UN SIGLO
HABITANDO LOS CERROS
VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
“Memoria barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero”
Bogotá, 1996-1997
Capítulo 4: DIRIGIDOS AL MAÑANA
MAS ARRIBA AUN
 
Finalizando el año 87 y comenzando el 88, comienza a poblarse la parte alta de Pardo Rubio debido a los problemas de hacinamiento que también se vivían en la parte baja de ese barrio. Y a la vez, se funda el Sector Tres de San Martín, en el costado oriental del Sector Central:
 
...para lo de San Martín Tres, se hizo una asamblea  una noche y se tomaron todas las precauciones del caso porque casi antes de que comenzaramos la toma de los terrenos, la policía vino a rodear el terreno de una forma exagerada, con tanquetas, armas y gases  ... ya nosotros teníamos nociones de que había que cerrar las entradas al lote con barricadas, hacer turnos por la noche y estar pendientes por si nos llegaban a desalojar. Fueron como 10 días así, pero a uno le daban ganas de continuar porque se sentía el respaldo de la gente y de otras personas que llegaron a colaborar. Además, había líderes muy echados para adelante como el Carlos “Nanán” y ya se tenía la experiencia del Sector Dos. La repartición de los lotes se hizo en forma parecida a ese sector, y menos mal no tuvimos enfrentamientos violentos con los policías, sino que más bien  nos los fuimos ganando con el tintico  y  con la  charla...”.
 
Y ya en el año 89 :
 
“...en San Martín Cuatro, ahí en seguida de San Martín Tres,  ya planificamos más el desarrollo urbano. Se levantó un plano, se delimitaron los lotes con estacas y mojones, se dejaron los 10 metros de zona verde exigidos por planeación. Se hicieron turnos, se arregló el terreno, se colaboró y se participó. Eramos como 50 personas en total...el agua la tomamos de un tubo oficial que pasa por frente del terreno,con la ayuda de un funcionario de la Empresa de Acueducto.  Para la luz, se trajeron  postes desde San Martín Central. El que podía, se  iba conectando a la línea de alta tensión que pasa por el barrio, a los cables del Tercer sector o al transformador del Seminario Calasanz ” .
Crecen pues los asentamientos y van ascendiendo, cada vez más alto, sobre la falda de los cerros. Aparecen de forma acelerada en los últimos años, surgiendo con un intervalo de apenas 48 meses entre unos y otros. A comienzos de la década de los 90,  aparecen además Villa del Cerro, Villa Anita y Las Acacias, barrios con los cuales se detiene por fin, según parece,  la multiplicación de las casas y las calles, sobre el verde tapete de la montaña.
 
A pesar de ser un hecho reciente, el nacimiento de Villa del Cerro hunde sus raíces varios años atrás :
 
“...nosotros, la familia Chitiva, llegamos acá en 1965. Mi esposo fue jardinero de Don Tilo Kople, que era el dueño de esto, de la Finca del Cerro, donde criaba caballos y vivía en su Casaquinta. Acá donde yo vivo con mis hijos, era la casa  de los celadores y nosotros trajimos gallinas, vacas y ovejas. A mi me tocaba cortar leña y traer el agua de abajo de lo que ahora es la Circunvalar. Cuando muere mi marido, yo continúo como cuidandera de ésto, al servicio de Don Tilo. Pero un día él se va, unos dicen que para Alemania, otros que para Medellín, otros que para Cali, y deja esto a cargo de una empresa que se llama PLANICOL, con un señor abogado. Pero, PLANICOL tampoco vuelve por acá y desde entonces estamos viviendo en medio de este bosque  de eucaliptos...ya luego, llegaron los Sánchez, Don Carlos y otras personas,...”.
 
Con posterioridad a los Chitiva, llegan unas pocas familias y viven en el bosque durante varios años, hasta que un día solicitan a las autoridades les sean reconocidos los derechos que les da la posesión. Ya para 1990, proceden a hacer trazado y delimitación de lotes y llegan 10 nuevas familias, cada una de las cuales pagará la suma de $ 10.000 pesos. Al año siguiente, se vinculan a este plan de vivienda 30 familias más, que aportan cada una $ 20.000 pesos. Los nuevos habitantes provienen de los barrios aledaños o de otros barrios de la ciudad :
 
“...Yo vivía en el San Martín, donde pagaba arriendo y cuando empezaron a ofrecer lotes acá me vine a vivir a la loma....; a mi en cambio me dijeron que acá podía tener un terreno y que los niños tenían dónde jugar...; ... llegó un señor muy pobre que tenía muchos niños y no podía seguir pagando arriendo donde estaba...; yo había vivido en otros barrios de la ciudad, pero quería tener algo propio y desde el primer día que conocí por acá, me gusto el paisaje, la cercanía a la ciudad, pero sobre todo me gustó la amabilidad de las personas que ya estaban viviendo en este tan bonito lugar...; nosotros estuvimos pagando arriendo en el Paraíso como 20 años y cuando escuché que  por acá iban a vender lotes de 7 x 14 metros, nos vinimos a vivir...”.
 
