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CAPÍTULO
III
EL PREJUICIO RACIAL EN LOS COLOMBIANOS
El prejuicio racial en
Colombia es el conjunto de ideas y fijaciones sicológicas de discriminación racial
mantenidas en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. Es una herencia ideológica
de la colonia esclavista, recreada y reproducida en nuestros días por la penetración
cultural de Estados Unidos, mediante la manipulación del contenido de los medios de
comunicación, y por el reflejo en la conciencia social de las condiciones de marginación
y atraso económico, social y cultural que frontan los pueblos negros e indígenas, como
resultado del desarrollo histórico desigual y las deformaciones del capitalismo en el
país.
El prejuicio racial tiene
origen en las definiciones que el esclavista hizo del africano, para justificar la
esclavitud. En Estados Unidos el esclavo era considerado bestia que no merecía salvar su
alma, y en la llamada "Hispanoamérica" era un salvaje para civilizar y salvar
mediante el evangelio.
El sistema esclavista
generalizó las ideas de la inferioridad racial de la persona africana esclavizada en la
conciencia de las clases, sectores y capas de la sociedad y en especial entre la
población blanca. Los esclavistas estimularon al campesinado y a los trabajadores
mestizos para que se considerasen superiores biológica y socialmente, aunque nunca
pudiesen comprar un esclavo, y consolidaron un sistema de castas basado en la gota de
sangre blanca que poseyera la persona. En la costa Atlántica fue donde se desarrolló
más activamente el sistema de castas de color o sistema de división social por el color,
que logró estimular y profundizar las rencillas, prejuicios y divisiones entre el pueblo
explotado, y en mayor grado entre los propios africanos esclavizados.
"Así como el color es
la señal exterior más visible de la raza, pasó a ser el criterio bajo cuyo ángulo se
juzga a los hombres sin tener en cuenta sus alcances educativos y sociales. Las razas de
piel clara llegaron a despreciar a las de piel oscura y éstas se niegan a consentir por
más tiempo la humilde condición en la cual se las pretende mantener".
(6)
El fenómeno sicológico del
prejuicio racial ligó en acción recíproca la situación de clase y de raza de las
estructuras de la sociedad esclavista colonial. Persona negra y condición de esclavo
significaron igual cosa; la Comunidad Negra estuvo sometida a dos tipos fundamentales de
relaciones: unas relaciones de explotación económica y otras de opresión étnica y
cultural que justificaban las anteriores. Durante 400 años, las relaciones entre las
población identificada socialmente como blanca y las Comunidades Negras crearon toda
clase de antagonismos sociales y étnicos, y se universalizó en el inconsciente colectivo
del grupo blanco la actitud de grupo superior y la definición de persona y Comunidad
Negra inferior. Los mecanismos de ascenso y prestigio social estaban determinados por la
identificación entre el color y la situación de clase, dos elementos inseparables cuya
acción era recíproca y permanente: comenzaba con el español y descendía con el
Español criollo, mestizo, indio, negros, pardos y morenos.
Justificando la esclavitud
de las comunidades africanas se retomaron las teorías racistas de la formación
esclavista clásica grecorromana, difundiendo la visión aristotélica del
conquistado-esclavo, considerado herramienta viva, "una cosa, aunque tenga cuerpo y
alma de persona humana y cuyo papel era igual al de un buey". Los derechos naturales
y sociales reconocidos en la época eran de goce exclusivo de la comunidad blanca. El
esclavo negro no era reconocido como persona igual y menos podía otorgársele derechos,
ello significarla para los esclavistas igualarse a su condición. Durante cuatro siglos de
esclavitud directa las masas negras fueron despojadas de la libertad personal, de
movilización, del derecho a la familia, del deredio a la propiedad, del derecho a la
educación y la cultura, de los derechos a tener una patria y una nacionalidad, y de un
modo de vida digno de humanos.
Las sociedades americanas y
el mundo capitalista en general, fueron traumatizados por este transcendental proceso de
deshumanización y explotación, cuyas consecuencias y trascendencia son notorias, y en
especial, en las comunidades conformadas por descendientes de africanos esclavos, que
afrontan condiciones difíciles de subdesarrollo, de desigualdad, de marginación, y en la
persistencia, en el inconsciente colectivo, del prejuicio racial.
