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Nueva Granada, siglo XVIII. Estamos en un período de cambios: en el mediano plazo, por
las reformas borbónicas y, desde una óptica de larga duración, nos situamos en un
momento del proceso de consolidación de unas nuevas sociedades en el continente
americano. Capital dentro de este macroproceso es el mestizaje, esa mezcla de sangres, de
culturas, de visiones del mundo. En el momento al que se refiere este trabajo, que es
cuando los hombres producto de estas mezclas adquieren una presencia realmente importante,
es de especial interés preguntarse por la noción del mestizo, para ver qué ideas se
tenían de él, tanto desde las demás categorías sociales como desde sí mismo, es
decir, desde su identidad como tal. Si América tiene como producto principal ese
hombre nuevo que es el mestizo, la producción de la raza cósmica
de la que hablaba José de Vasconcelos
(2)
, en
este trabajo se busca establecer cómo se entendía esta categoría social en esta etapa
clave de su surgimiento.
El interés de todo esto se halla en la intuición de que el surgimiento del mestizo fue
uno de los factores más importantes en el resquebrajamiento de todo el sistema colonial.
La hipótesis que buscamos probar, más concretamente, es que el mestizo era un elemento
social de importancia creciente y con ventajas cada vez más evidentes dentro de una
estructura social que lo excluía, razón por la cual facilitó el derrumbe de la Colonia
y la creación de repúblicas independientes en todo el continente hispanoamericano.
I. Los ires y venires de la categoría
1. Noción misma de mestizo
Lo primero que debemos aclarar es qué es un mestizo, es decir, cuál es el objeto mismo
de nuestro estudio. ¿Es una categoría racial, social, económica, política, biológica?
¿Es una condición variable o determinada? El sustantivo mestizaje significa, según el
diccionario histórico de Marín Alonso, mezcla de razas
(3)
. Esta acepción, sin valoración alguna, se contrapone a lo que
la misma obra dice del verbo mestizar: corromper o adulterar las castas por el
ayuntamiento o cópula de individuos que no pertenecen a una misma
(4)
Como vemos, esta forma de entender dicha mezcla es
altamente negativa, y proviene del siglo XVII
(5)
.
Quizás con el deseo de separar esta carga emocional y de crear una categoría de
análisis, varias obras hablan de mezcla de razas o de
miscegenación
(6)
Ahora bien, esta no es la única aclaración lingüística que debe hacerse. El término
mestizo puede aplicarse en un sentido amplio o en un sentido concreto. Veamos lo que nos
dice Martín de Alonso sobre dicho vocablo: dícese de la persona nacida de padre y
madre de raza diferente y con especialidad del hijo de hombre blanco e india o de indio y
mujer blanca
(7)
. Vemos allí las dos
posibilidades: el mestizo es el producto de una mezcla cualquiera de razas, pero
específicamente se habla de mestizo para referirse al producto de indio con español. En
nuestro trabajo nos limitaremos a trabajar el mestizo en este último sentido. Para la
noción más general de personas de sangre mezclada utilizaremos el término
castas, propio de la época y, por lo tanto, más correcto de aplicar dentro
del ámbito histórico de este estudio.
a) Contextualización: el tipo de sociedad
Teniendo en cuenta de qué grupo social estamos hablando, procedemos ahora a situarlo en
una sociedad concreta, como era la colonial. Dado el enfoque social que tiene la tesis que
intentamos comprobar, nos parece fundamental explicar dicha sociedad, antes de mirar
concretamente la posición del mestizo.
Desde un punto de vista esencialmente teórico, el siglo XVIII fue el siglo de la
Ilustración. Base de este movimiento intelectual fue el enorme progreso de las ciencias
naturales, por lo que se veía en el método científico una especie de panacea para todas
las dudas, inclusive las provenientes de la observación de los fenómenos sociales. Como
aplicación de este cientificismo, la visión de la sociedad cambió: se entendía al
conglomerado social como un cuerpo, donde cada grupo social sería un órgano con su
correspondiente ubicación y función, y cada individuo, por lo tanto, debería formar
parte de uno de estos grupos.
