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REVISTA HISTORIA CRÍTICA
(selección de artículos de los números 17, 18 y 19)
Esta es una publicación del Departamento de Historia - Facultad de Ciencias
sociales
Universidad de Los Andes
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Jaime Jaramillo Uribe: la escritura de la
historia como destino personal *
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Bernardo Tovar Zambrano *
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Don Teodoro Jaramillo no tuvo que esperar
mucho tiempo para apreciar en su hijo Jaime las cualidades que, mediando la incertidumbre
entre el destino y el azar, habrían de convertirlo en uno de los más importantes
historiadores de Colombia. Muy temprano, pudo percibir en el niño las dos virtudes
principales que debe poseer quien se dedique a la disciplina de Clío: la capacidad de
raciocinar y el arte de narrar. La observación del padre quedó consignada en una carta
escrita en Pereira el 25 de mayo de 1926, cuando Jaime contaba con nueve años de edad:
"Jaime, que es el último -decía don Teodoro-, es sin duda el más inteligente de
todos. Oírlo raciocinar y referir sus historias es para causar admiración a
cualquiera". Don Teodoro, sin embargo, no tuvo la suerte de vivir el tiempo
suficiente como para poder, ya no oír, sino leer, las historias escritas por su hijo. Dos
años después de aquella carta, le sobrevino la muerte. Tenía 44 años de edad.
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Don Teodoro Jaramillo pertenecía al
tronco familiar que registraba, por el lado paterno, la figura de un abuelo famoso: don
Lorenzo Jaramillo Londoño. Oriundo de Sonsón, de fuerte personalidad, don Lorenzo tenía
una habilidad especial para los negocios, lo cual le permitió acumular una gran fortuna.
Por esas extrañas circunstancias que se dan con alguna frecuencia en las familias,
ninguno de los nueve hijos de don Lorenzo salió con habilidad para los negocios. Negados
para la lógica del capital, varios de ellos, en cambio, resultaron poetas y literatos. El
historiador Jaramillo recuerda, entre otros, a Merejo Jaramillo, un poeta popular; a
Joaquín Emilio Jaramillo, quien escribió algunas novelas y biografías; y a Manuel
José, quien escribió en El Colombiano y fue autor de una novela. Recuerdos de
personajes vinculados al mito familiar y a las figuras de identificación que, como otras
que se presentarán a lo largo de su vida, debieron tener una influencia en los ideales y
decisiones culturales del futuro historiador.
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Como todos los hijos de don Lorenzo, el
abuelo de Jaime Jaramillo, José Manuel, recibió una importante herencia. Se decía que
de los hijos de don Lorenzo el que menos poseía cualidades para los negocios era,
precisamente, José Manuel. Habiendo quedado en la ruina, sus hijos, entre ellos Teodoro,
tuvieron que abrirse paso a través de oficios muy diversos. Don Teodoro resolvió
incorporarse con su esposa Genoveva y sus diez hijos, al éxodo de antioqueños que en los
años veinte del presente siglo tenía como destino los departamentos de Caldas y
Quindío. Después de un peregrinar por varias ciudades la familia se estableció en
Pereira.
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Doña Genoveva, madre de Jaime Jaramillo,
había nacido en el pueblo antioqueño del Retiro y pertenecía al linaje de los Uribe.
Probablemente estaba emparentada con los Uribe del General Rafael Uribe Uribe, que
provenían de Valparaíso. Ella, en efecto, tenía un culto especial por la memoria del
General Uribe: "Nos lo ponía de ejemplo -expresa el profesor Jaramillo- para educar
la voluntad y tener disciplina; nos hablaba de cómo el General se levantaba a las cinco
de la mañana y tenía su vida reglamentada para el estudio y el trabajo. Era una especie
de prototipo para ella".
