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La historia de la Costa Atlántica está determinada por la importancia de
Cartagena como centro de la actividad económica, social y política. Otros núcleos
urbanos como Santa Marta, por muchas razones, no tuvieron un papel de primer orden.
Barranquilla tardó varias décadas para jugar un rol significativo en su historia. Una
excepción fue Mompox por su papel como puerto esencial para el comercio y navegación
entre Cartagena y el interior del país.
Establezcamos algunos datos y premisas para la historia social y económica de la región.
1) El descenso rápido de la población indígena. Cuando hacia 1611 el visitador real don
Juan de Villabona Zubiaurre hizo su visita a la Costa Atlántica, encontró que las
encomiendas eran muy pequeñas. Fluctuaban entre diez o veinte indígenas tributarios por
encomienda
(3)
. Esta penuria de mano de obra hizo
necesaria la importación de población esclava africana. Se formó entonces una sociedad
esclavista que dejaría una huella muy profunda en la economía, la sociedad y la cultura
costeñas.
2) La Costa Atlántica fue la región en donde la política de tierras de la corona
española fue más propicia a la concentración de la propiedad y a la formación de
grandes latifundios. Propietarios como don José Fernando de Mier, doña Micaela Saenz y
don Andrés de Madariaga, el famoso Marqués de Pestagua, poseían en conjunto 150.000
hectáreas
(4)
. Dado el ritmo lento de la
evolución de la propiedad de la tierra entre nosotros y el conservadurismo de nuestra
política agraria, con alguna disminución en la magnitud de las propiedades, el régimen
colonial de propiedad se prolongó a través de la era republicana y quizás se agravó
con la manguiancha política de concesión de baldíos que practicaron
nuestros gobiernos del siglo XIX, de manera que la concentración de la propiedad se
mantuvo hasta fecha muy reciente y quizás se mantiene hasta nuestros días, a pesar de
las reiteradas tentativas de nuestros gobiernos para hacer una verdadera reforma agraria.
3) La importancia absorbente de Cartagena como centro de la actividad portuaria, como
núcleo esencial del comercio ultramarino, no sólo para el actual territorio de Colombia,
es decir de la Nueva Granada, sino también para el comercio entre España y América,
como punto de llegada y de giro de las flotas hacia Santo Domingo y México, dio a la
ciudad un desarrollo urbano, social, político y militar excepcionales.
4) Quizás por el rol absorbente de la ciudad, la penetración y colonización del
interior fueron lentas y en cierto sentido pobres. En efecto, la formación de las
haciendas fue lenta y se llevó a cabo por propietarios ausentistas que por muchas razones
preferían vivir en Cartagena, dedicados a actividades más lucrativas como el comercio y
quizás el contrabando. Es muy significativo el hecho de que las haciendas costeñas no
presenten las casas haciendas que hubo, por ejemplo, en el Cauca, en el Valle del Cauca o
en la Sabana de Bogotá, algunas de las cuales han subsistido hasta nuestros días. A los
propietarios y terratenientes de Cartagena o Mompox les eran suficientes unas cuantas
chozas pajizas para albergar esclavos y peones, pues ellos ni vivían, ni tenían
necesidad de visitar sus propiedades que se administraban con mayordomos y capataces.
5) Por las mismas razones, la fundación de poblaciones, villas y ciudades fue lenta y
precaria. No hubo en el interior de la Costa Atlántica algo como las villas y ciudades de
Boyacá y los Santanderes. Algo como el Socorro, San Gil, Barichara o Girón. O como en
Boyacá, Tunja, Villa de Leyva o Monguí con sus construcciones de mampostería, iglesias
y hasta catedrales como la tuvo, por ejemplo, Monguí. O como las tuvieron algunas villas
de Antioquia.
6) El contraste con el interior de la Costa Atlántica es impresionante. Hay varias
descripciones de la situación existente en la región a fines del siglo XVIII. Una de
ellas la dejó el padre Joseph Palacios de la Vega en su diario de viaje, que hace algunos
años publicó Gerardo Reichel-Dolmatoff
(5)
. En
realidad, en ella no había poblaciones sino conglomerados humanos que algunos documentos
describen como rochelas. Había hombres y mujeres arrochelados,
viviendo en forma promiscua, en un tipo de asociación que los sociólogos modernos
dominan situaciones de anomia, es decir, sin normas. La descripción que hace
el padre Palacios de la Vega de lo que eran las iglesias es impresionante. No sólo
carecían de buenas fábricas, es decir de construcciones sólidas, por ejemplo de piedra
o ladrillo, sino que estaban desprovistas de altares e imágenes. Incluso informa que en
ellas se jugaba cartas.
