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Para
un pensamiento fundado en la operación dicotómica, el principio del todo o nada no tiene
solamente un valor eurístico, sino que expresa una propiedad del ser: todo ofrece un
sentido, pues si no, nada tiene sentido.
Claude Lévi-Strauss
A la différence de la catégorie universelle
sous-jacente, le concept de vérité peut non seulement varier de culture à culture, mais
aussi être diversifié à l'intérieur d'une même culture.
Dan Sperber
Un texto, o un discurso, se hace simbólico
desde el momento en que, mediante un trabajo de interpretación, le descubrimos un sentido
indirecto.
Tzvetan Todorov
El pensamiento se organiza de acuerdo a las
estructuras simbólicas
[1]
públicas disponibles
[2]
, estructuras que varían de
una cultura a otra, o de un grupo sociocultural a otro, y que responden a un dispositivo
simbólico general, propio de la especie humana. Cuando se habla de simbolismo, se habla
de un dispositivo cognitivo autónomo, que participa en la constitución del saber
(saberes de todo tipo) y en el funcionamiento de la memoria
[3]
. En contextos sociales
diferentes, aún en el seno de una misma cultura o de una misma comunidad, las estructuras
simbólicas producen una multiplicidad fragmentada y diferenciada de
representaciones
[4]
, que se materializan en
prácticas diferentes (prácticas mágicas, prácticas discursivas, políticas, médicas,
económicas, etc.). Las prácticas mágicas son, entonces, una forma más de aproximación
al entorno, de puente entre individuos o sociedades y la naturaleza, cuya característica
básica reside en que tienen eficacia simbólica.
Las prácticas
mágicas, pues, hacen parte de los sistemas simbólicos, son aparatos cognitivos, sistemas
de conocimiento, que proporcionan formas distintas de acercarse al mundo y de construir y
constituir lo real, así como de intervenir sobre el mundo. Estas prácticas y
los diferentes universos simbólicos y referentes desde los que se interpreta, se observa
y se piensa, generan diferentes imaginarios respecto al otro y a los otros,
que posibilitan y permiten el reconocimiento y la caracterización de los demás, es
decir, de individuos o de grupos culturales: de unos individuos respecto a otros y de unos
grupos étnicos o culturales respecto a otros. Las prácticas mágicas son un
lenguaje, un sistema simbólico completo
[5]
, con una lógica interna de
funcionamiento, que se rige por sus propias reglas, su propia gramática y de
acuerdo a sus propios mecanismos, y actúa donde otros saberes son ineficaces. Por lo
tanto, una lectura desde otro sistema o saber -bajo los parámetros de otro lenguaje- se
hará sólo bajo el riesgo de una mala interpretación o de una interpretación
defectuosa.
De forma esquemática se podrían definir los
imaginarios culturales como el bagaje mental con el cual una cultura, un grupo social o un
conjunto de individuos se acercan a lo real, y por medio de los cuales
clasifican, distinguen, interpretan y caracterizan el mundo y a las personas que los
rodean.
[6]
Las acusaciones de brujería, hechicería, curanderismo y similares son un medio de
control social y, su persecución como delito, una forma de marginalización o puesta en
orden de los sectores sometidos de la sociedad (minorías, grupos segregados, explotados o
sectores sometidos).
[7]
Algunos jueces persiguen a
indios, negros, mestizos de todos los colores, blancos pobres cultura popular
[8]
- y mujeres por sus formas
mágico-culturales de conocimiento y relación con el entorno o por la necesidad política
de contar con cierta homogeneidad cultural, que permita el funcionamiento de cierta idea
de gobierno. Por medio de la penalización se pretendía impartir orden y controlar
determinadas prácticas, individuos, grupos o tipos culturales
[9]
. La persecución también
tenía como propósito la occidentalización, cierta homogeneización cultural
de las capas subalternas de la sociedad, y complementaba los esfuerzos de cristianización
de curas y doctrineros. Su objetivo, sin embargo, estuvo lejos de cumplirse y más que un
exterminio, se produjo una amalgama de creencias y prácticas de diversa procedencia, que
hacen hoy parte del patrimonio cultural de los colombianos.
