donde la métrica de la estructura
del espacio es una función de la distribución de la materia y la energía, de una forma
puramente dimensional (como ya lo había insinuado Filipono), en la cual se asume el
tiempo como participante en la ecuación (n+1) que corresponde al número posible de
dimensiones: en principio reconociendo tres dimensiones siguiendo la ley de la rectas
perpendiculares[8].
De esta forma se cuenta el número de dimensiones, existe una descripción del espacio, lo
cual no quiere decir que se de una respuesta acerca de su esencia o de la dimensionalidad
en si mísma.
Podemos comprender, entonces, cómo la pregunta siempre ha sido la misma, sus respuestas
han sido muy parecidas durante 2500 años y sin embargo hoy no podemos responder o ¿Tal
vez ya se respondieron?. Podemos evocar la búsqueda en el tonel de las Danaides y su
resolución en la memoria que no permitiría nuestro eterno retorno, porque es el recuerdo
verdadero. El recuerdo del recuerdo está epistemológicamente resguardado en la siguiente
sentencia de Werner Heisenberg, que por demás resume mi exposición anterior: "Es,
probablemente, muy cierto que en la historia del pensamiento humano los desarrollos más
fructíferos frecuentemente tengan lugar en esos puntos donde se encuentran dos líneas
diferentes de pensamiento. Estas líneas pueden tener sus raíces en partes muy diferentes
de la cultura humana, en diferentes épocas o en diferentes ambientes culturales o
tradiciones religiosas: por tanto, si realmente pueden encontrarse, o sea, si al menos se
relacionan tanto la una con la otra que pueda tener una verdadera interacción, entonces
se puede esperar que a esto se sucedan nuevos e interesantes progresos"[9].
El aceptar el mito científico como uno más dentro de los mitos propios de la cultura
occidental, significa ponerlo al mismo nivel respecto a otras formas de conocer, las
cuales de alguna manera han respondido y responden de forma práctica, a toda vivencia de
los individuos. Intento, entonces, lograr una aproximación a una comprensión del espacio
desde una perspectiva más amplia que le permita al observador ser parte del objeto
observado, como reconocimiento de sí mismo, como parte de una sociedad.
1.1.3. El espacio y la geografía.
"¿Por qué es necesaria una reflexión sobre el espacio para un trabajo de
geografía?". Es una excelente pregunta. La geografía tiene una historia de 2500
años, pero a partir del siglo XVIII comienza un cambio drástico en la concepción de la
ciencia y en especial de este campo. Hasta prácticamente finales del siglo XIX, la
geografía significa: "lo que se escribe de la tierra", pero ya entrado el siglo
XX para los geógrafos "geo" deja de significar tierra y entra a significar
espacio, siguiendo un proceso que en Kant surge a raíz de la conceptualización de
espacialidad y ciencia nomotética. En este cambio de significado y de sentido encontramos
el origen de la diferencia entre los Cuadros de la Naturaleza de Humboldt y cualquier
geógrafo del siglo XX, lo cual hace necesario una reflexión sobre el espacio.
Siguiendo a Sack en Tim Unwin, existen muchas concepciones diferentes de espacio debido a
que la separación conceptual entre el espacio y su substancia "puede producirse a
diferentes niveles de abstracción y desde distintos puntos de vista y modos de
pensamiento"[10].
No obstante, la geografía como ciencia de reflexión sobre el espacio y sus accidentes,
se ha constituido como un punto de vista en extremo prudente en el aporte a su
conceptualización. Sabemos que dentro de las corrientes de geografía física el espacio
es considerado como un dado euclidiano esclavo de la cartografía, y que en las visiones
cuantitativas de la geografía humana opera un sentido muy similar cuya síntesis
encontramos en el siguiente texto de Hagget:
"Tres palabras que utilizan los geógrafos con gran frecuencia son
"espacio", "localización", y "lugar". Puesto que estas
palabras se utilizan también en el lenguaje corriente, necesitamos estar seguros del
sentido que adquieren cuando se utilizan en un contexto geográfico. Espacio significa
extensión o área, expresado normalmente en términos de la superficie de la Tierra. No
significa espacio en el sentido de espacio exterior. Localización significa una posición
particular dentro del espacio, normalmente una posición sobre la superficie de la Tierra.
