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Si el estudio de los hechos humanos pretende constituirse en una ciencia positiva,
debe alejarse de los hechos únicos y centrar su atención en los hechos que se repiten,
es decir debe rechazar lo accidental y apegarse a lo regular, eliminar lo individual y
estudiar solamente lo social
(4)
. Estas cortas líneas escritas por François Simiand cuando apenas se iniciaba
el siglo XX en una polémica abierta contra una historia que a lo largo del siglo
precedente había situado los hechos individualmente determinados en el centro de sus
preocupaciones-, marcaron de manera profunda una de las mayores corrientes de la
historiografía francesa del siglo XX. Atacando simultáneamente la predominancia de la
historia política y la débil articulación del empleo lineal de la causalidad que
conduce con frecuencia a recurrir al marco cronológico puro y simple o a la
periodización de acuerdo a los reinados-, Simiand, siguiendo a Paul Lacombe, abría la
puerta a la crítica radical de la historia événementielle (historia de los
acontecimientos) la expresión es de Lacombe-, lo que conllevó no sólo a la
devaluación del acontecimiento, sino, como lo dijo Paul Ricoeur, a su desaparición
(5)
.
En esta experiencia intelectual, que ya ha dado lugar a análisis enriquecedores tanto
desde el punto de vista epistemológico como historiográfico
(6)
, Fernand Braudel ocupa una posición central
(7)
. Sus declaraciones, tardías pero vigorosas, y
retomadas sin cesar, que recurren menos a una argumentación puntillosa fundada en
una sólida construcción teórica- que a una gama sutil de metáforas afortunadas,
variadas pero coherentes
(8)
, hicieron de él el vocero por excelencia de los detractores de la llamada
historia événementielle. Sus opciones metodológicas son bien conocidas: Braudel las
expuso claramente en el prefacio de El Mediterráneo, cuya arquitectura de conjunto
reproduce la articulación de los tiempos de la historia, comenzando por el tiempo
geográfico, prácticamente inmóvil, en el que se dan las relaciones entre el
hombre y el entorno; le sigue el tiempo social, débilmente pronunciado, que
mide las economías, los Estados y las sociedades; para terminar, está el tiempo
individual que, aunque aparece sólo al final de la obra, lo cual disminuye su
estatus, no es sin embargo eliminado de la historiografía. En efecto, en la tercera parte
del libro, intitulada Los acontecimientos, la política y los hombres, Braudel
despliega una historia política del Mediterráneo centrada en los años 1550-1599, en la
que defiende el lugar que ésta ocupa en su obra, aun cuando pueda tratarse de la
historia tradicional, si se quiere de la historia cortada a la medida no del hombre sino
del individuo, la historia événementielle de [Paul Lacombe y de] François Simiand: una
agitación que no va más allá de la superficie, las olas que levantan las mareas con su
poderoso movimiento. Una historia de oscilaciones breves, rápidas, nerviosas.
Ultrasensible por definición, el menor paso pone en alerta todos sus instrumentos de
medición. Pero es una historia que tal y como es, es la más apasionante, la más rica en
humanidad, pero también la más peligrosa. Desconfiemos de esta historia todavía en
ascuas, tal como las gentes de la época la sintieron y la vivieron, al ritmo de su vida,
breve como la nuestra [...]. Los acontecimientos resonantes no son, con frecuencia, más
que instantes fugaces, en los que se manifiestan estos grandes destinos y que sólo pueden
explicarse gracias a ellos
(9)
.
Casi todo está dicho en este texto de presentación. En sus sucesivos trabajos, Braudel
desarrollará sus metáforas, sin analizarlas realmente, organizándolas alrededor de
parejas superficialidad/profundidad, efímero/duración: los acontecimientos, esa
capa superficial y brillante de la historia
(10)
, esa polvareda de actos, de vidas
individuales atadas las unas a las otras
(11)
, son imágenes instantáneas de la
historia, actos siempre dramáticos y breves
(12)
. Más aún, los acontecimientos [son como
polvo]: atraviesan la historia como exhalaciones sucesivas. Tan pronto se vislumbran sus
resplandores, la noche los absorbe. [resplandores breves; tan pronto se vislumbran
regresan a la noche y frecuentemente al olvido.]
(13)
. Una rápida evocación biográfica, en la
lección inaugural del Collège de France, explicita esta imagen y da cuenta de su
articulación de una edición a otra: Conservo el recuerdo, una noche, cerca a
Bahía, de haber sido envuelto por un fuego artificial de luciérnagas fosforescentes; sus
luces pálidas brillaban, se apagaban, volvían a brillar, sin aclarar realmente la noche.
Lo mismo sucede con los acontecimientos: más allá de su resplandor, la oscuridad
triunfa
(14)
.
De ahí surge el último elemento de su requisitorio: la sospecha que tiende a
descalificar este tipo de historia, que sale directamente de los testimonios de los
contemporáneos, marcada con el sello de sus interpretaciones, de sus miopías o de sus
intereses, portadora de una ilusión mayor que hace creer a los hombres que ellos, solo
ellos, hacen la historia. Sin embargo, aunque los acontecimientos son realidades
para periodistas, la historia no puede ignorarlos ya que ella es la imagen de
la vida bajo todas sus formas
(15)
. Se trata entonces de una devaluación del acontecimiento, pero es una
devaluación paradójica, y consciente de serlo.
Es solamente con su artículo sobre la larga duración un texto en el
que la argumentación intelectual está al servicio de una propuesta política de
reorganización del campo de las ciencias sociales en Francia- que Braudel le da
finalmente a sus propósitos un vocabulario teórico: la historia cede su lugar a la
ciencia social y el acontecimiento desaparece en provecho del tiempo corto. La
ciencia social casi tiene horror del acontecimiento sostiene Braudel en ese
artículo. No sin razón: el tiempo corto es la más caprichosa, la más engañosa de las
duraciones
(16)
.
No pretendo ir más allá en estos análisis, aun cuando nuevos elementos y nuevos textos
todavía inéditos permitieran hacer algunos retoques de detalle
(17)
. Quisiera, por el contrario, mostrar cómo esta
crítica del acontecimiento cuyo surgimiento en la reflexión braudeliana intentaré
entender- no lleva a Braudel a eliminar los acontecimientos aunque estuvo tentado de
hacerlo en varias ocasiones-, sino a construirlos y organizarlos de manera diferente.
I.
En la breve autobiografía que concede en 1972 al Journal of Modern History, Braudel
presenta de manera muy lacónica su lenta evolución hacia la historia nueva.
En los años 1920, como joven profesor de bachillerato en Argelia, enseña una historia
muy tradicional, según él. En esa época, confiesa, yo era un historiador del
acontecimiento, de la política, de las biografías ilustres
(18)
. Si nos atenemos a este testimonio, la crítica
radical al acontecimiento no habría aparecido sino mucho más tarde, en la época de su
cautiverio en Alemania: Mi visión de la historia tomó entonces su forma
definitiva, sin que yo me diera inmediatamente cuenta de ello, en parte como la única
respuesta intelectual a un espectáculo el Mediterráneo-, que ningún otro relato
tradicional me parecía en capacidad de captar, en parte también como la única respuesta
existencial en aquellos tiempos trágicos por los que atravesaba. Sentía que frente a
todos esos acontecimientos con los que nos inundaban la radio y los periódicos de
nuestros enemigos, y frente incluso a las noticias de Londres que nos hacían llegar las
emisiones clandestinas, yo tenía que dejarlos atrás, rechazarlos, negarlos. ¡Abajo el
acontecimiento, sobre todo el que nos contraría! Me sentía en la necesidad de creer que
la historia, el destino, se inscribían en una mayor profundidad. Escoger el observatorio
del tiempo largo era escoger como refugio la posición del mismo Dios padre
(19)
.