De igual manera, las prácticas mágicas
participan en la producción y solución de conflictos y en todo el engranaje de control y
autorregulación sociales, propios de las sociedades del Antiguo Régimen
[10]
. Hacen las veces de válvula en
las relaciones sociales y definen ciertos espacios de interrelación entre los grupos
sociales y entre las personas, siendo una característica fundamental el hecho de que la
mayoría de las personas que se ejercitan en dichos saberes o quienes son acusadas por
dichas prácticas, aún sin ejercerlas, son intermediarios culturales, y un gran número
de ellos, además de intermediarios culturales
[11]
, son también mestizos
culturales. Estas personas que ocupan una posición de intermediación en la sociedad,
anfibios culturales que nadan, no ya únicamente entre la(s) cultura(s) popular(es) y la
cultura de élite o entre grupos sociales, sino entre diferentes culturas y grupos
étnicos, están expuestas a todas las miradas y por su papel en la sociedad están
también expuestas a suscitar enemistades y a estar en el centro de los conflictos. Muchos
las conocen y esta visibilidad posibilita que sean presa fácil para convertirlas en
chivos expiatorios o que sus faltas a las convenciones religiosas, sociales, éticas o
morales sean más rápidamente señaladas o denunciadas. No solamente resultan a menudo
acusadas, con frecuencia también se convierten en acusadoras de los otros, pues
generalmente conocen a muchas personas, se comunican y hablan bastante
acusados
è
intermediarios culturales
Los intermediarios culturales los
cirujanos, los médicos, las parteras, los sastres, las lavanderas, los sirvientes, los
esclavos domésticos, los sacristanes, los plateros - se hallan a caballo entre los
diversos mundos (comerciantes portugueses, cristianos nuevos sospechosos todos de ser
judíos; burocracia letrada, compuesta por cristianos viejos; encomenderos, propietarios
de minas y de plantaciones y por ende controladores de la población indígena y esclava,
con muchos intereses para defender; administración pública en general, con funcionarios
no siempre muy instruidos y a veces partícipes de la cultura popular; gente blanca de
calidad, que trabaja poco y tiene tiempo para gastar en embelecos o en controlar las vidas
ajenas; indios y esclavos explotados, ejerciendo las más variadas tareas y casi
omnipresentes en todos los lugares; gente blanca pobre y mestizos, ocupados en los más
variados oficios; monjes, curas, monjas, predicadores y conventos...) y sus oficios o
funciones los colocan en lugar de privilegio para ser visitados. Ciertos esclavos del
servicio, por ejemplo, visitan el mundo de los negros, el de los amos propios y el de los
amos de otros negros, entran en las casas llevando recados y encargos, van al mercado a
hacer las compras y entran en contacto con los comerciantes, van libres por la ciudad y se
meten en rincones, donde una señora y escasamente un señor podrían entrar. Esta
movilidad
[12]
les permite a su vez adquirir
saberes, como el de la magia amorosa y ponerlos en práctica, saberes que por definición
son de intermediación cultural, social y de género.
Sus oficios los colocan muchas veces en el
límite entre la vida y la muerte, condición ya sospechosa y blanco fácil de la denuncia
por ser muchas veces el último eslabón en el camino hacia la muerte. Objeto de denuncia
son aquéllos que trabajan en el campo de la salud (curanderos, cirujanos, parteras -el
oficio las inculpa, por las tasas tan altas de mortalidad de bebés y madres en la
época-, barberos, curadoras de ales de madre, esclavos del hospital,
yerbateros, herbolarios...), como aquéllos que ofrecen los últimos servicios a los
muertos, como los amortajadores, oficio cercano a la muerte y no libre de sospecha, pues
el contacto con los muertos puede posibilitar el uso de partes de los mismos en la
fabricación de hechizos y maleficios.
Una parte de los acusados, especialmente los
curanderos/as y yerbateros/as, son, además intermediarios culturales, mestizos
culturales. Se encuentran en la frontera de las culturas y, particularmente, de las
medicinas, situación que los hace doblemente marginales. En el caso americano colonial
esta frontera entre las culturas es tal vez más nítida y paradójicamente también más
difusa, porque no se limita a la cultura popular/cultura de élite e involucra elementos
de varias culturas totalmente diferentes. Estos hombres y mujeres mezclan prácticas y
conocimientos médicos, ritos y costumbres provenientes de dos o tres vertientes
distintas: de la española, de la(s) negra(s) o de la(s) india(s). Algunos llegan
inclusive a aprender el oficio al lado de un médico inscrito en la tradición
mediterránea
[13]
, pero en el ejercicio emplean
también rituales y plantas americanas procedentes de la tradición indígena y prácticas
adivinatorias y métodos de tratamiento con origen en los tres continentes. De la mayoría
de ellos podríamos decir que son mestizos en el sentido completo de la palabra: son
mestizos de sangre y son mestizos culturales, además de intermediarios culturales
no todos los mestizos culturales, que en el Nuevo Reino son la mayoría, son
intermediarios culturales-, pertenecen a las clases subalternas y, a su vez, su práctica
se dirige fundamentalmente a estas últimas.
