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CARTAGO: SU PANORÁMICA EN LA HISTORIA COLOMBIANA Y SU IMPORTANCIA COMO CENTRO DE LA COMARCA |80


Con generosidad espiritual, el "Centro de Historia Luis Alfonso Delgado de Cartago", me entrega un título que compromete mi vida de apasionado por la historia de mi patria. Lo recibo en un año en el cual se cruzan hechos esenciales en la evocación del pasado. El encuentro de dos mundos, nos permite reflexionar sobre nuestro continente; contar cuáles son sus aportes a Europa en la ciencia, la economía, las reglas políticas, la percepción cultural del universo, la concepción de la república y la democracia, y múltiples aspectos más de la vida de relación de los hombres y de los pueblos. Él nos ha dado margen para aceptar el mestizaje como fuerza impulsadora, que nos entrega identidad. El haber tenido Colón el "encontronazo" con este continente -que no buscaba y, además, no tuvo conciencia de haber llegado a él- universalizó muchas tesis y le dio contenido a diversas teorías. Esa es una importancia y trascendencia. No debemos desviarnos acomodando otras interpretaciones en el interés de que perduren en el recuerdo las hazañas imperialistas de España.
Otro acontecimiento que celebramos los colombianos con poco lucimiento fue el de los doscientos años del nacimiento de Francisco de Paula Santander. La falta de autenticidad nos ha llevado a exaltar otros personajes extranjeros, en lugar de destacar las calidades de quien le dio sello de permanencia al heroísmo; diseñó las pedagogías de lo que es la vida administrativa; impulsó la permanente ingerencia del pueblo en las decisiones del desenvolvimiento democrático de la nación. Santander fue ejemplarmente valeroso y rigurosamente castrense en las batallas contra los españoles; ideó el retiro a los llanos; afianzó la libertad de nuestro país; les dio el sitio que les correspondía a unos militares que deseaban, en el poder político, prolongar su vocación de mando arbitrario; dejó luces para la conducción de la política internacional. Sin Santander, Bolívar no hubiera prolongado su gloria en los países del sur. Su labor paciente, minuciosa, vigilante, extremadamente celosa de que fallara un solo detalle en la movilización de tropas, y en su financiamiento, le dio al caraqueño la oportunidad de continuar, con la colaboración de la Nueva Granada, nuevas batallas por la libertad. Santander dejó principios de cómo concebía la democracia contra la dictadura. Su enfrentamiento con Bolívar fue doctrinario en cuanto a la política y a la manera de conducir el estado. Su postura ideológica, resplandece, en el continente, cada vez que hay un desvío en la lucha por la finalidad social de los pueblos. Santander predicó el deber de vigilancia de cada acto administrativo. Él consagró, en leyes, artículos contra peculado o el abuso del poder, que debían de revivirse en esta hora de desolación moral de la república. Su nombre ampara la devoción colombianista. Esta fue la que amó; la que construyó, la que orientó con sus republicanos. Nos inculcó el respeto por la ley y por su majestad. Cuando no la aplicamos, estamos sacrificando la conducta de la colectividad, porque le rompemos el comportamiento y torcemos su peregrinaje moral. La "ajuridicidad", que hemos oído pregonar en meses de perplejidad para los colombianos, nos advierte que estamos errando el futuro. Volver a sus lecciones, es regresar al sendero de la patria.


En torno de una memoria cordial.


