departamento de literatura de la Universidad Nacional.

 

Santiago Montobbio nació en Barcelona, España, en 1966. La muerte, el suicidio, el abandono, la soledad y la escritura, ocupan los principales temas de su obra poética. Se trata de poemas elaborados cuidadosamente, meticulosos en la calidad de su sonoridad y sobre todo de su significado. Cada uno resulta del refinamiento y la conciencia de la palabra poética, de la experiencia vital, de la reflexión filosófica y del furor lector. Para Montobbio sólo existe una verdad poética que prima sobre todo lo demás: la sinceridad del autor que se evidencia en cada palabra. Su obra literaria es el resultado de sus pensamientos sobre la moral, la ética y la existencia humana, derivados de su vivencia. Son poemas que discurren entre los problemas metafísicos del "ser" en nuestro tiempo, sin alejarse de los dilemas sustanciales y atemporales del género humano. En lo individual, Montobbio logra vislumbrar lo general, en el tono personal y subjetivo de su obra consigue agrupar lo humano, lo colectivo.

Poco a poco, Santiago Montobbio ha conseguido ser reconocido en el ámbito europeo como uno de los poetas españoles más destacados de las recientes generaciones. Varias antologías de su poesía han sido publicadas por revistas como Pagine de Roma, Europe Plurilingüe y La Voix du regard de París, Hispanic Culture Review de Estados Unidos, Revista de Occidente de Madrid, Nanico de Sao Pablo y Literal de México. Su obra ha recibido importantes comentarios de autores como Ernesto Sabato, Juan Carlos Onetti, Miguel Delibes y Carmen Martín Gaite.

El 22 de marzo de 2004 conversamos con él en su residencia en Barcelona.

Lo primero que yo quiero preguntarte es por las motivaciones que tuviste para comenzar a escribir. ¿Cómo llegaste a escribir poesía?

Bueno, escribimos para revelarnos a nosotros mismos. Yo pensaba que me ibas a preguntar algo así y he pensado esta contestación, así de sincero te lo digo. Esto quiere decir que revelarnos a nosotros mismos es expresar lo que más profundamente somos. ¿Cómo se empieza esto? Un poco por gusto, por devoción a lo que vas leyendo. Yo he contado que leí de adolescente a Jorge Guillén, a Pedro Salinas, a los grandes del 27. Empiezas primero un poco vía imitatio de lo que admiras. Luego esta admiración se va y vas escribiendo por tu cuenta y riesgo lo que buenamente puedes y lo que buenamente eres. Para escribir has de ser tú mismo. La sinceridad para mí es esencial y más en poesía. Hay que jugarse la vida en las palabras, estas expresiones salen con frecuencia en mis poemas y son verdaderas, coincido con este pensamiento siempre. En cuanto se llega a escribir cosas de alto nivel artístico creo que uno tiene la conciencia de haber alcanzado ese nivel alto de creación en arte, de una manera un poco imprecisa, pero la tiene. Y esto es producto de la vida, en mi caso, no de las lecturas. La construcción por ejemplo del personaje narrativo del final de Hospital de inocentes, aquellos poemas largos narrativos, no es un personaje libresco sino moral, que ha ido por la vida. En ese sentido, creo, hay un libro sobre Juan Carlos Onetti que tiene este título: Las fuentes de la nostalgia y de la angustia. Da mucha más idea de las fuentes con que se crea este título que las fuentes literarias. Así me parece a mí, al menos.

¿Cuáles consideras que son tus principales influencias?

Creo que mi poesía es principalmente ajena a influencias, lo digo con toda sinceridad. Por ejemplo, yo estudié derecho y filología hispánica y me dedicaba mucho al estudio del derecho. Una parte mayoritaria de mi obra, la que está en Tierras es del 87, la primavera de mis 20 años y también Hospital de inocentes. Son poemas que están escritos casi a partir de los apuntes de derecho civil, es decir, casi sin leer nada de literatura durante un buen tiempo. Sólo leyendo algo los veranos. Influencias, pocas. Lecturas formativas, los poetas del 27, los poetas neogriegos. Lo mencionaba en aquella intervención que hice en la Maison de l'Europe en París. Son lecturas que me animaron a desear escribir. Luego este deseo se convierte en una fatalidad porque un poeta es siempre un poeta fatal. Escribir es un destino, no es una profesión o un trabajo, y a lo largo de esta aventura de escribir uno crea poemas de más alto nivel en algunas ocasiones. Es lo que te puedo decir.

¿Cuál crees que ha sido el sentido de tu poesía?