En el lenguaje popular se agrupa bajo el nombre
de brujería un espectro muy amplio de prácticas de corte mágico y se
denomina brujos o brujas a sus practicantes
[14]
, cuando en realidad poseen
características claramente diferenciables. La lengua española cuenta con una gran
riqueza de vocablos para clasificar y distinguir los diversos matices de dichas
prácticas. Esta diversidad práctica y lingüística hizo que en el mundo español de los
siglos XVI, XVII y XVIII se presentaran acusaciones alrededor de las prácticas mágicas
claramente diferenciadas, definidas explícitamente con términos diferentes, con
connotaciones precisas y aplicadas a grupos sociales o étnicos diferentes: hechiceras/os,
brujas/os, supersticiosos/as, sortílegos/as, adivinos/as, chamanes mohanes y
mohanas-, nigromantes, zahoríes, herbolario/as, yerbateros/as, ensalmadores,
curanderos/as, conjuradores de estrellas, embaucadores... La valoración jurídica que de
ellas se hacía, su valoración como delito, su gravedad, así como su
castigo, estaban también bien definidos.
Las prácticas mágicas son de antigua data,
tanto para España como para África o América, pero el uso que se hace de ellas para
solucionar conflictos o verbalizar problemas o rivalidades o tomar venganza, acudiendo a
la acusación ante un tribunal de brujería, hechicería, herbolaria, yerbatería,
curandería, sortilegio, etc. es posible sólo gracias a la penalización de estas
prácticas. Con ello se pasa del ámbito de lo real al de lo simbólico y muchas personas
resultan acusadas por otros motivos diferentes a una práctica efectiva de lo mágico. Su
persecución es una invención judeo-cristiana
[15]
y su penalización sistemática es una invención centroeuropea y por lo tanto contraria
al muy extendido arte de practicar la magia en España, sobre todo la magia amatoria, tan
cara a los pueblos mediterráneos, del Magreb a Sicilia y de ésta a la Península
Ibérica.
Detrás de cada acusación de brujería se
esconde el miedo, el temor a algo que no se conoce completamente, a algo extraño o
inaprensible. Cuando los hombres de la Península Ibérica vinieron a América,
encontraron culturas inquietantes, diferentes. La Justicia, además, trataba de resolver
por medio del castigo las contradicciones de la sociedad, por lo cual, con frecuencia,
cuando un blanco no moría de su muerte natural, es decir, cuando no se
conocía la razón de su muerte -o de su enfermedad- y se pudiese presentar el beneficio
de la duda, se buscará el maleficio y a su autor: a la persona, generalmente de color,
que tenga los suficientes conocimientos, presumidos o reales, para causar la muerte; y si
acaso a alguno de las castas le resultara incómodo, como a un cacique o capitán en un
repartimiento de indios, siempre quedará el recurso de acusarlo de hechicero.
Muchas personas y se destacan las mujeres-
buscan sus servicios, porque creen firmemente en que tienen poderes sobre todo los
negros- y los persiguen insistentemente para conseguir un hechizo o veneno o filtro o
amuleto o curación, sin preguntarse si dichas personas tienen la capacidad real para ello
(aunque, como en el caso del esclavo Juan Lorenzo no la tengan y para conseguir dinero
para su libertad, engañen a sus incautos clientes, dándoles hechizos falsos
[16]
). En los negros, esta capacidad se
presupone en aquéllos que tienen facilidad de contacto con los demás, es decir,
aquéllos que juegan cierto rol de intermediarios culturales, bien porque tienen un papel
que los define como tales -cocina, hospital, servicio público, cirujanos, curanderos,
etc.-, bien porque tienen una función o status que los coloca en dicho rol (i.e.
Paula, por ser la amante del teniente de las minas, tiene una posición que la
coloca entre los negros y los blancos y por encima de la gente de su grupo -los negros
esclavos-, situación que en últimas caracteriza a los intermediarios culturales, quienes
tienen un comportamiento anfibio, por ser capaces de sobrevivir y de comportarse en medios
socioculturales -y económicos- diferentes y al estar, de cierta manera, por encima de su
grupo), o bien, y este caso es menos frecuente, porque se comportan como tales por sus
características personales (inteligencia, hablar mucho e imitar la forma de los otros
-en este caso los blancos-, arribismo; a veces ascienden económicamente, como Diego
López). La mayoría de los intermediarios, que practican la hechicería o que son
acusados de brujería, son habladores y vivarachos, muchas veces arribistas, capaces e
inteligentes y astutos. En la mayoría de los casos son mulatos, zambos y mestizos, pero
sobre todo la mayor parte son libres, razón por la cual no están bajo el control directo
de los micropoderes, lo que les deja más libertad de acción. Los blancos inscritos en la
cultura popular tienen tanta fe en los poderes sobrenaturales y capacidades de Dios, del
Diablo, de los santos, de algunos hombres, que confían plenamente en que se pueda
modificar el destino y las circunstancias de la vida con medios extraordinarios. Los
blancos que viven en América y algunos de España saben perfectamente que no todos los
Dioses negros e indios son clasificables como malos o perniciosos y, eso sí, a veces son
muy poderosos. Si se usan los poderes de Dios, de la Virgen y de los santos para sanar
enfermedades, salir de malas rachas económicas, protegerse de los peligros y males
físicos y espirituales, conseguir amores, etc., ¿por qué no usar a los otros dioses y
santos para los mismos fines?
