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REVISTA HISTORIA CRÍTICA
(selección de artículos de los números 17, 18 y 19)
Esta es una publicación del Departamento de Historia - Facultad de Ciencias
sociales
Universidad de Los Andes
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un
estudiante maestro
1
Angela Rivas Gamboa
2
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Las primeras décadas del siglo XX en Colombia
fueron testigo de proyectos políticos y culturales animados por discursos de
intelectuales que desde distintos escenarios y a través de ideas novedosas buscaron
involucrararse en la construcción de nuestra nación. Esas nuevas visiones de la sociedad
cristalizaron a la larga en el proyecto cultural y político de "La República
Liberal" (1930-1946). Fue este un período de expectativas de cambio, entre las que
se destacan: la reorientación del Estado, impulsada por gobiernos liberales tras una
serie de gobiernos conservadores; el cuestionamiento de los paradigmas de organización de
la sociedad nacional; la institucionalización de principios laicos y racionales, como
nuevos pilares de la organización de la sociedad y la cultura nacional; la búsqueda y
creación de nuevas formas de expresión artística y literaria; y la aparición de nuevos
espacios intelectuales, como los cafés. La construcción de significados e iniciativas de
renovación, a partir de ideas sobre la cultura, la identidad y el progreso de la nación,
se reflejaron en propuestas relacionadas con la educación de las nuevas generaciones.
Las siguientes páginas
se remontan a esos momentos y se articulan en torno a la figura de Germán Arciniegas. En
ellas, el joven intelectual de principios de siglo XX se revela en sus andanzas por los
ámbitos estudiantiles y los círculos intelectuales, en su participación en el
movimiento de reforma universitaria y su rol de constructor de redes mediante la
fundación y dirección de revistas. Las actuaciones de Arciniegas y su irrupción en la
vida nacional, se recrean a partir de fragmentos inspirados en la idea de explorar la
producción de referentes y significados culturales, como creaciones intelectuales que
jalonaron el despertar de Colombia al siglo XX. A su vez, este conjunto de fragmentos
proyecta una triple mirada: dibuja los primeros trazos de escenarios que fueron testigos
del quehacer intelectual de Gemán Arciniegas en las primeras décadas del siglo XX,
esboza redes sociales y núcleos que rodearon a este personaje e intenta penetrar en sus
discursos en la educación de los colombianos, el confesionalismo del país y la re-construcción
3
de la nación.
Sin dejar de estar
ancladas en las acciones e ideas de Arciniegas, las siguientes páginas se inclinan hacia
lo que podría llamarse una mirada etnográfica del pasado, interesada en la producción
intelectual de proyectos culturales y políticos de cambio y a la exploración de los
ámbitos en los que se gestaron dichos proyectos. De igual forma, al seguir las andanzas
del joven Arciniegas de principios del siglo XX, el siguiente texto explora también la
construcción de ese país a transformar, en el cual Arciniegas y sus contemporáneos
intelectuales soñaron y para el cual construyeron alternativas y discursos vanguardistas
que revelan una Colombia imaginada, y probablemente muy distante, e incluso en contravía,
del país que nos legaron.
Desde finales del siglo
XIX había en la capital colombiana uno que otro café, imitación criolla de los
tertuliaderos y restaurantes europeos. Existían el Florián, el Madrid y el Italia. Los
cafés o cantinas fueron tomando fuerza a medida que se imponía la costumbre de tomar
tinto y desplazaron las boticas, las barberías, las sastrerías, las librerías y los
atrios como lugares por excelencia para las tertulias masculinas
4
. Con la llegada del siglo XX el café invadió las distintas
ciudades y en la capital se especializó poco a poco en cierta clase de clientes. Al Café
Victoria iban los políticos, periodistas y escritores. Igualmente lo visitaban los
entusiastas del franquismo, que también se daban cita en el Asturias. A La Cigarra iban
los interesados en conocer las últimas noticias, que el diario El Espectador registraba
en una pizarra dentro del café. Este era asimismo el punto de reunión de los políticos
liberales y sus adeptos
5
. También
existían el Café Riviere y el Pennsylvania, que eran frecuentados ocasionalmente por
jóvenes intelectuales. El más concurrido solía ser el Café Windsor. Situado en la
trece con séptima, este café se hallaba a mitad de camino entre las oficinas de los
principales diarios y los directorios políticos, y rodeado por los más importantes
centros de enseñanza superior y las mejores librerías de la ciudad. Tal vez por ello se
convirtió en el escenario de un público "heterogéneo pero cultivado". En él
coincidían los contertulios de la Gruta Simbólica y los centenaristas, al lado de
"Los leopardos", de tendencias fascistas, y de "Los nuevos", que
abogaban por una reforma literaria y política
6
.