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Cuando Teodoro Jaramillo decidió quedarse
en Pereira, su hijo menor, Jaime, nacido en Abejorral en 1917, todavía no había cumplido
los dos años de edad. Modelo de niño aplicado, aprendió a leer y a escribir cuanto
tenía 4 ó 5 años de edad. Cursada la primaria, su ingreso al bachillerato estuvo
signado por una decisión peculiar: la de convertirse en monaguillo de la Iglesia de
Pereira. "Este oficio -advierte Jaramillo- no lo busqué por religiosidad, sino por
sentido práctico: me pagaban 2 ó 3 pesos al mes, con lo cual pagué mis tres primeros
años de colegio. Después terminó gustándome el oficio".
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La cotidianidad que transcurría entre la
casa, el colegio, la parroquia y los juegos fue de pronto interrumpida por la muerte de la
madre. Las circunstancias entonces cambiaron: la familia se dispersó, él quedó
prácticamente solo y tuvo que retirarse del colegio para ponerse a trabajar todo el
tiempo. Se empleó primero como auxiliar de un médico de Pereira. Después trabajó en un
almacén de ropa y en un negocio de abarrotes. Sin embargo, mientras desempeñaba estos
trabajos, no dejó de estudiar por sí mismo; jamás el empleo lo apartó de la lectura,
que ya era en él una rutina.
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La lectura, en efecto, fue en Jaime
Jaramillo un hábito temprano, adquirido en el seno de una familia donde el acto de leer
se había convertido en una especie de ritual colectivo. Varias veces a la semana se
reunía el círculo familiar, con algunas personas del vecindario, para escuchar la
lectura que la hermana mayor hacía, en sonoro estilo, de ciertos libros famosos. La
lectura de la novela semanal le abrió el universo encantado de los libros.
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Novela, poesía, biografía, historia,
política, todo interesaba a los deseos de lectura y de conocimiento de quien crecía
cultivando un lazo sagrado con los libros. Pero no sólo era la lectura. Se sentía
impulsado a establecer una relación creadora con los asuntos de la vida y la cultura, lo
cual se materializaba en el acto de la escritura. Empezó entonces a escribir pequeñas
crónicas que publicaba en un periódico local.
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En 1936, el joven Jaime Jaramillo tomó
una decisión: viajar a la Capital de la República a perseguir nuevos horizontes, siempre
con la idea de terminar el Bachillerato. Por trabajo no debió preocuparse, pues pronto se
empleó como cajero en el café Colombia, que era de un tío suyo. A su turno, entró a
estudiar en la Escuela Normal Central para varones. Estudiaba de día y por la noche
atendía la caja del café. De esa manera pudo concluir la secundaria e ingresar a la
universidad. Se matriculó en la Escuela Normal Superior aprovechando una beca que a él,
como a otros estudiantes, le había ofrecido el Rector José Francisco Socarrás. La
Normal era en Colombia el principal centro educativo, en el que reinaba un clima de
fecunda renovación intelectual, científica y profesional. Mediando los estímulos
intelectuales de la universidad y, de modo particular, las publicaciones del Fondo de
Cultura Económica de México y la Revista de Occidente, Jaime Jaramillo pudo tener acceso
a las obras de algunos pensadores fundamentales en las ciencias sociales, Marx y Weber
entre ellos. Al mismo tiempo, escribía comentarios de libros que publicaba en Educación,
la revista de la Escuela. Posteriormente, hacia 1945, empezó a publicar sus primeros
ensayos. De su paso por la universidad derivaría el convencimiento -bajo la prédica de
Socarrás- de que era necesario dedicarse a estudiar el país. En 1941 obtuvo el grado de
Licenciado en Ciencias Sociales y Económicas, y de inmediato fue nombrado profesor de la
Normal Superior. Jaramillo fue la primera persona que empezó a enseñar sociología
moderna en la Escuela Normal y luego en la Universidad Nacional.
