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NOTICIA DEL HAMBRE
Me habita el hambre. Y todos me lo dicen. No es el miedo ni la duda apenas un ritmo intacto que no toca con su sal la orilla. Es el hambre, quizá un leve testamento o esta insistencia en destruir la casa y renovar la piedra en sueño.
Es poco lo que recuerdo de mí a esta hora, el disperso, el que a la intemperie es un poco de hierba, una palabra sin traje con olor a otras tierras y que mira con cara de extranjero todas las prestadas alegrías.
Llega el hambre con su mismo azar y su idéntico augurio. La lluvia está debajo de la carne y pocas cosas recuerdan al viejo amor que ya no cuenta.
Es el hambre. Y todos me lo dicen. No es el leve testamento ni la tristeza de las noches. No es la poesía ni la música que traduce el tiempo.
Un poco de hambre y el cansancio de llenar la estantería de ausencias.
HOSPEDAJE DE PASO
Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida. No he sabido cuándo salen, cuándo entran, en qué estación desconocida descansan sus miserias. Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos quejándose de mi tristeza, en algunas temporadas se han quejado de humedad de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.
Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida y el patio queda nuevamente solo Mi corazón deja de ser una posada de hambrientos que acoge a todos los pájaros que llegan del verano y aguardan a que regreses por tus cosas a este hotel de paso donde siempre es de noche.
EL REGRESO
Regresar de los viajes con la urgencia de quien ha conocido la única moneda de la muerte, contemplar los libros regados en el piso, rastrear y limpiar los discos y los afiches de antiguos festivales. Sacudir los muebles y saludar de mala gana a los vecinos que no nos han extrañado, abrir la revista que quedó inconclusa en la mesa de la noche y saber que otro amor la magulló.
Regresar de los viajes y acomodar los souvenirs y las postales en un lugar que no ha sido preparado para ellos. Reacomodarse y organizar la pobreza otra vez en las gavetas, aprender de las mudanzas del amor siempre de afán, el no alcanzar a colgar un cuadro cuando nuevamente el camión de los trasteos nos llevaba hacia otro asombro.
Se ha cambiado tantas veces de casa, de gustos, y de vida que ya se aprende a respetar a los viejos inquilinos. Ante el cansancio hacerse un lugar entre la gente, saber que se estorba, que solo ebrio se cabe entre los amigos.
La vida cierra las persianas al regreso de cada viaje y no se encuentra uno con su cuerpo, acostarse a contar las nuevas cicatrices, desayunar al día siguiente con la nostalgia de los rostros dejados y en soledad saber que uno es algo incompleto a la deriva, una larga temporada baja a la que siempre se retorna.
ASUNTOS FAMILIARES
Este vivir entre multitudes y muchedumbres me recuerda el linaje que no conozco. No sé si mis antepasados fueron comerciantes o humanistas, quizá sastres de alguna corte o algún barrio. La sangre que me corre es de ellos. No sé si eran abogados o médicos No sé si hubo algún santo, deportista, héroe o payaso pero en mis ojos reconozco cada día el licor de sus tristezas.
SUENAN TIMBRES
A la manera de Luis Vidales
Golpean, llaman. Suenan timbres en la casa. Alguien busca algo a horas imprevistas. Serán de la oficina postal o los mormones ofreciendo Biblias en promoción. Algún extranjero despistado o el mendigo que viene a diario por su ración de pan. Será la vecina gorda que quiere hablar sobre la carestía o su esposo el prestamista a cobrar los intereses en mora. Quizá el plomero o la gitana a pronosticar malos días, extrañas pestes y fuertes infecciones. Quién golpeará a esta hora inoportuna. No es el amor, no es el hijo, ni mi padre. Seguro será la muerte y el ropavejero que vienen por mi cuerpo con su derrota o el casero a desalojar, que es lo mismo.
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William Zapata Montoya Rafael Victorino Muñoz |
poemas de Federico Díaz-Granados poemas de Fernando Herrera Gómez
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Juan Carlos González A. Pedro Fernández Borrero
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