Ahora bien, esta concepción de la sociedad se configura como la continuación de una
noción fundamental, como es el llamado estado estamental. Esta última idea se refiere a
una sociedad divididas en capas, llamadas estamentos, con distinción
fundamental tanto en su posición como en sus funciones. A este Estado estamental se opone
una organización llamada castal. Este tipo de sociedades supone una división
social rígida y permanente, basada en el nacimiento y sin posibilidad alguna de
movilidad.
Por otro lado, según las teorías de Carlos Marx, las sociedades evolucionaron de este
tipo estamental a sociedades industriales, cuya división se hace fundamentalmente por
razones económicas, a través de las clases sociales. El cambio más radical que se da
entre estos dos tipos de sociedad, desde el punto de vista de los grupos que los
conforman, es la movilidad social. La enorme dificultad en una sociedad preindustrial para
aceptar estos cambios fue justamente uno de los factores que llevaron a su fin.
Los tres tipos de sociedad que explicamos arriba son más modelos explicativos que
radiografías de una realidad social (tipos ideales, en términos de Weber).
Es así como la Nueva Granada no puede ser ubicada dentro de un tipo de sociedad concreto,
sino que en su realidad se pueden encontrar elementos de varios de ellos. En primer lugar,
pese a la importancia de la pertenencia a un grupo por el nacimiento y la sangre, no se
presentaba un modelo tan cerrado como el castal, ni un modelo puramente estamental
(8)
. Lo primero se hace evidente si tenemos en
cuenta que, si bien existía una gran separación social, el español no tenía reparo
alguno en acercarse a la mujer india y unirse de manera más o menos permanente
(9)
. En cuanto al segundo punto, basta recordar que
el nacimiento sí tenía cierta relevancia en la estratificación social.
Así, la sociedad colonial es no sólo una sociedad mixta, sino que está en permanente
evolución, lo que se reflejará directamente en la situación de los mestizos como grupo
social.
b) Mestizo y mestizaje
Como vemos, es dentro de una sociedad cambiante que se desarrolla el mestizo en el siglo
XVIII. Ahora bien, la pregunta respecto a su ubicación concreta dentro de esta estructura
es más que relevante. Veamos, entonces, de manera más concreta, cómo estaba organizada
esta sociedad colonial.
El concepto base de todo el sistema social era la división en dos grandes grupos: la
república de españoles y la república de indios. Esta
dicotomía se complementaba con la existencia de los esclavos traídos desde África y sus
descendientes, que componían un tercer elemento que, por su naturaleza de inferioridad,
no llegaba al rango de república. Podríamos definir, tentativamente, la república como
la cosa pública que concierne a un grupo de personas; de hecho, el
Diccionario Histórico de Martín Alonso la define como cuerpo político de una
nación
(10)
. Dada la política de
separación entre indios y blancos aplicada en América
(11)
,
se puede decir que la idea era la conformación de dos grupos sociales lo suficientemente
separados como para que su esquema jurídico y social fuera notablemente distinto y, por
lo tanto, se tratara de dos repúblicas diferentes. Los indios y los españoles estaban
regidos por sistemas jurídicos diferentes, debían vivir geográficamente separados
(12)
y tenían ocupaciones económicas claramente
separadas
(13)
. Además, su importancia
política era bastante desigual, ya que los primeros debían sufrir el yugo de la
conquista, que, correlativamente, otorgaba grandes beneficios a los segundos.
Esta forma de estructurar la sociedad puede leerse de acuerdo a las ideas organicistas:
podemos decir, por ejemplo, que los españoles eran la cabeza la parte
pensante del cuerpo social, mientras que los esclavos eran las extremidades, los
órganos que se ocupan del trabajo más burdo y más vil, sosteniendo así toda la
sociedad. Como reflejo de estas nociones, que requerían de una compartimentación muy
precisa de la sociedad, las castas se subdividieron en innumerables tipos:
tercerones, cuarterones, montañeses, zambos, moriscos, albinos, cambujos, zambaigos...
(14)
.