Braudel dijo y repitió en varias ocasiones que la guerra o, más exactamente, la
experiencia de la cautividad constituyó un verdadero laboratorio intelectual
(20)
. En 1958 explicó cómo, para soportar un
cautiverio bastante sombrío, para escapar a la crónica de esos
difíciles años (1940-1945), debía rechazar los acontecimientos y el tiempo
de los acontecimientos, [...] ponerse al margen, al abrigo, y así poderlos observar con
mayor distancia, juzgarlos mejor y no creer demasiado en ellos
(21)
. Braudel volvió sobre estos mismos propósitos
poco antes de morir, con ocasión del Coloquio de Châteauvallon: en la citadela de
Maguncia, el problema era escapar, en cierta medida, de los acontecimientos que
zumbaban a nuestro alrededor, diciéndonos: «No es tan importante como parece». ¿No se
podía superar esos movimientos de marea, esos ascensos y descensos para ver algo
completamente diferente? Es lo que yo he llamado, desde muy temprano, «el punto de vista
de Dios padre». Para Dios padre, un año no cuenta; un siglo es un pestañeo
(22)
. La reciente publicación de su Histoire,
mesure du monde, redactada en 1944 con el fin de reunir en un texto coherente las
conferencias dictadas en el campo en que estuvo prisionero, revela finalmente, con el
capítulo inaugural, la primera reflexión explícita y articulada que condujo a Braudel
no a rechazar el acontecimiento, sino desvalorizar su papel histórico y su estatus
historiográfico. La vida como prisionero impone una ascésis análoga a la que debía
someterse el historiador: para conservar su confianza en el porvenir, el prisionero debe
tomar, no sin dificultad, distancia frente a las noticias que recibe; es cierto que debe
criticar esas informaciones, pero corre el risgo de perderse en los hechos que no tienen
futuro; su verdadera esperanza radica en las grandes líneas de fuerza que
harán la historia del mañana. Sucede lo mismo con el historiador: para producir sus
explicaciones, debe sustituir una historia que, al estar centrada en el individuo,
es dubitativa, por una historia mucho más simple y mucho más clara si se le
examinara desde sus bases y sus realidades sociales
(23)
.
La traducción científica de una experiencia existencial encuentra entonces, con una
argumentación ligeramente desfasada, una de las proposiciones formuladas casi cuarenta
años atrás por Simiand. Pero debemos preguntarnos si realmente la experiencia del
cautiverio es suficiente para explicar esta toma de posición o, por el contrario, debemos
articularla a un itinerario intelectual anterior, sin el cual la propuesta de Braudel no
se hubiera podido elaborar. Esta segunda hipótesis debe ser tomada en consideración
máxime si sabemos que, en su prefacio a la segunda edición del Mediterráneo, Braudel no
dudó en afirmar que su tesis había sido establecida, si no completamente, al menos
sí en sus grandes líneas, en 1939, al término de la primera etapa radiante de los
Annales de Marc Bloch y de Lucien Febvre, uno de cuyos frutos directos fue precisamente su
tesis sobre los acontecimientos
(24)
.
En efecto, parece difícil a menos de deleitarse con las paradojas o las astucias de
la historia- explicar la construcción braudeliana como una simple y llana respuesta a una
situación específica la guerra percibida a través de la experiencia del
cautiverio. No podemos dejar de constatar, por ejemplo, que, en el mismo momento, la
experiencia inmediata de la derrota francesa en la primavera de 1940 no produjo los mismos
efectos en Marc Bloch quien, lejos de tomar distancia frente a los acontecimientos, lo que
hizo fue sumergirse en ellos para tratar de analizar sus razones profundas. Bloch escribe
un libro, inédito hasta su muerte, que constituye, retomando sus propios términos, un
testimonio y una declaración realizados por un derrotado que no
fue prisionero, que conservó su libertad, pero que, sin embargo, desde el verano de 1940
el libro tiene la fecha de julio-septiembre de ese mismo año, es decir que la
legislación antisemita de Vichy no lo ha afectado todavía- optó por tomar posición a
favor de una historia candente y trágica. Así como sucede con Braudel, Bloch no se
contenta con una simple narración: su testimonio pasa inmediatamente del análisis de los
acontecimientos tal como él los vivió al análisis de las causas profundas
(25)
de la derrota y va hasta las ramificaciones
causales más alejadas, más complejas y, en el estado actual de las ciencias humanas, las
más ocultas
(26)
.
La lista de estas causas es extensa: desde las formas del poder y de comando, tanto
militar como civil, la cultura de las clases dirigentes, hasta los fundamentos de la
sociedad en su conjunto Lo que acaba de ser derrotado entre nosotros, es
precisamente nuestra pequeña y entrañable ciudad
(27)
-, pasando por todo aquello que pudo ayudar a
moldearla (la enseñanza, el movimiento sindical, etc.). Pero la identificación, el
inventario, la discusión de las causas de la derrota invitan al investigador a ir más
allá de las simples constataciones y a liberarse de sus costumbres profesionales:
Adeptos de las ciencias del hombre o sabios de los laboratorios, quizá nosotros
también fuimos apartados de la acción individual por una especie de fatalismo, inherente
a la práctica de nuestras disciplinas, las cuales nos acostumbraron a considerar, por
encima de todo, en la sociedad como en la naturaleza, el juego de las fuerzas masivas.
Frente a esas profundidades marinas, de una fortaleza casi cósmica, ¿qué efecto podían
tener los pobres gestos de un náufrago? Así se malinterpreta la historia
(28)
. La esperanza de Bloch reside desde entonces no
en el peso de las fuerzas profundas anónimas descritas mediante metáforas marinas
cercanas a las de Braudel, pero denunciadas como una coartada de intelectual o de sabio-,
sino en el progreso en la toma de conciencia de la colectividad, propio a
nuestras civilizaciones, el cual, modificando ligeramente la mentalidad
común, termina por inclinar, en cierta medida, el curso de los
acontecimientos, que son determinados, en última instancia, por la psicología
humana
(29)
.
Uno de los historiadores que ha explorado más fondo la marginalización del individuo en
el análisis histórico no duda, en el momento preciso en que la guerra acaba de estallar,
a escribirle a Lucien Febvre: Desde ahora, los hombres como nosotros deben
persuadirse que pueden hacer muchas cosas
(30)
.
A partir de constataciones similares sobre el oficio del historiador, Marc Bloch y Fernand
Braudel, confrontados a los mismos acontecimientos, tomaron, como vemos, posiciones
radicalmente diferentes, incluso incompatibles. ¿La situación de cada uno de ellos
la libertad del primero durante el verano del cuarenta, el cautiverio del segundo-
basta para explicar las diferencias que separan al uno del otro?
El análisis del itinerario intelectual de Braudel en los años 1920-1930 no es sencillo.