Ha sido salvarme a mí mismo. Por ejemplo, Jean-Luc Breton ha dado una pista en ese estudio que ha publicado sobre mi poesía en París, de que he dedicado muy bellos poemas al tema del suicidio y no sólo eso. El poema que da título a Tierra, el libro que he publicado en Francia, es un poema sobre el suicidio, del suicidio por el arte. Y es una gallardía. Por la incapacidad de poder dedicarse a crear arte uno tiene esa idea persistente y temeraria del suicidio a la que se resiste y que supera escribiendo. Entonces se escribe para salvarse a uno mismo. Yo he escrito en algún papel viejo que la poesía es una rama civil y laica de la soterología, la ciencia de la salvación. En mi caso ha sido así. Gracias a escribir estos poemas sobre el suicidio o poemas tan negros he seguido tirando tranquilamente en la vida. Como la catarsis de los griegos, la salvación.

¿Cómo ha sido la recepción de tu obra por parte de los lectores?

Mi primer libro tuvo la dicha de ser respondido. Yo compré varios ejemplares, un buen número, porque pensé que un libro de un poeta de 22 años nadie lo iba a comprar ni a leer porque uno no es nadie todavía. Yo no compraría un libro como el mío. Se lo dije a una persona y esto le hizo tanta gracia que lo escribió en un artículo en La vanguardia. O por ejemplo, leí en la biografía de Borges que él tuvo una idea semejante con su primer libro. Fue a la dirección de Prisma o de no sé qué revista y en la percha donde todos ponían los abrigos, puso un ejemplar gratis en el bolsillo de cada uno. Así alguien lo leyó. Pues yo lo fui metiendo en sobres y mandándolo a escritores y críticos. Como sabes, muchos escritores respondieron con una generosidad muy grande. Así que mi obra ha tenido desde el principio lectores muy distinguidos, cuyo conocimiento en arte es indiscutible y esto da más satisfacción que tiradas millonarias o cosas de este tipo. Es más satisfactorio que gente con verdadero entendimiento en cuestiones de arte haya sabido comprender tu obra. Esta satisfacción sí la tengo. Lo importante es la obra, que es la que produce estos testimonios de aprecio hacia ella. Esos testimonios son muy de agradecer y son espontáneos y del todo sinceros porque a un chico de 22 años que manda un libro publicado por una editorial modesta, escritores tan de primer nivel no tienen ninguna obligación de contestarle. O sea que la espontaneidad y la sinceridad de estos testimonios es indiscutible.

¿Cómo ha sido tu relación con el mundo editorial?

Difícil. Esta es la verdad. Yo he ofrecido mi obra a editoriales importantes y no la han cogido. Ha sido publicada en Francia en una colección multilingüe en la que éramos dos escritores en castellano, uno americano y uno español que era yo. Tuvo que salir allá este conjunto de 17 poemas porque acá estaba condenado a editar con la primera y modesta editorial que sacó mi primer libro, que para sacar un primer libro estaba bien, pero no para seguir publicando teniendo un reconocimiento tan acreditado como el que iba teniendo. Entonces la relación ha sido difícil, porque estos testimonios no tuvieron curiosamente un resultado positivo a nivel editorial. Hice varias gestiones, fui a ver a varios directores de editoriales. Uno de ellos, por ejemplo, me dijo que mi poesía era tan valiosa que la iba a guardar como "oro en paño", es decir, que la iba a guardar en un cajón en vez de publicarla en la editorial que dirigía. Varias experiencias fueron de este tipo. Es así de claro. Empecé a publicar mandando por correo (así publiqué por primera vez, en la Revista de Occidente, y así edité Hospital de Inocentes) y he seguido publicando de este modo, en sitios que han acogido espontáneamente mi poesía y la han apreciado.

Ahora quisiera que hablaras más específicamente de tus libros. ¿Cómo nace cada uno de ellos y hacia qué horizontes apuntan?

Hospital de inocentes ha de ser como una tarjeta de presentación. Como dijo Luis Cernuda, "hablan en el poeta voces varias". Mi obra, si la conoces un poco, tiene una coherencia y un lugar importante, registros y tonos variados. ¿Qué escogí? Desde un criterio moral lo que sentía que era más yo mismo. De ahí esos poemas tan negros o los poemas narrativos del final. Yo lo elegí desde un punto de vista moral. Habrá quien literariamente prefiera otro tipo de textos y yo incluso podría estar de acuerdo pero moralmente tenía que presentarme como más era yo, literaria y vitalmente. Hospital de inocentes fue un libro de presentación importante y muy significativa. Los primeros poemas son como la expresión de un alma y Tierras es una extensión exactamente de Hospital de inocentes. Por eso va la fecha después de cada poema, para que se vea que son del 87, de mis 20 años. Son como una extensión de la primera parte de Hospital de inocentes. Una persona me dijo que este libro era un libro, al tener apenas 60 páginas, de "arte y confección". Yo no contesté pero pensé que aun siendo un libro con esa limitación de páginas, yo iba a hacer un libro en sentido moral, que sería un libro de verdad, una obra con unidad. Se tiraron 750 ejemplares, una tirada muy modesta, porque a la venta había muy pocos, 200 eran de promoción y yo me quedé con otros tantos para promocionar por mi cuenta. Una tirada muy modesta. Pero no era una editorial universitaria o una colección de chicos universitarios, era una editorial de verdad, Editorial Devenir que es de Madrid y cuenta en su catálogo con títulos muy distinguidos. Modesta, pero de verdad.

