Fernando Botero
(Medellín, 1932)
Fernando Botero
Girasoles
C 1959
Óleo sobre tela
154 x 1 3B
cm.
Préstamo temporal
Colección Ecopetrol
Botero puede ser
considerado como el artista que creo un puente que articula el grupo de artistas que
señala esta muestra con la generación que los habrá de relevar, entre quieres se
cuentan Beatriz González, Bernardo Salcedo, Feliza Bursztyn, Carlos Rolas y Santiago
Cárdenas.
En sus inicios, Botero opta por una figuración que no se preocupa por traducir
en forma verosímil la imagen retiniana, sino que busca reformular su percepción del
mundo. Botero ataca el arte abstracto, que según su criterio tiene un carácter
decorativo, y adhiere a una modalidad de Figuración no realista, que le permite referirse
tanto a la historia del arte (Cézanne, Van Gogh, Velásquez y Goya, entre otros) como a
la forma parroquial que adoptan las instituciones en el medio local: el clero, la familia,
la milicia. Con fina ironía y desde su particular universo de formas rotundas
explora diversos aspectos de la cotidianidad de provincia y del imaginario de una sociedad
que aún no se interesa por adoptar el ritmo y las formas de vida que propone la
modernidad. Botero replantea la Figuración desde su visión particular: configura un
universo fresco y elemental que emerge de un entrecruzamiento de miradas al mundo. Por una
parte, surge de una visualidad propia de su entorno: caballitos de Ráquira, cerámicas
precolombinas, estatuas de San Agustín, e impresos populares, y por otra, mezcla una
interpretación personal del Renacimiento italiano con aspectos característicos del arte
internacional del momento, como la pincelada libre y expresiva, y la deformación de la
figura que en algunos casos adquiere visos monstruosistas.