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UN SIGLO
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HABITANDO LOS CERROS
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VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
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EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
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Memoria
barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero
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Bogotá, 1996-1997
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Capítulo
1: SUEÑOS DE LADRILLO Y ARENA
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DE GITANOS A RESIDENTES
EN PROPIEDAD
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Mientras el Barrio Paraíso empieza a
consolidarse, más al norte, en la vecina
Hacienda Barro Colorado, los hermanos Pardo Rubio hacen ventas consecutivas de
lotes para cubrir sus gastos. Como consecuencia de estos negocios, los trabajadores de los
chircales y las ladrilleras se van convirtiendo en una suerte de gitanos de los cerros que
andan de aquí para allá con sus escasas pertenencias, mientras cargan unos papelitos que
hacen las veces de sus precarios dineros :
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Yo nací en
Boyacá en 1921. Cuando tenía cinco años llegué con mi mamá y mis hermanos a vivir en
lo que hoy es la puerta principal del Hospital Militar. Claro que en esa época eso eran
unos potreros grandes en donde se encontraban algunos pozos de agua. Nosotros trabajábamos en los chircales y vivíamos con
otras familias en unas casitas de adobe que había ahí cerca. Pero por allá en 1953,
cuando estaba de presidente Don Mariano Ospina Pérez, el patrón le vendió al Ministerio
de Defensa el terreno donde estábamos, a $
50 la vara de tierra para que construyeran el Hospital Militar. Entonces nos reunieron a todos y nos dijeron que
nos teníamos que ir de allí para más arriba porque habían vendido los terrenos. Así
llegamos a vivir por donde hoy queda la Avenida Circunvalar. Como teníamos que volver a
construir las casas, yo le dije a Don Eduardo Pardo Rubio que no tenía cómo hacer el
rancho y él me regaló unos ladrillos para hacerlo. Yo no tenía dinero y era difícil
ahorrarlo porque nos
pagaban con unos vales para
comprar mercado en las tiendas y por eso nos decían los limpiatiendas.
En la Avenida Circunvalar, vivimos como 5 años hasta que CASACLUB, que era un grupo de gente que se dedicaba a la urbanización, le compró,
otra vuelta, los terrenos a Don Eduardo.
Nuevamente nos tuvimos que ir de alli; y el patrón le dijo a Don Antonio Casas, el
conductor del camión donde se transportaban los ladrillos, que empezara a ubicar a la
gente cerca del tanque de agua que abastecía al Hospital Militar, que quedaba en lo que actualmente son los límites de los
barrios de San Martín y Pardo Rubio, en la Carrera 2ª
Este. Ese tanque todavía está ahí. Como
nos volvimos a quedar sin tierra y sin casa para vivir, yo le dije al patrón que no
tenía cómo construir nuevamente el rancho, entonces me dijo vaya escoja usted su
lote y yo le ayudo, y la ayuda fueron dos burros de los que se utilizaban para bajar
el carbón. Con ellos empecé a subir el
ladrillo de la fábrica hasta la loma, para hacer mi casita. Y desde esa época, hace ya
más de cuarenta años, estamos por acá y no nos hemos movido más y yo espero que mis
hijos tampoco se muevan más, que ya nos quedemos aquí.
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Este deambular de un lado para otro fue la
norma para las primeras familias que poblaron estos lugares, llegando algunas personas a
cambiar su morada, una y otra vez, a lo ancho y largo de casi toda la Finca, desde la
Avenida Caracas hasta varias cuadras más arriba de la Avenida Circunvalar. Y esta
errancia solo tocará a su fin, como consecuencia del cierre definitivo de las ladrilleras
de los hermanos Pardo.
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La primera en cerrar, por allá como en 1.948, será la fábrica de Alejandro Pardo y casi una
década después se apagarán los hornos en la que pertenecía a Eduardo. Quebraron ? El gobierno municipal los
perseguía ? Tenían demasiados gastos ? Se trató de un control oficial a la
contaminación ? En realidad, las ladrilleras
ven terminar sus días no por un único motivo, sino como resultado de la combinación de
varios factores.
