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UN SIGLO
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HABITANDO LOS CERROS
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VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
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EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
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Memoria
barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero
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Bogotá, 1996-1997
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PRESENTACIÓN
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Escribir la historia de un sector de la ciudad,
es descubrir un racimo de vidas y de sueños que,
por lo general, permanecen ocultos a la mirada superficial o desinteresada tan
característica de nuestra época. Y es lo que nos ha ocurrido al adentrarnos en las vidas
y recuerdos de los habitantes de los cerros.
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Lo que antes era para nosotros simple sucesión
de casas aferradas a la loma, con curiosa incrustación de grandes antenas y modernos
edificios universitarios; lo que aparecía a nuestros ojos como barrios comunes y
corrientes, aquello que mirábamos desde la Avenida Circunvalar como destello fugaz en
medio del paisaje urbano; se fue descubriendo como un mundo construido a punta de
esfuerzos titánicos y centenarios, como retazo de ciudad conquistado luego de
sufrimientos sin cuento, como obra de familias que por generaciones han hecho hasta lo
imposible por tener su propio lugar sobre la tierra.
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Por tanto, no es casual que este texto que hoy
entregamos a sus protagonistas, contenga muchas veces palabras como lucha y
derechos. Es que los barrios que se erigen arriba de la Avenida Circunvalar,
al norte del río Arzobispo y bajo la tutela silenciosa del cerro del Cable, se han
construido en medio de miles de batallas. La batalla y la vida, han sido hermanas
inseparables.
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Luego de muchas entrevistas individuales,
varias tertulias colectivas e infinidad de consultas telefónicas, luego de escarbar en
bibliotecas y espulgar en imágenes de video, tratando de entender los qué, los cómo y
los por qué de los hechos, elaboramos este texto resumido de vidas y milagros vecinales
en los cerros, que esperamos sea útil a las nuevas generaciones, para que sigan
inventando su propio mundo y construyan en él, senderos
con sus sueños.
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Queremos agradecer, de verdad, con el corazón
en la mano, a las Juntas y Consejos Comunales, a los grupos y parches juveniles, a las
comunidades religiosas, a los antiguos habitantes y a todas las personas que nos abrieron
la puerta de su memoria y de sus sentimientos. Todos ellos,
no solo nos permitieron escribir este relato de un siglo de habitación en los
cerros, sino que nos dieron una lección de coraje y dignidad que llevaremos siempre en la
piel y en la maleta donde cargamos nuestros más queridos proyectos.
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