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Los artistas orientales hasta hace poco tiempo prestaban un graninterés a la idea de espontaneidad, pues cada marca trazadarevelaba una huella de su acción. De cualquier modo, aun en su másextático estado de descontrol, los artistas chinos y japonesesjamás renunciaron a su representación de la naturaleza. Sus trazos,a pesar de lo personalizados, no son solamente firmas, ya quesiempre había alguna función en la representación que debía serejecutada. Kuo Hsi, un pintor algo más tardío que los dosanteriores, aconsejaba: "Si deseas plasmar esas maravillas de lacreación, primero debes llenarte de entusiasmo por su belleza;luego debes entregarte a una confrontación muy detallada con ellasy saciarte con ellas completamente. Así que debes vagar por entreellas y saciar tu ojo con ellas; luego de que hayas arreglado lasimpresiones en tu pecho, las pintarás con total facilidad ysoltura, sin que tu ojo se dé cuenta de la tela y tu mano delpincel y de la tinta, y todo resultará como una imagen tuya deellas."

 

José Antonio Suárez,  Dibujos de 1 a 15, 1992.

 

Por supuesto, José Antonio Suárez no es ni chino ni japonés sinocolombiano, aunque su delicada y paciente técnica haga verlo comoun monje zen. Sus pequeños dibujos y grabados han estado siempremarcados por una enigmática pluralidad conceptual y temática. Desdelas hojas de sus diarios de viaje (1988) hasta los minúsculosboxeadores en serie (1991), las imágenes de Suárez obligan afiguras, textos y huellas a coexistir pacífica mente. Lacomplejidad espacial no se encuentra, entonces, en un solo espaciosino en la confrontación de los espacios de obras aledañas, puesSuárez trabaja generalmente el concepto de alteración significativapor vecindad y no por narración interna. De ahí su método depresentar usualmente obras por pares o trípticos. Cuando un trabajose exhibe solo su espacio se torna un campo múltiple, dondecohabitan imágenes distintas, mas nunca revueltas.

 

José Antonio Suárez,  Dibujos de 1 a 15, 1992.

 

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