Un hombre cordial a nuestra vida, el de Luis Alfonso Delgado, nos da amparo para esta charla que se desarrolla entre las dos fechas clásicas que hemos mencionado. Nos conforta saber que su apelativo cubrirá las actividades de nuestro centro de estudios. Lo conocimos en época de serena vocación por regresar el país a su orden constitucional, - abolido por las dictaduras de estado de sitio, que culminaron en la de Rojas Pinilla- y retomar el orden de paz, quebrantado, bruscamente, por la violencia. Ésta hizo daño al país, y sus maleficios se prolongan, con otras características, hasta nuestros días de desesperación colectiva ante su imperio agresivo.
Delgado tenía muchos atributos. Al darle su nombre al lugar donde se vigilará la historia de la ciudad y de Colombia, se le ha rendido justo homenaje. Fue hombre de inclinación intelectual, que no abandonó y que, al contrario, desde su juventud, fue acrecentando. Su erudición nadie la desconocía y él se solazaba entre clásicos y modernos. No clausuró su capacidad de asombro. Aquélla aparecía con naturalidad y sus timbres los adelgazaba para que tuvieran un acento discreto. Cada vez que escribía, se notaba que examinaba el tema, lo consultaba, para enumerar lo esencial. Señalaba unos valores y los iba uniendo, en franca comparación, con los que ostentaba el personaje. Lucía, entonces, e juzgador. Porque es que la esencia del crítico, y de ella tuvo riqueza que lo distinguió entre sus pares. Delgado destacaba los buenos ideales que le daban categoría al colombiano y sus referencias espirituales, para avaluarlos y prolongarlos, con tantas que vienen de otros medios lejanos o de las clásicas reminiscencias griegas o latinas. Estudioso del lenguaje, en la exactitud del manejo de la palabra, se detenía, ante ésta, con rigor y con uncioso respeto. Si tuviéramos dudas sobre sus conocimientos y maestría, bastaría repasar su página acerca de Marco Fidel Suárez, leída en los claustros universitarios a solicitud de un rector humanista como Mario Carvajal. Allí se hacen evidentes el conocimiento y el juicio crítico.
Combatió en la prensa; reflexionó en la revista; vigiló su comarca, su ciudad y la patria, en diversas páginas que nos dejan la sensación de que cada adjetivo lo buscó con ternura mental, con regodeo en la calificación, con devota inclinación por la verdad. La misma devoción llevó a su poesía. En lo intelectual, se mantuvo sometido a su biblioteca, que hemos contemplado en fotografías que revelan su riqueza. Su dedicación de hombre de estudio, no le permitió envanecerse. Por eso declaraba, en palabras que recogemos corno mandato para cada uno de quienes formamos este centro y para aquellos que aquí lleguen a compartir sueños y fatigas: "Soy un maestro a mi manera, nunca enredado en marañas didácticas, pero encendido, eso sí, en el deseo de que otros aprendan siquiera lo poco bueno que yo pude aprender".
Nuestra obligación es, entonces, seguir escuchándolo.


Importancia de lo regional.


Me siento entusiasmado al comprobar que varias ciudades del Valle tienen sus academias y centros de historia. En ellas se está haciendo el examen del pretérito no sólo en relación con lo nacional, sino deteniéndose en aquello que roza su vida comarcana. Es una buena experiencia, útil y necesaria. De la macrohistoria, se ha ido avanzando hacia la microhistoria, a través de una larga exposición de sus tesis, principios y aportes. Sin que exista una visión inmediata de lo que nos rodea, es imposible hacer una proyección del pretérito. La nacional nos roza y nos compromete menos, si no la sentimos como parte de lo nuestro, de lo local, de lo que nos da identidad con sucesos, personajes, leyendas y aventuras locales. Lo que distinguía a la general, que se refería sólo a nombres majestuosos, o a sucesos de proyección universal, se ha ido modificando en cuanto varios factores han venido a orientarla: lo primero, la aceptación de las masas como parte guiadora, directora y creadora del acto histórico; lo segundo, que no hay una cultura de élite exclusivamente y que lo popular, lo que nace del pueblo, es integrante de aquélla y se proyecta congregando a las gentes en un afán común; tercero, que después de la segunda guerra mundial, la local ha tomado un impulso, que le dará vigencia permanente. Ella no se ha concebido para disminuir la nacional, sino para integrarla, para darle perfiles más amplios, para extenderla. Que cada grupo la sienta como parte de su vida, porque al escribir la de la región, la de la comarca, la del pueblo, la de la aldea, aparecen sus epígonos. Resplandecen sus hazañas. Surgen, en alegría colectiva, los actos que el común realizó para consagrar sus protestas, sus alegrías, sus vocaciones sonámbulas de grandeza. La local reconstruye cada aventura, por efímera que sea, y avanza engrandeciéndola, dándole dimensión, relacionándola, con lo más profundo de la tradición de la nacionalidad. Ella está concebida para que el mundo nos susurre, en medio del alboroto general, cómo ha sido nuestro aporte a la formación de lo más hondo de la vida colombiana.


La fundación.