Al igual que la palabra espacio, su significado es bastante abstracto cuando se le compara
con la tercera palabra de este trío.
Lugar
significa también una posición particular sobre la superficie de la Tierra; pero, en
contraste con la localización, no se utiliza en un sentido abstracto sino que se confina
a una localización identificable sobre la que cargamos ciertos valores"[11].
En estos términos, es lógico que algunos autores se hayan volcado hacia la
identificación de la geografía como estudio del Lugar, ya que es el lugar el
objeto-sujeto de la construcción del hombre que sería lo realmente importante para la
"Geografía Humana", dando entonces un sentido distinto a "geo" el
cual se convierte de Tierra o espacio en lugar.
Me gustaría llevar a cabo en este momento una reflexión específicamente sobre dos
visiones geográficas del espacio: la visión psico-humanística de Sack y la corriente
marxista elaborada por Soja.
Comencemos por la visión de R. Sack en su "Conceptions of space in social
thought" retomado por Tim Unwin[12]. Para Sack
existe una diferenciación conceptual entre el espacio y su sustancia partiendo de una
variación de los grados de objetividad y subjetividad que intervienen en la
conceptualización de las relaciones entre espacio y sustancia. "Mientras la
importancia del espacio en la ciencia está determinada por la combinación conceptual en
una ley de espacio y sustancia, la importancia del espacio en el arte depende de su
conexión con el sentimiento y de la ilusión"[13]. El modelo
actual de pensamiento occidental ha separado la objetividad de la subjetividad en lo que
Sack ha llamado el pensamiento "sofisticado-fragmentado"; de otro lado, el mismo
autor observa la existencia de un modelo diferente de pensamiento al que define como:
" "no sofisticado-fusionado" característico de los niños -donde- la
visión práctica y la visión mítico-mágica se reúnen, estos (últimos) modos llevan
aparejados bajos niveles de abstracción y en ellos la diferencia entre el espacio y la
sustancia es mínima, los símbolos encarnan con frecuencia hechos y sentimientos"[14].
Finalmente, Sack propone el retomar los distintos elementos de estas dos formas de
pensamiento con el objeto de que la ciencia se ponga "en contacto con la variedad de
experiencias, sentimientos y emociones humanas, y su forma simbólica"[15].
La visión del espacio que nos ofrece Sack nos deja una rara sensación, un cierto
malestar, porque su ofrecimiento nos es bastante familiar y para ilustrar mi punto de
vista citaré dos pasajes del texto de Max Jammer[16]:
"Las investigaciones filológicas, arqueológicas y antropológicas muestran
claramente que el pensamiento primitivo no era capaz de abstraer el concepto de espacio,
de la experiencia espacial...(...) [Para la mente primitiva el] espacio no era más que un
conjunto accidental de orientaciones concretas, una multitud más o menos ordenada de
direcciones locales, asociada cada una de ellas con determinadas reminiscencias
emotivas...(...) La astrología mesopotámica se desarrolló como un extenso sistema de
correlaciones entre los cuerpos celestes y los sucesos ocurridos en el firmamento y en las
localidades terrestres. De esta manera, el pensamiento creador de mitos logra establecer,
al igual que el pensamiento moderno, una coordinación en el sistema espacial; pero tal
sistema no está determinado por mediciones objetivas, sino por un reconocimiento emotivo
de valores"[17].
Esta cita doble nos recuerda el problema del pensamiento "no
sofisticado-fusionado" de Sack. Para occidente ser niño implica un grado de
ignorancia elevado, su conocimiento está limitado por la información recogida, que
sería una cantidad aún muy pequeña, y por su forma de conocer ligada a su desarrollo
como ser social. Probablemente traspondríamos las mismas palabras para cualquier grupo
indígena o poco occidentalizado (no totalmente introducido en el proceso de conocimiento
formal) en Colombia si continuamos con la lógica que propone una conexión Sack-Jammer,
que existe, desde luego.