Ya instalados, los nuevos compañeros y vecinos, ante lo empinado del terreno y la dificultad de abrir  manualmente las calles, contratan  un buldozer para que trace las tres vías que dan forma al barrio. Los domingos, tal como lo hicieran con antelación todos los vecindarios, la comunidad se reune para construir colectivamente la nueva Villa y entre todos realizan labores como limpieza del terreno, apertura y arreglo de canales o construcción de las propias casas.
 
Culminando el año de 1992, la CAR le entabla pleito a los vecinos por haber ocupado una Zona de Reserva Forestal y las negativas de las empresas de servicios públicos para instalar los servicios  públicos, no se hacen esperar. En marzo de 1992,  la policía llega al sector con el propósito de desalojar a los nuevos pobladores de los bosques :
 
“...ya desde antes se veía pasar la policía. Ellos veían los palos de eucalipto tumbados y nos advertían que nos iban a sacar,  porque eso estaba prohibido hacerlo. A veces salíamos con los niños por si se iban a meter. Pero un día, ya la cosa pintó en serio y llegó una notificación de desalojo. Eso fue toda una semana  de no dormir, ni acá, ni en Villa Anita. Hacíamos una ollada de tinto y entre todos vigilábamos las entradas al barrio. Nosotros estábamos desesperados y por intermedio de un vecino que le gusta mucho la política, le pedimos ayuda a un señor liberal que fue y habló con el Secretario de Gobierno de esa época a ver qué requisitos nos exigían,  ya fuera para quedarnos o al menos para que nos reubicaran. La noche que parecía definitivo el desalojo, ese señor, que es el Doctor Lleras que ahora está en el Congreso, llamó y nos dejó una razón en Paraíso, que tranquilos, que todo estaba arreglado. Y después todo se solucionó con el gerente de la CAR que entregó los terrenos al Distrito Capital y fuimos al Concejo de Bogotá a explicar nuestra situación,  para que todo se solucionara, para que se hicieran los planos y se diera el reconocimiento  del barrio . ...”.
 
Y,  una vez más, la historia de los servicios públicos y sociales, comienza su ciclo: mujeres y niños que buscan el agua en los alrededores, la Empresa de Acueducto que no puede instalar el servicio por encima de la cota 2700, consecusión del agua de formas inesperadas como aquella conexión de más de un kilómetro que se hiciera a una tubería que pasa por detrás del Cerro del Cable, la luz de contrabando y la toma de decisiones comunitarias que no dan espera :
 
“..en el 93, decidimos conectarnos al  acueducto oficial que llegaba a Paraíso. Una noche, como a la una de la mañana, hicimos la conexión al tubo   por medio de galápagos  y  con una manguera de media pulgada. Nos tocó  emborrachar a unos vecinos que andaban por ahí,  para que no  fueran a decir nada. Al otro día, salió una comisión a explicar la situación en la Empresa de Acueducto, a ver si se podía negociar. Mientras tanto, las mujeres y los niños tenían que ir a cuidar el tubo para que no nos desbarataran el trabajo... al rato llegaron dos carros de la Empresa a ver qué estaba sucediendo y nosotros les dijimos que no se podían ir hasta que no volviera la comisión nuestra, pero entonces comenzaron a decir que los habíamos secuestrado y los dejamos ir. Como 15 minutos después,  llegó la policía que a rescatar los secuestrados...así fue como nos hicimos al agua que tenemos ahora. Esa viene de Paraíso y llega a un tanque comunitario de almacenamiento que hicimos en la parte más alta del barrio, y de ahí se reparte  por medio de flautas y mangueras...”.
 
Mangueras que corren loma abajo, esparciéndose por calles y potreros como grandes lombrices que duermen, mientras llevan el preciado líquido hasta  las piletas dispuestas en diferentes  puntos del barrio.
 
Por las noches, la bella Villa del hermoso Cerro, nos recuerda los barrios de Paraíso, San Martín y Pardo Rubio,  hace años : las escasas luces que dependen del transformador de frontera colocado por la Empresa de Energía, titilan como débiles estrellas en la noche, alumbrando las ilusiones de estos últimos habitantes de los cerros.
 
Como en otros barrios,  para adecuar el nuevo vecindario  y construir espacios y recintos públicos, se realizaron jornadas de trabajo colectivas, se  organizaron  reinados y bazares. En Navidad, visten y adornan el  árbol, arman el pesebre, hacen la novena, cantan, recogen dulces y dan pequeños regalos  a los niños.
 
De esta manera, Villa del Cerro completa el paisaje urbano que hoy se dibuja sobre el lienzo maravilloso de la montaña, sumándose al cuadro colectivo hecho con los trazos de San Martín 4, 3 y 2, Mariscal Sucre, Pardo Rubio, San Martín Central y Paraíso. En este cuadro  aparecen también dos pequeños sectores conocidos como Villa Anita y Las Acacias, que brotaron al mismo tiempo que Villa del Cerro. Entre éste y aquellos, solo se interpone una vía destapada y los protagonistas, en cada caso, cambian.
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