Luego vino Ética confirmada, que fue con el mismo editor, lo que me daba un poco igual porque era como no avanzar nada desde el punto de vista de carrera literaria y de promoción. Pero pensé que esto no tenía mucha importancia y lo publiqué. Luego esperé hasta el 96 hasta Tierras y lo que ha suplido la falta de libros es que ha habido revistas que han publicado conjuntos muy numerosos de poemas. Por ejemplo Nanico de Sao Paulo, publicó 21 poemas que son del tipo de poesía que yo llamaría de "representaciones", en las que también hay verdad y belleza. No les pusieron título pero yo le daría uno a este tipo de partes de mi producción de mis 20 años, que sería "El anarquista de las bengalas" o "El mendigo". Es un título más triste pero más bello y más simple. Igual que Nanico, también ha publicado Atenea, Pagine, La Clessidra, El Extramundi y los papeles de Iria Flavia, La experiencia literaria. Ahora Literal de México publicará 19 poemas inéditos bajo el título de "Los versos del fantasma". Varias revistas han publicado conjuntos importantes de poemas que han sido casi como libros en volúmenes colectivos. La obra se ha ido divulgando poco a poco de esta manera.

¿Cómo combinas tu labor como profesor de teoría literaria y la de escritor?

Yo he sido primero durante cuatro años profesor de historia del derecho español en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) luego he pasado a la facultad de filología cuando hubo una vacante. No he escogido yo la asignatura. Doy teoría de la literatura porque me ha tocado y ahora me he hecho cargo de este departamento. Procuro dar las clases con dignidad profesional, es decir, atenerme a lo que les van a preguntar a los chicos el día del examen, seguir el libro, pero ya que tienen un escritor como profesor pues no me duelen prendas en ejercer un poco como tal y hacer más juicios de valor o hacer más apreciaciones que tal vez otro profesor no haría.

¿Qué otros escritores españoles de tu generación consideras importantes?

Te voy a contestar con toda sinceridad: no los conozco. Ya en una nota para El ciervo, cuando me preguntaban que qué libros me habían interesado este año yo les decía que no estaba muy al día. Cernuda ya lo había dicho con absoluto desprecio, que lo único que cuenta en literatura española es la actualidad, y la actualidad no es un valor. La literatura buena es permanente. Mejor leer a Fray Luis o a San Juan de la Cruz que al que te ha tocado de compañero de barrio o de generación. Yo no lo digo con desprecio o con altanería, lo digo porque no he seguido con atención la obra de mis compañeros de generación. Pero por lo que he visto en revistas donde he publicado, me parecen de un tono bastante flojo. Recuerdo un poema de un chico acá de Barcelona que decía "sobre el cuerpo/apetece ya la lana". La poesía está para revelar las verdades profundas del ser, y no parece que esto sea una verdad muy profunda para comunicar en un poema, que uno ya tenga ganas de ponerse un jersey, no me parece muy importante poéticamente. Me parece una poesía de tono muy menor que ha seguido al modernismo de segundo orden. Me parece en general bastante pobre, muy bien musicalizada, muy bien escrita, lo cual también es muy sospechoso porque es aquello de que un académico escribe como debe escribir, un escritor escribe como escribe, que decía Paul Léautaud. Esas perfecciones o musicalidades tan bien elaboradas, en el fondo demuestran una falta de talento y de creación artística importantes.

En ese sentido, tú optas más por la poesía que hable de las verdades profundas del ser humano.

Desde luego. Hay una cosa que dice Juan Benet en el libro Los escritores españoles y el boom, que dice que el monstruo no lo crea nadie. Es verdad, el monstruo no lo crea ni la condición social ni el ambiente, el monstruo aparece solo. Una prosa mía lleva el título con esta idea: "Esto puede suceder tanto ahora como dentro de 30 años". Si una obra de arte vale, si mi obra poética vale, valdrá igual dentro de 30 años o hubiera sido lo mismo haberla escrito 30 años antes. Yo creo que el arte es un valor permanente si es bueno o al menos bastante permanente.