Sin llegar a ser un grupo
homogéneo, "Los nuevos" se integraron bajo el influjo de José Enrique Rodó,
con su obra Ariel. Combatieron la política de Teodoro Roosevelt, promovieron la unidad
latinoamericana, el amor a lo terrígeno y la reivindicación de lo propio
7
. A algunos de sus miembros los animaba el socialismo, a otros
los entusiasmaba el anarquismo, aunque en el fondo todos avalaban las ideas liberales
8
. Así, conformaron un grupo
que gustaba de mostrarse irreverente contra la llamada "Generación del
centenario" y vivía en una atmósfera ligeramente bohemia
9
.
"Los nuevos"
consideraban que los centenaristas carecían de un contenido ideológico que los
diferenciara de las generaciones anteriores y que, si bien tenían una importancia
histórica, eran cuestionables su inclinación a la abstracción y su búsqueda de rumbos
nacionales apoyados en ideas extraídas de la literatura y la teoría. Por esto, frente a
la tradición gramatical, académica y retórica, la juventud esperaba introducir una
manera distinta de sentir los problemas sociales. La nueva generación pretendía fundarse
en una visión concreta de la patria y en la escritura de sus ideas sobre lo colombiano
percibido como una realidad desnuda, sin preocuparse por dignificarla con referencias insólitas
10
.
"Los nuevos"
imputaban igualmente a la literatura centenarista una especie de falso romanticismo y
cierto provincialismo, defectos que se proponían subsanar mediante un arte que fuese a la
vez sincero, más humano y más universal. En el terreno político, perseguían la
renovación de los partidos y se rebelaban contra la estructura estatal que concedía la
libertad política y negaba la independencia económica. También abogaban por una honda
reforma de la educación pública y por la apertura universitaria a las tendencias y los
acontecimientos mundiales
11
.
Estas y otras ideas
propias de "Los nuevos" irrumpieron en la vida colombiana de la década del
veinte a través de escritos que eran publicados en diarios como La República y El Tiempo
12
y, desde 1925, de una revista
llamada Los Nuevos
13
, cuyos
organizadores recibieron el apelativo de los "Alegres compadres del Windsor",
porque al caer la tarde se tomaban las mesas de dicho café, aunque de vez en cuando
frecuentaban también el Riviere y el Pennsylvania
14
.
Además de los cafés,
las oficinas de los diarios y revistas fueron otro punto de encuentro intelectual. Una de
estas grandes tertulias tenía como sede las oficinas de El Tiempo, más exactamente el
escritorio de Eduardo Santos
15
, en
donde, casi siempre después de la comida, había discusión política para liberales y
conservadores, que iban allí y se sentían como en su propia casa
16
. Tales reuniones, en las que se congregaban periodistas como
Luis Eduardo Nieto y Jaime Barrera Parra, junto con algunos políticos, ministros y uno
que otro embajador
17
, son recordadas
por Germán Arciniegas en los siguientes términos:
[...] hacia las doce de
la noche empezaban a llegar políticos, escritores y literatos, a conversar sobre las
cosas del día, y eso se prolongaba hasta la una, dos, tres de la mañana [...] todos
caían siempre a El Tiempo [...]. Las tertulias de El Tiempo eran famosas, el doctor
Santos era un conversador formidable, era un gran lector, había viajado por Europa y
conocía todos los interiores de la política, de manera que muchas veces de ahí, de esas
conversaciones, salía material para los editoriales, o para las "Cosas del Día"
18
.
Fuera de la conversación
amena y de la posibilidad de conocer a figuras de la política nacional e internacional o
de enterarse de primera mano de los últimos acontecimientos, el éxito de estas tertulias
estuvo ligado al influjo inmenso sobre la opinión pública y la vida nacional que para
ese momento ejercían Eduardo Santos y El Tiempo, tal como se aprecia en la siguiente
anécdota:
[...] cuando fue nombrado
ministro de educación el doctor Juan N. Corpas, eminente cirujano, muy conservador y muy
católico, El Tiempo se pronunció contra ese nombramiento. Corpas quiso renunciar
inmediatamente y si desistió de su propósito fue porque Lleras Acosta, que lo conocía
muy bien, pidió a Santos que abriera para el nuevo Ministro un paréntesis de
benevolencia, a lo cual accedió el Director sin que después tuviera que arrepentirse por
ello
19
.
