UN SIGLO
HABITANDO LOS CERROS
VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
“Memoria barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero”
Bogotá, 1996-1997
Capítulo 2: HERMANO DAME TU MANO
DEVOCIÓN COMUNITARIA
 
Al despuntar la década de los años 70, abajo del cerro del Cable o cerro de “La Emisora”, se ensanchan y consolidan los barrios Paraíso, San Martín y Pardo Rubio y da sus primeros pasos el barrio Mariscal Sucre. En todos ellos, los convites, reuniones, asambleas y jornadas colectivas, son asunto de cada día. Los sábados, domingos y días festivos, el trajinar colectivo se multiplica. Niños, jóvenes y adultos, colaboran en la construcción de salones comunales, jardines infantiles y  puestos de salud, así como en la apertura y mejoramiento de calles y vías. Los líderes comunales, siguen adelantando los trámites para legalizar todos los servicios básicos, allí donde todavía hacen falta.
 
“... esto ahora es que se ve así , pero antes no había carreteras, ni calles, ni nada, solo monte. Las dos únicas entradas quedaban por donde hoy es la Avenida Circunvalar hacia arriba, por los lados del Pardo Rubio y del Paraíso. Eso nos tocaba andar por unos caminos que eran como trochas y nos tocó trabajar muy duro para medio tener las cosas. Eso nos reuniamos en Comités Dominicales y a pura pica y pala fuimos trazando calles, abriendo canales de desagüe, levantando muros y cimientos. En las partes que era muy difícil trabajar a mano, contratábamos un buldozer y le dábamos la comida y le pagábamos los gastos al operario. Los domingos al final de la jornada, almorzábamos en la olla comunitaria y acordábamos las tareas que quedaban pendientes para la semana siguiente... los que no salían a trabajar, debían entonces dar una cuota, un bulto de cemento o una varilla. Y los que no daban nada ni trabajaban, tocaba no darles turno para el lavadero o no darles el carnet para el cocinol, todo con la supervisión de las Juntas Comunales... ” .
 
 
Así como años atrás estas familias oriundas de Boyacá y Cundinamarca, habían fabricado los ladrillos con los que se expandió Bogotá, ahora se convertían en urbanizadoras y constructoras populares de ciudad en toda la extensión de la palabra : su esfuerzo común, domingo tras domingo, era la fábrica de los espacios y recintos públicos, sin los cuales no puede existir la vida urbana.
 
Salones comunales, jardínes infantiles, escuelas y zonas de recreación, comenzaron a existir debido a esta mano de obra colectiva que contó, gracias a Dios,  con algunos apoyos económicos y espirituales de comunidades religiosas y otras organizaciones sociales. Es en un lote cedido por los padres del Seminario Calasanz, que se inicia la construcción de la escuela de San Martín, escuela que será luego terminada  con aportes de una Fundación del remoto país de Suiza, llamada “Paz en la Tierra”. Esta Fundación colaboraría igualmente, junto con el Padre Madero, en la construcción del Salón Comunal y el Jardín Infantil, del barrio Pardo Rubio :
 
“... con el Padre  Madero y la Fundación Paz en la Tierra, logramos tener el Centro Cívico que tiene su salón  y un consultorio. Después, como en el 76, se hizo  el Jardín, luego la Salacuna en el 78  y hace  unos  dos años la Iglesia, que la inauguró Monseñor Pedro Rubiano el 16 de Julio de 1995, día de la Virgen del Carmen...”.
 
Con el tiempo, la solidaridad de cada comunidad religiosa fue mostrando una mayor vocación por unos barrios, más que por otros. El  Padre Jordán primero, luego el Padre Amaya y finalmente el Padre Madero, sacerdotes Dominicos de la Parroquia de Chiquinquirá, han estado vinculados de manera especial al barrio  Pardo Rubio desde sus inicios. En el Mariscal Sucre, se establecieron Mauricio Archila, Mauricio Cabrera,  Guillermo Hoyos, Manuel Uribe y el Padre Carlos Vasco, todos ellos de la Comunidad de los Jesuitas. Su vivienda llegó a ser conocida como la “Casa de los Fedallines”, que significa “casa de los guerreros de Dios”. En San Martín, vivieron también los Jesuitas Luis Carlos Bernal, Francisco De Roux y el Padre Ernesto. Por su parte, los Padres Escolapios o Calasancios, que había llegado desde 1954 a un terreno colindante con el Paraiso, promovieron varios grupos juveniles en este barrio y abrieron un Colegio para todos los jóvenes del sector.
 
La Comunidad Dominica, tanto sacerdotes como monjas, ha sido definitiva para el desarrollo de Pardo Rubio, pues allí han concretado obras y programas importantes para todos los barrios del sector. Es el caso del Colegio “Madre María Teresa Titos Garzón” fundado hacia 1979 y cuyo nombre es el mismo de la religiosa española que fundó la Congregación de Santo Domingo. En un comienzo, el colegio no era más que un saloncito de clase donde Sor Carmen impartía las primeras letras a los chicos del barrio, dando continuidad a los esfuerzos de la profesora Graciela Carrasco y del Padre Madero que, años atrás, habían comenzado a trabajar por la educación de la infancia. Y también está el ejemplo de la Iglesia de este barrio,  que es única en todo el sector, y que existe gracias a la conjunción de esfuerzos entre Dominicos y habitantes.
 