¿Cuáles consideras que han sido los elementos que han contribuido a esa elaboración de ese monstruo o de los motivos que aparecen en tus poemas?

Los poemas de la vocación que están en relación con aquellos del suicidio, los del deseo de dedicarse a crear, de dedicarse al arte, que son muy negros pero con mucha gallardía. Luego motivos diversos, como el dar salida a los más profundos deseos de uno mismo, a sus más profundas convicciones, sentires y pesares. Por ejemplo, al escribir la última parte de Hospital de inocentes, yo tenía un otoño para escribir y es una materia y por eso es poesía narrativa que quizá debí hacer incluso en cuentos, un poco como Dublinenes de Joyce, una evolución en cuentos. Tenía dos meses para escribir y escribí esa serie de poemas largos y narrativos que fueron como un ajuste de cuentas conmigo mismo, como una recapitulación. Los motivos para escribir son diversos aunque el impulso de creación es fundamentalmente parecido.

En algunos poemas aparece tu ciudad, ¿cómo entra Barcelona en tu poesía?

Entra de una manera natural, como es el mismo modo que he dicho soy europeo. Soy tan barcelonés que obviamente salen las calles en las que vivo, sale la Pedrera (ya ves que vivo a una manzana), sale Plaza Cataluña, sale el Paseo de Gracia porque es por donde yo salgo a caminar. Pero sí yo hubiera sido de Buenos Aires o de Montevideo o de otra ciudad, pues saldrían otras calles por las que hubiera paseado. No es una reivindicación de Barcelona, es un dato natural como son los datos que suelen aparecer en mi poesía.

 

POESÍA DE SANTIAGO MONTOBBIO
Selección


De HOSPITAL DE INOCENTES


Hospital de inocentes

El papel en blanco jamás es sólo el papel en blanco:
hablar de eso es hablar fácil, mas no el decir -y es cierto-
que la página en la soledad más profunda consumida
es la vida sin versos o llena de los poemas que nadie,
de los que eres tú, ha de poder escribir nunca.
Porque puede quedarme un amor, una sombra y un olvido,
y más que eso ha de quedarme un modo
de hacerme daño, hasta el fin y en la noche
un modo de afilar la puntería
para arruinarme y perseguirme
a través de la agotadora y muy extraña cacería
en que soy arma, a la vez presa.


Los trabajos y los días

Haber escrito tan en la sombra como para que quieta sangre sea
la que duerma una obra; haber escrito la sombra o haberla sido,
desde sus clausuradas ventanas haber dicho adiós las mismas veces
que huérfana es la tierra, vanamente haber hincado
en el papel silencios
que resultaron al fin
no ser llaves maestras
y que después de haber conseguido
soportar así la vida -procesiones de fracasos
en las telarañas de la tinta- ya muerto
te publique algunos poemas
una desconocida revista de provincias
y que entonces alguien los encuentre cualquier cosa,
que alguien los encuentre -es un ejemplo- francamente divertidos.


Historia verdadera

Bajé del sueño, del sol y el miedo.
Bajé y seguí bajando. No había nada.
Deseé volver. Pero en el descenso
había olvidado cómo a la infancia
del primer verso trepar de nuevo.
Y así (niños y niñas) me quedé solo,
de ninguna parte rey y en mi noche
por nadie abandonado. Y esta sola
historia verdadera es el poeta.


En el orden que prefiera

A veces empiezan bien mis sueños, y entonces
pueden llegar a ser playas de África
o improbables pasajes de avión hacia el deseo.
A veces empiezan bien mis sueños, a veces me recuerdan
lugares que no he visto y en los que fuimos tan felices,
lugares anónimos, antiguas cartas, aventuradas huidas
y si hay suerte pueden llegar a ser incluso
unas cuerdas vocales que afinan su voz
entre unas piernas.
Porque a veces empiezan bien mis sueños.
Pero otras se despistan, por lo común se cansan y así
suelen acabar teniendo el mismo rostro
que la casa Batlló, pues ociosos y torpes se recuestan
en demasiados bares, en demasiadas tardes,
estúpidamente llenos de Rambla Cataluña y Paseo de Gracia,
hasta batiendo palmas los benditos
mientras ni pueden evitar que de las gabardinas
del fracaso y del alcohol les crezcan
abatidos pájaros
que vagamente me recuerdan
a la hirsuta soledad
de la que no he conseguido salir nunca.