Las acusaciones por brujería, yerbatería,
herbolaria o envenenamiento esconden, por lo general, un comportamiento socialmente
sancionable y sirven de vehículo para restablecer el orden social. El crimen de brujería
es imaginario, pero algunas de las prácticas a las que se aplica la acusación no lo son.
Con frecuencia detrás de una acusación por brujería hay prácticas hechiceriles, una
muerte no explicada o intentos de asesinato.
motivos que incitan y refuerzan la decisión
de acusar a alguien de brujería o de hechicería:
· efecto
de la lectura del Edicto de Fe: las lecturas periódicas del Edicto,
producen oleadas de acusaciones
·
delación por otros reos o testigos, por ser cómplices reales o, ante la
Inquisición, por la obligación de acusar a los consortes del delito
· ya
en el Tribunal, nuevas acusaciones a otras personas, que se producen mientras los testigos
rinden declaración
·
persecuciones de jueces y magistrados fanáticos (normalmente, sobre todo en lo que
respecta a las autoridades seculares, la acusación proviene de la sociedad, pero la
posición del juez -crédulo o escéptico- es muy importante en el curso que toman los
acontecimientos, en la forma cómo se lleva el proceso y en el destino que correrá el reo
-posibilidad de defensa, sentencia, etc.-)
·
víctimas de hechizos o maleficios
·
epidemia de brujomanía
·
antecedentes familiares de hechicería, curanderismo, chamanismo, etc.
·
creencias tradicionales (España, África y América)
·
vehículo de explicación (muerte o enfermedad de la que no se conoce causa)
·
miedo a los poderes del reo/a,
miedos en general (a las cosas naturales, a las
personas, a los otros)
·
imaginarios preexistentes (tanto africanos, como americanos y españoles-europeos, que
obligan a buscar brujos/hechiceros en determinados casos, porque se parte del hecho
cultural de que tales seres existen, por lo tanto, alguien tiene que encarnar dichos seres
sistema-. Fenómenos como el mal de ojo, el chupamiento de las criaturas recién
nacidas, la brujería a distancia preexisten en esas culturas y por ello ha de existir el
vehículo de realización -brujo/a- para esas prácticas y se ha de buscar a la persona
que tenga las características más apropiadas para cumplirlo. De igual forma ha de
existir quien lo pueda deshacer -contra)
·
conflicto medicina oficial española vs. medicinas tradicionales (curanderismo,
chamanismo, adivinación, parteras, ensalmadores, zahoríes, prácticas y conocimientos
médicos populares ya americanos, es decir, ya mestizos y ejercidos por los
otros) / intermediarios culturales
· amancebamiento
de la rea/o con algún miembro de la comunidad
·
conflictos interpersonales, desavenencias
·
chivo expiatorio
·
chisme / envidia / venganza
Los esclavos, por ejemplo, tienen bastantes
motivos para asesinar y confiesan con frecuencia haber intentado asesinar, y no siempre
como brujos, a sus amos, a otros blancos, a otros esclavos; haber dado polvos, o yerbas o
venenos u oraciones.
[17]
Muchos terminan confesando que
mataron a alguien por medios mecánicos, es decir, ahorcando, ahogando,
envenenando, etc. y muchas veces son estas sospechas de homicidio las que conducen a que
la acusación se lleve a cabo, pero bajo el cariz de la brujería, con este manto
simbólico, que en el universo mental africano explica la causalidad del mundo
[18]
(más fuerte simbólicamente).
Pero esta explicación y la respectiva acusación provienen de los sistemas simbólicos
africanos y al entrar en contacto con la Inquisición, mediante el proceso, se pervierte
su estructura interna por la intervención de otro sistema simbólico, el de la brujería
diabólica, más fuerte semióticamente (lo que lo hace más hábil en el manejo del
lenguaje oral y del discurso) y en conexión directa con el aparato de justicia, por lo
que puede acceder al ejercicio de la violencia (tormento, cárcel, azotes, presión
psicológica, promesas de clemencia...) para plegar los otros sistemas a él y
absorberlos, mediante el uso lingüístico.