Es muy clara la fundación de la ciudad, el 9 de agosto de 1540, y su traslado el 21 de abril de 1691 |81 . Sabemos los nombres de los conquistadores, de los almirantes, de los adelantados, de las luchas de quienes se disputaban la supremacía. Enorgullece la memoria el saber que Felipe II le dio escudo de armas. Nos apasiona conocer lo heroico de la resistencia de Pijaos y Quimbayas, sin que nuestros cronistas se hayan preocupado de ahondar en las raíces etnológicas, en las virtudes artísticas, en sus creaciones espirituales que dan respuesta a quienes los despreciaron y denigraron, como los españoles.
Quizás este encuentro de dos mundos, este entrechocar de dos culturas, nos permita hacer nuevos análisis sobre el pasado ancestral. Vigilar que lo que dijeron los cronistas de Indias, tenía una fuente: era la versión oficial de la acción de un imperialismo como el español. No quedaron escritos de los vencidos. Tenemos que volver la mirada sobre esa etapa, con diferente ansia escrutadora. Mi propuesta es que sin odio por España, pero sin sometimiento espiritual, y sin exaltación reivindicatoria de lo raigal nuestro, hagamos un nuevo escrutinio sobre la verdad de lo que nos conturbó y nos amalgamó. Somos un mestizaje en donde no puede existir exclusión de vidas que se anudaron para darnos una autenticidad. La que hoy repartimos como mandato de la sangre y de la inteligencia. Es parte de la nueva orientación que debe tomar la historia indoamericana.
Quienes escribieron sobre la cuidad |82 dejaron testificaciones que nos deben comprometer a vigilar su grandeza. El oidor Manuel Antonio del Campo y Rivas dice que "la ubicación es la más útil, variada y agradable... La planta de la ciudad está bien nivelada, en terreno llano y elevado... El clima es sano y benigno, aunque declina más a cálido". Si se desean más noticias, hay que repasar su volumen aparecido en Guadalajara, México, en 1803. Pero, antes, Pedro Cieza de León |83 había escrito: "...La Sierra Nevada, que es la cordillera grande de los Andes, está a siete leguas de los pueblos de esta provincia. En lo alto de ella está un volcán (el Ruiz) que cuando hace claro echa de sí grande cantidad de humo; y nacen de esta sierra muchos ríos, que riegan toda la tierra... La ciudad de Cartago está asentada en una loma llana, entre dos arroyos pequeños, siete leguas del río grande de Santa Marta, cerca de otro pequeño...".

Y don Juan López de Velasco, en 1574 |84 , dice:

"... y así para hacer las sementeras de españoles y de los
indios, es necesario hacer rozas a mano donde las puedan
hacer; hay poco maíz, ningún trigo ni cebada, ni otras semillas
de España, ni algodón, auque el temple es bueno, ni frío ni
caliente..."

Fray Gerónimo de Escobar nos cuenta en 1583 |85 que "es de malos caminos porque lo más del año llueve y caen algunos rayos, y es de tal calidad de tierra, que entre más llueve más sanidad hay...".
Estas atestaciones, desde luego, se refieren a la primitiva población. Más tarde se van escuchando otras voces, en años posteriores. Jorge Brisson, en su escrito "A pie de Cali a Medellín, en 1890" |86 , afirma: "...Cartago, pueblo muy extenso, que contiene unos 10.000 habitantes en su área. Las casas blancas, casi todas compuestas únicamente de un piso bajo.... Cartago goza de un cierto bienestar, siendo punto de concentración de toda una región muy fértil en cacao...".
Más tarde, el doctor Safray |87 cuenta que "para llegar a Cartago es preciso atravesar un torrente, cuyas orillas ofrecen un paso difícil, siendo el vado con frecuencia peligroso... Cartago es una bonita ciudad, que recuerda la de Antioquia por sus jardines y sus calles, pero en rigor no posee más monumentos e que una mediana iglesia... En las calles, limpias y bien alineadas, ofrecen las casas un aspecto más decente y cómodo... son solitarias... Los alrededores de Cartago son magníficos: más allá de un semi-recinto de colinas limitado hacia el su; por los jardines de los arrabales, se extiende una campiña cortada por pequeños estanques y cristalinas corrientes, y cubierta de preciosas quintas y rústicas viviendas...".


El traslado.