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En 1946 se hizo acreedor a una de las
becas que el gobierno francés ofreció a varios profesores de la Normal Superior. En
París, ingresó, como alumno, a la Sorbona y a la Escuela de Ciencias Políticas. En la
Ciudad-Luz habría de resultarle crucial el contacto con la historiografía francesa, al
mostrarle el camino de una decisión: dedicarse exclusivamente a la historia. Entre los
diversos historiadores franceses, Jaramillo reconoce que fue Henri Pirenne quien le
transmitió el entusiasmo y el goce por la historia.
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Quince días antes del trágico 9 de abril
de 1948, Jaramillo retornó a Colombia. El y sus compañeros de beca debían reintegrarse
a la Escuela Normal. Se presentaron ante el nuevo Rector, el poeta Rafael Maya, y éste
les respondió que lamentaba mucho, pero en la Escuela no había nada para ellos.
Aprovechando una coyuntura personal, se empleó en la Superintendencia Nacional de
Instituciones Oficiales de Crédito, como Director de Visitadores. Aquí, de paso,
colaboró en la elaboración de una historia de las empresas creadas por el Instituto de
Fomento Industrial.
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Por el lapso de un año, entre 1950 y
1951, Jaramillo fue redactor del periódico El Liberal, cuyo director era Hugo
Latorre Cabal. El diario llevaba la vocería de Alfonso López Pumarejo, quien con mucha
frecuencia visitaba la casa del periódico. Por ese tiempo, Jaramillo se encontraba
realizando su investigación sobre el pensamiento colombiano en el siglo XIX, y un día
llegó López a su escritorio y le preguntó: "Y usted, żen qué anda?".
"Estoy tratando de hacer una investigación sobre las ideas en Colombia", le
respondió. "żLas ideas en Colombia? Pues le va a costar mucho trabajo
encontrarlas", le observó el expresidente. "Sí, Doctor López -comentó
Jaramillo-, es muy difícil encontrarlas, pero usted sabe que el historiador es algo
parecido a la divinidad, hace la creación ex nihilo".
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Mientras tanto, Jaramillo había
adelantado sus estudios de derecho en la Universidad Libre, graduándose, en 1951, en una
profesión que finalmente no ejercería. Al año siguiente se vinculó a la Facultad de
Filosofía de la Universidad Nacional, donde permaneció hasta 1953, cuando viajó a
Alemania, como profesor visitante de la Universidad de Hamburgo.
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A mediados de 1955, regresó a Colombia y
se reintegró a la Universidad Nacional. Fue el momento en que Jaramillo Uribe inició en
esta institución su actividad de historiador que habría de tener una honda repercusión
en la renovación de la historiografía nacional. Con el propósito de promover, por
primera vez en el país, la profesionalización de la historia, creó en 1962 el
Departamento de Historia y su órgano de difusión, el Anuario Colombiano de Historia
Social y de la Cultura. Un hecho significativo fue la formación, bajo la orientación
del profesor Jaramillo, de un grupo de estudiantes que habría de convertirse en el
núcleo principal de la tendencia que, pasando los años, se denominaría "La Nueva
Historia de Colombia", tendencia a la cual se unirían historiadores provenientes de
otras facultades y universidades.
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En 1956 Jaramillo terminó de escribir su
más importante obra, El pensamiento colombiano en el siglo XIX. Con este trabajo,
que sólo sería publicado ocho años después, el autor inauguraba el territorio de la
historia de las ideas. De la misma manera que esta obra no tenía antecedentes en nuestra
historiografía, tampoco ha tenido continuadores. Permanece brillando en un lugar
destacado dentro de los pocos libros clásicos de la historiografía colombiana.