Durante la esclavitud, las
clases esclavistas crearon un imagen estereotipada de la comunidad africana esclava,
interrelacionada y confundida con las penurias, trabajos y vida infrahumana del trabajador
esclavo. La persona fue considerada por la población blanca como de raza inferior, fea,
perezosa, bruta, sucia, mala e hija del diablo. Los esclavistas y las personas blancas se
autocalificaron de raza superior, hermosos, trabajadores, ahorradores, inteligentes,
delicados, buenos e hijos de Dios.
Estas ideas y actitudes
quedaron como fijaciones en el inconsciente colectivo, entendiéndose éste como "el
conjunto de prejuicios, mitos, actitudes colectivas de un grupo determinado... es la
consecuencia de lo que llamarla la imposición cultural irracional.., gracias al
inconsciente colectivo el antillano - negro - ha hecho suyos todos los
arquetipos del europeo". (
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)
Esta herencia colonial
esclavista quedó impresa en la formación lingüística latinoamericana. El adjetivo
negro es sinónimo de los estereotipos racistas contra la Comunidad Negra, es sinónimo de
lo malo y aborrecido por la sociedad, y se reproduce en cientos de palabras y frases tales
como: aguas negras, suerte negra, zona negra, obra negra, lista negra, negro final, negra
intención, leyenda negra, negros pensamientos, negros recuerdos, bolsa negra, libro
negro, alma negra, oveja negra, magia negra, mercado negro, humor negro, etc.; existe el
verbo "negriar". En el folclor popular son numerosos los refranes y dichos,
llevados de boca en boca que denigran e inferiorizan a la persona negra. En los escritos
que aparecen en los sanitarios de universidades, colegios, fuentes de soda, griles, etc..,
la actitud discriminatoria y la subvaloración de la persona negra son manifestadas
abiertamente, y están muy arraigadas en los colombianos reconocidos socialmente como
blancos, y existen en todos los sectores sociales.
Con el desarrollo de los
deportes en las últimas décadas y la destacadísima actuación de los jóvenes negros,
ha surgido el estereotipo del "negro deportista". Destacarse en los deportes
como el boxeo, el fútbol, el béisbol, el atletismo, constituye una salida hacia el
progreso social, que se presenta a los jóvenes negros, hermosos y fuertes, por su valor,
inteligencia y su capacidad fisica, pero prisioneros del aislamiento, la ignorancia, el
desempleo y la falta de oportunidades. Reconocidos héroes del deporte nacional como
Pambelé, Valdés, Willington Ortiz, Ricardo Cardona, Silvio Salazar, Faustino Asprilla y
Edgar Rentería y tantos atletas sobresalientes, han llegado a la gloria de los pedestales
solos, imponiéndose con su coraje y decisión de lucha, desarrollando sus capacidades sin
otra ayuda que la propia voluntad y compromiso por la superación personal.
El prejuicio racial se sigue
reproduciendo en la actualidad por la influencia cultural y la penetración del modo de
vida de los Estados Unidos, y a través de los programas de educación, estatales y
privados.
En el continente americano,
los Estados Unidos han sido los campeones del racismo y la sobreexplotación de la
Comunidad Negra; los programas de televisión, la radio y las noticias, los artículos de
prensa, las revistas y la mayoría de películas que nos llegan directamente de los
estudios estadounidenses difunden estereotipos racistas y una imagen distorsionada del
papel histórico, las actividades, la vida social y las actitudes de la persona y la
Comunidad Negra de Estados Unidos. A la desvalorización de la persona negra, se une la
difusión de la violencia y la pornografia, que los medios de comunicación, mediante la
repetición, la simplificación y el condicionamiento del mensaje, fijan en la sicología
social.
La televisión colombiana
sigue mostrando a la persona negra en la ejecución de papeles que históricamente le han
asignado: el de siervo, el de malo; ridiculiza cuando disfraza a actores blancos para
representar a hombres negros. Las revistas y tiras cómicas, profusamente difundidas,
cumplen los mismos objetivos:
Mandrake y Lotario, Arandú
y Taolamba, el Fantasma, Tarzán y Memín, la Negra Nieves. Lotario es un príncipe
africano que abandona su reino para seguir a Mandrake quien le hace su guardaespaldas;
Taolamba es también el guardaespaldas de Arandú; el Fantasma es el colono bueno que, en
lejanos reinos africanos, protege el oro de la avaricia de los malos blancos; Tarzán
protege a los "salvajes" que viven en la selva, pero nunca se mezcla con los
"nativos" negros e indígenas; Memín es un niño negro de cara deformada,
sucio, ignorante y hambriento que está al cuidado de su abuela y su mejor amigo es un
niño blanco, muy aseado y de buenos modales que se impone la tarea de educar y orientar
su vida para hacer de él un buen ciudadano. La Comunidad Negra organizada debe exigir al
Estado la prohibición de estas publicaciones en respeto a la dignidad de la persona negra
y con el propósito de acabar con los prejuicios raciales.
