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UN SIGLO
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HABITANDO LOS CERROS
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VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
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EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto
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Memoria
barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero
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Bogotá, 1996-1997
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Capítulo
1: SUEÑOS DE LADRILLO Y ARENA
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DOS PÁRAMOS OLVIDADOS,
CON MUCHO
BARRO COLORADO
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Por aquel entonces, los terrenos
donde hoy se erigen los Barrios Paraíso, San Martín, Pardo Rubio, Mariscal Sucre y Villa
del Cerro, así como los asentamientos Villa Anita y Las Acacias, hacían parte de los
llamados páramos de San Luis y San Cristóbal, los cuales habían sido, por siglos, un
anexo de la Hacienda Chapinero.
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Estas tierras frías y empinadas,
se encontraban cubiertas de helechos, musgos, retamos, encenillos, chusques, uvas de
monte, quiches, matamoscas, amapolas, frailejones, moras silvestres, tunas, acacios,
alisos y sauces, en medio de los cuales revoloteaban y vivían una admirable variedad de
pequeños y medianos animales como mirlas, copetones, carboneros, pechirrojos,
pechiamarillos, toches, tolonches, gualones, zuros, gallinetas, conejos, ardillas, osos
hormigueros, simpáticos armadillos, tímidos venados e imponentes aguilas.
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¡
Qué bellas eran estas montañas, pobladas de un esplendor superior a toda palabra ! Y a pesar de ello, fueron consideradas durante
más de cuatro siglos, como predios de poco o
ningún valor.
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Mi familia llegó aquí antes de
1910 y yo me acuerdo que esto eran solo potreros y charrascales, llenos de agua por todas
partes. No había tanto eucalipto como ahora, sino eso que llaman árboles nativos, es
decir, originales. Eso era muy bonito y se veían toda clase de pájaros y muchos
animalitos. Era un completo campo, lleno de tranquilidad .
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Ya para las primeras décadas del
siglo 20, estos dos páramos hacían parte de la Hacienda Barro Colorado, de la Finca Paraíso y de un lote del
señor Adolfo Muñoz. Estos tres predios colindaban por el sur con la Quinta del Río
Arzobispo, así llamada por haber pertenecido en el siglo 16 al Arzobispo Fray Luis Zapata
de Cárdenas y que quedaba donde hoy se encuentra el Parque Nacional Enrique Olaya
Herrera.
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Los predios de Barro
Colorado eran los más extensos y fueron adquiridos, en un remate de tierras, por
Don Enrique Pardo Roche, conocido médico de la capital. La Finca Paraíso,
por su parte, era parte de las propiedades de la familia
española Ferré Amigo y el lote de Adolfo Muñoz sería con los años vendido a
múltiples personas, en una especie de venta de acciones sobre la totalidad
del predio.
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Sin embargo, las tierras de Enrique
Pardo Roche iban más allá de la Carrera 7ª o Carretera Central del Norte, ya que sus dominios se extendían hasta la actual
Avenida Caracas. Y es que en esa época, las fincas eran de gran tamaño. Por ejemplo, la
hacienda que perteneció a la Familia Calderón Tejada, iba desde el actual Estadio
El Campín, hasta el filo de los cerros orientales.
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En el año de 1922, fallece el
médico Enrique Pardo Roche y las 346 hectáreas de la
finca son repartidas entre sus tres hijas y sus dos hijos. Mientras que a las
mujeres les correspondieron las tierras planas, de la 7ª hasta la Caracas; a los hombres,
Eduardo y Alejandro, les correspondió de la Carrera 7ª hasta la cuchilla del cerro, heredando así los antiguos páramos de San Luis y
San Cristóbal.
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A Eduardo Pardo Rubio le
correspondieron los lotes que estaban señalados en el plano con los números 1, 3 y 5, es
decir, de la Calle 47 hacia el norte hasta la Calle 53; mientras que a Alejandro Pardo
Rubio se le adjudicaron los lotes números 2, 4 y 6 del plano, de la Calle 47 hacia el sur hasta los límites de las
propiedades de Adolfo Muñoz y de la Familia Ferré Amigo.
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Una vez los hermanos Pardo Rubio
toman posesión de los terrenos, se intensifica la extracción de ese barro
colorado, esa greda tan especial que se produce en las faldas de los cerros
orientales de Bogotá y que permite fabricar un ladrillo de muy buena calidad y de un
color rosado muy especial. Comenzarán entonces a aparecer más y más chircales sobre el
paisaje de los cerros, ya sea que fueran dados en arriendo por los Pardo, los Muñoz o los
Ferré Amigo a otras personas, ya fuera
que tales arrendatarios construyeran nuevos hornos en los lotes alquilados o bien, que se tratara de chircales construidos
por los propios dueños de los terrenos.
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