Aunque tanto el café
como las oficinas de diarios y revistas fueron escenario de tertulias en las primeras
décadas del siglo XX, pueden señalarse diferencias entre las reuniones celebradas en
unos y otras. Los cafés, como espacios públicos de sociabilidad, eran propicios para
debates acalorados y enfrentamientos entre grupos intelectuales de la elite capitalina,
los cuales, sin llegar al uso de la violencia física que se presentaba en las cantinas y
chicherías de la época, soportaron muchas veces actitudes de agresión y sectarismo,
asociadas a menudo a lealtades partidistas y posiciones ideológicas. Estas disputas
intelectuales tuvieron a su vez incidencia en la opinión pública, a través de medios de
comunicación como la prensa, las revistas y, eventualmente, la radio, y suscitaron no
pocas veces la polarización de algunos sectores de la sociedad nacional. En una posición
diferente, las oficinas de diarios y revistas, como espacios privados de sociabilidad,
acogían a figuras con tendencias partidistas e ideológicas diversas y en ellas un grupo
selecto protagonizó actos de negociación y diálogo. Estas transacciones sólo
incluyeron al pequeño grupo congregado en cada tertulia; sus resultados, no obstante,
trascendieron a otros espacios de la vida nacional, como la política, la economía y las
actividades sociales y culturales. Las características de la sociabilidad de las elites,
además de diferenciarlas de las formas de sociabilidad de otros grupos de la sociedad
nacional, permiten vislumbrar así la existencia de diversos ámbitos de producción de
referentes culturales, en los que las relaciones intelectuales se desarrollaban de
distintas maneras y el saber y el poder se conjugaban de formas diversas.
En los cafés y las
oficinas de periódicos y revistas Germán Arciniegas personificaba al joven intelectual
de las primeras décadas de este siglo que incursionaba en la vida nacional; pero también
representaba la vinculación del país a la inteligencia internacional, en especial a las
corrientes de pensamiento iberoamericanas que marcaron esta época y plantearon el
renacimiento de los pueblos americanos a partir de la búsqueda y el estudio de lo
autóctono. En Arciniegas esta influencia se aprecia, según Cobo
Borda
20
, en sus referencias básicas: el colombiano
Baldomero Sanín Cano; los argentinos Héctor Ripa Alberdi, Gabriel del Mazo y Francisco
Romero; los mexicanos José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes; los
peruanos Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez; y los venezolanos Mariano
Picón Salas y Arturo Uslar Pietri. Como influencias particularmente notorias sobre
Germán Arciniegas se pueden destacar las propuestas educativas de México, en particular
de José Vasconcelos, y el movimiento estudiantil de Córdoba, Argentina (1918). En ambos
casos se trató de procesos que fueron telón de fondo e inspiración de varias de sus
actuaciones ligadas a la transformación de la educación nacional y al despertar de los
estudios de la cultura y la sociedad colombianas, característicos de las primeras
décadas del siglo XX.
Arciniegas no sólo se
inspiraba en las obras de los pensadores iberoamericanos, sino que también mantenía
correspondencia e intercambiaba ideas con algunos de ellos. José Vasconcelos, consagrado
como Maestro de la Juventud, le escribía durante los años 1920 y 1930 cartas dirigidas a
la juventud colombiana. Para 1923, entre los corresponsales de Arciniegas se contaba
Héctor Ripa Alberdi, uno de los líderes del movimiento universitario argentino. En el
mismo año, Francisco Romero, desde Buenos Aires, y Germán Arciniegas, desde Bogotá,
mantenían un intercambio epistolar de ideas sobre el problema universitario. A medida que
avanzaba la década del 30, Arciniegas se relacionaba con otros iberoamericanos, como el
venezolano Mariano Picón Salas y el cubano Fernando Ortiz
21
. A finales de los años 1930, además de mantener contacto
con pensadores de distintos países, hacía parte de la vida intelectual de naciones como
Argentina, donde cobró celebridad a partir de 1939 en los debates de la Revista Sur
22
y conoció a Stephan Zweig, uno de los
intelectuales más destacados de esa década y quien fuera el principal promotor de sus
obras fuera del mundo hispanohablante
23
.