Braudel hizo pocas confesiones acerca de esos años de elaboración y concepción del
Mediterráneo, que a menudo ha presentado [como girando] en torno a dos experiencias
esenciales: la experiencia argelina (1923-1932) y luego la experiencia brasileña
(1935-1939). [Igualmente] [También] ha presentado sus construcciones historiográficas no
como el producto de una reflexión teórica o metodológica, sino como el camino más
conveniente, la mejor articulación posible, durante el paso a la escritura, cuando se
está frente a un material rico y complejo. Sin embargo, una lectura minuciosa de sus
escritos durante esos años deja al descubierto huellas de la construcción
-¿progresiva?- de su crítica del acontecimiento
(31)
.
Desde su primer artículo importante, consagrado a la presencia española en África del
Norte durante el siglo XVI y publicado en 1928
(32)
, Braudel toma claramente partido frente al
problema del acontecimiento, de acuerdo a tres direcciones. En primer lugar, en una
historia plagada de peripecias, en la que abundan las páginas de
historia militar
(33)
y que él mismo organiza alrededor de grandes acontecimientos (toma de Granada,
1492; muerte de Fernando, 1516; tratado de Cateau-Cambresis, 1559, etc.), Braudel se
obliga a tomar distancia con relación al acontecimiento: hay que mirar los
acontecimientos desde muy lejos con el deseo sistemático de explicar
(34)
. Se trata, por supuesto, de evitar tanto el
tono apologético de las biografías de los grandes personajes como la simple
reproducción de los relatos de los contemporáneos; pero se trata también de empobrecer,
de simplificar, de alisar (a imagen de los estadísticos que aplican promedios móviles a
sus series de datos temporales) la realidad viviente y confusa de la historia.
Esto no significa que Braudel rechace la historia événementielle, pero este
distanciamiento le permite, en un segundo momento, evaluar mejor los tiempos fuertes, las
rupturas, sin dejarse seducir por todo aquello que llama inmediatamente la atención:
Dejemos de lado por un instante la historia teatral de este periodo. Djerba (1560),
Malta (1565), Lepanto (1571), Túnez (1573-74), son acontecimientos sensacionales por
excelencia, pero, contrariamente a lo que en algunas ocasiones se ha dicho, no
significaron siempre una ruptura
(35)
. Lo que le concede al acontecimiento su
importancia histórica no debía ser lo que dicen de él sus contemporáneos o lo que
antecede a ese acontecimiento, sino su capacidad para modificar el curso histórico de las
cosas.
Sin hacer explícitas sus referencias, Braudel muestra claramente que conoce directa
o indirectamente, poco importa- los debates que Simiand había abierto contra la historia
événementielle. Como Simiand, Braudel denuncia los excesos de una simple
historia-batalla que desconoce totalmente las bases materiales de las operaciones
militares (las armas, las embarcaciones, el material, los conocimientos cartográficos,
las instrucciones náuticas, etc.). Más aún: Braudel también se aleja de una de las
formas mayores de la ilusión cronológica, la confusión entre el carácter consecutivo
de dos fenómenos y su orden de causalidad: Las expediciones africanas
son cronológicamente la continuación de la guerra victoriosa de Granada, ¿pero
significa esto acaso que son consecuencia directa de esta última? Es aconsejable
mostrarse prudente para no exagerar la cuestión
(36)
. Sin embargo, Braudel no retoma las posiciones
de Simiand: si la historia es con frecuencia una realidad confusa es porque la parte
del azar ocupa una posición muy grande
(37)
.
Es difícil seguir la evolución de su pensamiento durante los años treinta. En esa
época, Braudel se dedica mucho más a la enseñanza que a la publicación, con la
excepción de numerosas reseñas, las cuales por momentos dejan entrever algunas de sus
concepciones sobre la historia. Si en esas reseñas no encontramos nada relacionado
directamente con el acontecimiento, podemos, sin embargo, observar dos tomas de posición,
muy cercanas a las reivindicaciones que por ese entonces hace la revista Annales.
Tal y como se escribe, la historia événementielle es una historia abstracta, que
presenta hechos desencarnados: la descripción de estos hechos ignora todo lo que es
humano así como todo aquello que debía ser tenido en cuenta por una historia
viva
(38)
;
en cambio, Braudel reivindica un acercamiento casi etnográfico, enriquecedor, preciso, de
la materialidad de los hechos. De esa manera, Braudel adora la evocación del desorden del
desembarco de las tropas francesas en Argel (1830), la descripción del campo de
Sidi-Ferruch, el análisis de los mecanismos concretos de la mediación diplomática
cuando los representantes franceses no pueden entrar en contacto con el Maghzen sino por
la mediación obligada de un delegado oficial que reside en Tánger, del cual Braudel
brinda una extraordinaria descripción
(39)
.
El segundo punto es todavía más importante: los hechos, los acontecimientos, no deben
limitarse al plano político; más aún, los acontecimientos no deben ser separados de las
otras realidades que los rodean o los enmarcan, no deben ser aislados del contexto más
amplio que les da sentido: Casi siempre resulta peligroso romper, en una narración,
los marcos cronológicos del pasado, pero es más peligroso aún limitarse a los hechos
políticos y diplomáticos sin ir hasta las realidades profundas que éstos traducen más
o menos bien, ya sean religiosas, económicas, intelectuales o sociales
(40)
.
En todo esto, sin embargo, no hallamos nada que cuestione de manera radical el estatuto
mismo del acontecimiento en historia.
II.
La buena política, la actitud viril consiste en reaccionar contra ellos [los
acontecimientos], de soportarlos pacientemente al comienzo y sobre todo de juzgarlos en su
valor, a veces tan irrisorio...
(41)
. Antes de la debacle de la primavera de 1940 y de su experiencia como
prisionero, Braudel jamás había tomado una posición tan clara y vigorosa, estrechamente
relacionada con la reaparición de ese sentido de lo trágico histórico
(42)
característico de esos años de guerra. En
adelante, Braudel exhibe su posición sin ninguna ambigüedad: ... los
acontecimientos y los hombres desplazan a duras penas el destino
(43)
.
No obstante, esos acontecimientos existen y, por consiguiente, no hay por qué negarlos.
Toda la obra de Braudel resuena, a veces de manera ensordecedora, de innumerables
acontecimientos y de sus ecos: Su historia no escatima fechas, batallas y
tratados, observa Ricoeur
(44)
, algo que, por lo demás, muchos otros lectores han pasado por alto
(45)
. Así como Felipe II en El Escorial, Braudel,
durante su cautiverio, es asaltado por la proliferación de acontecimientos mundiales, a
pesar de que su situación resulta, desde este punto de vista, poco favorable:
Ustedes estarán de acuerdo en que no me encuentro en la mejor posición para
percibir el mundo
(46)
, le confesaba Braudel a unos de sus compañeros de cautiverio. ¿Cómo entonces
podría escapar el historiador al inmenso rumor
(47)
del mundo?