Millones de gentes en todo
el mundo conocen a las personas negras a través de las revistas y tiras cómicas, cuyo
contenido repercute principalmente en el inconsciente de los niños. Analizando los
mensajes cargados de preiuicios raciales, Frantz Fanon nos dice que "Los sicodramas
en los tratamientos colectivos y, de manera más general, los semanarios ilustrados para
jóvenes -cada tipo de sociedad exigiendo naturalmente una forma de catarsis determinada-
las historias de Tarzán, de exploradores de 12 años, de Mikey, y todos los diarios
ilustrados, tienden a una verdadera liberación de agresividad colectiva. Son diarios
escritos por blancos destinados a pequeños blancos. Ahora bien, el drama se sitúa aquí,
en las Antillas, y tenemos todo el derecho a pensar que la situación es análoga en las
otras colonias. Las mismas publicaciones mencionadas son devoradas por los jóvenes
negros. Y el Lobo, el Diablo, el Genio maléfico, el Mal, el Salvaje están representados,
y como siempre, hay identificación con el vencedor. El negrito se vuelve explorador,
aventurero, misionero, "el que corre el riesgo de ser comido por los negros
malos" con tal facilidad como el pequeño blanco. Se nos dirá que eso no es
importante ; pero es que no se habrá reflexionado sobre el papel que juegan esas revistas
de historietas". (
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)
La educación es uno de los
medios más activos para la eliminación de los prejuicios raciales; pero al contrario, la
educación colombiana es un vehículo reproductor y transmisor del etnocentrismo y los
estereotipos racistas. Los textos y programas ignoran la importancia de las Comunidades
Negras como uno de los componentes básicos, forjadores de la identidad cultural y
nacional, desconocen su personalidad histórica, en especial las raíces africanas, y
hacen una referencia ocasional y simplista de su realidad y problemática actual. Son
contenidos que estimulan la formación y fijación del prejuicio en el proceso de
síntesis que va elaborando el estudiante e inconscientemente aprende a no reconocer ni
identificarse con las Comunidades Negras e Indígenas.
La determinación de los
valores e ideales que detenmnan la identidad étnica, cultural y nacional, constituye un
problema para los colombianos porque ignoran la verdadera trayectoria histórica del
país, desconocen la significación y existencia del concepto de identidad, y reciben un
mensaje educativo donde predominan el etnocentrismo blanco, promotor del sentimiento de la
llamada hispanidad o identidad hispanoamericana.
Los colombianos no son
educados para comprender que las bases étnicas y culturales de la nación colombiana no
surgieron únicamente de las sociedades europeas sino también, y en igual transcendencia,
de las sociedades y culturas de Africa y América. Del mestizaje generalizado entre los
representantes de estas sociedades surge nuestra identidad, y aunque nos identifiquemos
externa y socialmente como personas negras, indígenas y blancas, somos en esencia el
resultado complejo de la trietnicidad mestizada.
Las consecuencias de la
manipulación del etnocentrismo y los prejuicios raciales en los contenidos educativos
afectan en sumo grado a los escolares negros e indígenas, quienes desde temprana edad
tienen que aprender a leer y escribir con carteles y cartillas que no representan su
realidad familiar y comunitaria, que los excluyen y los hacen aparecer diferentes: la
mamá, el papá, los niños y todas las personas que les son representadas son blancas. A
los escolares negros se les induce al prejuicio racial contra sí mismos, a avergonzarse
por su piel y a tener una visión negativa e inferiorizante de su comunidad.
Los programas de Ciencias
Sociales desconocen el aporte histórico realizado por las Comunidades Negras a la
economía, la cultura, la sociedad y las luchas libertarias contra el colonialismo
español. Los niños y los jóvenes negros ignoran su propia historia, careciendo de
conceptos para entender su diferencia e identidad en el marco de la historia y la
identidad nacional ; existe una gran sed de conocimientos entre los estudiantes negros en
pro de herramientas teóricas y metodológicas que les permitan analizar y comprender con
claridad por qué existen las Comunidades Negras en Colombia y América. En igual forma
tienen una completa ignorancia sobre la historia, la geografia; la etnología y la
realidad africana; observan a Africa y sus sociedades como algo lejano y extraño a su
propia realidad histórica.