Siempre existirán opiniones divergentes en cuanto a las razones para el traslado, de las orillas del río Otún, a las de La Vieja. Algunos autores se han empeñado en sostener que se trataba de evitar que fuera atacada la población por los Pijaos y los Putimaes. El doctor Emigdio Palau así lo predicó. Extraña consideración; como si la capacidad de lucha de aquellos se detuviera por el cambio de ubicación. El escritor y educador Vicente Benítez señala que el traslado se operó por "necesidades económicas".
En el libro del historiador Francisco Zuluaga R., texto de 1990, que hemos consultado en una fotocopia |88 , con prólogo de Luis Eduardo Rayo M., aparece un documento que para nosotros es esclarecedor. En 1562, el cabildo de Cartago le puntualiza la situación de la aldea a Andrés Valdivia, que explica que existían profundas dificultades que conducían a la pobreza de sus habitantes: "Item informara a su Magestad de la agrura y aspereza de esta tierra y del sitio y asiento de esta ciudad y de cómo es tierra trabajosa y muy ciega de cañaverales y montes de continuas lluvias, a cuya causa es delgada y estéril, así de labranza como de crianza, de lo cual redunda mucho trabajo y necesidad en los vecinos y moradores de ella y valen las cosas siempre a caros y excesivos precios, por cuya ocasión los vecinos están pobres y muy adeudados y tienen mucha necesidad que su Magestad los favorezca con mercedes".
Estas razones económicas, veremos cómo se amplían en cuanto hagamos referencia, a otras circunstancias de la conformación de la estructura de la ciudad.


Su importancia.


