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MARÍA FERNANDACARDOSO
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|POR JOSÉ HERNÁN AGUILAR
Los jardines son lugares metafóricos, poseedores de unaperfección y una paz idealistas. Por lo tanto, los jardines siempresignifican otra cosa: su vegetación y su flora son materiasimbólica. En un jardín, cada cual es libre de ir a donde le place,de seguir varios senderos, de escoger por contradicción, deinventar alegorías orgánicas.
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María Fernanda Cardoso, Tusas de maíz, 1989.
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La utilización de la alegoría neobarroca ha sido una constanteen la obra de María Fernanda Cardoso, y en sus coronas y sembradosde flores plásticas (1991) reunió escrupulosamente tradiciones yrituales funerarios colombianos para recrear un jardín último, notanto del recuerdo sino de la ilusión, donde las flores no semarchitan, aunque tampoco hayan sufrido un proceso evolutivonatural. La estructura alegórica es pues un recurso visual, deforma abierta y deliberadamente inestable, otra característicapropia del trabajo de Cardoso.
Omar Calabrese entiende lo neobarroco como una categoríaestilística que maneja nociones de complejidad laberíntica,dispersión recreativa, opulencia comunicativa por medio de afragmentación y cierto placer por la imprecisión Desde suscomienzos, Cardoso ha combinado la fragmentación preciosista demateriales (plástico, tubos de asbesto, maíz, animales disecados,flores plásticas) con la dispersión temática para elaborar obras deuna impresionante carga simbólica. En obras como Remedios y dolores(1987), Cardoso mezcló productos industria les "crudos" (nylon,asfalto, hierro, tubos de asbesto, etc.) con objetos encontrados depoco poder visual (baldes plásticos, medias de nylon, llantas decarro) para obtener híbridos imprecisos, repletos de signosvoluntariosos, que terminaban construyendo laberintos prístinos. Enestos ensamblajes, como en los trabajos con maíz germinado, Cardosoestetizó los elementos, transformándolos en vehículos de doblemotor: uno que los impulsó como símbolos directos (la media denylon es mujer, el surquito de maíz es comida, la corona delagartijas disecadas princesa, etc.) y otro que los detuvo comomensajes estratégio (la media es sexo tensioriado, el surco es mitoestudiado, corona es estatus petrificado).
De cualquier modo, la obra de Cardoso explora un tipo deagresividad que podría fundamentarse en la frustración de n podersalir del laberinto cultural que la origina. Y es curioso, pues lasreferencias siempre son obvias en su alusividad (la flor d plásticoestá muerta, por ejemplo), aunque son muy finas en s elusívidad (laflor de plástico es transformación matérica). Por lo tanto, desdeChino (1987) hasta La vida no es un sendero de rosa (1991), Cardosoadhiere a sus esculturas un negro sentido del humor que reconforta,un dulce erotismo que libera y una pureza formal que desconcierta.Los cultivos de maíz planifica dos (1989) y las cadenas de tusasdescubren una salida al preciso laberinto que Cardoso ha venidoedificando, no tanto por lo "distinto" del material (después detodo, cada nueva obra de Cardoso es un material nuevo) sino, másbien, por el muy radical significado que él implica, ya que seencuentra en continuo estado de crecimiento. El asbesto o elplástico no crecen, las ranas disecadas no se reproducen más, peroel maíz sigue con su ritmo vital, desacelerado es verdad, perocategórico y potencial. Una cultura "probable" se adivina en lapenetración del papel burdo por las raicitas. Es una sorprendentemanera de cultivar y de obligar a la obra de arte a ser parteactiva de su propia mistificación. El maíz, objeto vegetal deprimer orden en las culturas anteamericanas y en las subculturaspostcolombinas, se ordena como medio técnico pero también seorganiza como sujeto mítico en el jardín simulado, y potenciado, encada pieza de papel.
Los granos de maíz, situados en campos de papel blanco, accionan-como las flores plásticas sobre paredes también blancas- lahabilidad acomodadora de nuestra percepción, creando así unaestrategia de aclimatación, de inducción placentera, capaz deexpresar algo más de lo que se ve en la superficie, en la armazóninformativa. Así, los piadosos jardines de Cardoso se convierten enimágenes mentales de hechos artificiados, de mitos reapropiados. Enellos se ausculta la salud de un momento cultural colombianodeterminado por memorias colectivas y por gestos particulares.Cardoso ha transforma do el cementerio de toda ciudad colombiana enuna imagen refleja, en un jardín narcisista donde cada flor sevenera a sí misma ya su sombra. Los sembrados de maíz tienen uncarácter menos lúgubre y un futuro más opulento, mejor habilitadopara simular unos posibles, y frescos, seres de maíz.
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