UN SIGLO
HABITANDO LOS CERROS
VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
“Memoria barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero”
Bogotá, 1996-1997
Capítulo 1: SUEÑOS DE LADRILLO Y ARENA
UN PARAÍSO MUY TERRENAL
 
!Pum!  El ruido de las explosiones de dinamita hace temblar los cerros y los pechirojos, mirlas y copetones huyen espantados.
 
En la finca de los Ferré Amigo que se extendía desde el Río Arzopispo hasta los límites con la propiedad de los Pardo Rubio, la piedra y la arena de la montaña empezaban a ser explotadas por los trabajadores de Cementos Samper y Cementos Diamante. Los materiales eran bajados en carretas tiradas por burros a lo largo de un camino de herradura que pasaba por el Parque Nacional, en medio de bosques y quebradas, hasta llegar a la Central de Mezclas que funcionaba en los actuales terrenos de la Universidad Javeriana.  Una vez allí, el material era procesado y convertido en el cemento que luego serviría para dar firmeza a paredes hechas con los ladrillos que se cocinaban en las fábricas vecinas.
 
La montaña deja entonces ver sus entrañas para que hombres, mujeres y niños trabajen arduamente con ellas, sacando piedra, arena, greda, madera y carbón, materias  primas de las que se alimenta la ciudad en su desaforado crecimiento.
 
Sin embargo, de forma inusual, la Administración de Bogotá manifiesta a comienzos de los años 40, una preocupación por el medio ambiente y los efectos contaminantes de las labores extractivas que se desarrollan en las faldas del Cerro. Es así como el Departamento de Control del municipio, durante la alcaldía de Carlos Sanz de Santamaria (1942 - 1944), elabora el informe titulado “El gran bosque oriental de Bogotá”, donde advierte sobre las explotaciones de canteras y chircales, lo siguiente :
 
“ (...) si persiste ese trabajo roedor, veremos, en un dia no muy lejano, no solamente aumentar los deslizamientos y derrumbes, sino también el desprendimiento  y el rodar de grandes bloques, desde las alturas hacia el interior de la ciudad”.   ( Citado en “ BOGOTÁ : AYER, HOY Y MAÑANA”,  Juan Mosca, Villegas Editores, Asociación Pro-Bienestar Social, APROBIS, 1987,  pág 92).  
Además, en el informe se plantea que la red de alcantarillado de la urbe recibe en tiempos de lluvia, gran cantidad de materiales y residuos provenientes de esas explotaciones :
 
“Súbitamente ocurrió, a la altura más o menos de la calle 50, en las carreras séptima a 16, el fenómeno de que los pavimentos de asfalto recientemente colocados, presentaban levantamientos. Un estudio elaborado por varios ingenieros , llevó a la conclusión de que las causas provenían de la explotación de las canteras de cementos Samper y Diamante en los cerros orientales. (...) Fue indispensable entonces suspender, de acuerdo con las fábricas, todas las explotaciones de canteras en este sector, pasarlas al sur, sobre el río San Cristóbal, y al norte, donde hoy existen (en el sector de Usaquén)”. (Citado en “BOGOTÁ : AYER, HOY Y MAÑANA”,  Juan Mosca, Villegas Editores, Asociación Pro-Bienestar Social, APROBIS, 1987,  pág 91).
 
De esta forma, en el año de 1943, las canteras son clausuradas y 5 años más tarde, con posterioridad al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán ocurrido el 9 de abril de 1948,  se cierran también los chircales que funcionaban en la Finca de los Ferré Amigo.
 
“Los Ferré Amigo eran tres hermanos españoles : Aurelio, Guillermo y Josefina . En 1949, Doña Josefina Ferré comenzó a venderle lotes a los ex-trabajadores de los chircales que ya vivían desde antes por estas lomas. Es que los patrones decían “véngase a trabajar y arme por ahí su ranchito” y  uno se organizaba al pie de los Hornos. Los primeros que compraron se fueron ubicando en  lo que ahora es la parte baja del barrio Paraíso, pero que era la parte alta de la Finca de los Ferré, que comenzaba desde la Carrera 8ª . La vara cuadrada tenía un precio de $ 3 y $ 3.50. Luego de eso y ya como para el año de  1952, se produce una  segunda “etapa” en la venta de lotes, que es cuando llegan a vivir algunos trabajadores de la Central de Mezclas, comprando  a $ 5 la vara cuadrada. Unos dos o tres años después,  al cerrarse también la Central de Mezclas que quedaba en la Carrera 6ª Nº 40-08 y ser trasladada por los lados del Centro Antonio Nariño, aumenta la presencia de los trabajadores de  Cementos Samper y Cementos Diamante en este Paraíso terrenal. Eso es como para el año 55 ”.
 
Los habitantes del Barrio Paraíso recuerdan a Josefina Ferré como una señora comprensiva con la pobreza en que vivían sus clientes de finca raíz, dándoles plazos para que pagaran en módicas cuotas los lotes. Una vez más, se ponía de presente el poco valor que se le daba en la ciudad a estos cerros, en los que sólo invertían ex-obreros de canteras y chircales que habían aprendido a vivir entre pendientes y que comenzaban a aferrarse a estas tierras. A fin de cuentas, era lo único que podían tener en el mundo para echar raíces con sus hijos y  junto a sus antiguos compañeros de labores. 
 
Es entonces a partir de 1950,  que el barrio Paraíso empieza a conformarse como tal, ocupando los terrenos ubicados al norte del río Arzobispo y arriba de lo que actualmente es la Avenida Circunvalar. Sus primeros habitantes provienen principalmente de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca, los cuales comenzaban a sufrir la violencia demencial que incendiaría nuevamente al país. Muchos llegaron atraidos por las ventajas que podía ofrecerles la ciudad y sobre todo, buscando dejar su condición de arrendatarios o desposeidos. Ser propietarios de algo donde poder sentar y levantar cabeza, era su más sentida ambición.  Con ese anhelo clavado como una bandera sobre sus almas, aceptan oficios diversos :
 
“Yo llegué en 1954 cuando Cementos Samper  me contrató a mi y a cinco amigos, para que sembráramos eucaliptos por 35 pesos mensuales en unos terrenos que quedaban frente a la Finca “El Paraíso”, y que eran de su propiedad. Entonces yo me puse a vivir en un rancho de paja en pleno monte, rodeado de frailejones, matas de mora y tunos. Luego ya le compré un lote de 10 x 20 metros a Doña Josefina. Asi fue como llegué a vivir aquí en el Paraíso”  
Poco a poco, los nuevos habitantes de la montaña se van identificando entre sí : los Camargo, los Acero, los Combariza, los Bernal, los Sánchez, los Piraján, los Navarrete y muchos más, aprenden a respetarse y ayudarse, conformando así una comunidad. Pero aún no alcanzan a imaginar las singulares luchas que les esperan y que tendrán que librar para afirmar los sueños que los desvelan.

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