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UN SIGLO
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HABITANDO LOS CERROS
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VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
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EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
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Memoria
barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero
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Bogotá, 1996-1997
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Capítulo 4: DIRIGIDOS AL MAÑANA
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UN LIDER PARA NO OLVIDAR
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Al repasar la historia de Paraíso, San
Martín, Mariscal Sucre, Pardo Rubio y Villa del Cerro, son muchos los hombres y mujeres
que se destacan por su liderazgo, por su simpatía o por algún rasgo especial. Todos
ellos conforman una auténtica galería de personajes, que aportaron su ingenio y
personalidad a la vida de estos vecindarios. Pero, entre todos ellos, resalta de manera singular por su formación, por
su trayectoria, por su ejemplo y por los trabajos que lideró, un recio boyacense formado
en Santander, de fuertes convicciones y gran energía, que llegó a mediados de siglo a
vivir en el barrio Paraíso, para nunca más salir de allí. Se trata de Don Absalón
Acero Chiquillo.
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Absalón nació en el año de 1.900, en el
municipio de Tasco, a orillas del río Chicamocha, frente
a las minas de Paz del Río. En su juventud, participó en la guerra con el Perú, en la defensa del corregimiento de Tarapacá.
Posteriormente, en los años 30, llegó a la cálida ciudad de Barrancabermeja, donde
entró a trabajar con la petrolera norteamericana Tropical Oil Company, como
ayudante de perforación. Años después llegó a Bogotá para engancharse en la fábrica
de Cervezas Bavaria y vivir en el barrio Perseverancia, donde su capacidad de liderazgo lo
llevaría a la presidencia del sindicato obrero. Estando allí, Absalón es perseguido por
sus ideas revolucionarias y por sus actividades en favor de los trabajadores. En 1952,
llega a vivir en el barrio Paraíso, lugar en el que la señora Josefina Ferré ya había
comenzado la venta de lotes. A los pocos años, Absalón se convertiría en un líder
decisivo de los nacientes barrios, marcando pautas, dando criterios y proponiendo
derroteros colectivos. De los múltiples proyectos que lideró, el más admirable fue la
construcción y funcionamiento de la represa y el acueducto comunitarios. Este señor, que
hacía honor a su nombre de Acero, lograría agrupar a una serie de líderes adultos de
los demás barrios, pero también estimularía a jóvenes y niños, para que tomaran en sus manos las riendas del
mañana :
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El era alto, robusto, de tez
blanca, con un garbo, una voz de mando y una energía,
tan impresionantes, que todo lo que tocaba, lo
iba arrastrando. Nunca se lo vió tomando, ni politiquiando. Le decían revolucionario.
Cuando subía a la represa, se ponía su sombrero de safari, sus botas media caña, su
machete y su manila....
A
pesar de sus años, le daba ánimos a viejos y niños. A las 6 de la mañana cogía ese
parlante y empezaba, bueno, vamos a trabajar, párense vecinos, nos encontramos en
tal parte y nos vamos para el cerro y los niños que no se queden, que esto también es
para su beneficio. El si regañaba a las personas y era autoritario, pero era para
hacernos caer en cuenta de las cosas que necesitaba el barrio y que debíamos trabajar por
eso..
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Varias personas recuerdan los recorridos que
hacían cuando niños, acompañando a Absalón por la ciudad :
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El no cogía bus, no le gustaba y lo llevaba a uno pequeñito con la lengua afuera
de tanto caminar. Era una persona que cuando
pasaban los carros que ya iban hasta el barrio y le decían que lo subían, contestaba:
no, mire yo todavía tengo los pies
buenos y seguía caminando. Cuando
llegaba a alguna oficina del gobierno, se hacía respetar y no le hacía antesala a nadie.
El iba entrando y exponiendo sus puntos y siempre nos decía que no le tuviéramos miedo a
nadie, que nosotros no éramos menos.....
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Tal era el temperamento recio de Absalón y el
vigor que mantuvo hasta sus últimos años. A pesar del paso del tiempo, desplegó siempre
una especial energía, propia de los muchachos a los que prestaba tanta atención :
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Absalón Acero era para nosotros un
ejemplo. El dedicaba todo su tiempo a la comunidad y a pesar de sus 65 o 70 años, era muy
activo, muy trabajador. Una vez, fuimos a ayudar en la levantada de los postes para la
energía eléctrica en la parte alta de Paraíso y le
digo pues que siete de nosotros, no hacíamos
la fuerza que hacía ese señor. Es que él no era el dirigente que se paraba a dirigir y
no más. No él cogía, y hacía..... Y no era de las personas que se sientan a hablar
solo con gente de su edad. El buscaba a los jóvenes con el deseo de ir formando líderes
con energía y vitalidad y tenía mucha capacidad para relacionarse con nosotros y
ponernos a cumplir una función, cuando eramos chinos de 16 o 17 años...yo estuve en un
grupo cultural que él armó con los quinceañeros de la época, para hacer presentaciones
de bailes y cantos en diferentes partes...
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Pero, además, Absalón Acero tenía una faceta que muchos vecinos desconocen : era un hombre de
letras, un estudioso permanente de los problemas del país y del mundo. En su casa tenía
una oficina, donde se refugiaba a leer y a pensar, acompañado por los libros de una
biblioteca que fue adquiriendo a lo largo de los años. Además de las actividades
comunitarias que desarrollaba en los barrios del sector, siempre mantuvo relaciones con
campesinos y obreros de la región de Barrancabermeja.
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Tenía sus ideas revolucionarias, pero no
le pedía a los demás que pensaran como él. Era capaz de generar relaciones muy claras
con todo el mundo y de crear convergencias de voluntades, como lo hizo para la
construcción de la represa, donde metió a los gringos, a la comunidad y finalmente a los
de la Empresa de Acueducto y la Alcaldía Mayor de Bogotá. Y era visionario, pues
concebía el proceso de desarrollo de los barrios a largo plazo y de manera integral.
Algunas de las propuestas del Plan de Desarrollo Zonal actual, son la continuación de proyectos que él alcanzó a vislumbrar....
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Entre las últimas batallas que libró este
hombre entrañable, se encuentra la lucha contra la Avenida de los Cerros, tarea en la que
se desempeñó con el ahínco de toda una vida. Fue tan importante su papel allí, que
algunos vecinos estiman que la Avenida Circunvalar fue una propuesta y una conquista del
señor Acero. Casualmente, murió el año que inauguraron la Avenida, a la edad de 84
años, pues había nacido con el siglo.
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Parecieran hechos para él, estos dignos versos
del poeta norteamericano Walt Whitman:
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No ser esclavo de nadie, no deber
deferencia a nadie, a ningún
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tirano conocido o desconocido,
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Marchar erguido, con pasos vivos y elásticos,
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Mirar con mirada calmada o con ojos
relampagueantes,
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Hablar con una voz llena y sonora, que sale de
un pecho robusto,
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Poner frente a mi personalidad todas las otras
personalidades de la tierra
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La vida de Don Absalón Acero Chiquillo, es una
lección de vigor y de entusiasmo, pero sobre todo, de la importancia que tiene la
dignidad personal y colectiva, para materializar nuestros sueños más queridos. Y de
cómo compartir con los otros mientras dure esta fugaz existencia. ¡Paz en su tumba y honor a su memoria !
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