INDICE




A mediados de la década de 1980, en medio de la rapacidad de laeconomía de Reagan, el florecimiento del mercado del arte/consumo yla explosión de las muertes por sida, Cruz se aleja de los sonorosplanos de estas telas hacia un espacio pictórico que parece casigrabado, en el que flotan figuras solitarias en complicados yprofundos espacios. Las personas casi nunca aparecen completas:están desvisceradas, ocluidas, desmembradas o deformadas. Susmiembros se desvanecen en la nada; no hay pies para correr ni manosque puedan tocar. Hay una absoluta falta de temor para exponer eldolor y la soledad; Cruz describe exactamente las deformidades, elhorrible futuro que tememos admitir. La escala gigante de loscuadros, así como la compleja belleza del manejo de la pintura, seconjugan irónicamente en torno a los desolados y desesperadoshombres- insectos de Cruz.

 

Luis Cruz Azaceta,  AIDS Count III, 1989.

 

El cambio formal en su obra se realiza análogamente a unprofundo cambio en lo que nos dice. Es el paso de una pesadillapsicótica a la visión más reflexiva y, en última instancia, mássensible de lo que significa que haya personas con talesexperiencias de crueldad y miedo en el centro de sus vidas. Setrata de una modulación desde lo caricaturesco hasta lo verdaderamente grotesco. Las pinturas, menos episódicas, menos fragmentadas,se centran en figuras únicas que anuncian un dilema básico. Losfragmentos de los detalles ya no son portadores de lasdesarticuladas narrativas de asesinato y exilio. Se manifiestaahora un tema más coherente y cohesionado y, al menguar lasgesticulaciones, se ha revelado una profunda honestidad.

anterior | índice | siguiente