Observaremos cómo de todas maneras se privilegia la condición formal de abstracción del
pensamiento científico, como la forma más avanzada, representante entonces de una
sociedad más avanzada; y aplicaríamos al darwinismo tanto para entender la sociedad como
el individuo. Sabemos que Sack directamente no quiere expresar esto, pero es necesario
hacer notar que un pensamiento "No sofisticado-fusionado" no sería exclusivo de
los niños occidentales sino también formaría parte de comunidades con culturas
distintas y que no por ello sus individuos siempre pensarán como niños.
Se necesita tomar distancia acudiendo a la fórmula del relativismo cultural, ya no sólo
como lubricante externo -entre culturas- pues también se pensaría al interior de la
sociedad y la individualidad en occidente.
De todas maneras, Sack, además de mostrarnos una vez más las posibilidades de distintas
formas de pensamiento, nos remite insistentemente a la posibilidad de "la fusión de
los distintos elementos" (del sofisticado-fragmentado y del no sofisticado-fusionado)
para obtener una visión que él mismo tilda de "concepción realista" como una
formulación holística del espacio y sus condiciones. Tan de moda y oportuna, como para
la escuela sociológica y antropológica lo fue la teoría del "diálogo de
saberes", donde el conocimiento científico se sirve del conocimiento popular para
fortalecer su análisis; es la formula de Sack para el espacio, y sin embargo el autor no
logra desenvolver el problema desde su propia individualidad, ni desde su misma condición
de ser humano: el cual posee una forma de conocer y sentir lo que se conoce; que vive en
sociedad, la cual lo produce y él a su vez reproduce.
Aquí se hace oportuno revisar las palabras de uno de los grandes pensadores, Alexander
Von Humboldt: "La tentativa de descomponer en sus diversos elementos la magia del
mundo físico, está llena de temeridad; porque el gran carácter de un paisaje, y de toda
escena imponente de la naturaleza, depende de la simultaneidad de ideas y de sentimientos
que agitan al observador", a lo que agrega: " La ciencia es el espíritu
aplicado a la naturaleza; pero el mundo exterior no existe para nosotros sino en tanto que
por el camino de la intuición lo reflejamos dentro de nosotros mismos. Así como la
inteligencia y las formas del lenguaje, el pensamiento y el símbolo, están unidos por
lazos secretos e indisolubles, del mismo modo también el mundo exterior se confunde, casi
sin dejarlo de ver, con nuestras ideas y nuestros sentimientos"[18].
Humboldt nos lleva hacia el replanteamiento del problema de Sack, pues independientemente
de si somos niños, indígenas, orientales u occidentales, el problema de una posición
realista acerca del conocimiento del espacio tiene que ver con (re)conocernos a nosotros
mismos, como seres humanos, al científico como parte del problema que se estudia
científicamente; se trata de poseer el verdadero recuerdo dentro de nuestra cosmología,
de tener memoria, saber que somos niños, mestizos y brujos.
Concluimos, formalmente, que Sack nos aproxima más a una posición para asumir el
espacio, que a una conceptualización formal del mismo.
Otra perspectiva para asumir el objeto de la geografía y el espacio es la que presenta el
punto de vista de la geografía crítica sintetizada por Soja[19], quien sigue
la línea de Lefebvre, Castells y Mandel. Bajo este punto de vista se asume
"Geo" no como tierra, espacio o lugar; sino como un producto social, como
espacialidad. En este sentido la conceptualización de espacio se distancia dentro del
pensamiento científico, de un "punto de vista físico que todo lo permea de
objetividad. Se hace [entonces] necesario observar que: El espacio en sí puede ser
primordialmente dado, más la organización y el sentido del espacio son producto de la
traslación, de la transformación y de la experiencia sociales"[20]. Soja expone
que: "El espacio socialmente producido es una estructura creada comparable a otras
construcciones sociales resultantes de la transformación de determinadas condiciones
inherentes al estar vivo"[21]; para este
autor la "segunda naturaleza" de Lefebvre, la espacialidad concretada
socialmente que surge de la aplicación del trabajo humano deliberado es "el objeto y
sujeto "geográfico" de análisis histórico materialista en una interpretación
materialista de la espacialidad"[22].
Siguiendo el análisis de Soja, el objetivo de la geografía es la espacialidad, la forma
como el hombre organiza el espacio, y que es consecuencia de cómo éste se organiza
socialmente para producir. En palabras de Lefebvre: " Todas las sociedades y por ende
todos los modos de producción...producen espacio, su propio espacio y si el espacio es un
producto; nuestro conocimiento de él debe reproducir y exponer el proceso de
producción"[23].
