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¿Estará haciendo Dudas una nueva defensa de la muerte d€la historia, y, si la hace, sería éste el nivel en que sus pinturaadquieren mayor sentido? Si el artista estuviese operandoexclusivamente en el dominio de la información histórico-artísticaesta pregunta tendría que ser respondida afirmativamente. Suembargo, puesto que gran parte de su obra se expresa en unimaginería que estrictamente no hace parte de un repertoriohistórico establecido, debemos argumentar que la pintura d Duclosafirma más bien la prerrogativa artística de interpretar historiade aquella manera que el propio artista encuentre m apropiada paraél, con independencia de si es justificable para otros, en laverdadera tradición de vanguardia. Por esto, Duclos establece enefecto sus propias reglas a medida que avanza. Con muchosartistas una táctica semejante parecería desplazar deseo de usar unmaterial históricamente sensible de manera provocadora. La posiciónde Duclos, no obstante, parecería ser que, hasta que hayan pasadotanto el tiempo como la posibilidad de ofender las creenciasreligiosas o políticas de alguien, se sacrifica demasiado en larepresión del signo para poder sostener que la energía que se gastaen ello es algo menos que una sentencia autoimpuesta en el infiernode la intolerancia.
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Arturo Duclos, Nirvana, 1991.
|(fuera de exhibicion)
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Si bien Duclos parece una rueda suelta por la forma en quemanipula as fuentes de su imaginería, lo es más en relación con eltema de la identidad cultural. EL que haya nacido y crecido enChile y que continúe viviendo y trabajando allí ciertamentedesempeña un papel fundamental en su concepción del mundo. Noobstante, Duclos rechaza con fervor la función de intérpreteprovincial de una información de segunda mano de los centrosartísticos, así como la de un exótico procedente de un rincón delmundo que pocas personas se han molestado en investigar. Por elcontrario, Duclos no disfraza ni exagera la distancia que sienteentre él y el resto del mundo: retiene tanto como rechaza de supropia cultura, y trata de la misma manera la predilección actualhacia un mundo artístico evidentemente pluricultural. Si el públicodesea experimentar un sentimiento de diferencia, debe estarpreparado para que sus motivaciones se consideren sospechosas encierta medida. Lo mismo puede decirse del discreto papel que haasumido hasta ahora en el mundo artístico de Santiago,relativamente introvertido -que galardona trabajos más críticos omás primitivistas que aquéllos de Duclos- y que por ello no harespondido con igual rapidez a su obra como Lo ha hecho BuenosAires con Kuitca o México con las pinturas de Galán. Es lógico, porconsiguiente, que Duclos sienta una mayor afinidad respecto altrabajo adelantado por muchos artistas en París o en Nueva York querespecto al de sus conciudadanos, si bien no por las razones queuno pudiera suponer.
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