Quizá en esta tierra el hombre sólo puede amarse y detestarse,
amarse y detestarse, sucesivamente, en el orden que prefiera.
Pero esta materia da apenas para un cuento,
y además creo que ya Borges -un fastidio-
escribió mejor de todo esto.


Jorge Folch
(1926-1948)

Había suficientes parras en tus párpados
para dormir al sol, si así te parecía:
yo sé que sabías eso y también que yo recorro
las mismas calles que cruzaste intentando
convertirlas en múltiple escenario de ti mismo,
las noches que volviste mosaico de ocios o de sueños,
antiguas piezas únicas hechas de alcantarillas dominadas,
de cementerios asaltados, un solo desierto o arco
tensado para extremar, para extremar en lo posible
y hasta el fin la vida. Y yo sé, yo te acompaño
o te conozco sabiendo sobre todo que quisiste
ser hijo de un pretor de Tarragona,
llamarte Creso Libio, nacer de una uva azul
y ser el sátiro y el mago y varios faunos
y que a través de extraños poemas sólo tuyos
conseguiste serlo antes que el agua
a los veintiún años te negara
la vida y las palabras. (No sabes cuántas veces
he repasado tus ojos y tus manos mientras
inútilmente buscaban salir de la cisterna
ni cómo he maldecido el por qué no pensaste
que había llovido quizá demasiado).
Y aunque cuarenta años pasan como nada
cuarenta forma el estúpido espacio
que nos separa -cuarenta de tu alumbramiento
al mío, casi cuarenta de tu muerte a ahora.
Pero mentirá quien diga que no nos hemos conocido.
Porque más allá de las ciudades y la sangre,
de verso en verso alguna vez
se anula el tiempo -o quizá soy yo, que te recuerdo.


Vida sentimental

Demasiados modos de interpretar la lluvia
ofrecen las películas; demasiados modos, demasiados ojos
y del todo excesiva esa facilidad como de postal ridícula
con que a medias entre copa y cigarrillo
los maquillados gestos de una imagen
sopesan, trituran, absorben y administran
distancia de muchacha; excesiva y también ridícula, eso,
más o menos eso es lo que me digo
cuando repaso el manual de adioses de mi vida
y desde él comprendo que es del todo cierto aquello
de que no suicidarme es algo que siempre me dio mucho trabajo,
que no suicidarme -ausencia, clínica y demás patéticos
retratos desbocados- en verdad ha sido para mí
la diaria gran tarea
y que por causa del afónico equipaje
que ha tenido a bien irme imponiendo el tiempo
a estas alturas ya sólo podría doctorarme
con una absurda colección de vaguedades que intentara hacer ver
a qué ruinosos extremos puede llevarnos la torpeza
si desde siempre ha dominado
la expresión de los afectos.


De TIERRAS

Manifiesto inicial del humanista

La causa de las palabras, que para nada sirven,
o para vivir tan sólo, es una causa pequeña.
Pero si cada día sabes con mayor certeza
que no sólo repudias las coronas
sino que cada vez te dan más asco;
si en verdad no quieres hacer de tu ya arruinada inteligencia
una prostituta mercenaria que venda sus pechos o su alma
a cualquier hijastro del dinero o si, sencillamente,
poco necesitas y tan sólo te importa soportar
con dignidad la vida y sus tristezas
mejor será que asumas desde ahora
la inevitable condena de la soledad y del fracaso
y que como luminoso o ciego abandono de estrellas
a esa pequeña, muy ridícula causa ya te abraces,
que del todo lo hagas y que en tu habitación vacía
las palabras del fuego sean ceniza, que se asalten
y persigan, que tengan frío, en su noche
a solas, por decir tu nombre.


Para suplir un envío

Pero si yo fuera aún más torpe
y un torpe poema te enviara
quizá sí conseguiría explicarte
por qué sólo creo en quien fracasa,
en el hombre pequeño que no sabe,
en el triste hombre que es el miedo
y también el frío, en aquel que no halla
sino nada y que si su nombre dice -un sol barrido-
se ríe en su vacío. Y es que si yo fuera aún más torpe
y realizara un envío sí que te hablaría del que no odia
y del que teme y también del que cuando repasa
las inútiles sombras de su vida sabe
que la soledad es una mordaza única, que en ella
nunca fue mucho más que despedida y que a pesar
de haber olvidado las ventanas
a través de papeles y otros atentados diminutos
aún recobra y muerde el rostro
de aquel antiguo amor ridículo.

Luis Fernando Páez (Bogotá, 1980): estudió literatura y periodismo. Colaboró en el UN Periódico y dirigió, durante tres años, la revista Phoenix, de los estudiantes del departamento de literatura de la Universidad Nacional.

 


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