7) Los historiadores están bien informados acerca de los esfuerzos que en la segunda
mitad del siglo XVIII hicieron las autoridades virreinales para agrupar las poblaciones
dispersas y dar una racionalidad al poblamiento, tareas que fueron encomendadas a don
Antonio de la Torre Miranda
(6)
. Allí comenzó
una nueva etapa del desarrollo económico de la Costa Atlántica. Esto en la provincia de
Cartagena.
8) En el este de la Costa, es decir, en la provincia de Santa Marta, la colonización fue
aun más lenta y tardía. Casi se puede decir que allí ni siquiera se había realizado la
conquista. Sólo a partir de 1750 comenzaron las entradas, como se llamaron
las expediciones de conquista y dominación de los guajiros y los chimilas, y
probablemente, cuando se produjo la independencia, la situación no había variado
significativamente
(7)
.
9) Tampoco debió variar mucho en el curso del siglo XIX. Ni en los primeros años del XX,
digamos, antes de 1930, cuando se supone que se inició el moderno desarrollo industrial y
social del país. Algo, quizás mucho, ha variado en materia de desarrollo urbano. Pero en
el campo, en el gran hinterland, las transformaciones probablemente han sido muy
discretas. A este propósito, este cronista recuerda que cuando en los años sesenta,
precisamente hacia 1962, su esposa, la antropóloga Yolanda Mora de Jaramillo, fue
delegada por el Instituto Colombiano de Antropología para escribir una monografía sobre
las condiciones de la vida rural en la Costa Atlántica, escogió el corregimiento de
Cuatro Bocas, ubicado a pocos kilómetros de Barranquilla. La situación social y
económica que la autora encontró allí probablemente no distaba mucho de la que
describió el padre Palacios de la Vega en la segunda mitad del siglo XVIII
(8)
.
Conclusiones
1. La posición dominante de Cartagena como puerto, como centro del
poder marítimo y como gran núcleo comercial, tanto del comercio de importación como de
exportación, restó importancia al desarrollo y colonización del interior, especialmente
al desarrollo urbano.
2. La temprana disminución de la mano de obra indígena obligó a la
importación masiva de población africana esclava, lo que dio lugar al desarrollo de una
sociedad esclavista, que entre varios resultados sociales tuvo el de infamar o
desvalorizar el trabajo manual y en general el trabajo productivo.
3. Las haciendas y en general la economía agrícola y ganadera se
desarrollaron con ausencia de los propietarios, lo que dio como resultado una evolución
precaria de la arquitectura rural y un cambio igualmente precario del desarrollo urbano,
que sólo comenzó a mejorarse a fines de la época colonial y ha tenido una
transformación muy lenta en la era republicana, incluyendo, quizás, nuestra propia
época.
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Lectura hecha en el Seminario
sobre problemas sociales y políticos de la Costa Atlántica organizado en Barranquilla
por Armando Benedetti (junio 2002).
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Profesor Titular del Departamento
de Historia de la Universidad de los Andes.
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COLMENARES, Germán, Historia
económica y social de Colombia, Bogotá, Universidad del Valle, 1973.
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TOVAR PINZÓN, Hermes, Grandes
empresas agrícolas y ganaderas, Bogotá, Ed. Corporativa de Profesores de la Universidad
Nacional, 1982
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REICHEL-DOLMATOFF, Gerardo (ed.),
Diario de viajes del padre Joseph Palacios de la Vega, Bogotá, ABC, 1955.
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MORENO DE ÁNGEL, Pilar, Antonio
de la Torre Miranda viajero y poblador, Bogotá, Planeta, 1993.
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ORTIZ, Sergio Elías (ed.),
Escritos de dos economistas coloniales. Antonio de Narváez y Latorre y José Ignacio de
Pombo, Bogotá, Banco de la República, 1965.
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MORA DE JARAMILLO, Yolanda,
Economía y alimentación en un caserío rural de la Costa Atlántica, en
Revista Colombiana de Antropología, vol. XII, Bogotá, 1963.
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