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Los
catorce meses que pasó en Bogotá el poeta mexicano Carlos Pellicer (a partir de finales
de diciembre de 1918) resultaron de sumo provecho tanto para él como para sus compañeros
colombianos. El gobierno de Venustiano Carranza lo había mandado a la Legación de
México en Bogotá como representante de la Federación de estudiantes de México. Allí
estudió en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y se hizo muy amigo de Germán
Pardo García y de Germán Arciniegas, cuya amistad duró casi seis décadas. Rodeado de
jóvenes cultos y talentosos, Pellicer se entregó totalmente a la causa estudiantil y
junto con Arciniegas logró establecer una Asamblea de estudiantes. En Colombia Pellicer
descubrió su vocación americanista y se dedicó con fervor a promover los valores de su
país y a luchar por el acercamiento entre México y Colombia. Fue para él un período de
intenso trabajo y de fuertes emociones al conocer el éxito en el ambiente bogotano. Se
convirtió en el centro de la juventud pensante y dejó huellas perdurables en ese país
por el cual siempre sintió el mayor afecto. De manera especial su poesía, su
liberalismo, su rebeldía, su optimismo lo acercaron a Arciniegas, su mejor amigo en
Colombia. El diálogo entre el poeta y el ensayista entablado en 1919 se mantendrá vivo a
través de las cartas, de los poemas, de las reseñas y de los encuentros hasta los años
setenta.
En la correspondencia con
Carlos Pellicer que se inicia en 1920 cuando éste está a punto de salir para
Venezuela-, Germán Arciniegas deja constancia sobre todo de sus años de formación.
Especialmente las cartas que abarcan el período 1920-1924 (el de mayor abundancia e
interés) ofrecen un claro testimonio de cómo era el joven Arciniegas. Por las numerosas
afinidades que los unen el colombiano encuentra en Pellicer al interlocutor ideal. Sabe
que todas sus inquietudes son también las de su amigo y por eso le confía todo lo que le
pasa tanto en el terreno de la literatura como en el del activismo estudiantil, la
política o el amor. Pese al hecho de que Pellicer es un corresponsal poco puntual,
Arciniegas siente la necesidad de escribirle con regularidad. Estas misivas pueden
considerarse como páginas del diario que no escribió.
Entre los temas que
caracterizan este material destaca en primer lugar el de la literatura. Quizás inspirado
por el ejemplo de Pellicer cuyos versos admiraba mucho (aun antes de que su amigo
publicara su primer libro) Arciniegas cultiva la poesía y la reúne en Harmonías
esfumadas (1919), libro firmado con el seudónimo de León de Gaseyra (combinación de
sus apellidos paternos y maternos). En su primera carta, procedente de la bahía de Santa
Marta el 26 de enero de 1920, asevera que el mejor comentario sobre este poemario juvenil
se debe al erudito librero catalán Ramón Vinyes en la revista Voces que éste
animaba en Barranquilla desde 1917. Arciniegas, quien apenas acababa de cumplir los
diecinueve años, reconoce el valor de esa publicación que intentaba difundir la nueva
estética y entiende el papel que desempeñan las revistas literarias en dar a conocer a
los jóvenes que aún no han publicado un libro. Por eso le lleva a Vinyes colaboraciones
de sus compañeros de Bogotá y espera las de Pellicer. Ya se ve la franca generosidad del
intelectual desinteresado. Hace todo lo posible para que se conozca a la nueva generación
de escritores. Al mismo tiempo sabe apreciar la importancia del futuro personaje de Cien
años de soledad. Dice: "Qué interesante es Vinyes. Inquieto, sutil, poco
metódico en su conversación"
1
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Gaseyra -así firmaba
Arciniegas las cartas de ese período- está consciente de que pertenece a un grupo muy
reducido de artistas y escritores y por ese motivo le duele en 1920 la muerte inesperada
del poeta Alejandro Mesa Nicholls a quien mucho admiraba. Claramente demuestra tener una
aguda sensibilidad poética y crítica al afirmar que León de Greiff es "el primer
artista de la generación joven que brillará en día no lejano, con mucha ventaja, entre
los poetas del continente". Esto lo dice Arciniegas en 1921 cuando el escritor
antioqueño todavía no había publicado su primer poemario. Reconoce que la presencia de
Pellicer lo llevó a apasionarse por la literatura hispanoamericana y en particular por la
poesía. Lee a los colombianos pero también se interesa por Gabriela Mistral, Juana de
Ibarbourou, José Juan Tablada, Efrén Rebolledo y, desde luego, Carlos Pellicer. En
cuanto a su propia obra poética no tarda en aceptar que su camino será otro y cuelga la
lira porque "las cuerdas eran de rejo y sonaban demasiado chusco".