En toda su obra, Braudel no dejó de ampliar permanentemente la acepción del término
acontecimiento. Si el acontecimiento está en todas partes, en última
instancia todo puede ser acontecimiento. Braudel incluso le da cabida al acontecimiento en
esa verdadera historia la historia económica, social...-, que siempre
ha constituido el objeto de todos aquellos que han intentado desvalorizarlo. Hacia atrás,
ninguna faceta de la actividad humana, ni siquiera del mundo natural, no le es en lo
sucesivo extraño, ya se trate de aspectos de tipo económico, social, literario,
institucional, religioso, incluso geográfico (un vendaval, una tempestad) o de aspectos
de tipo político
(48)
. De esta manera, El Mediterráneo está construido a partir de una
proliferación de pequeños hechos, todos ellos debidamente fechados y situados con gran
precisión: Exactamente en 1297, las embarcaciones genovesas emprendían su primer
viaje directo hacia Brujas; en 1554, los venecianos le roban a Alejandro 600
paquetes de especias; en 1551, Nicot le envió a Catalina de Médicis polvo de
tabaco para combatir la migraña; en 1559, la comuna de Villarfocchiardo
pactó una convención con sus señores, relacionada con sus derechos feudales;
si una centena de piezas de artillería provenientes de Flandes llegan, en 1566, a
Málaga, el acontecimiento es de inmediato señalado por parte de los corresponsales
diplomáticos
(49)
. Es inútil alargar la lista: en cada página,
Braudel recuerda un hecho, un incidente corriente
(50)
, mil detalles
(51)
que ilustran claramente cómo, en las
sociedades antiguas, los bienes, tanto como los hombres, no cesan de
desplazarse
(52)
.
En ese sentido, no tiene nada de extraño que Braudel, al momento de redactar la última
versión de su libro, luego de salir de cautiverio, haya adoptado una estricta cronología
para reclasificar la totalidad de su fichero documental
(53)
. Hacia adelante, el acontecimiento puede
convertirse en un fenómeno invisible, que ni siquiera ha sido percibido jamás por los
contemporáneos, a pesar de que su impacto sobre el curso histórico es mayor que el de
aquellos acontecimientos a los que los contemporáneos atribuyeron una importancia
capital, como el desplazamiento del epicentro del imperio español, a finales de los años
1550, que se traslada del continente europeo al Atlántico: Como sucede siempre, los
más grandes acontecimientos no hacen, por decirlo así, ningún ruido; la faz del mundo
se transformó sin que nadie lo hubiera notado
(54)
.
La proliferación de acontecimientos conlleva, naturalmente, a desvalorizar la noción
misma de acontecimiento, considerado como elemento de una serie que agrupa realidades que
se repiten. Pero, entre esos acontecimientos, algunos señalan un cambio, una ruptura: la
llegada de un nuevo producto, la apertura de una relación comercial, etc. Si bien es
cierto que los acontecimientos económicos y políticos pertenecen a dos
cadenas diferentes, no exigen, sin embargo, un tratamiento diferente. A partir
del momento en que Braudel reconoce la necesidad de estudiar los
acontecimientos
(55)
, acepta algunos principios tradicionales, como por ejemplo la noción de
acontecimiento importante, que exige escoger, jerarquizar, evaluar los
acontecimientos en sí mismos, sin importar que se trate de un hecho que explica, que
arroja consecuencias, que es considerado como importante por los contemporáneos o que se
inscribe dentro de una serie de hechos
(56)
.
Si el pequeño hecho que resulta ilustrativo no suscita casi interrogantes, el
acontecimiento importante, al contrario, no es evidente. Y debemos constatar, en relación
con este punto, que Braudel duda, vacila, varía e incluso, por momentos, cambia de
parecer completamente. Por ejemplo, la batalla de Mühlberg (abril 1547), durante la cual
las tropas imperiales derrotaron al ejército de los príncipes protestantes de la Liga de
Esmalcalda: en la primera edición del Mediterráneo, Braudel considera esta batalla, sin
ambigüedad aunque sí con matices, como un acontecimiento decisivo a escala continental,
un gran acontecimiento
(57)
: la gran batalla de Mühlberg..., determinó, de un solo golpe, el destino
de Alemania y de Europa (al menos, tanto como puede determinarse un destino tan
cambiante). ¿Fue una gran batalla porque se produjo inesperadamente? Quizá, pero
eso poco importa. Si en la segunda edición del Mediterráneo (1965) la versión anterior
no sufre ninguna modificación, Braudel sí introduce ciertas atenuaciones, e incluso
quizá algunas retractaciones, en su ensayo biográfico sobre Carlos V, a pesar de que es
publicado en ese mismo año de 1965: ¿Victoria total? Sí, sin duda, pero
efímera, agrega en esa ocasión
(58)
. El impacto de Mühlberg en la historia europea
es ahora muy secundario: la batalla no es más que un simple episodio de una historia cuyo
desenlace se decide en otros lugares. Lo mismo se aprecia con la batalla de Lepanto
(octubre 1571), el acontecimiento por excelencia del mundo mediterráneo en la época de
Felipe II, el más impactante de los acontecimientos militares del siglo XVI en el
Mediterráneo
(59)
.
Este acontecimiento, que fue tan sensacional como inesperado, tuvo sin embargo
consecuencias inciertas y menores, aunque no se puede negar que la batalla contribuyó al
surgimiento de mil realidades novedosas en los años posteriores. Es inútil
negar la espectacular victoria de Lepanto, la más grande alcanzada por el
cristianismo en los últimos tres siglos, pero bajo una condición: el
espectáculo grandioso no debe embelesarnos
(60)
. Como todo gran acontecimiento, concluye
Braudel, su interés reside antes que nada quizá en señalar, mediante un ejemplo
estrepitoso, los límites mismos de la historia événementielle
(61)
.
III.
Desde el periodo de cautiverio, las reflexiones de Braudel parecen sujetas a un vaivén
argumentativo, presente también en la revisión de la segunda edición del Mediterráneo:
... La peor política, ustedes lo saben, sería ignorar completamente esos
acontecimientos o aceptarlos tal como se presentan a nosotros, ceder a sus repetidas
manifestaciones
(62)
.
Pero si nos quedamos en estos argumentos, si volvemos incesantemente sobre las reflexiones
teóricas, olvidamos tomar en consideración la práctica historiográfica. Y es que
Braudel propone, quizá sin quererlo, una cierta manera de describir los acontecimientos.
El haber retomado las reflexiones sobre el acontecimiento
(63)
nos ha sido útil en este acercamiento a la
historia de los acontecimientos practicada por Braudel, que, curiosamente, ninguno de sus
innumerables exegetas ha tomado realmente en consideración
(64)
. Ahora bien, la historia événementielle de
Braudel difiere sustancialmente de aquella que él critica, ya sea que Braudel trate de
acontecimientos mayores como la batalla de Lepanto (1571), examinada en varias
oportunidades
(65)
,
o de realidades más modestas, como el sitio de Toulon por parte de las tropas saboyanas
en 1707, durante la campaña de Víctor-Amédée II contra Luís XIV
(66)
.
Primer aspecto: el tratamiento de los acontecimientos, por parte de Braudel, no toma la
forma del relato, más o menos lineal. En ningún momento encontramos en él una verdadera
descripción, incluso si el mismo Braudel, en repetidas ocasiones, como ya lo vimos,
elogió una descripción etnográfica que podría reflejar la vida social en su
efervescencia y su complejidad. En Braudel hay como una especie de desconfianza hacia el
testimonio: Los numerosos relatos sobre el encuentro [de Lepanto] no son de ninguna
manera de una objetividad histórica perfecta. En ellos, es difícil separar lo verdadero
y decir a quién corresponde el mérito de tan gran victoria
(67)
. El problema planteado no es simplemente el de
la objetividad. Es cierto que Braudel ya lo había subrayado en sus conferencias como
cautivo, hay tantos testimonios como versiones
(68)
. Pero me parece que se trata, de una manera
más general, de un problema de producción, y de utilización, del hecho histórico.