I. los mundos estudiantiles
Según Gerardo Molina
24
, entre 1918 y 1930 el movimiento
estudiantil jugó un papel decisivo en Colombia. La beligerancia de los jóvenes contra el
andamiaje político y cultural se vio estimulada por la integración del país a la
economía internacional y por el ascenso de las clases medias, en tanto que las
actividades estudiantiles estuvieron marcadas, en parte, por las revoluciones mexicana y
soviética, así como por el movimiento estudiantil de Córdoba. En nuestro país, uno de
los líderes estudiantiles fue precisamente Germán Arciniegas
25
. Su intervención en la vida estudiantil colombiana se
remonta a 1916, cuando creó Año Quinto, y a 1917, año en que fundó y dirigió Voz de
la juventud, un periódico concebido para difundir la idea de crear una Federación de Estudiantes
26
. Estas primeras
actividades fueron la antesala de su participación en el movimiento estudiantil
colombiano, en el cual, según apunta Abelardo Forero, fue el asesor intelectual de una
banda de muchachos inconformes y el consultor de los grupos revolucionarios e iconoclastas
27
, consagrándose como
un gran agitador de estudiantes y el principal promotor de la reforma universitaria.
La intervención
orgánica del estudiantado en la vida nacional y en la transformación de la universidad
colombiana fue el móvil de las actuaciones de Germán Arciniegas en el movimiento
estudiantil. Guiado por ese ideal, conformó en los años veinte el grupo de "Los
precoces" y promovió la organización del estudiantado a través de organizaciones
como la Asamblea de Estudiantes, la Federación de Estudiantes de Colombia y la revista
Universidad, desde donde impulsó la elección del Maestro de la Juventud, los reinados y
carnavales, y las huelgas y congresos de estudiantes
28
.
En 1920, Carlos Pellicer
vino a Bogotá como agregado de la legación de México ante el gobierno colombiano. Esto
hacía parte del plan trazado por José Vasconcelos, consistente en nombrar un estudiante
como agregado cultural de cada embajada mexicana. A su llegada a Bogotá, Pellicer entró
en contacto con Arciniegas, director entonces de Voz de la juventud, con quien coincidía
en la idea de movilizar la Federación de Estudiantes. Ambos convinieron instalar la
Asamblea de Estudiantes, en cuyo seno se fundó en febrero de 1921 la Federación de
Estudiantes de Colombia, como un medio para aunar permanentemente los esfuerzos
estudiantiles y ejecutar así un programa integral y vigoroso. La Federación desempeñó
un papel aglutinador de primer orden, luchó por el bienestar de los estudiantes, trabajó
para vincularlos con la realidad nacional y fomentó las relaciones de los jóvenes
colombianos entre sí y con universitarios del exterior. Gracias a sus esfuerzos, hacia
finales de la década del veinte la Federación tenía mucha importancia en la vida
social, política y académica del país
29
.
Como parte de las
actividades tendientes a la integración de los estudiantes colombianos y su vinculación
con la realidad nacional, la Federación promocionó concursos científicos y artísticos,
y emprendió una campaña contra las "enfermedades sociales"
30
y una cruzada pro-extensión universitaria que transcendiera
a las clases populares. En cuanto a las relaciones internacionales, sus dirigentes
argumentaron que la fuerza de las federaciones estudiantiles era un reclamo internacional
y erigieron en ideal el cultivo de lo autóctono, testimoniando así el ascendiente de
pensadores iberoamericanos como Carlos Mariátegui, José Vasconcelos y José Ingenieros
31
. En particular
Vasconcelos, quien, como se verá, fue una figura emblemática para los estudiantes
colombianos y cuyos mensajes, junto con los de Ingenieros, fueron publicados en la revista
Universidad.
Continuar
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1
Este texto hace parte de la monografia de grado Pasiones de la razón: reparar el alma de
la patria y cultivar el cuerpo de la nación, que bajo la dirección de Gonzalo Sánchez
presenté para optar al titulo de Antropóloga en la Universidad de los Andes.
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2
Antropóloga y estudiante de Doctorado en Antropología, Rice University, Houston (Texas).
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3
Empleo el término re-construcción para referirme a nuevas formas de construcción de la
nación. Es decir a propuestas que nacen de otra mirada, de otra forma de pensar la
sociedad y la cultura colombiana, y que expresan así el deseo de transformar la realidad
nacional.
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4
LONDOÑO, Patricia, LONDOÑO, Santiago, "Vida diaria en las ciudades
colombianas", en Nueva Historia de Colombia, Vol. 4, Bogotá, Planeta Colombiana
Editorial, 1989.
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5
ENTREVISTA con Pascual del Veccio y Graciela Del Veccio. Bogotá, septiembre 23 de 1996.
