LA
CALLE DE LOS CARNEROS
Piel
sobre piel.
Piel
de mendigo
buscando
piel de animal
de cuatro patas
que no lo mira a la cara.
Piel de una mujer
que se enrosca como todas
ella gime muchas pieles
según la hora.
Piel de ladrón y piel de joyero,
pieles que frente al espejo
son dos fetos iguales.
Piel de jesuita
apresada en un crucifijo
que no apunta en ningún lugar.
Piel de gravilla,
piel de poste
mortuoria y erecta.
Piel de notario
madurando al ritmo
de las puertas cerradas
y abiertas.
Piel de policía o de siervo
de ninguna tierra.
Piel de estudiante
que es caliente
pero no sirve para
Incendiar esta calle.
Piel de ratón.
Piel
de monóxido de carbono
piel de niño ahorcado
con la cuerda de jugar.
Piel de fruta
que no sabe que se pudre.
Piel
mía
sarpullida de lunas
menguantes
de pedazos de animales
con el rostro cubierto,
de hiedra
que hoy se enreda
entre cráneos.
Piel
mía.
Piel de pieles.
Piel ahuecada
por los incrédulos
como Tomás.
II.
METAMORFOSIS
Mi
cabeza flotando
entre luciérnagas
entre jeringas
con más de una gota de sangre
entre
carnicerías de moscas
entre
silencio.
Mi cabeza perdida
como vagina de muñeca de plástico,
en cualquier basurero.
Contemplando
el paso de larva a mariposa
de bala a cadáver.
Mi cabeza flotando entre manos y pies de
otros.
Entre los sonidos del aullido del animal
que llega sin invitación a la
ciudad.
Entre cráneos de cabras.
Entre los eclipses
que siempre aparecen en los destierros.
Mi
cabeza flotando
entre los ojos de Dios,
el cirujano.
Entre pesadillas,
que como pan sostienen a los hombres.
Entre este país de injertos.
Mi
cabeza puede
contar hasta tres
para desaparecer.
Mi cuerpo no.
La guerra tampoco.
“Oigo
el violonchelo (es el lamento de un corazón adolescente)”
Walt Whitman
Aun
espero que me salven
Algún santo deseoso de bajar a este
holocausto.
O algún poeta que quiera dormir
su lengua
en mi cama.
O
tal vez aquel hombre.
Ese sinónimo de muerte revindicada.
O algún viajero,
necesitando golpear una cintura.
O
algún asesino gustoso de balacear
mi conciencia en las esquinas.
O aquel vagabundo que planee
conmigo su derrota.
O
quizás un medico
que cure la hemorragia de mis miedos.
O quizás una mujer sin pechos.
Sin mitos en los óvulos.
Pero
nadie esta disponible…
solo las migajas de la aurora
me pueden salvar.
“
Es tu ciudad esa donde
ves la primera noche”
Samuel Beckett
Leo
este manuscrito de revelaciones
Los
niños custodian las ramas,
porque saben
que los pájaros son fantasmas.
Caminan sobre duraznos.
Los soñadores se calcan
y se mimetizan
entre los andenes y su musgo.
Los huéspedes son asesinos.
Buscan enterrar al tiempo
vivo.
Emparedarlo.
Este es su imperio.
Dios o el Diablo
ajustan bisagras y grilletes.
No pueden cruzar la frontera.
Solo la muerte
podrá enconarse,
entre los bares
los perros
o la prostituta.
Mis lágrimas no atacan a nadie.
Las velas inician las migraciones.
Es
una premonición.
Comenzará la primera noche.