A menudo la acusación de brujería,
hechicería, yerbatería, etc., sirve para explicar las muertes de las cuales no se conoce
su causa, las muertes repentinas o aquellas que al suceder estuvieron acompañadas de
determinados signos o indicios, como por ejemplo el hecho de
arrojar culebras y sabandijas antes o al momento de expirar, o de desvariar
antes de la muerte.
[19]
Con mucha frecuencia, las muertes infantiles
suelen ser explicadas por brujería
[20]
. En
algunos casos desde la brujería africana, en otros desde la europea, a veces desde una
mezcla de ambas o desde la hechicería y yerbatería mestiza e indígena. Para un sector
de la población, se es brujo naturalmente (o chamán, o hechicero), sin ser
necesariamente consciente de ello, y una parte de los daños por ellos
producidos, se sobreentienden, son connaturales a la vida misma y la explican.
[21]
Una posibilidad de explicación de la muerte
rápida y repentina es a causa del pecado. Morir rápidamente, de repente o en un
accidente, es algo que es no bien visto, pues se muere sin padecimiento y sin agonía
larga en la cama, sin el tiempo suficiente para arreglar las cuentas terrenales y divinas
[22]
. Pero otra explicación de este
tipo de muertes es la provocación por agentes externos como la brujería, que es una
explicación más cómoda o, por lo menos, más liberadora, porque traslada el peso de la
muerte de la conciencia individual a la conciencia colectiva y la culpabilidad del
individuo a la bruja o brujo. De cualquier forma las explicaciones son sólo eso,
explicaciones. En última instancia, ambas tienen la misma función cognitiva y tienen
como fin aligerar el paso, en la conciencia, de la vida hacia la muerte. Conjuran un poco
ese Más Allá indescifrable, es decir, hacen las veces de puente semiológico -de
conexión simbólica- entre un fenómeno natural incomprensible en sí mismo y las
representaciones respecto al Más Allá y a la muerte misma. Las muertes que no requieren
de una explicación y que son culturalmente aceptadas son aquéllas que se pliegan a las
representaciones que existen respecto a las formas de morir.
[23]
las prácticas
La delimitación de categorías y conceptos se
hará de acuerdo a la clasificación que de los delitos que involucran magia hicieron los
jueces durante el período colonial, clasificación que en últimas sólo da cuenta de un
hecho social, de la presencia de diferentes prácticas mágicas en la sociedad.
Algunos jueces seculares y eclesiásticos
españoles, pero sobre todo algunos inquisidores, trataron de superponer la imagen de la
brujería diabólica la bruja de la escoba- a los comportamientos de los esclavos y
de achacarle a los indios un supuesto pacto implícito o explícito con el Demonio en el
ejercicio de ciertas prácticas médicas, mágicas y religiosas. Esta tendencia fue más
fuerte hasta la segunda mitad del siglo XVII, momento a partir del cual empezó a
disminuir. No obstante, no fue generalizada y desde el inicio de la colonización hubo
sectores de blancos que estuvieron en capacidad de reconocer esas prácticas como
diferentes, como otras, y no demonizarlas. Las acusaciones de brujería fueron
desapareciendo con el correr del tiempo y comenzaron a privilegiarse las acusaciones de
hechicería y de yerbatería, para dar paso, finalmente, en el siglo XVIII, cuando ya la
sociedad era un hecho consumado, a una visión más acorde con las diferencias
etno-culturales propias de esa sociedad. Este proceso fue paralelo a un proceso de
mestizaje cultural, que produjo también una transformación y mezcla de las diversas
prácticas mágicas y de las tradiciones culturales en general, generando así fenómenos
propiamente americanos.
La diferenciación entre los delitos
blandos -yerbatería, hechicería; adivinación...- y la brujería era tan
clara para los jueces, que lo era también para los demás o viceversa. La imagen de la
bruja que adoraba al Demonio y volaba al aquelarre venía difundida desde arriba, desde la
cultura oficial, y se superponía a los imaginarios populares por medio de los procesos
criminales, fueran estos inquisitoriales o seculares
[24]
.
Las imágenes de las hechiceras/os, yerbateras/os, herbolarios/as, curanderos/as,
sortílegos/as, nigromantes, zahoríes, brujas/os, mohanes y mohanas de proveniencia
popular o tradicional tenían otros rasgos y otras características.