Desde el orto de su vida civil, tuvo importancia. Nadie se la ha discutido. J. 8. Boussingault |89 , que tuvo tanta gracia para describir y para darles matiz a sus observaciones, puntualizaba, 1824-1830, cuál era el alcance esencial de las comarcas. El manifiesta que "Cartago es una de esas poblaciones de las regiones calientes, bien construidas en sus calles centrales que se dividen en manzanas y bordeadas de casas cubiertas de paja. Una plaza espaciosa, una iglesia y altas palmeras que dominan las construcciones. No hay movimiento por su escasa población poco activa y que vive de poca cosa, pero es uno de los centros comerciales del Cauca... Las mujeres graciosas, más que bonitas, agradables con sus cabellos entremezclados de flores".
Para que ahondemos más en la importancia de la ciudad, es bueno detenernos en el texto del historiador Zuluaga ya citado. Él hace una división de la ciudad dándole la calificación de fronteriza por haber tenido categoría militar en la conquista de la tierra del Valle; mientras sus colinas, las dominaban los indígenas. También es "centro fronterizo de la explotación aurífera". Hay que tener presente que, en la Colonia, el oro marca su transcurso. Desde 1541 pide que se cree una "casa de fundición". Se hace alarde de que allí se tomaron el oro de los Quimbayas. ¿De dónde venía éste? ¿Quién los proveía tan abundantemente? ¿Esa fundidora, no daría cuenta de la destrucción de muchas de las figuras del arte de esta tribu con tantos atributos artísticos? e Son preguntas que inquietan y azoran el ánimo del investigador. La misma función cumplía en lo comercial por la utilización del río Cauca y es el límite para lo fiscal y el cobro de los diezmos; es el lugar donde hay otra frontera en lo agropecuario, que fue el medio de abastecer las minas del Chocó, Arma y Antioquia hasta momentos finales del siglo XIX y, a través del pago a la Iglesia, se establecen las oscilaciones de la guerra: las luchas contra los pijaos; la escasez que se presentaba de ropa, sal y carne, que denunciaba lo que acontecía en la comarca. Cómo en 1553 se presentó una larga discusión entre Buga y Cartago por razones fiscales. Estas condiciones lo que revelan es la magnitud de su dimensión en su propia área. Su influjo se extendía poderosamente.
Igualmente se distinguió como frontera política, porque allí llegaba la gobernación de Popayán para fortalecer la conquista de Antioquia, en el imperio. Porque fue centro de la disputa de los conquistadores.
Tuvo, desde el comienzo de su vida civil, presencia religiosa. Enrique Otero D' Costa |90 , en la producción donde se dan detalles de su fundación, puntualiza: "E puso por nombre a la ciudad la ciudad de Cartago, e a la iglesia mayor San Jorge, e hizo la traza de la ciudad, e la repartió los solares a todos los vecinos e conquistadores". En la colonia, también se edificaron San Francisco y la capilla de Santa Ana. Don Mariano Ormanza y Matute inicia la construcción de Nuestra Señora de Guadalupe |91 , que aparece muy cerca de la Independencia, lo mismo que la capilla de los Dolores, en el barrio de San Jerónimo. El Templo en honor de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, alcanza valía, lo mismo que el de Nuestra Señora del Carmen. Esa atmósfera religiosa le ha permitido tener en la lista de sus guiones espirituales dos centenares de sacerdotes. Enalteciendo el nombre de la ciudad rememoremos al arzobispo Manuel Antonio Arboleda, en Popayán, y en Pasto al obispo Adolfo Perea, mientras Mariano de Mendoza Bueno y Fontal se consagraba como uno de los grandes oradores sagrados del país. Así se iba integrando la ciudad. Mientras se inclinaba en reverencias y en devoción ante la escultura al Señor de las Misericordias, frente a los lienzos de las Vírgenes de La Pobreza y de la Paz, que ha sido patrona de la ciudad.
Mientras tanto, el doctor Safray |92 , nos hace una descripción llena de vivacidad de cómo se desarrollaba la actividad comercial en la ciudad que divide en dos sectores que se diferenciaban y se complementaban. Además, le sirve esa perspicaz mirada para situar la condición social de las gentes, sus costumbres dobladas de picardía, su ambiente peculiar con recursos de la imaginación vital:
"El comercio principal se hace con mercancías europeas, procedentes de Cali o del Estado de Antioquia; el cacao, el tabaco y otros productos del país, constituyen también importantes artículos para el tráfico. En algunas tiendas en que se despacha al por menor se ven al frente verdaderas señoras. Un saloncito comunica con el despacho primeramente dicho, y como los parroquianos escasean, en aquella habitación es donde la dueña pasa la mayor parte del día recibiendo sus visitas, tocando la guitarra y fumando los adoríferos cigarros de Palmira.
"Sobre esta especie de aristocracia comerciante predomina otra clase más numerosa llamada allí de las pulperas: vendedoras al por menor, cuyos establecimientos comunican a Cartago un aspecto particular.
"La pulpera es de ordinario bastante joven, y algunas veces casada, o acaso viuda; es más que una modista y menor que una señora; no se atrevería a usar zapatos o botinas, y parécele que sería la alpargata lo más adecuado a su rango. Algo coqueta; de ordinario bonita, curiosa por la ociosidad, y maldiciente por costumbre, convierte su tienda en un centro de chismografía. Por lo demás, su comercio es lucrativo; encuéntranse, en le establecimiento de la pulpera, candelas y confituras, artículos de mercería, tabaco, maíz, sal, chocolate, ron, chicha, anisela, queso, canela, espejos, quincallería y betún. Los que no necesitan nada de esto y sólo quieren pasar el tiempo, piden cigarrillos de pale, y a fuerza de comprarlos se adquiere derecho para exigir una silla y formar parte de la tertulia de la pulpera."


Los caminos.


