UN SIGLO
HABITANDO LOS CERROS
VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
“Memoria barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero”
Bogotá, 1996-1997

Capítulo 4: DIRIGIDOS AL MAÑANA

SAN MARTIN DE PORRES,  MULTIPLICAOS Y  LEGALIZAOS
 
Los habitantes de los cerros habían logrado dar forma a sus barrios y sortear con éxito la coyuntura de la Avenida de los Cerros, reafirmando su vocación por estas laderas que tantos recuerdos y sentimientos les despertaban. Con el tiempo, las familias habían crecido notablemente y ya varios hijos y nietos se habían casado o estaban en edad de hacerlo. Además, no dejaban de llegar parientes y arrendatarios a los florecientes vecindarios.
 
Llegó un momento en que el hacinamiento estrechó la convivencia al interior de los hogares y la necesidad de construir nuevas casas para albergar a los moradores que se multiplicaban, se hizo muy fuerte :
 
“... yo ya me había casado y todavía seguía viviendo en la casa de mis papás  en el Sector Central de San Martín, donde los antiguos dueños Pardo los habían posesionado por lo que les debían  de sus años de trabajo en las fábricas y los chircales.   Algunos pagábamos arriendo o vivíamos en  un hacinamiento terrible, y cuando vimos que esos terrenos  cerca  a la Circunvalar ,  eran unos potreros que en últimas estaban desocupados, a la deriva y  durante años habían sido nuestros sitios de juego y diversión, pues conversamos y decidimos entrar a tomar derecho de posesión sobre estas tierras, a finales del año 85. ..”.
 
Al frente de la ocupación estuvieron jóvenes líderes del barrio como Carlos “Nanán”, Fernando, Ana Delina, “La Negra”  Marlene, y muchos otros, que eran muchachos inquietos e hijos o nietos de la primera generación de trabajadores de la arcilla, que había laborado con Alejandro Pardo Rubio.
 
Pero antes de hacer la ocupación de los terrenos, convocaron a  los matrimonios más jóvenes del barrio. Cada pareja debía llenar unos formularios, con datos como número de hijos, ingresos económicos y otras necesidades, de manera que la selección de las familias beneficiadas con este plan de vivienda popular,  se hiciera de la forma más seria posible y  sin prácticas clientelistas,  ni favoristismos de ninguna naturaleza. Los matrimonios escogidos, debían colaborar con los trabajos para adecuar y arreglar el terreno, así como en las labores de vigilancia, la cual se hacía por turnos.
 
“... con esos formularios se decidía quiénes en realidad necesitaban el lote. Todos los lotes fueron iguales para todo el mundo y eran de 6 x 12 metros.  Luego,  hicimos  grupos de a tres personas para vigilar,  cada dos horas,  que no llegara la policía, o alguno de los abogados de los que ya se habían comenzado a presentar como supuestos dueños  y nos fueran a sacar.  Más tarde  empezamos a cercar y poner en las esquinas del terreno unas primeras casitas. En todas estas cosas nos apoyaron personas que aunque no eran del barrio, colaboraban con nosotros...”.
 
Y aunque en épocas y circunstancias diferentes, estas jóvenes familias tuvieron que comenzar a afrontar de nuevo condiciones por las que, décadas atrás, habían pasado sus padres y abuelos. Así, para obtener el agua y lavar la ropa, debían desplazarse no a manas, pozos, ríos o quebradas, pero sí a las albercas comunales que quedaban en la Calle 47 abajo de la Avenida Circunvalar. Y para la luz de contrabando no se conectarían a los postes de la Carrera 5ª, pero sí a los que quedaban una cuadra más arriba, en la Carrera  4 con Calle 46. La Empresa de Energía no les exigiría colocar cable forrado, pero sí les cortaría una y otra vez los cables que habían instalado para iluminar sus vidas. Ellos cortaban y la comunidad instalaba, volvían a cortar y se volvían a instalar y así sucesivamente.
 