La distinción más importante, desde el ámbito
de la cultura, así como para los jueces de la época, es la clara diferenciación entre
hechicería y brujería (brujería diabólica, brujería de procedencia europea o
brujería africana), pues se refiere a dos maneras distintas de actuar sobre el mundo,
que, a su vez, son consideradas por las autoridades como delitos con connotaciones
diferentes, con diverso grado de culpa y diferentes implicaciones sociales.
brujería
Por brujería se
entenderá el sistema simbólico, que, al igual que en las otras prácticas mágicas, hace
las veces de aparato cognitivo, con funciones sociales (solución y producción de
conflictos) y culturales claras, propio de algunos pueblos y sectores sociales
conformadores del mundo novogranadino (cultura popular europea y pueblos africanos). La
brujería es generalmente de carácter negativo, suele ser individual, sirve de
explicación del mundo (daños, pérdidas materiales, muertes, enfermedades, catástrofes
naturales, etc.
[25]
) y puede actuar a distancia. Esto
quiere decir que no necesita de un medio o filtro (objeto, planta, amuleto, oración...)
para canalizar la intención del brujo o bruja; su intención es suficiente para lograr el
fin propuesto, una mirada puede bastar (i.e. mal de ojo). Además puede ser involuntaria,
es decir, se puede ser brujo o bruja sin que el o ella lo sepan
[26]
, se puede malojar a
alguien sin saberlo -sur de Italia
[27]
,
América, España, tradición árabe. La brujería no tiene claras funciones
religiosas o médicas, como sí las tiene el chamanismo; ni tampoco intenciones de acción
directa sobre el mundo físico con otros medios, materiales filtros, amuletos,
yerbas...- o simbólicos oraciones, conjuros, ensalmos...-, como en el caso de la
hechicería, la yerbatería o la magia amorosa.
hechicería
La hechicería necesita de un vehículo, de un
medio o filtro, para cumplir su fin, sea éste material o simbólico amuleto,
planta, animal, objeto, oración, palabras, imagen...-, y de un ritual o puesta en escena
para realizarse. El ritual puesta en obra- acompaña siempre y es connecesario a
toda práctica mágica, siempre que ésta sea voluntaria.
[28]
La hechicería es individual, voluntaria, puede o no obrar a distancia y está destinada a
un fin particular. Puede ser de carácter positivo o negativo, de acuerdo a la voluntad
del hechicero o al deseo de la persona para quien se realiza el hechizo: para bien o mal
querer (magia amorosa o hechicería amatoria), para sanar o enfermar, para tener buena
fortuna o desfortuna, para predecir el futuro (agorerismo y adivinación), para encontrar
tesoros (zahorismo), etc..
brujería:
- pueblos africanos, cultura popular
europea
- sistema simbólico = aparato cognitivo = explica el mundo
- con funciones culturales y sociales (solución y producción de conflictos)
- generalmente de carácter negativo
- puede actuar a distancia
- no necesita de un medio o filtro (i.e. mal de ojo)
- puede ser involuntaria
hechicería: - sistema
simbólico = aparato cognitivo = explica el mundo
- necesita de un vehículo material o simbólico (filtro)
- necesita de un ritual puesta en obra-
- individual y voluntaria
- puede o no obrar a distancia
- destinada a un fin particular
- carácter positivo o negativo
brujería
- de procedencia europea, elaborada por teólogos e inquisidores
diabólica:
- sistema simbólico
- necesario pacto explícito o implícito con el Demonio
- de carácter siempre negativo = dañar
- voluntaria y generalmente colectiva (se agrupan en conventículos)
- actúa a distancia
- se accede a demonio compañero o diablo
acompañante
- asistencia a juntas o aquelarres
chamanismo: - sistema simbólico =
aparato cognitivo = explica el mundo
- funciones culturales, institucionales y sociales
- funciones religiosas, médicas y de predicción
- intención de obrar sobre el medio físico con un medio físico y un ritual
- carácter positivo o negativo
- hereditario o no, iniciación natural o por pedagogía mágica
- sistema culturalmente cerrado
yerbatería/ - uso de
plantas con un fin determinado
herbolaria: - fin
positivo o negativo, benéfica o lesiva (venenos)
- individual y voluntaria
herbolaria: -
conocimiento profundo y más o menos sistemático de la naturaleza
- hereditaria o adquirida
- requiere aprendizaje
brujería diabólica
El imaginario de la brujería diabólica es una
elaboración medieval europea, ideado por teólogos, inquisidores y hombres cultos de
Iglesia, que tiene como rasgos fundamentales el reniego de la fe cristiana y la entrega
del alma al Demonio, mediante la realización de un pacto explícito, o sea voluntario, o
implícito, es decir sin saberlo, con Satanás, para lo cual se cuenta, como en el
bautizo, con la ayuda, guía y colaboración de una madrina o padrino (maestra/maestro
[29]
). A cambio de él se adquieren
poderes sobrenaturales malignos o se adquieren los servicios de un Diablo compañero o
acompañante, quien está dispuesto a cumplir los deseos del brujo o de la bruja, pero que
a cambio podrá poseer sexualmente al brujo o a la bruja. Los brujos y brujas se reúnen
en juntas o aquelarres (Sabbats), en los que se adora al Demonio, se le besa el culo en
forma de macho cabrío, se realizan misas negras, se comen viandas asquerosas, se
practican orgías, la sodomía y el infanticidio y todo lo que se hace está regido por
una lógica simbólicamente inversa al cristianismo
[30]
.