La otra pasión del joven
Arciniegas fue seguramente la causa estudiantil, en la cual puso todas sus aspiraciones.
Igual que Pellicer, cree en la urgencia de unir a la juventud latinoamericana para luego
lograr la unificación de toda América Latina. Se respira en estas cartas la enorme
efervescencia estudiantil de los años veinte con su sed de renovación y de cambio.
Arciniegas se siente obligado a guiar a sus compañeros y le complace ver que su Asamblea
está dando resultados. Inclusive espera que Pellicer pueda ir a Popayán para organizar a
los estudiantes y para dictar conferencias. Lo que más impresiona en Arciniegas es su
energía desbordante. No solamente le fascinan los asuntos de la Asamblea, sino que
participa activamente en el movimiento de los boy-scouts y proyecta gimnasios para el
bienestar de la juventud. No para de luchar por mejorar las condiciones de los
estudiantes. Entiende también la importancia de los intercambios estudiantiles en su
visión de una América mejor. Así quiere aprovechar la presencia de Pellicer en
Venezuela, quien siempre aprueba y admira los proyectos de su amigo. En 1920 Pellicer
reconoce que éste consiguió "desaletargar" a la juventud colombiana y ya le
predice un gran futuro: "Está Ud. entrando de lleno a su vida, a su
hermosa vida de actividad social que le llevará muy pronto a muy alto puesto que la
influencia de sus obras le produzca. Ese puesto que nadie ha ocupado nunca en Colombia lo
gozará Ud. para honra suya y de sus conciudadanos". Y sigue afirmando con
convicción: "El poder de su talento y la fuerza de su actividad, le abrevarán a su
País muchos disgustos, que serán los que Ud. tenga para alcanzar grandes
victorias". Por cierto, a los diecinueve años Arciniegas ya muestra seguridad y
firmeza en sus creencias, así como una amplitud de criterio y un fervor realmente
bolivariano. Para ambos amigos el Libertador era el ejemplo máximo de energía y de
genio.
La intensa labor
estudiantil de Arciniegas se va intensificando y se suceden los triunfos. Le da mucha
satisfacción ver que la Asamblea ha adquirido poder e influencia como, por ejemplo,
cuando produce la renuncia de dos rectores. Asimismo no puede esconder su euforia al
referirse a la exitosa Fiesta del Estudiante ("cosa sin precedentes") o a la
creación de una Asamblea en Medellín. Por otro lado, le desespera el aislamiento de
Colombia y por eso no descansa en su anhelo de mantener el contacto con la juventud
mexicana, la cual le parece ejemplar. Tienen que sacar lo máximo de las circunstancias
del momento: "Estamos en la edad. La edad nuestra. Todo es nuestro". Para 1921
la Asamblea se vuelve Federación y el movimiento se extiende a otros departamentos. La
problemática estudiantil ya se discute frecuentemente en la prensa bogotana y de manera
general se realiza una fuerte actividad intelectual con la participación de escritores
como José Eustasio Rivera, Guillermo Valencia y León de Greiff, entre otros. La música
y las artes plásticas están también presentes en el panorama cultural de la capital
como lo observa Arciniegas. Todo se lo cuenta a Pellicer porque sabe que todo lo que
sucede en Colombia le fascina -la cuestión estudiantil, la vida cultural bogotana, la
actividad política del país.
