A PROPOSITO DEL “ARTE ABSTRACTO”

 

Escribe: CARLOS MEDELLIN FORERO  

En el momento más álgido de una polémica entre pintores y críticos acerca de los principios y orientaciones últimamente seguidos por los artistas nuevos del país, cinco de estos, Judith Márquez, Ramírez Villamizar, Carlos Rojas, Robles y Armando Villegas, reunieron en la sala de exposiciones de la Biblioteca Luis-Angel Arango algunas de sus últimas obras abstraccionistas, técnica y estilo en los cuales ellos son los pintores más definidos y calificados. Esta actitud de conjunto pudo entenderse como una respuesta a las acerbas críticas que desde ángulos diversos se han formulado contra esa manera o modo (moda dirán algunos) de pintar. No sabemos si tal fue la intención de los expositores. Lo cierto es que la coincidencia permite suponerlo.  

Como glosa incidental opinamos preferir el uso de la expresión “arte abstraccionista” a la de “arte abstracto”, que es la generalizada, por lo mismo que no decimos arte natural sino naturalista, o arte subreal sino subrealista, ya que el predicado se usa en estos casos para subrayar una tendencia, un propósito, un fin, y no el objeto mismo. Pensamos que ningún arte es abstracto, como quiera que la materia plástica y sus elementos son bien concretos, y tanto que se pueden establecer en términos precisos: línea, forma, color, composición, en el caso de la pintura. 

Uno de los puntos mayormente discutidos a propósito de los ismos que abundan e imperan en el arte colombiano de este momento, y en particular a propósito del abstraccionismo, es el de no reconocer ellos raíces propias en el medio geográfico y humano al cual pertenecen las obras realizadas con adopción plena de sus principios fundamentales. Creemos que este problema puede tener solución adecuada, admitiendo sin reservas el ejercicio de la técnica moderna, cualesquiera que sean sus apelativos y modalidades, pero rechazando toda imposición de estilos. Porque —ya está dicho muchas veces— el estilo hace relación directa a la personalidad del hombre, que en el caso de las sociedades denominase nacionalidad. La técnica al fin y al cabo es un medio. El estilo, aunque propiamente no sea un objeto ni un fin, se desprende de estos como derivado natural o espontánea consecuencia. Está bien que nuestros abstraccionistas aprovechen la experiencia y los recursos técnicos de sus inspiradores en la tendencia, pero no que sus formas de expresión logren “parecerse” tanto a las de estos, que en un momento dado permitan cierta confusión con ellos, porque tal conducta representa una absurda renuncia a la libertad y la autonomía del artista. 

Surge entonces el grave interrogante de si cabe en el abstraccionismo un estilo que comprenda elementos específicamente nacionales, de manera que un día pudiera hablarse de la existencia de un abstraccionismo colombiano con valor universal. Nosotros no dudamos de esta posibilidad, primero porque el artista verdadero está dotado de tantas facultades para la creación como él mismo no lo sabe, aunque lo presienta, y es de su propio trabajo de donde depende tan deseable conquista; segundo, porque creemos en la riqueza casi completamente inexplotada de nuestros mil y uno ambientes regionales, con tradición auténtica a partir del arte indígena y popular (que tantas muestras valiosas nos legara) y con elementos de utilización plástica tan particulares, como quizás no se podrían descubrir en sitio alguno distinto o distante. 

Preocupa mucho a los abstraccionistas no lograr en sus obras una categoría universal que justamente buscan para ellas, si esencialmente se apartan —no en la forma— de sus modelos consagrados. Esa preocupación debe invertirse, porque el arte, cuanto más personal, cuanto más propio (social y subjetivamente), es más auténtica expresión de espíritu, y así su dinámica más capaz de comprensión profunda y extensión amplia. Ellos están realizando una obra de mérito por el aspecto técnico —superior la de Ramírez Villamizar, Judith Márquez y Villegas a la de Robles y Rojas por un elemental fenómeno de madurez—, y en ese estado se encuentran listos a cualquier descubrimiento. El futuro de su arte, colectiva e individualmente considerado, depende sobre todo de la manera como sepan hacerlo regresar a sus primitivos cauces de nacional originalidad.