Las Comunidades Negras de
Colombia carecen de programas educativos que les descubran, rescaten y desarrollen sus
raíces históricas y culturales afrocolombianas, y al respecto es una urgente necesidad
que las universidades ofrezcan programas de licenciatura y de post-grado en Estudios
Afrocolombianos, que formen especialistas en la docencia e investigación, tal como
existen en Brasil y Estados Unidos.
El matrimonio
inter-racial
La existencia del
prejuicio racial en la conciencia de los colombianos que son reconocidos socialmente como
blancos, y el rechazo y renuncia a la identidad étnica y cultural por parte de la persona
negra, tiene clara demostración en las relaciones matrimoniales ínter-raciales.
La oposición al matrimonio
biétnico como una prohibición es la adopción de una de las reglas básicas promovidas
en las sociedades racistas. En la historia de las sociedades ha sido norma universal que
mientras existan condiciones sociales para establecer relaciones libres entre los hombres,
las relaciones interculturales y los matrimonios entre miembros de grupos étnicos
diferentes son permanentes y se establecen en razón de los vínculos matrimoniales,
sociales y espirituales que establecen las personas en la sociedad; surgen de la
compenetración cultural y sicológica entre el hombre y la mujer relacionados en las
diversas actividades de la vida cotidiana.
La unidad familiar se
realiza en una sociedad concreta y está condicionada por las características históricas
en que se efectúan los contactos y las relaciones entre las comunidades. La familia
inter-racial refleja las relaciones étnicas, culturales y sociales que la contienen. Como
célula básica de la sociedad "la familia se ocupa igualmente de la educación de
los hijos, de la transmisión de una generación a otra de la experiencia de la vida, de
los valores espirituales, de la normas morales, de las ideas tradicionales, etc. En la
familia se reflejan, como en la gota de agua, las relaciones sociales imperantes en la
sociedad. Dejan su impronta en el carácter de las relaciones económicas, jurídicas,
morales y religiosas de cada sociedad concreta". (
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)
En Colombia es en el marco
de las relaciones familiares donde los niños blancos asimilan de sus padres, vecinos y
amigos la expresiones orales, las imágenes deformadoras y los comportamientos que
estimulan el prejuicio racial contra la persona negra. Son condicionados para percibir que
pertenecen a un mundo cultural "superior" al de la Comunidad Negra. En el
inconsciente infantil se graba para toda la vida la subvaloración de la persona negra,
reforzada y reproducida por la escuela, los medios de comunicación y los acontecimientos
de la vida cotidiana, ofrecidos como noticias diarias. El papel de la familia como
formador de actitudes sicológicas es fundamental y no podemos olvidar que "casi
todos los individuos aprenden en el seno de la familia a caminar, hablar, comer, a mover
sus intestinos, a recibir y a dar afecto y a comprender la distribución de poder y
responsabilidad. De hecho, el comportamiento de la inmensa mayoría de los individuos ha
estado orientado por la familia". (
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)
La observación de la
composición por sexo de los matrimonios inter-raciales colombianos permite elaborar las
siguientes conclusiones:
Primero, los matrimonios de
hombres blancos con mujeres negras son escasos. En las uniones de varones blancos de clase
media, las mujeres negras tienen capacidades iguales o superiores, en términos
intelectuales o económicos; en las familias negras no hay oposición a este tipo de
relaciones. En los sectores pobres, las uniones se presentan sin mayores dificultades,
aunque también ocurren en un reducido porcentaje; sin embargo, evitar ennegrecerse es un
acuerdo común de los hombres blancos pobres y ricos.
Segundo, sorprende el alto
número de hombres negros de clase media, profesionales o con solvencia económica,
casados con mujeres blancas de capacidades culturales, intelectuales o económicas
inferiores; sólo exigen como única condición que sea "blanca", pero los
familiares de aquellas rechazan la unión, recriminándolas por "dañar la sangre de
la familia".