Contrariamente a los historiadores de la escuela metódica, Braudel jamás consideró los
hechos establecidos mediante el método crítico como si fuesen átomos puros,
definitivamente independientes de los testimonios o de las fuentes que los transmitieron.
Durante su cautiverio, Braudel afirmó que un acontecimiento es un hecho marcado,
señalado expresamente para que lo notemos, registrado, de una u otra manera hecho visible
a nuestros ojos [...]. Por lo tanto, no debemos creer en la pureza del hecho, material
histórico, ayer y aún hoy considerado con una especie de idolatría. «Esas personas no
se dan cuenta, escribe Lucien Febvre, que su famoso hecho ya es el resultado de toda una
elaboración, una abstracción en la que lo subjetivo ya ha actuado»
(69)
. Los hechos históricos no pueden, por
consiguiente, ser separados de los soportes que los han registrado, de los hombres que los
han relatado
(70)
.
En su campo de prisionero, lo que hace Braudel es reflexionar sobre los hechos y su
proliferación. Aislado del mundo, Braudel debía encontrarse desprovisto de toda
información. Pero no es así: las noticias abundan, los hechos relatados por
la prensa invaden el campo de prisioneros. De esta manera, la prensa aparece como uno de
los principales agentes de la construcción del presente en términos de acontecimientos;
su producción de estos hechos en la escogencia, en su puesta en escena, en los
cortes cronológicos que los aíslan, y que son técnicas ya probadas a las cuales
recurren los cortos que cinematográficos que anuncian las nuevas películas
(71)
- se convierte entonces en un fenómeno aún
más cultural que político. El perpetuo torbellino de la gran historia
(72)
no se separa entonces jamás de las formas
escritas de la notación y de la puesta en circulación de la información, que se
convierte así en esta fabricante de acontecimientos
(73)
.
La experiencia del cautiverio le permite a Braudel comprender mejor el universo en el que
vivió Felipe II. Es el papelerío, indispensable a los estados de la primera
modernidad, lo que une a Felipe II con su vasto imperio, ya sea el raudal de correos
(74)
dirigidos directamente al emperador por sus
representantes, sus embajadores o incluso por esos numerosos aventureros que no dejan de
narrar, a su manera, lo que ven o lo que hacen, o también los innumerables
avvisi, venecianos, sicilianos, malteses, pontificales o franceses que
difunden muy rápidamente todo lo que deben conocer aquellos que deciden, soberanos,
administradores, militares o mercaderes
(75)
. De esta manera, hechos y ruidos se mezclan en
escritos que circulan, sin que el soberano pueda realmente diferenciar entre ellos, y sin
que el historiador, a su vez, tampoco tenga necesidad de hacerlo.
Lo que para un buen número de historiadores no es más que una fuente, se convierte de
esta manera en parte del proceso analizado. Las múltiples cronologías, las de los
hechos, las de la difusión de la información, se entrelazan. Si los hechos llegan al
historiador únicamente gracias a los vectores que los han llevado al conocimiento de sus
contemporáneos, las decisiones, en cambio, sólo pueden ser conocidas cuando se
transforman en instrucciones escritas. En efecto, Braudel no se contenta nunca con
registrar los hechos; por el contrario, hace un seguimiento a la manera como se propaga la
información, a los nuevos impulsos selectivos que ésta efectúa cuando llega a tal o
cual decididor; Braudel anota las diversas interpretaciones, las
incertidumbres, las ignorancias. Los ecos del acontecimiento no son
simplemente indicadores de un sistema de información, sino que pertenecen a las cadenas
de acontecimientos que constituyen los procesos históricos: es la noticia de
la conclusión de la Santa Liga la que precipita los preparativos militares
(76)
. Considerado bajo este ángulo, el
acontecimiento no es sometido inmediatamente a las evaluaciones en términos de verdad:
ruidos y rumores tienen su importancia, y su eficacia, ruidos de guerra, por
supuesto, pero también en ocasiones ruidos que hacen reír a Europa
(77)
.
Dejemos de lado los casos clásicos y trillados, y examinemos un acontecimiento a
propósito del cual nunca se ha planteado la pregunta sobre el impacto que tuvo en
términos históricos: la expedición española, inicialmente preparada contra Trípoli de
Berbería, y que realmente desembocó en la toma de Djerba, antes de llegar a su fin por
el repliegue precipitado de las tropas de Felipe II, en 1559-1560
(78)
.
Ante la sugerencia de un caballero de Malta, Felipe II decide enviar una expedición
contra el pirata berberisco Dragut. El esquema cronológico parece sencillo: la decisión
es confirmada por escrito el 15 de junio de 1559, la flota española zarpa finalmente de
Siracusa (Sicilia), el 1ro de diciembre, permanece varios meses en Malta (hasta el 10 de
febrero); el punto de encuentro de los navíos galeras españolas de Nápoles y de
Sicilia, galeras alquiladas de los genoveses, los toscanos, el duque de Mónaco, etc.-
tiene lugar en Zuara, puerto del cual zarpan el 2 de marzo para desembarcar finalmente, no
ya en Trípoli, sino en Djerba el 7 del mismo mes. El 11 de mayo, Djerba es tomada de
nuevo por la Armada turca, y el fuerte, todavía en manos de los españoles, se rinde en
agosto.
Una presentación de este tipo remite a un acercamiento rankiano del
acontecimiento lo que sucedió realmente durante ese año- y se satisface con una
restitución lineal del acontecimiento o con una secuencia de los acontecimientos. El
análisis de Braudel es muy diferente: en el interior de una presentación globalmente
cronológica y narrativa, su análisis intenta demostrar las tomas de decisión, sin
ocultar los conflictos que las rodean; también tiene en cuenta los horizontes de acción
de los principales protagonistas (el rey, los virreyes de Sicilia y de Nápoles, el
gobernador de Milán, el gran maestro de la Orden de Malta, para sólo mencionar
personajes españoles), reconstituye en parte la información que éstos pueden tener, con
sus incertidumbres e incluso con sus interferencias y retrasos: el 14 de mayo, el virrey
de Nápoles se entera que la flota turca ha sido vista frente a las costas de
Zante, cuando en realidad ésta se encuentra en Djerba desde el 11-; igualmente, su
análisis sigue de cerca la ejecución de las órdenes que, independientemente de su
éxito o fracaso, es inseparable tanto de las estructuras políticas del imperio español
como de las decisiones y percepciones de los actores (no sólo españoles, sino también
los berberiscos y los turcos). La breve interrupción de la lluvia que permite a la flota
abandonar Mesina no anuncia buen tiempo: la decisión, tomada únicamente por el virrey,
es la de un soldado, no un marino. En cuanto al acontecimiento en sí, tal y como
realmente sucedió, pasa casi desapercibido en el texto.
Para describir esta secuencia, Braudel recurre a dos procesos, desde entonces clásicos:
un cambio de escala, que amplía el espacio de observación, y de comprehensión a
pesar de que se trata de un acontecimiento catalogado como secundario-, al
conjunto del Mediterráneo, desde España hasta Persia, e incluso a una gran parte de
Europa, hasta Viena; una desaceleración en el flujo de los hechos para seguir casi que
cotidianamente los hechos, los ruidos, las informaciones, para seguir lo más cerca
posible los actores...