Una vez, se encontraban 23 personas trabajando en los terrenos recién ocupados con sus palas, picas y carretillas, cuando llegó la policía a confiscarles las herramientas. Desde luego, estos muchachos formados en los cerros, que tenían su alma llena de la historia de luchas y trabajos de sus padres y abuelos y que además estaban liderando este nuevo proceso,  no toleraron que la policía procediera de esta manera.  Todos fueron detenidos y llevados a la Estación  de la Calle 40, acusados de invasores y revolucionarios :
 
“...nosotros éramos muy ingenuos, teníamos esa cosa de uno cuando joven de no pararle bolas a muchas vainas y no comprendíamos que el asunto se podía complicar y volverse un problema serio, así que las primeras horas las pasamos hablando y  comiendo lo más de frescos, con las ruanas, los cigarrillos y  la comida que nos llevaban nuestros viejos y el resto de vecinos, que fueron muy solidarios. Incluso,  alguien se ingenió cómo abrir las celdas y nos dimos mañas para encerrar a los policías hasta el cambio de turno, como si todo fuera un juego.  Pero ya cuando pasó la noche comenzamos a preocuparnos, pues aunque afuera estaban ayudando el  Padre Pacho y  el Albeiro que es un abogado muy amigo nuestro, los policías estaban de lo más rabones y decían que nos íbamos para La Modelo. Hasta que por fin el Fernando Rojas fue y se vistió todo elegante y se presentó como Doctor en Leyes, habló por nosotros y quién sabe qué diría, pero lo cierto fue que nos soltaron...”.
 
De esta manera nació, en diciembre de 1985, el Segundo Sector del barrio San Martín de Porres, localizado sobre los bordes de la Avenida Circunvalar y en el costado occidental de San Martín Central. Y en forma similar surgirían posteriormente los sectores tres y cuatro, todos ellos asentamientos relativamente pequeños.
 
El nuevo vecindario tenía, de todas formas, necesidades similares a las del Primer Sector San Martín y los barrios Pardo Rubio y Mariscal Sucre. El problema más sentido por todos, seguía siendo el del agua, como quiera que no había sido posible aún lograr la conexión a las redes oficiales de la ciudad y se seguía dependiendo de las viejas piletas.
 
 “... como siempre, lo que había en las entidades oficiales eran negativas, hasta que nos organizamos todos los barrios y realizamos una gran marcha hasta la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, en el año de  1987. Claro que ya antes habíamos hecho otras, pero esta fue la definitiva. Ibamos como por bloques: los del San Martín, los del Mariscal Sucre, los del Pardo Rubio y salimos tal vez como unas 800 personas con nuestras pancartas, consignas y megáfonos y nos fuimos hasta allá por toda la calle. Ya en la Empresa, por fin logramos que nos oyeran y recibieran una comisión negociadora y cuando salieron venían con la felicidad de la noticia, que si nos iban a construir el Plan Maestro de Acueducto...”.
 
Finalmente, luego de largas conversaciones con la Empresa, en 1988 se inauguró  oficialmente el sistema de bombeo de agua para toda la zona, el cual tiene tres tanques escalonados por el lado de Pardo Rubio y otros tres por el lado de Paraíso, que abastecen el conjunto de la red domiciliaria. Por fin, 38 años después de que se constituyera el primer barrio en el sector, los habitantes de los cerros conquistaban el derecho a utilizar agua tratada. Y por esos mismos días, les instalaban la luz oficial, de la cual carecían aún viejos vecindarios como Pardo Rubio y Mariscal Sucre y nuevos como el Sector Dos de San Martín. Y para completar la tanda de logros comunitarios, se inauguraron la Cancha Deportiva y el  Parque Infantil de las Calles 46 y 47, ahí frente al Segundo Sector, cruzando la Avenida Circunvalar como quien va hacia la Carrera 5ª. Tantos éxitos juntos, ameritaban la gran celebración que se dió, con misa campal,  bazar,  partidos de tejo, baloncesto y torneos de juegos infantiles.
 
Lo que comenzara como ranchos y calerías años atrás, ahora son barrios con servicios públicos, vías, escuelas, jardines, salones, canchas y parques y hasta con una señora Avenida Circunvalar a sus pies. La transformación de estas laderas, antes intransitables y carentes de todo bien urbano, ha sido, sencillamente,  portentosa.

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