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En la obra de Toledo abundan los animales. No faltan los sereshumanos, pero son más recurrentes los primeros. El artista trabajaanimales de su entorno -peces, sapos, serpientes, chapulines,gatos, chivos, tortugas, cocodrilos, etc.-, pero especialmente losinventa, como los mejores fabulistas. Y, con imaginacióncalenturienta, los animales del mexicano constituyen unsorprendente tratado de zoología erótica. Como dijera CarlosMonsiváis: "Toledo escribe a su modo Alicia en el país de loszapotecas y en sus relatos que van y vienen por el espejo se alíanla procacidad y el pudor, los hobbits y las iguanas, los venadosque engañan a las zorras y los cocodrilos que violan a las mulas."Y si los animales muchas veces copulan con su pareja, también lohacen con otros animales e incluso con seres humanos. El mundo deToledo es realmente orgiástico; una cadena interminable derelaciones íntimas se despliega en sus trabajos. Según JorgeAlberto Manrique: "Parece que para Toledo todo el mundo puedeentenderse como un inmenso, definitivo, completo acto sexual."

 

Francisco Toledo, El desayuno del león, 1985.

 

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