El marco de análisis de un acontecimiento difiere del marco local al interior del cual se
desarrolla el acontecimiento como tal; también difiere del marco de la decisión el
imperio español- para integrar el espacio de los enfrentamientos y de los conflictos en
Europa. Braudel ya había recurrido a este tipo de estrategia en su trabajo sobre los
españoles en África del Norte: al subrayar en ese texto la estrecha relación de
las operaciones en África, de la historia española y de las complicaciones
europeas, ya había hecho énfasis en la distancia entre espacio referencial y
espacio de análisis
(79)
.
En el marco de la expedición de Djerba, la operación combina dos aspectos: primero,
reconstituir las lógicas de los diversos protagonistas de la expedición, tanto del lado
español como del turco, que no adquieren sentido sino en relación a los horizontes de
referencia que informan acerca de las preocupaciones y las concepciones de los principales
actores; segundo, reconstituir la circulación de la información, dato esencial en la
elaboración de las tácticas y de las decisiones militares.
Desde su regreso a España en 1559, la política de Felipe II es elaborada en la oficina
del rey, en el corazón del palacio. Las concepciones de sus representantes, en cambio,
incluso si contribuyen a un imperativo común la seguridad del territorio que les ha
sido confiado y, de manera general, del imperio español
(80)
-, remiten a otros contextos: el gobernador del
ducado de Milán es tomado en su confrontación con Francia, reino considerado todavía
como una amenaza real para Italia del Norte, incluso después del tratado de
Cateau-Cambresis, máxime después de la muerte de Enrique II, que agrega un elemento de
incertidumbre política; el virrey de Nápoles está preocupado, antes que nada, por la
protección de las costas del Adriático, blanco potencial de las expediciones otomanas;
por su parte, el virrey de Sicilia parece tener la mirada fija en los costas africanas.
Esas preocupaciones aclaran los consejos y las decisiones de cada uno de ellos: en ese
sentido, el virrey de Nápoles retrasa incesantemente el alistamiento de las tropas y la
partida de su flota mientras que persista la amenaza turca sobre Pouilles, en octubre
1559; el virrey es el primero en abogar ante Felipe por el abandono de Djerba desde abril
de 1560, en momentos en que se entera de la salida de la flota turca de Estambul. De esta
manera, los contextos específicos de cada uno de esos territorios hacen difícil la
coordinación de los esfuerzos militares emprendidos por el rey, hasta tal punto que el
monarca toma a veces su decisión sin esperar la respuesta de su representante en el
extranjero.
La circulación de la información no remite al esquema de las situaciones que he
desarrollado en los párrafos anteriores. En la cuenca mediterránea, los vectores de
información son numerosos, algunos irregulares se escuchan mil ruidos, más o
menos exactos, en la correspondencia veneciana-, otros inesperados: es una
embarcación de Marsella la que trae la noticia de la constitución de la armada española
en Asia menor y es un viajero que regresa de Constantinopla quien hace saber al virrey de
Nápoles que la armada turca ya salió. Y, por supuesto, sin información no se pueden
tomar decisiones, así como tampoco puede darse la puesta en marcha de tácticas o
estrategias, militares o políticas. A no ser que la presión de los acontecimientos o la
lógica interna de éstos conduzcan al rey, al jefe, a decidir casi que contra su
voluntad: la escogencia se impone entonces por sí misma, ya que los acontecimientos
lo conducen necesariamente a ella
(81)
.
De esta manera, estas circulaciones de la información se convierten en un factor central
para la comprehensión de un hecho de estructura, sin el cual el análisis de los
acontecimientos sería inimaginable: La lentitud de todas las formas de acción de
la época
(82)
,
incluso si Braudel la presenta, en el asunto de Djerba, como el resultado de una
operación en la cual la logística pone en marcha los recursos de toda la Italia
española. Lentitud de una burocracia, es cierto que no funciona siempre, sin
embargo, como una burocracia: el rey papeleyro... demorado en tomar decisiones, es
decir siempre indeciso
(83)
, le confiere la comandancia al duque de Medina Celi incluso antes de haber
recibido de él el informe sobre la expedición que le solicitó hace más de un mes.
Lentitud también de las discusiones infinitas componendas conducidas
por diversos intermediarios, a veces extraños, como lo prueban los voluminosos archivos
(84)
-, discusiones se llevan a cabo en el seno del
imperio, pero también entre los diferentes estados situados sobre el Mediterráneo
(85)
.
En esta tercera parte, en la que la anécdota acompaña en cada página a la gran
historia, la descripción meticulosa de los hechos y de los flujos de información
se substituye al relato; esa descripción hace énfasis progresivamente en los
encadenamientos, en los cruces de series heterogéneas, en las coacciones y en los hechos
de estructuras. El problema del azar, que Braudel se planteaba en cautiverio, parece aquí
desparecer en provecho de lo que Marcel Bataillon había subrayado en su informe de una
manera tan acertada: la contingencia que reina en la tercera [parte] es tomada en
una red estrecha de necesidades
(86)
. Las estrategias de innovación, tan
importantes para los Annales, la voluntad de situar a la historia en el centro del campo
de las ciencias sociales, condujeron a Braudel a poner el acento en las proposiciones
suyas que rompían de manera más radical con las prácticas historiográficas
tradicionales; esas proposiciones de Braudel son el producto de lecturas reductoras de sus
trabajos, que dejaron al margen una parte importante de otros trabajos suyos, ocultando
así el hecho de que los cuestionamientos braudelianos más o menos fuertes, más o
menos radicales- también se referían al tratamiento de los acontecimientos.
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Artículo
recibido en enero 2004; aprobado en febrero 2004.
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Texto
ofrecido por el historiador francés Jean Boutier al Departamento de Ciencias Sociales de
la Universidad del Valle para su publicación en Sociedad y Economía, revista de la
Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la mencionada Universidad. Teniendo en
cuenta el objeto central del presente dossier, el texto ha sido cedido de manera exclusiva
a Historia Crítica. Traducción realizada por Ricardo Arias, profesor del Departamento de
Historia de la Universidad de los Andes.
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Director
de estudios en la escuela de Altos estudios en ciencias sociales, Marsella. Especialista
en historia social de Europa Moderna. En 1995 editó, con Dominique Julia, Passés
recomposés. Champs et chantiers de lhistoire, París, Autrement.
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SIMIAND, François, Méthode historique et science sociale. Étude critique
daprès les ouvrages récents de M. Lacombe et de M. Seignobos, en Revue de
Synthèse historique, VI, 1903, p. 17; reeditado en Annales, Économies, Sociétés,
Civilisations, XV, 1960, pp. 83119.
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|
RICOEUR,
Paul, Temps et récit, 1, Lintrigue et le récit historique, París, Seuil, 1983;
reedición 1991, pp. 173200: Léclipse de lévénement dans
lhistoriographie française.
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Para el
primer aspecto, ver en particular RICOEUR, Paul, op. cit.; para el segundo, POMIAN,
Przystof, Lordre du temps, París, Gallimard, capítulo I, Evénements;
MORETTI, Mauro, Parlando di «eventi». Un aspetto del dibattito storiografico
attorno alle Annales dal secondo dopoguerra ad oggi, en Società e Storia, VII,
1985, pp. 373442; DUMOULIN, Olivier, Evénementielle (histoire), en BURGUIERE,
André (ed.), Dictionnaire des sciences historiques, París, PUF, 1986, pp. 271272; ver
igualmente, en la misma obra, la contribución de Jacques Revel.
