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Ella comenzó integrando su propio cuerpo, físicamente, a obrastipo body art y performance. Después pasó a usar la representaciónde aquél y las obras fueron calificadas de earth body art, por sufusión de ambos. El trabajo con la tierra permanecía tanpersonalizado que Luis Camnitzer habla de "autorretratos". Pero las"obras" -en su acepción de resultado visible- revisten menorimportancia que sus procesos, debido a que éstos determinan lasemiosis y aún prosiguen después de terminada la "pieza", en sudevenir dentro del medio ambiente. El arte de Ana es ante todo unaceremonia íntima con la naturaleza, cargada de implicacionestropológicas.

 

Ana Mendieta, Silueta, 1973 - 1977.(México)

 

La mayor parte de su producción fue hecha en lugares apartados ycon carácter efímero. Ella exhibía sólo la documentaciónfotográfica, que es lo que aquí se presenta. Las fotos eran eleslabón para comunicar al público su liturgia místico-artística.Pero William Zimmer ha hecho una observación interesante.

Según él, la obra de Ana implica la fotografía, pues este medioda un sentido contemporáneo a lo que de otro modo permaneceríademasiado próximo a lo "primitivo", como si estuviera volviendo ahacer "genuino arte neolítico".

El señalamiento es elocuente, además, respecto a lo queCamnitzer ha llamado el arte spanglish de Ana, fruto de su sentirse"entre dos culturas". Su obra mezcló procedimientos y poéticasusuales en Nueva York en la época con una espiritualidadlatinoamericana sentida culturalmente, para resolver su propiaescisión personal. Más que una suerte de unión de feminismo, earthart, body art, performance y "primitivismo", su trabajo fue unavida-arte. Su expresión sobrepasa el simbolismo de signo físico,llenándose de implicaciones vivenciales y de cultura. Queda ademáscomo una imagen general del drama de la ruptura cultural y lavoluntad de trascenderla.

 

Ana Mendieta, Silueta, 1973 - 1977.(México)

 

Ana se usó a sí misma como una metáfora. Y hasta su muertetrágica -es de mal gusto decirlo- pareció completar el ciclo de unalógica escalofriante: su última obra. Como signo de laimposibilidad del regreso, la silueta final quedó sobre el cementode Nueva York, volviendo a sus primeros performances con la muertey la sangre. Alguien en Cuba ha comentado que el arte fuertementereligioso de Ana y Elso insistía en una entrega ceremonial delcuerpo y "Icon eso no se juega!". Sus ejemplos sugieren as en laconciencia popular, un nuevo sentido trascendente para elarte.
 

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