La brujería diabólica es voluntaria, negativa, su objeto es dañar y suele ser de
carácter colectivo: se agrupan en juntas con el propósito de dañar a la sociedad. Su
rasgo más importante es que, a diferencia de las demás prácticas mágicas, su carácter
es totalmente imaginario y tiene carácter epidémico. Cuando su persecución se vuelve
epidémica y obsesiva, pierde todo tipo de función (cognitiva, social o institucional).
[31]
.
Cuando se hace uso de un medio filtro-
para lograr el fin deseado efecto-, los jueces hablan de hechicería. Cuando Paula
de Eguiluz, por ejemplo, hace uso de huesos con el objeto de preparar un bebedizo para
curar a su amo
[32]
, se la acusa de hechicería; pero
en cuanto habla de juntas y de su relación con el demonio compañero Mantelillos,
entonces se la trata de bruja. Generalmente, las acusaciones vienen combinadas para
expresar los diversos matices de las prácticas mágicas, reales o imaginarias, y a veces
suelen conformar verdaderas retahílas de cargos: bruja, hechicera y sortílega;
hechicero, brujo y grande curandero; sortílego supersticioso; mohán y maestro en
idolatrías, etc..
Detrás de cada acusación de brujería
diabólica está la supuesta debilidad de espíritu del brujo(a), que permite la entrada
del Demonio, la posesión o el pacto. Sólo seres débiles, mujeres o pueblos o grupos
subordinados, pueden caer recurrentemente en las garras de Satanás. La hoguera tiene algo
de paternalista, porque se emplea en la lucha contra el Maligno con el fin de purificar y
salvar las almas de los condenados, inermes seres humanos que han caído en las redes del
Mal. El cristianismo se nutre del miedo.
La brujería satánica no tuvo una carrera
exitosa en América, tampoco la había tenido en España. Desde muy temprano (siglo XVI),
su realidad fue debatida por un sector de la intelligentsia ibérica, compuesta
principalmente por teólogos, juristas e inquisidores, quienes creían que era producto de
la imaginación e hija de la ignorancia. De hecho, las autoridades civiles y
eclesiásticas tenían problemas más serios que enfrentar, como el asunto moro-judío,
para el cual fue concebido, como instrumento de control político, el Tribunal del Santo
Oficio de la Inquisición en Castilla (1478). Además, no hay que olvidar que la España
renacentista no estaba cerrada sobre sí misma, como sí lo estuvo a partir de la
Contrarreforma.
La brujería es un fenómeno propio de Europa
en su versión culta, diabólica, o en la popular- y de África. En el Nuevo Reino
de Granada no se puede hablar de brujería para las prácticas autóctonas. Por supuesto,
con la llegada de los esclavos africanos y sobre todo de los españoles, la noción de
brujería se introduce, aunque se resiste a su expansión y el mestizaje cultural impide
que se asiente totalmente como práctica omnipresente. La hechicería de procedencia
hispana básicamente, pero también la africana en menor medida, se expandieron con mucho
más éxito y rapidez, gracias quizá, por un lado, a que los tres grupos culturales
contaban con prácticas en este sentido, es decir, prácticas que encerraban una lógica
interna similar a la de la hechicería: uso a voluntad de un medio simbólico o material
con un fin determinado y puesta en obra mediante un ritual, aunque su denominación,
función y carácter sean diferentes, como en el caso del chamanismo entre los indios;
pero también debido a que su contenido satisfacía necesidades y temores que estaban muy
estrechamente ligados a la vida diaria, a la vida, el amor y la muerte. De todas maneras,
la hechicería es algo palpable, material, visible, que dentro de un esquema de lógica
binaria, puede mostrar una mayor efectividad en el mundo físico, al pretender la eficacia
a través del medio que usa, del poder del filtro y de las cualidades y
características que éste tenga (usar piedra ara del altar que señala y determina
la presencia de Dios en un lugar y hace al espacio sagrado- o piedra imán un
material capaz de levantar un metal tan denso como el hierro-).
