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INDICE
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Como sus instalaciones más importantes, también esta reunión dedibujos está dedicada a Saravanda/Ogún. Señor de los metales, de lafragua y del monte, Ogún, guerrero y agricultor, está asociado conla reversibilidad de los poderes tecnológicos. Al pensar en eltítulo de esta serie, El hombre de hierro, hay que pensar en lasmanos de Ogún, en el hierro, considerado como "tumba del cielo","instrumento de guerra y de muerte", "conducto de comunicaciónentre vivos y muertos, entre cielo y tierra", así como en lospoderes asociados a la modernización: los trenes, los carros, losaviones, los tanques, las armas modernas.
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José Bedia, Libélula, 1992.
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José Bedia explota las estructuras de oposición propias delpensamiento primitivo, a partir de oposiciones formales que hacen asu vez de principio organizador. De ahí su sofisticación en eldiseño, en el uso de aquellos objetos que limpia semióticamente alcolocarlos sobre un plato blanco nunca antes usado, como unaofrenda magnífica. La ordenación de los elementos respeta ladisposición jerárquica, por niveles, del altar; el uso defragmentos sacrificiales (la cabeza y las alas de un pájaro) paracargar un objeto cotidiano (un avión) que se convierte pormetonimia en la fuerza (maléfica y benéfica a un tiempo) del sueñode vuelo, del intento por trascender en fe.
Sus instalaciones son cada una de ellas un sistema cerrado decargas, donde cada material-objeto-forma se activa en función de sulugar en el altar-discurso. En ellas resalta el contrapunto entreel ejercicio mínimo del trazo y la concentrada fuerza del objetoatrapado. Como si la energía de lo venerado dependiera de lamagnitud de la ofrenda. Cada altar es una historia sin márgenes.Sin embargo, Bedia tiene una manera de contener la amplitudsimbólica de lo convocado, de dirigir el nivel filosófico de suoración, sin ambigüedades. Hoy, las manos de Ogún hacen paranosotros, los hombres del hierro, esta magnífica ofrenda.
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José Bedia, Cucaracha de guerra, 1992.
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