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Obedeciendo a una coyuntura, que no estaba
exenta de un afecto por la ciudad de la infancia, en 1962 escribió una historia de
Pereira, en colaboración con Juan Friede y Luis Duque Gómez. Después de la terminación
de El Pensamiento colombiano, el interés investigativo del autor se desplazó a la
época colonial. Aquí, se ocupó de la demografía indígena, de la esclavitud y del
mestizaje. Sobre la esclavitud elaboró dos trabajos, los cuales, por su novedoso enfoque
socio-cultural, se constituyeron en pioneros de la investigación moderna de la esclavitud
colonial, y en antecedentes significativos de los estudios afrocolombianos. La
investigación del mestizaje como elemento sustantivo de la dinámica social de la Colonia
le permitió a Jaramillo escribir uno de los trabajos paradigmáticos de nuestra
historiografía colonial.
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Correspondiendo a otras temáticas que
siempre han atraído la atención del maestro, publicó los libros Entre la historia y
la filosofía (1968), e Historia de la pedagogía como historia de la cultura (1970).
En 1970, por motivo de jubilación, Jaramillo se retiró de la Universidad Nacional. Se
vinculó entonces a la Universidad de los Andes, donde ejerció la Decanatura de la
Facultad de Filosofía y Letras (1970-1974) y dirigió la revista Razón y Fábula.
A mediados de los años setenta, estuvo como profesor visitante en las Universidades de
Oxford, Londres y Sevilla; poco tiempo después, asumió la Embajada de Colombia en
Alemania, en la cual permaneció dos años.
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Durante su vinculación a la Universidad
de los Andes, que se prolonga hasta el presente, además de dictar las cátedras de
historia, no ha dejado de investigar y de escribir. De este modo, entre 1977 y 1994, han
aparecido tres libros que recogen una interesante y sugestiva variedad de ensayos: La
personalidad histórica de Colombia, el tomo II de los Ensayos de historia social,
y De la sociología a la historia. Un suceso historiográfico de particular
importancia fue la elaboración, bajo la dirección de Jaime Jaramillo, del célebre Manual
de Historia de Colombia.
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Como reconocimiento a su fecunda actividad
intelectual, el profesor Jaramillo ha recibido diversas distinciones, entre las cuales se
cuentan los Doctorados Honoris Causa en Filosofía, otorgados por la Universidad Nacional
(1992) y la Universidad de los Andes (1994); La Cruz de Boyacá concedida por el Gobierno
Nacional (1993); y el Premio Nacional a la Vida y Obra de un Historiador, creado por el
Archivo General de la Nación (1995).
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Hay que pensar en un antes y en un
después de la historiografía colombiana cuando se trata de la obra del maestro Jaime
Jaramillo. A su iniciativa se debe que la historia haya comenzado a tener en Colombia un
espacio académico y profesional en la institución universitaria; que haya dejado de ser
una espontánea y eventual actividad de aficionados para convertirse en un oficio
profesional practicado con el rigor que imponen la teoría, la metodología y la técnica
moderna de la investigación histórica. Puede decirse que con Jaramillo empieza la
historiografía universitaria o nueva historia de Colombia. Bajo su orientación, surgió
la primera generación de historiadores universitarios y profesionales cuya presencia, a
su turno, ha sido importante para el desarrollo de la investigación y la formación de
nuevos historiadores. El discurso histórico de Jaramillo ha contribuido a renovar el
campo de la historia social y cultural de nuestro país, y de modo especial, tiene una
impronta original y fundante en cuanto se refiere a la historia de las ideas en el siglo
XIX y a la historia de la esclavitud y del mestizaje durante la época colonial. Estas son
las principales significaciones que se simbolizan en el Premio que hoy otorga el Grupo
Editorial Planeta al maestro Jaime Jaramillo Uribe, al historiador que hubo de comenzar,
hace quince lustros y ante la mirada del padre, urdiendo y narrando historias infantiles.
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Texto leído
con motivo de la entrega del Premio Planeta de Historia 1998 al profesor Jaime Jaramillo
Uribe, el 3 de diciembre de 1998 en el Gun Club de Bogotá.
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Profesor
del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia.
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