En menor proporción,
mujeres negras de clase media están casadas con hombres blancos, limitándose en la
mayoría de los casos a mantenerlos. Las uniones de mujeres blancas de clase media con
hombres negros constituyen el 1 por ciento de los matrimonios. Mientras el 40 por ciento
de los profesionales negros están casados con mujeres blancas, en contraste, sólo el 1
por ciento de los profesionales blancos está casado con mujeres negras. El varón blanco
ha sido condicionado para considerar a la mujer negra como objeto sensual, como cosa
sexual, la aprecia por su cuerpo, trasladando su dignidad y cualidades personales a los
estereotipos y definiciones racistas contra la Comunidad Negra.
La sociedad capitalista,
dominada por hombres portadores del machismo y el individualismo, ha tratado y
discriminado a la mujer negra en tres formas: explotándola como trabajadora,
oprimiéndola por el machismo como mujer, y discriminándola como persona negra.
El sistema colonial
esclavista hizo de ella una víctima de los abusos sexuales de los esclavistas y sus
hijos. Fue violada y humillada por los traficantes en los barcos, y por los amos, quienes
a la fuerza satisfacían su lujuria e instintos salvajes. Olvidaban las normas morales
cristianas que decían profesar cuando, amparados en la noche, violaban a las jóvenes
negras y en las concentraciones urbanas organizaban el lucrativo negocio de la
prostitución.
La mujer negra, al tiempo
que era explotada como trabajadora, fue convertida en máquina reproductora de esclavos
criollos, cuyos costos eran inferiores a los de aquellos esclavos secuestrados
directamente desde Africa y llamados "bozales". Era obligada a dar a luz
anualmente, y sus hijos al nacer eran bienes del esclavista. No tuvo derecho a tener un
compañero permanente ni a organizar una familia estable. En las haciendas, plantaciones y
minas, las pocas mujeres que allí residían, debían satisfacer las necesidades sexuales
de esclavos y amos; la cultura sexual africana fue deformada por las relaciones
esclavistas. Estas fueron las circunstancias que permitieron la invención del mito sexual
de la mujer negra, a quien se la apreció como "hembra" y se la ignoró como
persona con valores sociales y espirituales. Esta herencia sigue reproduciéndose en la
conciencia de los jóvenes y va acentuándose a medida que asciende la estructura de las
clases sociales.
En el seno de la familia el
niño blanco comienza a dar existencia a la esposa ideal. Debe reunir, al máximo
cualidades y valores culturales calificados y acatados por la familia y el grupo
étnico-cultural, sobresaliendo el patrón europeo de belleza. Por la aceptación que ella
logre obtener, el hombre reafirma su poder de dominación social, se siente más macho y
escala
status
social en la comunidad. Esta es la causa por la cual ignora y
excluye a la mujer negra. No puede dañar la sangre de la familia, no acepta ennegrecerse
ni ennegrecer su grupo social. Los condicionamientos culturales transmitidos de
generación en generación, lo inducen consciente o inconscientemente a rechazar en sus
planes matrimoniales y lo inhiben para quererla.
Muchos hombres negros de
clase media se casan con mujeres blancas pretendiendo ascender en la escala social;
condicionados por el prejuicio racial contra su negritud consideran que es necesario
"aclarar la raza" para entrar en sociedad y eliminar así la discriminación. Al
contrario, mientras el hombre blanco en igual ubicación social rechaza la unión
matrimonial con la mujer negra, porque daña la sangre de la familia y no puede ennegrecer
su grupo cultural, el hombre negro trata de blanquearse, se autodestruye, sufre una crisis
de identidad étnico-cultural.
Frantz Fanon hace una
interesante pregunta a aquellas personas blancas que afirman estar libres de prejuicios
raciales contra la persona negra:" ¿si usted tuviera una hija para casar, se la
daría a un Negro?" Con toda seguridad el jefe de familia blanco respondería
negativamente; la sinceridad destruye la hipocresía cuando hay la posibilidad de tener
una persona negra como parte de la familia. Existen actitudes similares en muchos padres
negros que inducen abiertamente a sus hijos e hijas a buscar parejas blancas
subvalorándose a sí mismos, mediante la subvaloración de la persona negra. Es indudable
que el color sigue siendo en nuestra sociedad, un elemento importante de apreciación
personal y social.
El hombre negro, pequeño
burgués, desprecia su negritud, no quiere ennegrecerse más esposando una mujer negra,
mientras el hombre blanco se preserva practicando como norma cultural esposar la mujer
blanca. Es la famosa huida del hombre negro afroamericano; se desdobla, corre, considera
que lucha contra el atraso y la discriminación autodestruyéndose, grita en su angustia
interior que "muera la negritud". El pequeño burgués negro está encerrado en
su propia prisión por miedo a afrontar y realizar su identidad cultural reivindicando sus
derechos humanos.