Los caminos son parte cardinal en la integración de una ciudad que preside una comarca. Ellos le dan las perspectivas. Le abren los diferentes senderos. Le comunican con los más extraños puntos. Le facilitan el comercio, y las posibilidades del entendimiento con otras comunidades; le anuncian por dónde se desplaza la cultura. Ellos son los que inducen, abren, guían, señalan. Los que aceleran el contacto entre grupos humanos. Consienten soñar en la aventura, la evasión, la conquista de otros mundos. Establecen, con rigor, las prelaciones en la vida industrial, en la agropecuaria, en la minera, en la social. En Cartago, todas éstas tuvieron singular alcance. Categoría desde el inicio. Magnitud desde que comenzó a levantarse el nuevo sitio de la ciudad.
El oidor Manuel Antonio del Campo y Rivas dice que Cartago es el "centro del Reyno de Santa Fe y de todo el Perú". Por las vías que la cruzaban se hacía el comercio que unía a Cartagena con Lima. Era lo que se llamaba la vía de los comerciantes o la "Carrera de Indias", que comunicaba a Cartagena, Lima, el virreinato de Santa Fe, la gobernación de Popayán y la presidencia de Guito. La necesidad de las comunicaciones, iba impulsando la construcción de los caminos. La riqueza agropecuaria de Cartago, ayudaba a abastecer a Popayán. Ya vimos cómo igualmente repartía con abundancia sus productos para las regiones mineras. Me asalta una pregunta: ¿la existencia de esta ruta no determinaría, en parte muy apreciable, el traslado de la ciudad, de la orilla del Otún, al lugar que hoy ocupa? Si ello es así, como es de presumir, habría otro elemento para juzgar que lo económico, determinó su destino final. Otra observación es que el cambio de sitio obedeció al afán de tener una ruta más expedita para el comercio negrero. Isaac F. Holton, profesor de química y de historia natural en Middlebury College, en Estados Unidos |93 , afirma que "no puedo decir qué hacen las gentes de Cartago. Es un lugar muy tranquilo, no obstante su posición geográfica. La ciudad está situada en el punto de convergencia de cuatro rutas comerciales..."
Don Miguel Jerónimo de Granados, citado por Zuluaga, nos señala la ubicación de Cartago: "Dista de Popayán 50 leguas por camino llano, aunque con multitud de ríos. Del Real de Nóvita, capital del Chocó, 5 días de montaña despoblada, y de Ibagué, ciudad de la Provincia de Mariquita, 5 o 6 días por otra igual montaña, aunque amena por hallarse abierta por superior orden de don Miguel Antonio Flórez, actual virrey de este reino". Estos datos nos van despertando el interés por las distintas rutas y regiones que mantienen activa relación con Cartago. Son referencias de la mayor enjundia, porque nos ubican en la realidad que rodeaba la ciudad y cuáles eran sus ejes de interés económico y humano. Sin desdeñar que era centro también de una relación muy activa con Arma y Santa Fe de Antioquia. Con el Chocó, su entrelace político, económico, social, es de gran trascendencia en la historia inicial.
Felipe Pérez |94 , dice que "la actual Cartago está situada en una bella planicie, a donde fue trasladada a fines del año 1540, descubriéndose desde ella el nevado del Quindío o de San Juan, que le queda casi al E. Es por esta cordillera que pasa el camino para Ibagué, situado al lado opuesto de los Andes en el Valle del Magdalena. Este camino y el de Guanacas son los mejores que hay para pasar de un valle a otro, aunque en la estación de las lluvias ambos son pésimos.
"En la subida del Páramo del Quindío se ven en toda su belleza las cumbres nevadas, las peñas y los arenales que tiene a su pie este monte".
El mismo autor nos describe la riqueza de Las vías navegables y menciona a los ríos que rodean, protegen y ayudan a las comunicaciones de Cartago: "...del Páramo de Cumbarco salen los ríos de Bugalagrande y La Paila, originándose el río Barragán, el cual junto a Cartago se llama La Vieja, después de haber recibido el Quindío, al cual afluyen el Cumbarco, el Novarco y el Boquía, que baja de los Nevados de Santa Isabel; y luego el Consota de una de las ramificaciones de éstos".
Hay un camino de la más atrayente historia y categoría en los anales de Cartago, como es el del Quindío. Desde 1549 se principió a predicar que éste era indispensable para evitar el paso del páramo de Guanacas. Miguel Díaz de Armendáriz hablaba de cómo eliminar la incomunicación. En el libro de José Ignacio Vernaza |95 , hay constancias muy válidas acerca de esta importantísima iniciativa: "Sobre la apertura del camino a través de la abrupta montaña del Quindío, libró Cartago, desde la época colonial, una tenacísima campaña, a fin de ponerse en comunicación con la capital y que tal vía sirviera a todo el Valle del Cauca. Hemos leído el expediente encontrado en los archivos de Popayán por don Manuel María Buenaventura y en el que consta que fue el doctor Ignacio Durán y Oviedo quien acometió tan difícil tarea, secundado por el ayuntamiento de Cartago. En el expediente se encuentra la petición hecha al virrey Amar y Borbón en el año de 1807, la substanciación que el virrey hizo en favor de La petición con la firma del general Domingo Caicedo como secretario, y una larguísima nota en que se habla de las minas, maderas, terrenos y demás riquezas que beneficiará el camino, y la distribución que debe hacerse de las tierras a los primeros pobladores. Se narran allí también las curiosas incidencias con el señor Sebastián de Marisansena, juez poblador de la región de la Balsa, hoy Alcalá, y la petición hecha por el ayuntamiento de Cartago el 22 de noviembre de 1811 en favor del Dr. Durán y Oviedo, con la nota del ayuntamiento, dirigida al virrey, y que firman sus miembros, Alonso Gómez de Hoyos, Agustín Mateo Polanco, Juan Iph Ruiz Salamando, José Joaquín Fernández de Soto, Luis Joaquín Jordán, Fortunato de Gamba, Francisco Javier Garzón, Melgarejo, y que dice así:
Excmo. Señor: Este ayuntamiento ocurre a la superioridad de V. E. con el adjunto plan sobre la apertura del camino de la montaña del Quindío, para que V. E. en su vista se digne aprobarlo, si a bien lo tubiere o dictare la providencia que fuere más oportuna, sirviéndose mandar se devuelvan a este cuerpo los documentos originales que por la premura del tiempo no se han podido copiar. Dios guarde a V. E. más años. Sala capitular de Cartago y noviembre 22 de 1811. Excelentísimo Señor.
Alejandro de Humboldt |96 , relata cómo es el camino del Quindío, que él recorrió en 1801: "Considérase la montaña de Quindío (lat. 4° 36', long. 75º 12') como el paso más penoso de la Cordillera de los Andes; porque es bosque espeso, completamente deshabitado, que en la mejor estación cuesta diez o doce días de travesía. Allí no hay cabaña alguna, ni medios de subsistencia. Los viajeros, en todas las épocas del año, hacen sus provisiones para un mes, porque a menudo sucede que, por el deshielo de las nieves y súbita crecida de los torrentes, se encuentran aislados y sin poder dirigirse a Ibagué ni a Cartago. El Garito del Páramo, que es el punto culminante mide 3.500 metros sobre las aguas del océano, y como el pie de la montaña, hacia las orillas del Cauca, solo cuenta 960, disfrútase en este sitio de un clima dulce y templado. El sendero por que se pasa la Cordillera es tan estrecho que apenas tiene 4 ó 5 decímetros, y se parece a una galería al descubierto. Como casi toda la Cordillera, esta parte de los Andes es de superficie arcillosa, habiendo formado barrancos de 6 a 7 metros de profundidad los hilos de agua que bajan de la montaña. Por estas grietas llenas de lodo se anda, no obstante las oscuridades que produce la espesa vegetación que cubre las aberturas. Los bueyes, bestias de carga que se usan en estas comarcas, difícilmente pasan por dichas galerías que tienen hasta 2.000 metros de largo, y si se tropieza con ellos por desgracia en el centro de los barrancos hay que desandar el camino recorrido o subirse a los bordes de la grieta sujetándose a las raíces que del suelo penetran hasta allí".
En carta a W. Von Humbotdt cuenta más detalles del viaje y su arribo a Cartago:
"Lima, noviembre 25 de 1802.
Por mis cartas precedentes debes saber, mi querido hermano, mi llegada a Quito. Llegamos aquí, atravesando las nieves del Quindío y del Tolima, porque como la cordillera de los Andes forma tres ramas separadas, y nos hallábamos en Santa Fe sobre la más oriental, tuvimos que pasar la más alta para acercarnos a las costas del mar del sur. Solamente los bueyes pueden utilizarse para cargar, en este paso, el equipaje.
Los viajeros se hacen cargar ordinariamente por hombres que se llaman cargueros. Tienen una silla amarrada a la espalda, sobre la cual el viajero se sienta, andan tres o cuatro horas por día y solo ganan 14 piastras en 5 o 6 semanas. Nosotros preferimos caminar a pie y, habiendo tenido muy buen tiempo, sólo pasamos 17 días en estas soledades, donde no se halla traza alguna de haber sido habitadas; se duerme en cabañas con hojas de Heliconia, que hay que cargar especialmente para ello. Al pie occidental de los Andes hay pantanos en que uno se hunde hasta la rodilla. El tiempo había cambiado, llovía a torrentes en los últimos días, las botas se pudrían en las piernas, y llegamos descalzos y cubiertos de heridas a Cartago, pero enriquecidos con una bella colección de plantas nuevas, de las cuales tengo gran número de dibujos".
El doctor Safray |97 , cuenta un episodio que oscila entre leyenda y la real dignidad del cargador. Es una página que estremece por la dureza del español y la defensa, silenciosa y cautelosa, del conductor:
"Un oficial español que atravesaba el Quindío parecía complacerse en injuriar a su conductor, porque le parecía que iba demasiado despacio, aunque el indio hacía cuanto le era posible. El viajero, empeñado en acelerar la marcha, gritaba siempre, y al fin, calzándose las espuelas, hirió con ellas al conductor. Llegados a un punto donde el camino bordea un espantoso precipicio de cuatrocientos metros de profundidad, el indio, que esperaba su hora; se arqueó de pronto sobre su férreo palo, y de un vigoroso empuje lanzó al oficial en el abismo. Todos los conductores del Quindío saben esta historia, y enseñan el sitio donde fue precipitado el viajero".
La apertura del camino produjo un activó intercambio de productos agrícolas, un acelerado proceso en el comercio, y el tránsito de viajeros se hizo muy intenso. Cartago se consideró como un centro de inmigrantes. Fue transformando la vida de la ciudad. Por allí acudió el oro de Ibagué y de Mariquita. Se acercaban los mercaderes de Nueva Granada, de Quito, de Cali, de Popayán, de Cartagena. Todos tenían algún intercambio para realizar. A Cartago se le dio una serie de gabelas fiscales: derecho a cobrar el paso del río La Vieja, del Cauca, de los pasos de los Gorrones, de los Meneses. Por el uso del camino del Quindío, tenía derecho a recibir dos tomines por carga.