Ahora bien, como vemos, los mestizos no tienen cabida en el esquema inicial. Veamos,
entonces, cómo entraron a formar parte de la sociedad colonial. Dentro de un proceso de
conquista a sangre, pero con una colonización poblacional relativamente baja, se
iniciaron contactos entre conquistadores y conquistados. Es capital dentro de este proceso
tener en cuenta la correlación entre hombres y mujeres españoles que pasaban a América,
con lo que se entiende la lógica de la presencia de los primeros mestizos por los
acercamientos sexuales entre españoles e indias
(15)
.
Se debe anotar que el origen ilegítimo, por haber nacido por fuera del matrimonio, no
disminuyó sustancialmente a lo largo de los tres siglos de colonialismo
(16)
.
Debemos preguntarnos ahora por la relación que el hijo tenía con sus padres. De acuerdo
a la información presente, la mayor parte de ellos entraba, en un principio, a formar
parte del grupo de sus madres indias, y pocos eran reconocidos por sus padres. Las
implicaciones de todo ello fueron grandes, puesto que los mestizos, además de su
condición particular per se, muchas veces tuvieron que cargar con la mancha de la
ilegitimidad e incluso con el rechazo de sus padres, lo que claramente los alejaba y los
excluía del grupo de los españoles.
De manera general, la situación de los escasos mestizos legítimos era mucho mejor que la
del resto de ellos, pues su característica les permitía tener mayor acceso a las
prerrogativas del grupo español. Las uniones sexuales por fuera del matrimonio, llamadas
amancebamiento o barraganía, altamente frecuentes
(17)
, eran muy mal vistas tanto por parte de la Corona como
de las autoridades eclesiásticas
(18)
. El que
la mayor parte de los mestizos tuviera como origen estas uniones non sanctas hizo que la
Corona, a través de las órdenes que daba a sus funcionarios para atacar el
amancebamiento, atacara indirectamente a los mestizos
(19)
.
Cuestiones de herencia, de ordenamiento religioso, de utilización de armas y pertenencia
a las milicias y de ingreso a la educación son quizás las más importantes y
representativas de estas políticas de estrangulamiento a las uniones sexuales
extramatrimoniales, con el evidente patrocinio de la Iglesia
(20)
.
En oposición a esto, el matrimonio interétnico sí estaba permitido
(21)
. Más adelante trataremos el problema de la aplicación
práctica de estas disposiciones legales.
Vemos, entonces, que a la condición de exclusión por no tener los caracteres esenciales
para pertenecer a alguna de las dos repúblicas, se le suma la razón del rechazo social a
sus orígenes ilegítimos. Proseguimos, entonces, con la indagación respecto de la
relación que, de hecho, surgió entre la estructura social ideal y el elemento imprevisto
que fue el mestizo.
2. Inclusión en la categoría es exclusión en la sociedad
Ser mestizo implicaba pertenecer a un grupo que, en su conjunto, estaba excluido de la
sociedad o, cuando menos, presentaba un serio problema a la estructura de la sociedad
colonial. Por lo tanto, esta pertenencia podía ser vista por los mestizos como una
desventaja social, como una forma de convertirse en individuos marginales. Es por esta
connotación negativa que este etiquetamiento presentaba grandes discusiones; el debate y
las luchas alrededor de esta manifestación del dilema inclusión-exclusión resultan
capitales para entender más exactamente la posición del mestizo, no sólo frente a los
otros sino ante sí mismo.
a) ¿Quién decide?
La determinación de la pertenencia a un grupo social, dentro de cualquier sociedad, pero
aún más en aquellas que dejan poco espacio a la movilidad social, es un debate político
de inmensas repercusiones. Para cada individuo su posición social es un factor esencial
con respecto a las oportunidades que tenga en su vida, pues define su valía en términos
sociales, culturales políticos e, incluso, económicos. La intención es entonces
estudiar quién establecía esta pertenencia en el caso de los mestizos y cómo se
realizaba esta elección.
La primera herramienta que tiene un Estado para realizar escogencias políticas es el
derecho
(22)
. La legislación colonial, basada
en la casuística, solía ser variable y relativamente indeterminada, lo que dificulta de
manera relativa el dar juicios absolutos en este campo
(23)
.