En la familia, el niño
negro asimila la crisis permanente de identificación que lo induce a esposar idealmente a
la mujer blanca y con ella a su mundo cultural. Las madres que han perdido su identidad
étnica, al nacer sus hijos los aprecian por el color de la piel; si es "claro"
hay aceptación y satisfacción, si es negro como sus antepasados, hay resignación. El
sistema colonial de las castas con base en el color de la piel sigue afectando a la
sociedad; en la Comunidad Negra el aprecio a la gota de sangre blanca se debe a que ella
procura seguridad personal y mejores oportunidades sociales.
Cuando el niño comienza a
recibir juguetes, no ve caras negras que le autorretraten, aquellos siempre presentan
niños o adultos blancos. Para la industria de la juguetería infantil el etnocentrismo es
una norma de producción y son ignorados los productos especiales destinados a los niños
negros e indígenas. El 24 de diciembre una niña negra recibe como "regalo de
navidad" una muñeca o muñeco rubio, es el regalo del "niño Dios". En la
pared de su casa no ve cuadros con caras de personas negras, a excepción de los retratos
familiares. En las tiras cómicas, revistas, cine, televisión, los actores negros son
blancos tiznados y la persona negra representa el papel del malo, de sierva, de torpe.
Para los noticieros, ocasionalmente existen las localidades habitadas por las Comunidades
Negras y casi siempre cuando hay un desastre causado por las fuerzas de la naturaleza, y
para los medios de comunicación los únicos personajes negros que protagonizan la vida
social son deportistas y cantantes.
Todo este material
sicológico se va acumulando en la conciencia del niño desde la casa y al llegara los
establecimientos escolares observa a cada segundo que las paredes son adornadas por sus
maestros con cuadros de fotografias o afiches que siempre excluyen niños o adultos
negros. En las regiones donde habitan las Comunidades Negras, los salones de clase
contienen del 95
por ciento al 100 por ciento de estudiantes negros ; sin embargo,
las carteleras, láminas, y el conjunto del material didáctico con que los educandos
aprenden a leer y escribir las primeras letras y palabras - papá y mamá - tienen
como imágenes ilustrativas una madre y un padre blancos, y cuando asimilan la palabra
niño, ésta siempre estará asociada a un niño blanco. Esto se repite cada vez que abre
una cartilla de lectura.
Al salir de la escuela a la
calle, el niño observa que en los almacenes se promocionan vestidos con muñecos o
maniquíes que no son hechos a imagen y semejanza de un hombre o una mujer negra, aunque
están pintados de color negro; esta visión se fortalece en su inconsciente al observar
que en la vida cotidiana su maestra, su madre, sus vecinas y sus hermanas viven sometidas
a un proceso diario de alisado de su cabello natural ensortijado, pretendiendo destruir
esta característica fisica, genética, tan importante en la afirmación de la identidad
étnica de la persona negra; el niño piensa que desprecian su pelo y desean que sea como
el de las mujeres blancas, buscando parecerse fisicamente a ellas.
De otra parte, los
educadores de las Comunidades Negras no infunden en sus alumnos una actitud de estudio y
respeto de la personalidad histórica y la identidad étnica y cultural afrocolombiana.
Esta responsabilidad corresponde directamente al profesorado de las Ciencias Sociales, que
en su gran mayoría evade conscientemente el tratamiento de estos temas con los
estudiantes; hay profesores que los ignoran pero existen aquellos que consideran que
analizarlos y estudiarlos es "ser acomplejados".
Los ejemplos expuestos
demuestran la existencia de condiciones culturales, ideológicas y sicológicas que
deforman la conciencia de las personas negras desde su temprana infancia. Son condiciones
que normatizan la vida comunitaria, les interiorizan el prejuicio racial contra sí mismos
y les inducen a avergonzarse de sus raíces africanas, con la consecuencia objetiva de
desear blanquearse. La persona negra, portadora de estas fijaciones sicológicas, en sus
relaciones con las personas blancas trata de fingir e imitar sus comportamientos, y es
víctima de la inseguridad y el desdoblamiento de su personalidad.
Cuando el niño se hace
hombre, la crisis de identificación étnica y cultural que sufre internamente lo lleva a
idealizar a la mujer blanca. No pocos profesionales salen desorientados de las
universidades y consideran que su piel es una barrera que les impide acceder a las
posiciones de la sociedad dirigida por las clases dominantes blancas.
