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CAPÍTULO
IV
EL SISTEMA LIBERAL - CONSERVADOR Y LAS COMUNIDADES NEGRAS
Un partido político es
la organización de una clase o varias clases sociales para participar en la lucha
política por el control del Estado, o por el logro de reivindicaciones cuya ejecución
exige la presencia de esas clases o los sectores de clases en el interior del poder
estatal. Mediante el control de las instituciones estatales las clases dominantes aseguran
la dominación de toda la sociedad para defender y desarrollar sus intereses sociales, que
son, en últimas, intereses económicos.
En Colombia, las clases
dueñas de la riqueza, utilizan sus partidos políticos y el Estado para asegurar sus
privilegios, que son el resultado de la explotación y la dominación que ejercen sobre
las clases trabajadoras, en especial las clases obreras y los campesinos pobres. Los
poderosos grupos de grandes financieros, industriales, banqueros, conterciantes y
terratenientes están cohesionados políticamente alrededor de los partidos liberal y
conservador, y aprovechan la ignorancia y las necesidades del pueblo trabajador para
manipular su conciencia, haciéndole creer que tienen iguales intereses, que sus objetivos
sociales son los mismos y que el Estado favorece a los colombianos en general.
En el proceso histórico del
desarrollo político del país las clases dominantes han logrado engañar al pueblo
colombiano, asegurando la reproducción de las condiciones de explotación. Las ganancias
de los patronos han significado la miseria, el hambre y angustias cada vez peores para las
gentes trabajadoras. Patronos y trabajadores no pueden estar juntos y unidos el día de
las elecciones, sus intereses son opuestos y están en conflicto permanente. Mediante el
control de los aparatos del Estado, los medios de comunicación y las promesas de
soluciones a las necesidades sociales, las clases dirigentes condicionan a las gentes para
que apoyen a sus candidatos, sin reflexionar sobre los programas y los intereses de clase
que defienden. Los trabajadores al depositar los votos por los patronos les ceden sus
derechos políticos y los autorizan para que los sigan explotando. En las zonas
marginadas, el ejercicio del derecho al voto por las "minorías étnicas" no ha
significado otra cosa que la perpetuación de las condiciones de atraso y marginación.
Las Comunidades Negras
también han sido engañadas por las clases dirigentes del sistema liberal-conservador,
durante toda la historia nacional. En las guerras de independencia los blancos criollos
ricos les ofrecieron la libertad si luchaban con sus cimarrones contra el colonialismo
español. Obtenida la victoria, en 1821, fueron traicionadas con la demagógica ley de
Partos, expedida por el Congreso de Cúcuta en julio del mismo año. En el Congreso de
1851, liberales y conservadores, aprobaron la abolición legal de la esclavitud pero sin
reconocer derechos económicos, sociales, culturales y políticos a los ex-esclavos, en
compensación por las condiciones infrahumanas y de desposeimiento en que éstos habían
quedado. Las traicionaron cuando se enfrentaron en una guerra civil por la abolición de
la esclavitud y, para conciliar intereses, decretaron leyes para impedir la libre
movilización de la persona negra, y realizaron un tráfico ilegal de esclavos hacia los
mercados de Ecuador, Perú y Cuba. Las traicionaron cuando fueron abandonadas a su suerte
y obligadas a colonizar regiones inhóspitas sin recursos ni asistencia estatal. Las
traicionaron al seguirlas tratando como siervos aunque las leyes las considerasen libres,
libres para cambiar de forma de esclavitud y entregar las cadenas de la esclavitud
directa, cadenas de atraso y miseria, a sus descendientes sometidos a nuevas formas de
esclavitud indirecta.
Los dirigentes nacionales de
la oligarquía política de Colombia siempre han demostrado indiferencia por el componente
étnico-cultural africano. Cuando se refieren a las causas del atraso y la marginación de
las regiones habitadas por las Comunidades Negras, culpan de ello a la persona negra,
aplicando en sus análisis los estereotipos racistas y echando tierra sobre los 400 años
de esclavitud y sus consecuencias traumáticas en las Comunidades Negras y en la sociedad
colombiana en general; olvidan que las relaciones capitalistas no han mejorado masiva y
cualitativamente las condiciones de existencia que heredaron las poblaciones negras de las
relaciones de explotación esclavista.
El doctor Laureano Gómez,
máximo ideólogo del partido conservador y fundador de la familia política Gómez recoge
el pensamiento racista de la clase que representa, en estos térmmos:
"Otros primitivos
pobladores de nuestro territorio fueron los africanos, que los españoles trajeron para
dominar con ellos la naturaleza áspera y huraña. El espíritu del negro, rudimentario e
informe, como que permanece en perpetua infantilidad. La bruma de una eterna ilusión lo
envuelve y el prodigioso don de mentir es la manifestación de esa falsa imagen de las
cosas, de la ofuscación que le producen el espectáculo del mundo, del terror de hallarse
abandonado y disminuido en el concierto humano... En las naciones de América donde
preponderan los negros reina también el desorden. Haití es el ejemplo clásico de la
democracia turbulenta e irremediable. En los países donde el negro ha desaparecido, como
en la Argentina, Chile y el Uruguay, se ha podido establecer una organización económica
y política con sólidas bases de estabilidad". (
12
)
A pesar de afirmaciones tan
aberrantes y racistas, las Comunidades Negras de Colombia votaron abrumadoramente en la
campaña electoral que llevó a la presidencia al doctor Laureano Gómez. Las ideas
anteriores constituyen sólo una parte del pensamiento racista de los representantes
nacionales de los partidos liberal y conservador, quienes al referirse a la llamada
"raza colombiana" excluyen a las personas negras e indígenas consideradas
ciudadanos de segunda categoría.