Así, es desde el modo de producción, de donde se rige la construcción espacial. Soja,
entonces, para ampliar su análisis categórico, se apoya en conceptos de varios autores
de la siguiente forma:
Según Lefebvre: "La realidad del urbanismo modifica las relaciones de producción
sin ser suficiente para transformarlas. El urbanismo se transforma en una fuerza de
producción tal como la ciencia. El espacio y la organización política del espacio
expresan las relaciones sociales más también recaen contra ellas"[24]. Mandel
plantea que: "El desenvolvimiento desigual entre las regiones y las naciones es la
propia esencia del capitalismo, en el mismo plano de la explotación de la mano de obra
por el capital"[25]. Castells
por su parte expresa : " El espacio es un producto material relacionado con otros
elementos entre ellos los hombres, los cuales entran, en sí mismos, en determinadas
relaciones sociales, que confieren al espacio una forma, función, y significación
social"[26].
En este contexto el término espacio es algo opaco pero se refiere a la espacialidad,
(re)definiendo la problemática de la geografía en términos del estudio del espacio
socialmente construído, "diferenciado del espacio físico de naturaleza material y
del espacio mental de cognición y representación; cada cual se incorpora en la
construcción social de la espacialidad pero no es equivalente, aunque se hayan estudiado
regularmente por separado"[27]. El autor
intenta por medio de su "espacialidad" social disolver el dualismo
físico-mental.
La argumentación general sobre la espacialidad que Soja presenta puede ser resumida de
forma sucinta en una secuencia de premisas interligadas:
"1. La espacialidad es un producto social consubstanciado y reconocible, parte de una
"segunda naturaleza" que incorpora, socializa y transforma los espacios físicos
y psicológicos. 2. Como producto social, la espacialidad es simultáneamente el medio y
el resultado, el presupuesto y la encarnación de la acción y de las relaciones sociales.
3. La estructuración espacio-temporal de la vida social define el modo como la acción y
las relaciones sociales (inclusive las relaciones de clase) son materialmente
constituidas, concretadas. 4. El proceso de constitución/concreción es problemático,
repleto de contradicciones y de luchas (en medio de muchas cosas recurrentes y
rutinizadas). 5. Las contradicciones transcurren, primordialmente de la dualidad del
espacio producido, como resultado / encarnación / producto y medio / presupuesto /
productor de la actividad social. 6. La espacialidad concreta -la geografía humana
efectiva- es pues, un terreno competitivo de luchas por la producción y reproducción
sociales de las prácticas sociales que buscan o la manutención y refuerzo de la
espacialidad existente, o una reestructuración significativa y/o una transformación
radical. 7. La temporalidad de la vida social desde las rutinas y eventos de la actividad
cotidiana hasta la construcción de la historia a largo plazo, radica en la contingencia
espacial, exactamente del mismo modo como la espacialidad de la vida social se enraiza en
la contingencia temporal/histórica. 8. La interpretación materialista de la historia y
la interpretación materialista de la geografía están inseparablemente entrelazadas y
teóricamente concomitantes, sin ninguna priorización intrínseca de una con la
otra"[28].
Podemos observar en el pensamiento de Soja elementos importantes de la teoría marxista y
giddensiana; sinembargo los elementos más significativos epistemológicamente tienen que
ver con la relatividad einsteiniana, en la introducción del continuo espacio-tiempo como
forma de abordar el estudio de la realidad.
La conclusión a la que llegamos a partir de la argumentación de los autores de la
corriente de la teoría marxista o crítica en el caso de Soja, es que el problema no
radica en una definición efectiva de espacio, de hecho no es relevante, pues la
problemática a resolver radica en el estudio social comprendido en el significado de
espacialidad, vemos cómo el espacio sigue un curso pre-subjetivo, como dado material
sobre el cual produce y se reproduce una sociedad, transformándose espacio y sociedad
durante el proceso. Existe un claro distanciamiento con el lenguaje de la geografía
física, más no en su espíritu frente a la filosofía de las ciencias exactas pues es
claro que la ciencia y sus enunciados sobre el espacio (-/y) tiempo, son una forma, más
que de conocer y re-conocer nuestra existencia y la de-l(o) otro; sólo un producto
cultural el cual, especialmente en el último siglo, se ha transformado y consolidado en
pleno como fuerza de producción, renovando y re-forzando las estructuras, jerarquías y
procesos de dominación en la sociedad.