|80 Lectura en Cartago, Valle del Cauca, el 22 de mayo de 1992.
|81 DANIEL FERNANDO GÓMEZ: Cartago en la historia, Cali, Imprenta Departamental, 1967.
|82 JORGE PEÑA DURÁN: Cartago y Santa Ana de los Caballeros, Bogotá, Colombia. Escuelas Gráficas Salesianas. 1945.
|83 CIEZA DE LEÓN, PEDRO: La crónica del Perú, Madrid, Espasa, Calpe, 1962.
|84 LÓPEZ VELAS, JUAN: Geografía y descripción universal de Indias, Madrid, Biblioteca de Autores españoles, 1971.
|85 DE ESCOBAR, FRAY GERÓNIMO: "Relación de los pueblos de Popayán" en JUAN FRIEDE: Colección de documentos para la historia del Nuevo Reino de Granada. Vol. VIII, Bogotá, Colombia, Banco Popular, 1976.
|86 BRISSON, JORGE J.: Las maravillas de Colombia, Vol. IV, Bogotá, Colombia, Editorial Forja, 1979.
|87 DOCTOR SAFRAY: Viaje a Nueva Granada, Volumen 110 de la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, Colombia, 1948.
|88 FRANCISCO U. ZULUAGA R: La ciudad de los confines del Valle, Fotocopia. "Centro de Historia Luis Alfonso Delgado" y Universidad del Valle, Sede Cartago, 1990.
|89 J. B. BOUSSINGAULT: Memorias, Vol. IV, Bogotá Colombia, Imprenta Banco de la República, 1981.
|90 ENRIQUE OTERO D'COSTA: Momentos críticos sobre la fundación de Cartagena de Indias, Tomo II, Biblioteca Popular, Vol. 6, Bogotá, Colombia, 1970.
|91 DANIEL ARTURO GÓMEZ: Cartago en la historia, Cali, Colombia, Imprenta Departamental, 1967.
|92 DOCTOR SAFRAY: ob. cit.
|93 ISAAC HOLTON, M. A.: La Nueva Granada veinte meses en los Andes, 1ª edición, New York, 1957; 2ª edición, Imprenta Banco de la República, Bogotá, Colombia, 1981. Traducción Ángela de López.
|94 FELIPE PÉREZ: Jeografía física i política de los Estados Unidos de Colombia, Vol. 1, Bogotá, Imprenta de la Nación, 1862.
|95 JOSÉ IGNACIO VERNAZA: Vida del Dr. José Francisco Pereira, Cali, Colombia, Editorial América, 1941.
|96 Alejandro de Humbolt en Colombia. Extractos de sus obras compilados, ordenados y prologados con ocasión del centenario de su muerte, en 1859, por ENRIQUE PÉREZ ARBELÁEZ, Dr. Phil. Edición de la Empresa Colombiana de Petróleos, Bogotá, Colombia, 1959. Impreso en Editorial Iqueima.
|97 DOCTOR SAFRAY: ob. cit.

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