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La
fábrica de Don Alejandro que quedaba entre las Carreras 5ª y 6ª con Calles 46 y 47;
así como la de Don Eduardo que estaba en la Calle 51
con Carrera 4ª, fueron cerradas porque el Gobierno dijo que no quería que se contaminara
más el aire, porque allá se trabajaba con el sistema de Hornos Continuos que trabajaban
durante todo el día y la noche y la humareda que eso producía era impresionante.
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Incluso, algunos pobladores creen que la Virgen
Santísima tuvo sus velas en ese entierro,
por un ligero enojo que le causó Don Alejandro :
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Sucedió
que por esa época se iba a hacer aquí en
Bogotá una procesión con la Virgen de Chiquinquirá y entonces se le pidió el favor a
Don Alejandro de que sirviera de fiador para poder traer la sagrada imagen que es tan
valiosa y toda llena de piedras preciosas. Y vamos a ver, que él se nego, cosa que nadie se esperaba. Los curas
de por acá se pusieron furiosos. Ya el día de la procesión, veníamos todos con la
Virgen por la Carrera 7ª y al llegar a la Calle 45, a la enramada donde arrumaban el
ladrillo y la teja de la fábrica, las vigas
empezaron a chirriar y todo el producido de la ladrillera se vino al piso. Cómo sería
eso de tremendo, que hasta las matas de rosas blancas que se llevaban en la procesión, se dañaron. Para mi concepto que eso fue un
castigo divino, del que le vino a depender el fracaso a Don Alejandro .
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Además de los problemas ambientales y divinos,
los hermanos Pardo enfrentaban otras situaciones que iban limitando progresivamente sus
actividades económicas. Problemas en la producción del ladrillo, gastos familiares
demasiado elevados y varias deudas
contraidas, afectan sus destinos. Por ejemplo, varias hornadas de ladrillo en la fábrica
de Alejandro se quemaron o quedaron crudas. Además,
él tenía diez hijos bien tenidos y su nivel de gastos era muy elevado. Cada vez
que uno de ellos se casaba, vendía un lote o acudía a préstamos de dinero. Por otra
parte, no faltaban las diferencias con las autoridades de la ciudad:
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Yo fuí la menor de diez hijos,
imagínate, eramos muchos, una familia muy grande. De lo que si me alcanzo a acordar es
que mi papá mantenía en unas peleas horribles con el municipio. El decía que todo era
por culpa del municipio, que allá le ponían muchos problemas y le querían cerrar la
fábrica, como finalmente sucedió.
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Para respaldar uno de los préstamos
contraidos, Alejandro Pardo hipoteca al BCH un terreno en la parte alta de la finca, donde
actualmente se encuentran los barrios de Villa Anita, Villa del Cerro y el Sector 4 de San
Martín. Dado que la deuda no es pagada, el Banco remata esas tierras, las cuales son
adquiridas por Miguel Cuervo Araos, mayor retirado del ejército. A su vez, Cuervo Araos
intercambia ese lote por una casaquinta, ubicada en el distante y tranquilo sector de
Suba, con el ciudadano Aleman Tilo Kople. Una vez posesionado, el señor Kople, quien
sería apodado más tarde como Matagallos, mandó construir en una pequeña
explanada un caserón grande y bonito, bautizó los terrenos como Finca del
Cerro y se dedicó a criar caballos de paso.
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Con estos y otros terrenos vendidos, presionado por los problemas financieros y las
exigencias sanitarias y ambientales del Municipio, Don Alejandro y los trabajadores verán
cómo la fábrica apaga sus hornos y cierra sus puertas, en el año de 1949. De forma coincidencial, las minas de carbón que
quedaban en los predios de Eduardo, se habían derrumbado el año anterior, quedando
inutilizadas. Antes de morir, Alejandro se
asocia con otros inversionistas de la ciudad para construir el barrio Pardo Rubio
nor-occidental,
abajo
de la actual Avenida Circunvalar y
vecindario muy diferente al barrio Pardo Rubio nor-oriental,
arriba
de la misma avenida. En este último, vivirán los engabadores, horneros, carretilleros,
carboneros y conductores que laboraban en la fábrica de su hermano Eduardo. Finalmente,
Alejandro fallece en 1953.
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Continuación
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