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6
LONDOÑO, Patricia, op. cit.; RODRIGUEZ, Ricardo, "Cafés y tertulias
literarias", en Gran Enciclopedia de Colombia, t. 5, Bogotá, Círculo de Lectores,
1992, pp. 229-244.
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7
CACUA P, Antonio, Germán Arciniegas. Su vida contada por el mismo, Bogotá, ICELAC
Universidad Central, 1990, pp. 201.
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8
RODRIGUEZ, Ricardo, op. cit., p. 236.
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9
LLERAS R., Carlos, "Comienza el Gran Vuelvo", en Nueva Frontera, No. 6, Bogotá,
1974, noviembre, p. 10.
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10
ARCINIEGAS, Germán, Memorias de un congresista, Bogotá, Editorial Cromos, 1933, p.
48.
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11
ZALAMEA, Jorge, Literatura, Política y Arte, Bogotá, Biblioteca Popular, 1978, pp. 591
ss.
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12
ENTREVISTA con Germán Arciniegas, Bogotá, noviembre 7 de 1996.
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13
Esta publicación se creó en 1925 y apareció quincenalmente como revista literaria.
Tenía como director a Felipe Lleras Camargo y como secretario de redacción a Alberto
Lleras Camargo. Su junta directiva estaba conformada por Rafael Maya, Germán Arciniegas,
Eliseo Arango, José Enrique Gaviria, Francisco Umaña Bernal, José Mar, Abel Botero,
Jorge Zalamea, León de Greiff, M. García Herreros, Luis Vidales y C. A. Tapia y S.
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14
RODRIGUEZ, Ricardo, op. cit.
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15
Germán Arciniegas asistía ocasionalmente a estas reuniones, gracias a su relación con
Eduardo Santos, con quien se conoció desde su época de estudiante, cuando Santos empezó
a publicarle artículos en El Tiempo. Más adelante lo llamó a dirigir una página, luego
la sección editorial, después lo nombró jefe de redacción y finalmente director de El
Tiempo. Ver CACUA, op. cit., pp. 193, 204, 215.
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16
LLERAS R., Carlos, "La etapa final de la administración Olaya", en Nueva
Frontera, No. 10, Bogotá, diciembre 1974, p. 11.
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17
ENTREVISTA con Germán Arciniegas, Bogotá, mayo 6 de 1997.
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18
Ibid.
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19
LLERAS R., Carlos, "La etapa final
", op. cit., p. 11.
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20
COBO BORDA, Juan Gustavo, Arciniegas desde la perspectiva de sus contemporáneos, Bogotá,
Instituto Caro y Cuervo, Serie La Granada Entreabierta, 1990, pp. XIII-XXXIV.
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21
COBO BORDA, Juan Gustavo, "Prólogo", en Juan Gustavo Cobo (comp.), Una Visón
de América. La Obra de Germán Arciniegas, 1987.
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22
COBO BORDA, Juan Gustavo, Arciniegas desde la perspectiva
, op. cit., pp. XIII-XXXIV.
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23
LOMNE, Georges, El Exilio de Don Quijot,e Conferencia dictada en la Universidad de los
Andes, Bogotá, 14 de abril de 1997.
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24
MOLINA, Gerardo, Las ideas liberales en Colombia de 1935 a la iniciación del Frente
Nacional, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1978.
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25
LLERAS R., Carlos, "Otros Recuerdos de los Primeros Tiempos", en Nueva Frontera,
No. 14, Bogotá, enero 1975, p. 10.
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26
CACUA, op. cit., p. 59.
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27
Ibid., p. 173.
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28
Ibid., p. 89.
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29
LLERAS R., Carlos, "Así éramos en 1933", en Nueva Frontera, No. 13, Bogotá,
1975, enero, pp. 10-11, 18.
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30
Si bien el comunicado estudiantil no define las "enfermedades sociales", esta
denominación alude en las primeras décadas del siglo XX a enfermedades como la
delincuencia, el alcoholismo, la lues venérea (sífilis) y la infección nesseriana
(blenorragia). Así se desprende, por ejemplo, de la exposición de Luis López de Mesa
durante las conferencias sobre los problemas de la raza en Colombia, celebradas en Bogotá
en 1920. Ver: VARIOS, Los Problemas de la Raza en Colombia, Bogotá, Linotipos de El
Espectador, 1920.
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31
ENTREVISTA con Germán Arciniegas, Noviembre 7 de 1996.
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