Efectivamente el tema de
la política figura entre las preocupaciones del joven Arciniegas como lo revela su
diálogo epistolar con Pellicer. Fundamentalmente cree en la justicia y desconfía de la
política estadounidense. Ante la realidad de Panamá o del Perú experimenta una profunda
indignación y no poco dolor. Propone que se superen los rencores y que prevalezca lo
bueno y el "alma hispana". Le angustia la tragedia de México (el asesinato de
Venustiano Carranza) y expresa así su sufrimiento: "Y lloro y llora y llora mi alma
hispana al ver toda esa historia". En Colombia repudia las fuerzas anticuadas y
reaccionarias y respalda al partido republicano. Entiende la necesidad de ver con
serenidad las posibilidades de reforma y de adoptar ideas nuevas. Se trata de una obra de
reconstrucción "para levantar el nivel moral de nuestra América, es que tiene
enredada entre sus raíces la mitad de su alma". Todavía adolescente Arciniegas ya
se entrega a la defensa y a la promoción de lo americano. A partir de 1919 empieza a
colaborar en El Tiempo con artículos sobre temas universitarios y políticos,
tarea que sostendrá a lo largo de toda su vida. En 1921 declara con evidente
determinación: "no descansaré ni un momento hasta no ver a esta tierra vigorosa,
audaz y llena de intranquilidades". Cree firmemente en la libertad y por eso la
tiranía de Augusto Bernardino Leguía en el Perú le es totalmente intolerable. Le duele
la realidad latinoamericana pero la fe y el optimismo prevalecen en el espíritu de
Arciniegas.
Una de las armas
utilizadas por Arciniegas desde su adolescencia para alcanzar sus metas ha sido la
revista. Venciendo todo tipo de dificultad lanza en 1916 Año Quinto y en 1917 Voz
de la Juventud, órgano estudiantil que se distinguió con textos de Rafael Altamira,
Rafael Maya, León de Greiff, Germán Pardo García y Carlos Pellicer. Luego de tres años
de vida se extingue Voz de la Juventud -lo cual representa toda una hazaña
tratándose de cualquier revista cultural, especialmente una publicación juvenil-, pero
Arciniegas no se da por vencido. Al contrario, en 1920 piensa fundar una nueva revista
titulada Nihil y espera lograr con la participación de sus amigos colombianos una
de las mejores publicaciones del continente. Con el objeto de mantener un elevado nivel
intelectual, no harán concesiones: "No hallarán ahí holgura los artistas del bombo
mutuo, ni los consagrados cuando viejos". Nihil nunca vio la luz pero es de
suponerse que este proyecto resultó en 1921 en la revista Universidad. Arciniegas
está convencido de que será una "gran revista" ya que el primer número (24 de
febrero de 1921) tuvo un enorme éxito. Anhela una proyección internacional para Universidad
con la cual se propone borrar las fronteras y unir a la juventud colombiana con la
mexicana. Para ello cuenta con la ayuda de Pellicer para colaborar y repartir la nueva
publicación. De hecho, se encuentran en la primera época de Universidad
(1921-1922) textos de Rafael López, José Vasconcelos y Carlos Pellicer. También le
halaga la colaboración de Luis López de Mesa en las páginas de la revista, la cual ya
es grande -según Arciniegas- "por sus ideales, sus tendencias, sus maneras y la
estatura del director". Apenas publicados cuatro o cinco números de Universidad,
éste declara que la revista ha logrado "mover" y ha conseguido suscitar debates
y comunicarse con América Latina. Así que se van realizando los proyectos que al
principio parecían inalcanzables. El director de Universidad advierte con
satisfacción que ésta "empieza a ser cauce de una corriente poderosa de cultura y
renovación". Es de notar que en sus dos épocas Universidad, gracias a
Arciniegas, le da mucho espacio al arte, en particular al arte nuevo. En sus cartas
Arciniegas se refiere con cierta frecuencia a los nuevos valores del arte colombiano:
Félix María Otálora (será "una revelación"), Gustavo Arcila y sus triunfos,
el acuarelista Pedro Nel Gómez y el pintor Francisco Pizano. Sobre este último, por
ejemplo, le dice a Pellicer (también muy interesado en las artes plásticas) que tiene
apuntes de "gloriosa luz, de factura muy precisa, y unos desnudos entre los cuales
recuerdo alguno de suavidad singularmente atractiva". A los veinte años Arciniegas
ya manifiesta un certero juicio estético y un buen conocimiento de la actividad
artística y literaria en Colombia. Es más, sueña con organizar no sólo exposiciones de
arte sino conciertos y conferencias y piensa fundar una editorial. En todo lo que hace se
revela su espíritu curioso, inquieto e inquisidor, siempre abierto a las nuevas
corrientes.