El esfuerzo realizado por sacerdotes, monjas, profesores y vecinos en Pardo Rubio por educar a los niños, se sumó a los trabajos que desarrollaban desde hacía varios años en esa misma dirección, los habitantes del barrio Paraiso:
 
“La escuela que inauguramos en 1967, junto con el Acueducto Comunitario, no era la primera que habíamos tenido. La primera,  fue al lado de lo que hoy es la Avenida Circunvalar, donde queda ahora el primer tanque de bombeo del agua. A ese sitio le decíamos “El Chalet”. La segunda, funcionó en dos casas que se arrendaron : la una era del señor  Godoy y la otra del señor Romero. La del señor Romero es donde hoy funciona la guardería de Pepa y Ana María. Y la tercera, esa si fue la que comenzó a funcionar en el 67, por medio de un convenio con la Secretaria de Educación que puso las instalaciones y nosotros pusimos el lote, ahí frente a los lavaderos comunales”.
 
Por su parte, los Jesuitas durante los años que viven en Mariscal Sucre y San Martín, tejen con los habitantes estrechos lazos de solidaridad y ayuda. Su presencia está fuertemente vinculada con la construcción de varias obras comunitarias, pero a la vez, con las luchas por el derecho a la tierra y la vivienda. En coyunturas como la Avenida de los Cerros y  la fundación de los sectores dos, tres y cuatro de San Martín, el aporte de los Jesuitas estará siempre presente.  
 
“... en la Casa de los Fedallines nos reuniamos muchos niños y jóvenes. De ahí fue que salieron iniciativas como  los comités de salud o la construcción en 1973, noche tras noche y en fines de semana, de la Salacuna de los barrios San Martín y Mariscal. El Padre Carlos Vasco fue hasta tesorero del barrio Sucre y no tenía aguero en ponerse las botas y echarse  el azadón al hombro, para trabajar parejo con nosotros como si fuera uno más del barrio. El Padre Pacho, o sea Francisco de Roux, estaba siempre presente, ayudando y colaborando. El siempre era nuestro consejero y era muy importante su papel de conciliador... , creo que los Jesuitas también tuvieron que ver con la construcción de la escuela y el Salón Comunal de San Martín, por allá como en 1970”.
 
Y los Sacerdotes Escolapios contribuyen con algunos terrenos que donan a la comunidad, pero sobre todo, trabajan en la formación de los jóvenes a través del colegio y  apoyando la organización de los muchachos, especialmente en el barrio Paraíso :
 
“La Juventud Social de Paraíso,  JUSOPAR, prácticamente se vino a fundar por el Seminarista Carlos Villanueva, que primero empezó a entrenar a los niños en el baloncesto y ya luego nos dió a las madres de familia  por hacer nuestro equipo también. Eso duramos como del 70 al 74, si como cuatro años,  haciendo campeonatos con otros equipos que había aquí en elbarrio y que se llamaban El Paraíso de los
Azules y Los Amarillos de Paraíso.... claro que  también se hacían otras actividades”.
 
Otra forma organizativa promovida por los Escolapios, fue el Grupo de Teatro del Calasanz,  GRUTECA,  integrado con estudiantes de Paraíso y San Martín. Este grupo trabajó por recuperar la tradición de los Viacrucis a lo vivo en Semana Santa e hizo un teatro comprometido con el cambio político y social :
 
“... en una ocasión hicimos un socio-drama, donde era importante la lucha por los derechos y contra la injusticia y se denunciaba la situación del  país. Cuando estábamos en la presentación,  llego la policía y hubo un desalojo y a  varios nos tocó ir a dormir a la Estación de Policía de la Calle 40. A uno de los Padres Escolapios que era maestro, lo trataron de subversivo y de todo..es que los Escolapios y los Jesuitas estaban en toda la onda como revolucionaria... eso era bien chévere...”.
 
Algunos muchachos que estaban relacionados con el Movimiento Juvenil Cristiano, promovido también por los Escolapios,  conformarían pequeños grupos que fueron bautizados con nombres que evocan deseos de superación   y  de
cambio : “Nueva Semilla”, “Camino y Búsqueda” ,  “Amanecer” , eran algunos de ellos. A comienzos de la década de los años 90, los padres y seminaristas Escolapios continuarán promoviendo agrupaciones juveniles como JOPROIN, la cual mencionaremos más adelante. 
 
Otro programa de beneficio social importante para los barrios del sector por aquel entonces,  fue el Plan de Padrinos. A través de este plan, un joven recibía una beca que le era donada por un benefactor o “padrino” del extranjero, pero siempre y cuando participara en las actividades comunitarias de su barrio. De ahí que Plan Padrinos llegara a fomentar grupos juveniles como “SUBUSCAPAMAR”, así llamado porque reunía iniciales y letras de los barrios que participaban en él.
 
Y junto a todas estas actividades juveniles y jornadas comunitarias, que van tejiendo amistad y unión entre habitantes y religiosos, estará una batalla memorable y defintiva que hará época en la vida de la ciudad : la lucha contra la Avenida de Los Cerros.

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