El aporte de la mujer
Judith Márquez
Dos peces
1958
Óleo sobre cartón
80 x
80 cm.
Colección Banco de la República
Reg. 0190
En los años
cincuenta, la mujer adquiere el derecho al voto, se incorpora con decisión a la vida
universitaria y participa en el mundo del arte, tanto en el terreno de la producción como
en el de la crítica. En 1954 llega Marta Traba a Colombia, y se convierte en una de las
figuras más destacadas de la plástica en virtud de sus escritos sobre arte y de su labor
como directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Con su trabajo contribuye a impulsar
la producción de buena parte de los artistas que conforman esta exposición.
Lucy Tejada
obtiene en 1957 el primer premio en pintura en el X Salón Nacional de Artistas con su
trabajo Mujeres sin hacer nada, que alude a su experiencia de vida en la Guajira. Ese
trabajo, al igual que El sembrador, y el resto de su producción de los años cincuenta,
se caracteriza por la síntesis formal dentro de una propuesta figurativa. Cecilia Porras
inicia su carrera con trabajos que reúnen elementos abstractos y figurativos, para
desembocar en una forma particular de abstracción que se enfoca a redefinir el
tratamiento realista que hasta ese momento se había otorgado al paisaje urbano. Judith
Márquez se preocupa por la esencialización de las Formas, en el marco de una gran
sensibilidad cromática. Esta pintora, además, funda la revista Plástica, una de las
primeras publicaciones especializadas en artes visuales. La voluntad sintética de Tejada,
Porras y Márquez hace que sean incluidas en las primeras muestras de arte abstracto que
se llevan a cabo en Colombia, a mediados de los años cincuenta, aunque sus trabajos de la
época no puedan considerarse puramente abstractos. En 1960 las tres pintoras son
invitadas a exponer en la Unión Panamericana de Washington.