Con el número del 20 de
abril de 1922 Universidad deja de existir, pese a su éxito con el público, y no
volverá a surgir sino hasta 1927. El año de 1922 es significativo en la vida de
Arciniegas porque conoce en el primer Congreso Nacional de Estudiantes que se celebra en
Medellín a la mujer que será su compañera durante toda su vida. De vez en cuando su
correspondencia con Pellicer se vuelve más íntima como cuando en enero de 1923 le hace
la siguiente descripción de Gabriela Viera: "una mujer extraordinaria, fuerte como
una amazona, inteligente como la reina de las amazonas, de mi exacta estatura y de una
joven belleza y originalidad que me sedujo". Gracias a su actividad estudiantil
Arciniegas descubre la felicidad personal. Por otra parte, a los 22 años de edad su
incesante labor le merece el reconocimiento de uno de los grandes pensadores
latinoamericanos. De hecho, debido a las palabras entusiastas de Pellicer, José
Vasconcelos se entera del trabajo del colombiano y le manda el 28 de mayo de 1923 la
conocida "Carta a la juventud de Colombia", un poderoso documento sobre la
integración latinoamericana y el papel de los jóvenes, ideas muy cercanas a las de
Arciniegas quien aprovecha aquel texto para apoyar su polémico nombramiento de
Vasconcelos como "Maestro de la Juventud". Todo ello representa la culminación
del proyecto americanista del joven Arciniegas, o sea el de estrechar las relaciones entre
su país y el resto de América Latina. No cabe duda de que el ensayista bogotano
encontró ecos de sus propias convicciones en los conceptos de justicia, libertad y
solidaridad abogados por el Secretario de Educación Pública de México. En efecto,
durante esa época Arciniegas se ocupó en varias ocasiones de la enorme tarea vasconcelista
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Por desgracia el
epistolario entre Arciniegas y Pellicer que se ha conservado registra un largo lapso entre
1924 y 1930 quizás debido a los extensos viajes del poeta mexicano por Europa. Con una
carta de Arciniegas fechada el 25 de agosto de 1930 se reanuda el intercambio epistolar.
Ahora en Nueva York éste contempla con cierta satisfacción el ambiente político de su
país y asevera que Colombia en poco tiempo "se ha superado a sí misma, y ha hecho
lo mejor de su historia". De nuevo recalca el papel decisivo de la juventud pero
tiene que reconocer que todavía queda mucho por hacer: "Qué horas de angustia que
viven nuestras repúblicas. Pensar que nosotros movimos a los estudiantes, pero que no les
hemos dado la fe, los hemos unido, pero alrededor de nada". Su compromiso con la
causa estudiantil no ha disminuido y seguirá luchando por ella. Cabe recordar que su
primer libro, escrito durante su misión diplomática en Londres y publicado (con la ayuda
de Vasconcelos) en Madrid en 1932, aborda el tema de los estudiantes y su impacto a lo
largo de la historia. En ese mismo año, luego de haber ampliado sus horizontes en los
Estados Unidos e Inglaterra, regresa a Bogotá para "trabajar otra vez al lado de los
muchachos", es decir en nombre de los estudiantes como miembro de la Cámara de
representantes de Colombia. Así culmina su sostenida dedicación a los problemas
estudiantiles y universitarios de su país tal como lo comprueban los primeros años de su
correspondencia con el autor de Colores en el mar.
En resumidas cuentas, este material
epistolar nos permite ver a un Arciniegas joven, precoz y maduro. Muy temprano ya se fija
su ideal americanista y empieza a luchar por él mediante la amistad, la prensa, la
acción y la cultura. Sus casi ochenta años de vida desde 1920 y sus sesenta libros
serán en buena parte un desarrollo cabal de algunas de las ideas y actitudes que aparecen
en esas cartas juveniles
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estudiante de esa época se convertirá en el "Estudiante de América"
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