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Para una
introducción a la obra de Fernand Braudel en lengua alemana, cfr. SCHMIDT, J., Die
historiographische Ansatz F. Braudels und die gegenwärtige Krise der
Geschichtswissenschaft, Bamberg, 1971; KRAWSTEINER, Barbara, Zeit, Raum, Struktur: Fernand
Braudel und die Geschichtsschreibung in Frankreich, Viena, Geyer Edition, 1989. Para una
actualización reciente, cfr. REVEL, Jacques (ed.), Fernand Braudel, París, Le livre de
Poche, 1999. Remito también al excelente análisis del Mediterráneo que hizo Ricoeur:
Temps et récit, op. cit. , 1, pp. 366384.
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Cfr. las
observaciones de P. Ricoeur, op. cit., 1, pp. 187188. Para lo relacionado con el recurso a
las metáforas y no a los conceptos, cfr. las observaciones de Giuliana Gemelli, quien
remite a la vez a Bachelard, del que Braudel fue lector en los años 1930, y a la
elaboración de una ciencia de lo complejo. Para entender a Braudel, es necesario por
consiguiente sumergirse en el universo inasequible de las metáforas (Fernand
Braudel e l'Europa universale, Venecia, Marsilio, 1990; utilizo aquí, salvo excepción,
la edición francesa, revisada y aumentada, publicada bajo el título Fernand Braudel,
París, O. Jacob, 1995, pp. 8788). En lo relacionado con la lógica de estas metáforas,
cfr. KINSER, Samuel, Annaliste Paradigm? The Geohistorical Structuralism of Fernand
Braudel, en American Historical Review, LXXXVI, 1981, p. 72.
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|
BRAUDEL,
Fernand, La Méditerranée et le monde méditerranéen à lépoque de Philippe II
(en adelante Méd., 1949), París, Armand Colin, 1949, pp. XIIIXIV; segunda edición, 1966
(en adelante Méd., 1966), pp. 1617: las partes añadidas de la segunda edición figuran
entre corchetes.
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|
|
Med.,
1949, p. 923; Méd., 1966, II, p. 383. Hay que observar que Lucien Febvre había
utilizado, en 1931, una metáfora similar la corteza aparente para
designar los acontecimientos en el mundo políticodiplomático: texto retomado en FEBVRE,
Lucien, Combats pour lhistoire, París, A. Colin, 1953, p. 62.
|
|
|
Méd.,
1949, p. 721.
|
|
|
BRAUDEL,
Fernand, Positions de lhistoire en 1950, en Écrits sur lhistoire,
París, Flammarion, 1969, p. 22.
|
|
|
Méd.,
1949, p. 923; Méd., 1966, II, p. 383.
|
|
|
BRAUDEL,
Fernand, Positions..., op. cit. , p. 22. La parábola de Bahía
aparece tal cual en el texto de las lecciones que Braudel dio durante su cautiverio en
Alemania, durante los años 19411944: Lhistoire, mesure du monde [1944],
en Les écrits de Fernand Braudel, II, Les ambitions de lhistoire, París, De
Fallois, 1997, pp. 2324.
|
|
|
Méd.,
1949, p. 721.
|
|
|
BRAUDEL,
Fernand, Histoire et sciences sociales. La longue durée, en Annales,
Économies, Sociétés, Civilisations, XIII, 1958, pp. 725753; retomado en Écrits sur
lhistoire, op. cit., p. 46.
|
|
|
Ver, en
particular, Lhistoire, mesure du monde, op. cit., pp. 1183.
|
|
|
BRAUDEL,
Fernand, Ma formation dhistorien, op. cit., p. 15. Personal
Testimony, en Journal of Modern History, XLIV, 1972, p. 451; el texto original, en
francés, fue publicado con el título Ma formation dhistorien, en
Écrits sur lhistoire, II, Paris, Arthaud, 1990, p. 11.
|
|
|
BRAUDEL,
Fernand, Ma formation dhistorien, op. cit., p. 15.
|
|
|
GEMELLI,
G., op. cit. , edición italiana, p. 31.
|
|
|
Histoire
et sociologie, en GURVITCH, Georges, (ed.), Traité de sociologie, París, PUF,
19581960, reeditado en Écrits sur lhistoire, op. cit., p. 116.
|
|
|
Une leçon
dhistoire de Fernand Braudel. Châteauvallon, octubre 1985 , París, Arthaud, 1986,
p. 7.
|
|
|
Lhistoire,
mesure du monde, op. cit., p. 28.
|
|
|
Méd.,
1966, I, p. 11.
|
|
|
BLOCH,
Marc, Létrange défaite, témoignage écrit en 1940 [1946], París, A. Colin, 1957,
p. 194; hay que observar que el adjetivoprofundo aparece frecuentemente en los
escritos de Bloch (por ejemplo, pp. 165, 173, etc.). Para estudiar los nexos entre las
posiciones científicas y políticas de Bloch, ver las bellas páginas de GEREMEK,
Bronislaw, Marc Bloch, historien et résistant, en Annales, Économies,
Sociétés, Civilisations, XL, 1986, pp. 10911105; consultar también los enriquecedores
análisis de DUMOULIN, Olivier, Marc Bloch, París, 2000.
|
|
|
BLOCH,
Marc, op. cit., p. 167.
|
|
|
Ibid., p.
191.
|
|
|
Ibid., p.
217.
|
|
|
Ibid., p.
217.
|
|
|
MÜLLER,
Bertrand, Marc Bloch et les années trente: lhistorien, lhomme et
lhistoire, en DEYON, Pierre, RICHEZ, JeanClaude, STRAUSS, Léon (ed.), Marc
Bloch, lhistorien et la cité, Estrasburgo, 1997, p. 182, citado en DUMOULIN,
Olivier, op. cit., p. 176.
|
|
|
Para
abordar el conjunto de la obra braudeliana, cfr. TENENTI, Branislava, Bibliographie
des travaux de Fernand Braudel, en Mélanges en lhonneur de Fernand Braudel.
Méthodologie de lhistoire et des sciences humaines, Toulouse, Privat, 1973, p.
483509 (exhaustiva hasta 1971).
|
|
|
Les
Espagnols et lAfrique du Nord de 1492 à 1577, en Revue africaine, LXIX, 1928,
pp. 184233, 351428.
|
|
|
Ibid.,
pp. 188189.
|
|
|
Ibid., p.
209.
|
|
|
Ibid. ,
p. 392.
|
|
|
Ibid., p.
192. Se pueden encontrar observaciones similares, algunos años más tarde, en el informe
de JULIEN, CharlesAndré, LHistoire de lAfrique du Nord. Tunisie,
Algérie, Maroc, en Revue historique, LXXIV, 1933, Paris, 1931, p. 52: Hay
algunos signos que presagian la lluvia que no son, sin embargo, la causa.
|
|
|
Les Espagnols..., op. cit. , p. 209; en una reseña sobre un libro de política
colonial de la Monarquía de Julio, publicada el mismo año en la misma Revista africana
(LXIX, 1928, p. 462), Braudel concluía aún más explícitamente: La política del
gobierno siempre se ha limitado a ir detrás los acontecimientos... El azar ha sido un
gran obrero en la conquista de Algeria. Estas observaciones fueron retomadas durante
sus años de cuativerio, en Lhistoire, mesure du monde, op. cit. , p.
27.