Observamos cómo las dos aproximaciones en discusión, la de Sack y la de Soja, no dan
respuestas al problema de ¿Qué es el espacio? y, aunque brindan elementos para una
aproximación flexible, nos proponen de nuevo el gran ego científico como medio de
respuesta. Podemos pensar, entonces, que tal vez la pregunta esté mal formulada o las
respuestas se hallen en otra parte.
Los problemas conceptuales, éticos y epistemológicos de la ciencia en general,
incluyendo a la geografía por supuesto, se ven claramente reflejados en la historia de la
conceptulización de espacio, que aquí como caso particular nos conduce hacia la
reflexión sobre el problema del conocimiento tomándolo de frente. Sólo nos queda
invocar las palabras de Shallis y buscar permanentemente una salida.
" Shallis: Nuestra cosmología también nos dice cómo percibimos nuestra relación
con el cosmos y la naturaleza. Esta relación, según la cosmología ha dejado de reposar
en el mundo orgánico y cíclico de la naturaleza donde transcurren nuestras vidas
cotidianas y donde el tiempo está presente de forma más explícita e inmediata. Las
cosmologías siempre han incorporado los mitos de la sociedad en su presentación y
explicación del mundo. No hay razón alguna para suponer que nuestra cosmología sea
diferente. También ella es nuestro mito, pero le falta la riqueza simbólica, los ideales
humanos de los mitos del pasado. Hasta este punto nos dice mucho acerca de nosotros mismos
y de la cultura que hemos construido en los últimos 300 años más o menos... Si tuviese
que resumir lo que nuestra cosmología nos ha enseñado acerca del tiempo, diría que
hemos eliminado el tiempo, que lo hemos perdido o que sencillamente lo hemos pasado de
largo"[29].
[1] Von Fraassen, Bas
C. 1978. Introducción a la filosofía del tiempo y el espacio. Ed. Labor. Barcelona.
p.156-157
[2] Kuhn, T. 1982. La estructura de las revoluciones científicas. Fondo
de cultura económica. México D.F.
[3]En: Jammer, Max. 1970. Conceptos de Espacio. Ed. Grijalbo. Mexico
D.F.. p. 25-47
[4] Jammer. Op.cit. p. 82
[5] Jammer. Op.cit. p. 49-78
[6] Ibid. Op.cit. p. 49-78
[7] El espacio lo determina el orden de la relación entre los objetos.
En: Jammer. Op.cit.
[8] Van Fraassen. Op.cit. p. 160-166
[9] En: Capra, Fritjof. 1984. El tao de la física. Luis Cárcamo
Editores. Madrid. p. 9
[10] Unwin, Tim. 1992. El lugar de la geografía. Ed. Catedra. Madrid.
p. 270
[11] Haggett, P. 1989. Geografía: Una síntesis moderna. Ed. Omega.
Barcelona. p. 5
[12] Unwin. Op.cit.
[13] Unwin. Op.cit. p. 270-272
[14] Ibid. Op.cit. p. 271
[15] Ibid. Op.cit. p. 272
[16] Jammer, Max. Op.cit.
[17] Jammer. Op.cit. p. 25-26
[18] Humboldt en: Ortega, N. 1987. Geografía y Cultura. Alianza
Editorial. Madrid. p. 43
[19] Edward W, Soja. 1989. Postmodern Geographies. Verso/Mew Left
Books. Londres
[20] Soja. Op.cit. p. 101
[21] Ibid. Op.cit. p. 101-102
[22] Ibid. Op.cit. p. 102
[23] En: Soja, Op.cit.
[24] Soja. Op.cit. p. 105-107
[25] Ibid. Op.cit. p. 105-107
[26] Ibid. Op.cit. p.105-107
[27] Ibid. Op.cit. p. 147
[28] Ibid. Op.cit. p. 158-159
[29] Unwin. Op.cit. p. 282
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