El cielo cerrado las nubes
y de pronto el viento
las aparta
y la luz de la luna
comienza a invadir las calles
y se aproxima
con la sigilosa temperatura del silencio
y justo allí
cuando roza la ventana
e invade el alféizar
tú despiertas
tú abres los ojos repentinamente
y ves cómo avanza por el cuarto
y ves el agua del vaso
atraída por un planeta
blanco y la ropa
vieja brillando el cinturón
líquido por un segundo
el peine que pasan
los rayos nocturnos
y ves el cono de luz
invadir la sombra
el cabo de la aguja
señalar el polo norte
el espejo
y el azogue reflejado
una oscura sábana blanca
y ves el marco de plata
y luego ya no ves nada
sino el silencio

 

Beber agua
en el cuarto vacío
apagado
beber
gustosamente
un fresco vaso con agua
añadir
transparencia
a un interior oscuro
añadir
líquidos claros
ámbares
a la tiniebla
del cuerpo
sentir
la cascada cristalina
en la faringe
el silencio
roto raído
por una fuente
por un río
que te hace
fugazmente
invisible

 

 

Admonición

Te escribe en italiano
te escribe en inglés
como si
hallara
en esas lenguas
una vía
para el eros
nunca español
nunca palabras
tácitas
eso que tú y ella
pudieran reconocer
como propio
de modo que
lo que venga
si viene
será
ahora y siempre
extranjero
el amor
la amistad
el sexo ocasional
furtivo
todo
tendrá
un sabor meteco
todo será
en tierra baldía

 

La silla que difícilmente vemos por la
puerta semicerrada -¿o semiabierta-
del jardín tal vez piensa un bosque
sombrío una excesiva floresta azul y
verde tal vez también sueña con
aguas nubes con las piedras húmedas
del río la lengua de los árboles sofocantes
y sexuales orquídeas en fin el
lugar de donde viene la silla sin
embargo no se conmueve la
silla sigue muda y letárgica mientras
el sol se hunde y los pernos del apoyo
emiten un cálido brillo vespertino algo
no sólo grato sino majestuosos toda una
invitación china a sentarse y tal vez
por eso te invade una súbita nostalgia
de tierras lejanas y montunas y algo -¿pero qué la
quietud de la silla el brillos casi humano
del cedro su elegante elogio de la
cordura?- nos invita a calmar el ímpetu
del cuerpo el bullicio del alma y a sentarnos
en silencio tú con cigarrillos con agua helada
yo a contemplar la cabeza de Orión pujando
en la vasta locura del cielo en verano

 

 

La melodiosa
garza
         inmóvil
observa
el ruidoso cauce
del Tigres
         en la orilla
las tortugas
invaden
la playa
con sus huevos de oro
         atrás
el viento desordena el paisaje
inquieto como una serpiente
silba
y repta
por las ciudades
llanuras
desiertos
esta es Nínive
Roma Cartago
esta
es
la columna quinta
de Marco Antonio
esta
la
boina de un maquis de Francia
este
el polvo es la canela
esta sustancia
el yagé
este polvo
la sal que
mercaderes
llevaron
         por siglos
la oscura y terrosa
pimienta
todo cambia
se mueve
y confunde
Heráclito piensa
desde el río
se alza
         una brisa y
la
melodiosa
garza
observa
los
codiciados
huevos
de
la
tortuga

 

Ronca voz
querías el cuerpo
su
         alma
lo querías todo -todo
las uñas el pelo
las gigantes manos
masculinas el
hueco entre los
senos el
hueco del pubis
las horas del día
de la noche
querías
sus ojos para verte vacío
(también
para ver tu vacío)
lo querías todo
y al final sólo
quedó
         su nombre
tres sílabas el mínimo
aire que todavía -todavía
respiras

 

Mario Jurisch Durán (Valledupar, 1964): estudió filosofía y letras en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Ha publicado los libros: Glimpses (poesía), La Virgen María. Fe y aventura en Colombia (crónica-ensayo) y Casimiro Eiger. Crónicas de arte (recopilación). Además, ha traducido al castellano las novelas: El Malpensante. Lunario del año que pasó, de Gesualdo Bufalino, y Seda, de Alesandro Baricco. En la actualidad es subdirector de la revista El Malpensante.

 


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