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|
|
Braudel
utiliza frecuentemente expresiones similares: De tanto esforzarse por ser exacto, el
señor Esquer supo dar, en el relato de los acontecimientos militares de la expedición,
la impresión de la vida misma, en Revue africaine, LXXI, 1930, p. 167; De ese
tipo de libros, la vida está excluida, en Revue historique, t. 196, 1946, p. 85.
|
|
|
Informes
en Revue africaine, LXXI, 1930, p. 167, 400.
|
|
|
Revue
historique, t. 168, 1936, p. 84.
|
|
|
Lhistoire,
mesure du monde , op. cit., p. 17.
|
|
|
ROUPNEL,
Gaston, Histoire et destin, París, Grasset, 1943, p. 170, citado por BRAUDEL, Fernand,
Faillite de lhistoire, triomphe du destin?, en Annales dHistoire
sociale, VI, 1944, p. 71; Braudel hace suya la fórmula: Hemos encontrado, por largo
tiempo, el sentido trágico de la historia, en Lhistoire, mesure du
monde, op. cit., p. 17.
|
|
|
Faillite
de lhistoire..., op. cit., p. 76.
|
|
|
RICOEUR,
Paul, op. cit., I, p. 375.
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Para
convencerse de ello, basta hacer un seguimiento de las reseñas sobre el Mediterráneo:
frecuentemente, la tercera parte no es tenida en cuenta (es lo que hace, por ejemplo,
Claude Lefort, Histoire et sociologie dans loeuvre de Fernand Braudel,
en Cahiers internationaux de Sociologie, VII, vol. XIII, 1952, p. 122131); los
especialistas del siglo XVI son prácticamente los únicos, y generalmente de manera
breve, en elogiar esta parte del libro (por ejemplo, BATAILLON, Marcel, en Revue
économique, I (2), 1950, pp. 239241).
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|
Lhistoire,
mesure du monde, op. cit., p. 16.
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Philippe
II [1969], reeditado en Écrits sur lhistoire, II, op. cit., p. 241:
...mientras que el rey prosigue en su tarea, alrededor de él el mundo cesa de
producir su inmenso rumor.
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|
|
Écrits
sur lhistoire, op. cit., p. 46; se encuentra una enumeración casi idéntica en
Méd., 1966, II, p. 223. Una ilustración ejemplar de esta situación lo constituye el
estudio y la cartografía de la borrasca originada por los vientos mistrales el 19 de
abril de 1569, que dispersó las galeras del Gran Comandante de Castilla; Méd., 1966, II,
p. 231.
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|
Méd.,
1949, pp. 164, 428, 557, 627, 663.
|
|
|
Ibid., p.
558.
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|
BRAUDEL,
Paule, Les origines intellectuelles de Fernand Braudel: un témoignage,
Annales, Économies, Sociétés, Civilisations, XLVII, 1992, p. 242.
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Méd.,
1949, p. 555.
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BRAUDEL,
Paule, op. cit., p. 238.
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Philippe
II, op. cit., pp. 210, 217.
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Recordemos
que la tercera parte del Mediterráneo se intitula, en las dos ediciones, Les
événements, la politique et les hommes.
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Méd.,
1966, II, pp. 223224.
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Esta
expresión es retomada con frecuencia: por ejemplo, Méd., 1966, II, p. 279: los
grandes acontecimientos de Europa del occidente y del norte.
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Méd.,
1949, p. 731; Méd., 1966, II, pp. 231, 233; Charles Quint..., op. cit. , p.
187. Para una evaluación más reciente sobre Mühlberg, ver SCHILLING, Heinz, Aufbruch
und Krise. Deutschland, 15171648, Berlín, Wolf Jobst Siedler Verlag GmbH, 1988 (ed.
italiana, Bologna, Il Mulino, 1997, p. 262).
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Méd.,
1949, p. 923.
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Philippe
II, op. cit., pp. 232233; Braudel retomará una vez más el análisis de Lepanto
durante el coloquio organizado para conmemorar el cuarto centenario de este
acontecimiento.
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Méd.,
1949, p. 924; el texto aparece con muy pocas modificaciones en Méd., 1966, II, p. 383.
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|
Lhistoire,
mesure du monde, op. cit., p. 17.
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Subrayemos
de manera particular las propuestas de Andreas Suter, Histoire sociale et
événements historiques. Pour une nouvelle approche, en Annales, Histoire, Sciences
sociales, LII, 1997, pp. 543567, sobre todo su propuesta original sobre el recurso a la
cámara lenta.
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|
Esta
observación se aplica incluso a los recientes trabajos sobre las formas de la retórica
historiográfica; ver, por ejemplo, CARRARD, Philippe, Poetics of the New History. French
Historical Discourse from Braudel to Chartier, BaltimoreLondres, 1992, en particularr pp.
2937, The Politics of Storytelling.
|
|
|
Ver, en
particular, su contribución al coloquio italiano organizado para celebrar el cuarto
aniversario de la batalla.
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|
|
BRAUDEL,
Fernand, LIdentité de la France, t. 1, Espace et histoire, París, Arthaud, 1985,
pp. 316336.
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|
Méd.,
1949, p. 938; observemos que lo verdadero y decir desaparece en la segunda
edición, II, p. 395.
|
|
|
Lhistoire,
mesure du monde, op. cit., p. 29.
|
|
|
Ibid., p.
18.
|
|
|
Un caso
extremo se encuentra en un artículo poco conocido de Braudel, La mort de Martin De
Acuña: 4 février 1585, en Mélanges offerts à Marcel Bataillon , Bulletin
hispanique, LXIVbis, 1962, pp. 318, en el que Braudel edita el único documento que
informa acerca de la muerte de un aventurero, del que Braudel había trazado la
trayectoria en El Mediterráneo y que se encuentra en su Philippe II, en el que se narra
la ejecución de este aventurero.
|
|
|
Lhistoire,
mesure du monde, op. cit., p. 20.
|
|
|
Charles
Quint... , op. cit., p. 171.
|
|
|
Lhistoire,
mesure du monde, op. cit., 1997, p. 19.
|
|
|
Charles
Quint... , op. cit., p. 196.
|
|
|
Con
relación a este punto, ver el reciente estudio de DOOLEY, Brendam, De bonne main:
les pourvoyeurs de nouvelles à Rome au XVIIe siècle, en Annales, Histoires,
Sciences sociales, LIV, 1999, p. 13171344, que remite a los trabajos anteriores.
|
|
|
Méd.,
1949, p. 933.
|
|
|
Por
ejemplo, Med., 1966, II, pp. 388, 389, 391.
|
|
|
Méd.,
1949, pp. 798813; 1966, II, pp. 285296. La expedición ya había sido objeto de un
profundo estudio: DE MONCHICOURT, Charles, Lexpédition espagnole de 1560 contre
l'île de Djerba, París, 1913.
|
|
|
Les
Espagnols..., op. cit., p. 191.
|
|
|
Cf. RIBOT
GARCÍA, Luis A., Las provincias italianas y la defensa de la monarquía, en
MUSI, Aurelio (éd.), Nel sistema imperiale. LItalia spagnola, Nápoles, 1994, pp.
6792.
|
|
|
Con
respecto al viaje de Enrique II a Alemania, ver, Méd., 1966, II, p. 245.
|
|
|
Philippe
II, op. cit., p. 249.
|
|
|
Ibid., p.
220 ;
|
|
|
Charles
Quint..., op. cit., p. 181
|
|
|
Sobre la
proliferación de los intermediarios entre los turcos y los españoles, en los años
posteriores a Lepanto, ver Méd., 1966, II, pp. 433434.
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BATAILLON,
Marcel, op. cit., p. 240.
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