Los derechos políticos de
las Comunidades Negras son arrebatados por la oligarquía liberal-conservadora, por medio
de una vasta red de "caciques" y "clientes" destacados en las
corporaciones públicas, instituciones estatales, juntas comunales y demás asociaciones
parroquiales. Los caciques son verdaderos expertos en el comercio de votos, los compran
con dinero y objetos, prometiendo empleos y la realización de obras públicas y
chantajeando a los empleados oficiales, y luego los venden a los dirigentes nacionales de
los partidos por asientos en el Congreso, en las instituciones del orden nacional, cargos
públicos para sus seguidores y facilidades para realizar negocios privados como
concesiones forestales, pesqueras, licencias, etc.
Decenas de
"politiqueros" aprovechan la ignorancia y el analfabetismo para comerciar con la
marginación y la falta de oportunidades de trabajo, son cómplices de la política de
indiferencia estatal porque no estudian ni promueven soluciones prácticas para los
problemas comunitarios. Esta politiquería es un cáncer que carcome el corazón de las
comunidades, perpetúa el atraso, el conformismo y la desesperanza que envuelve a nuestras
gentes; sus gestores trajeron vicios desconocidos: la corrupción administrativa, la
deshonestidad y el engaño público, la falta de ética de los funcionarios; impidió el
desarrollo de la iniciativa social al destruir los sistemas de asociación comunitarios e
indujo a la juventud a la empleomanía.
Los políticos que se dicen
representantes de las Comunidades Negras en las Cámaras y el Senado hacen el papel de
espectadores inactivos e incapaces, nunca presentan proyectos de desarrollo ni promueven
debates sobre la problemática de las regiones; no existen para los medios de
comunicación por su actitud contemplativa; su preocupación diaria es la defensa de sus
curules y privilegios congresionales. En las poblaciones engañan a las gentes con
partidas irrisorias que al ser invertidas generan nuevos problemas con múltiples obras
inconclusas. A pesar de las buenas intenciones de algunos, sus actividades políticas en
la comunidad se reducen a rivalizar por empleos y cuotas burocráticas y cohonestar las
irregularidades administrativas y la ineptitud de sus funcionarios en aras de mantener el
caudal de votantes.
En las Comunidades Negras de
Colombia no existen formas de liderazgo, ni clase dirigente organizada; los políticos
negros en su papel de títeres de la oligarquía, aseguran votos para los dirigentes
políticos del interior y los representantes nacionales de los partidos, que de ninguna
manera se sienten representantes o voceros de nuestras gentes, no conocen nuestras
regiones y, por lo tanto, ignoran su problemática socioeconómica y cultural y la
envergadura de las soluciones a emprender. Sus conceptos sobre la persona negra y las
peculiaridades regionales las reducen a las definiciones del prejuicio racial. Su acción
cívico-política y los auxilios presupuestales los concentran en los pueblos y ciudades
del interior en beneficio de familiares, amigos y votantes; se apoyan en los votos negros
para fortalecer su capacidad política; simplemente nos utilizan y burlan.
Los gobiernos de turno han
demostrado que el sistema liberal-conservador ha mantenido conscientemente el aislamiento
territorial, el atraso y la indiferencia estatal hacia nuestras comunidades, y en vez de
disminuir con los años, la pobreza aumenta, llevando la desesperación a cientos de miles
de hogares abandonados en las selvas o en los tugurios.
Al engaño politico de las
clases dirigentes nacionales y al desconocimiento de los derechos humanos, las Comunidades
Negras deben oponer una respuesta política, social y cultural eficaz y consecuente con la
historia, cuya fase inicial sea el desarrollo de una nueva conciencia que rescate su
personalidad histórica y cultural.
Las juventudes negras
tenemos la gran tarea de construir una organización nacional con filiales en todo el
país, que forje la cohesión ideológica y la identidad étnica, cultural e histórica de
la comunidad. La organización debe proyectarse hacia la realización en los próximos
años de un encuentro nacional de las Comunidades Negras de Colombia donde, del análisis
de la realidad y la problemática común, se elabore un programa de reivindicaciones con
alcances nacionales y adecuado a las demandas locales y, para su conquista, un plan
nacional de movilización promovido por las organizaciones creadas en el interior de las
comunidades.
Es necesario que los pueblos
negros de Colombia se conviertan en un poderoso grupo de presión nacional que los
habilite para actuar como sujetos de sus propias transformaciones. En los procesos de
constitución de la organización nacional, de promoción de la unidad nacional y de
difusión de la nueva conciencia, comenzará a surgir y destacarse la auténtica
dirigencia política que conquistará el espacio político y social representativo que
merecemos los Afrocolombianos dentro de la sociedad nacional, y será vocera de las
angustias y aspiraciones comunitarias. Así resurgirá en la conciencia de las Comunidades
Negras la herencia histórica de sus antepasados cimarrones y con su fuerza espiritual
harán de cada localidad un palenque organizado en la lucha por el respeto a la dignidad y
el reconocimiento pleno de los Derechos Humanos de sus habitantes.
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NOTAS
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Laureano Gómez. Interrogantes sobre el progreso de Colombia, p. 48
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