Sin comprender las
condiciones históricas, las causas sociales, económicas, culturales y políticas
responsables del atraso y la marginación que afronta la Comunidad Negra, utilizan contra
ella los patrones y definiciones racistas, avergonzándose de sus orígenes africanos. En
lo profundo de sus conciencias desean fervientemente que no haya discriminación y creen
lograrlo destruyendo su negritud.
Para los hombres negros,
víctimas del prejuicio racial contra la comunidad, las relaciones matrimoniales con
mujeres blancas constituyen un acto de sublimación personal, de solución a la
frustración e inseguridad que experimentan. De un lado, se igualan e integran sexual y
culturalmente, se emblanquecen. Por el otro, ascienden socialmente al mundo de la esposa,
consideran abiertas sus puertas y las del éxito individual. De una frustración
desembocan en otra: ni casados con mujeres blancas son aceptados por la comunidad blanca
ni pierden su negritud.
Luis T. Achille, en su
comunicación en los Encuentros Interraciales en 1949, decía: "en cuanto al
casamiento ínter-racial propiamente dicho, cabe preguntarse hasta qué punto no resulta
para el conjunto de color, una especie de consagración subjetiva de la exterminación
hacia él mismo y a sus propios ojos, del prejuicio de color, del cual ha sufrido siempre.
Sería interesante estudiar esto en un cierto número de casos y buscar en este confuso
móvil la razón de ciertos casamientos inter-raciales realizados fuera de las condiciones
normales de parejas felices. Ciertos hombres o ciertas mujeres se casan, en efecto, con
personas de otra raza, de condiciones o de cultura inferior a la suya, cosa que no
hubieran hecho con la propia y en que el principal triunfo parece ser una garantía de
despaisamiento, de "desracialización" -horrible palabra-. En algunas personas
de color, el casarse con una persona de raza blanca parece haber tenido una importancia
primordial , pues encontrarían en ese hecho el ascenso a una igualdad total con esta raza
ilustre, señora del mundo, dominadora de los pueblos de color".
(
11
)
Una encuesta realizada en
Colombia
demostró que, en una
muestra de 200
matrimonios
ínter-raciales, residenciados en las principales ciudades del interior del país, 9 de
cada 10 uniones fracasan; el 98 por ciento de las parejas correspondían a hombres
negros
casados con mujeres blancas. Las esposas blancas, enamoradas a la usanza tradicional, han
llegado al matrimonio con todo su inconsciente cultural de prejuicio racial, aunque
afirman asiduamente estar libres de él, señalando que quieren mucho a los Negros, que
sus mejores amigos han sido Negros, que siempre les han gustado los Negros y han
enfrentado la actitud contraria de sus padres.
Los cónyuges entrevistados
mostraron gran inseguridad para determinar los motivos que les llevaron a casarse. Muchas
de la esposas eran ya rechazadas en su respectivo grupo cultural por los pretendientes
blancos, en especial por su mayoría de edad, y aspiraban a reivindicarse con un
profesional negro que, a la vez, realizaba el sueño de esposar una mujer blanca, así no
tuviera cualidades intelectuales o económicas especiales.
Los problemas han surgido
cuando en la convivencia familiar la esposa blanca ha pretendido que el esposo negro, al
tiempo que cumple con las obligaciones de cónyuge tradicional, realizara los papeles
asignados en la sociedad a la persona negra y generalizados en los estereotipos. En sus
quejas, los hombres afirmaban que la esposa era demasiado exigente y trataba de obligarlos
a adoptar en las relaciones familiares una actitud sumisa, de siervo; asumia
comportamientos dominadores, tratando de convertirles en algo muy especial, "un negro
que no parece negro, que no es como los demás", impidiéndoles las relaciones con
sus familiares y la Comunidad Negra al disgustarse por las visitas al hogar de sus amigos
o allegados.
Las relaciones matrimoniales
entran en crisis permanente porque sus problemas normales son, en esencia, las
manifestaciones del conflicto racial, que se desarrolla en la conciencia de los cónyuges.