CITAS
* Historiadora de la Universidad Nacional de Colombia, Sede
Medellín; doctora en Estudios de la Cultura de la Universidad de Tubinga (Alemania) y
profesora del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia, Sede de
Medellín. Premio Nacional de Historia, convocatoria 1999.
[7]
La
creencia en brujas es una especie de mitificación de los grupos socialmente
marginados. HENNINGSEN, Gustav, El abogado de las brujas. Brujería vasca e
Inquisición española, Madrid, Alianza, 1983, p. 349.
[11]
Para una tipificación del intermediario cultural, confróntese VOVELLE, Michel, Idéologies
et mentalités, París, Gallimard, 1982 (III. Le populaire en question: 2. Les
intermédiaires culturels, pp.171-184).
[12]
Muchos de los acusados por brujería son personas de gran movilidad (movilidad, libertas,
o mejor, la falta de control con que la gente va y viene sin que se le sobrevenga mucho,
porque el tamaño del Imperio no permite un control institucional sobre las personas). Se
les encuentra en Lima, en Panamá, en La Habana, en Cartagena, en Sevilla, en los puertos
y ciudades importantes. Este aspecto puede ser quizás importante en la configuración de
un perfil de los acusados. Estos que hablan, conversan, se relacionan y se mueven son más
susceptibles a ser denunciados, por provenir el control, y en consecuencia la acusación,
de la sociedad.
[13]
Como Manuel de Aguilar, curandero mestizo. Vid. Archivo
Histórico de Antioquia, B 79-15, 1768-1769, 36f.; una presentación del caso en: CEBALLOS
GÓMEZ, Diana Luz, Hechicería, brujería e Inquisición..., op. cit., pp.
185-197. O como el mulato Diego López, quien fue esclavo en el hospital de Cartagena de
Indias, lugar donde aprendió el oficio, y luego consiguió la libertad, Archivo
Histórico Nacional de España, Inquisición, Leg. 1620, N° 7, en adelante citado como
AHNE.
[15]
Ya materializada en la Biblia, véase por ejemplo: Éxodo 22, 17-19; Levítico 19, 26; 19,
31; 20, 6; 20,27; Deuteronomio 18, 9-15; 2 Reyes 1, 3 ss.; 1 Samuel 28, 3-13.
[16]
AHNE, Inquisición, Leg. 1620, N°1, f.7-7v. y f.67. Libro 1020, f.5v. y f.7v.. En los
juicios y actuaciones se cruzan las diferentes motivaciones de la gente. El escribano que
declara contra la señora, porque no le permite dormir con la esclava de quien ya tiene
una hija; la señora que usa hechizos, conjuros y hasta venenos, porque su marido la
maltrata y golpea; la abadesa que no declara la violación al secreto inquisitorial del
Sargento Mayor, porque éste le traerá dinero de Su Majestad; los esclavos que declaran
contra los amos para vengarse por los malos tratos recibidos; etc..
[17]
Juana de Hortensio, por ejemplo, declaró, después de hablar de juntas y brujerías,
haber asesinado a su amo Juan Hortensio con unos polvos colorados que su diablo Ñagá le
había dado, porque no le quería dar la libertad, dándoselos dos veces en el caldo, de
lo cual murió. AHNE, Inquisición, Libro 1020, f.337v..
[18]
Véase EVANS-PRITCHARD, E. E, Hexerei, Orakel und Magie bei den Zande, Surhkamp,
Francfort del Meno, 1978.
[19]
Para un ejemplo de muerte no explicada y la búsqueda de un vehículo de explicación a
través de las prácticas mágicas, consúltese CEBALLOS GÓMEZ, Diana L.,
Hechicería y brujería en el Nuevo Reino de Granada: una lectura del mundo,
en: J.-M. Scholz y T. Herzog (Hg.), Observation and Communication: The Construction of
Realities in the Hispanic World, Francfort del Meno>, Vittorio Klostermann, 1997,
pp. 341-369.
[20]
En los sectores populares, a los niños aún hoy día se les protege al nacer con una
pulsera contra el mal de ojo.
[21]
V. EVANS-PRITCHARD, E. E., op. cit..
[22]
V. ARIÈS, Philipp, La muerte en Occidente, Barcelona, 1982.
[23]
V. ARIÈS, Philipp, op. cit., y VOVELLE, Michel, Lheure du grand passage.
Chronique de la mort. París, Gallimard, 1993. Véase también WIRTH, Jean, La
jeune fille et la mort. Recherches sur les thèmes macabres dans lart germanique de
la Renaissance, Ginebra, Droz, 1979.
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