El esposo resiste ser tratado como "negro" y los hechos le inducen a
identificarse con su propia realidad étnica, utilizando la agresividad machista como
método de sojuzgamiento; la esposa, con protección familiar, esgrime como defensa las
expresiones e imágenes del prejuicio racial: "negro tenía que ser", "me
pesa haberme casado con un negro". Los niños mestizos nacidos de este tipo de
matrimonios crecen con una profunda crisis de identidad étnica, desprecian la parte negra
de la familia, reclamándose blancos. Las influencias familiares, educativas, sociales y
de los medios de comunicación les inducen a decidirse por el mundo blanco, fuente del
éxito y del progreso social, según el contenido de los mensajes acumulados en sus
conciencias.
Los matrimonios
inter-raciales pueden establecerse con éxito si surgen como hecho natural, fruto de la
atracción mutua, la comprensión espiritual, el respeto y la amistad.
Los cónyuges no pueden
hacer a un lado la historia y la conciencia colectiva , deben partir del conocimiento de
los diversos aspectos de la realidad personal, social y cultural que les enmarca, y del
análisis cuidadoso de las características y problemática que han determinado las
relaciones inter-étnicas en la sociedad colombiana. Mientras los cónyuges no reúnan
condiciones intelectuales y espirituales que les permitan comprender y superar esas
realidades históricas, el matrimonio estará condenado al fracaso o a la resignación de
vivir aislados en su mundo particular.
Finalmente, el hombre y la
mujer negros están hechos por la naturaleza y obligados por los lazos históricos y
culturales a amarse, dignificarse y continuarse mediante la familia, la procreación de
los hijos y el desarrollo de la identidad cultural de la comunidad afrocolombiana. Debemos
despojar a la sociedad colombiana y a la Comunidad Negra del prejuicio racial,
organizándonos nacionalmente para educar y reivindicar nuestra identidad afrocolombiana y
nuestros derechos humanos. La discriminación racial no la destruiremos "aclarando la
raza", todos los hombres de la tierra están en derecho de reconocerse como son,
diferentes, en la complejidad de su diversidad; ello podrá ejercerse plenamente cuando
eliminemos las condiciones sociales que crearon y siguen reproduciendo los prejuicios y
podamos enterrar las formas de explotación entre los hombres.
El hombre y la mujer negros
están obligados a reconocerse e identificarse mutuamente, son uno para el otro, están
ligados por las raíces étnicas y las realidades culturales y espirituales que juntos han
construido y protagonizado a lo largo de la historia tanto en Africa como en América. En
manos de la familia negra está la continuidad de la comunidad afrocolombiana y el
compromiso de sembrar en los hijos el sentimiento de reivindicar el pleno ejercicio de los
derechos al progreso social y a la paz para toda la humanidad.
La canción del bongó
Ésta es la canción del
bongó:
- Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
Unos dicen: Ahora mismo,
otros dicen: Allá voy.
Pero mi repique bronco,
pero mi profunda voz,
convoca al negro y al blanco,
que bailan el mismo son,
cueripardos y almiprietos
más de sangre que de sol,
pues quien por fuera no es noche,
por dentro ya oscureció.
Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
En esta tierra, mulata
de africano y español
(Santa Bárbara de un lado,
del ofro lado, Changó),
siempre falta algún abuelo,
cuando no sobra algún Don,
y hay títulos de Castilla
con parientes en Bondó:
vale más callarse, amigos,
y no menear la cuestión,
porque venimos de lejos,
y andamos de dos en dos.
Aquí el que más fino sea,
responde si llamo yo.
Habrá quien llegue a insultarme,
pero no de corazón;
habrá quien me escupa en público,
cuando a solas me besó...
A ése, le digo:
-Compadre,
ya me pedirás perdón,
ya comerás de mi ajiaco,
ya me darás la razón,
ya me golpearás el cuero,
ya bailarás a mi voz,
ya pasearemos del brazo,
ya estarás donde yo estoy;
ya vendrás de abajo arriba,
¡qué aquí el más alto soy yo!
Nicolás Guillén
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ÍNDICE
NOTAS
6
Sir Alan Burnas. El Prejuicio de Raza y de Color, citado por Frantz Fanon. Piel
Negra,. Máscaras Blancas, p. 108. (Regresar)
7
Fanon. Piel Negra, Máscaras Blancas, p. 170. (Regresar)
8
Ibid., p. 132. (Regresar)
9
V. Kelle, M. Kovalzon. Ensayo sobre la Teoria Marxista de la sociedad, p. 77. (Regresar)
10
Klausner. El Estudio, de las sociedades, p. 154.
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11
Frantz Fanon. Piel Negra, Máscaras Blancas, p. 58.
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