Como ya lo vimos, y debido a que el amancebamiento iba en contravía de los preceptos
morales más caros a la sociedad española, el derecho indiano tomó, en muchos puntos, un
cariz de separación de los mestizos frente a los blancos
(24)
.
En cuanto a los límites con respecto a los indios, éstos también son variables, pero
relativamente claros: el mestizo logró eximirse del pago del tributo tras muchas
indecisiones al respecto (el tributo consistía en trabajo obligatorio, y era uno de los
símbolos más evidentes de la relación entre dominante y dominado
(25)
), el mestizo no era un incapaz jurídico.
Ahora bien, si esto nos muestra cuál era la posición social del mestizo, no nos define
quién decidía respecto a la pertenencia a este grupo. En otras palabras, tenemos una
serie de normas que, si bien de forma variable e incierta, nos permiten entender el
estatus jurídico del mestizo, no llenan de contenido esta categoría. Ya que el derecho
sólo nos muestra los contornos pero no los elementos de este conjunto, debemos
aproximarnos a la situación social.
La vida cotidiana de la Colonia era el escenario en el cual se determinaba quién era
mestizo y quién no. Las costumbres son fundamentales como reflejo de la pertenencia a un
grupo. Los relatos de la época nos hablan de diferencias establecidas por todo tipo de
usos externos, entre los cuales tenemos el vestido
(26)
.
Este elemento permite mostrar a qué grupo social se pertenece de forma implícita y sin
necesidad de proclamarlo, por lo que su importancia simbólica es tan grande como pueden
ser las fronteras sociales determinadas por el uso del lenguaje o los hábitos de
recreación. Por otro lado, tenemos una manifestación más clara de la importancia de
tener la sangre limpia. Durante la Colonia, los litigios respecto al linaje
fueron innumerables. En ellos, se llamaban testigos para comprobar la fama que, de blanco
o de mestizo (por la contraparte) se tenía, lo que demuestra la dificultad y la
importancia de determinar quién era o no mestizo
(27)
.
Como vemos, la indeterminación respecto a ser o no mestizo era bastante grande; tanto
así, que el simple cambio de lugar de habitación ya era una gran posibilidad para
cambiar de grupo social. La decisión, por lo tanto, si bien debía estar determinada por
el origen racial, terminaba por quedar potencialmente en manos del mismo individuo.
b) Varias aproximaciones a la exclusión
¿Cuál era el interés del mestizo en pertenecer o no a su categoría? En el campo
económico, como ya lo vimos, el mestizo tenía interés en no ser confundido con el
indio, ya que así evitaba el pago del tributo. El deseo de ser español se
basaba, en cambio, en la posibilidad de ejercer mejores actividades económicas. Así, el
acceso a cargos públicos, como escribanías, o a ciertos gremios artesanales de
prestigio, como el de los plateros, se abría a los blancos
(28)
.
Además de estas ventajas económicas, el prestigio social se incrementaba de forma
indudable si se tenía la sangre limpia
(29)
.
La utilización de atuendos, el ingreso a elites socio-económicas, el acercamiento a los
modelos sociales, eran puertas que se abrían mediante lo que Virginia Gutiérrez de
Pineda y Roberto Pineda han dado en llamar blanqueamiento socio-racial
(30)
. Además de estas razones positivas para
salir de la categoría de mestizo, parece ser que también existía una serie de
prejuicios respecto a los mestizos
(31)
:
los mestizos, que son reputados por de costumbres depravadas y perversas
(32)
, y es de forma que mucha gente de mal
vivir, vagabundos, y mestizos y mestizas andan todo el año de unos pueblos a otros
haciendo ofensas a Dios Nuestro Señor
(33)
.
Esta mala reputación incitaba a que conflictos en torno a este aspecto se ventilaran ante
la justicia, pues el hacer o no parte de un grupo social era realmente importante.
II. El lento derrumbe del sistema colonial
1. Crecimiento numérico de los mezclados
Esta cuestión, eminentemente demográfica, no ha sido aclarada del todo
(34)
. Sin embargo, es apenas evidente que la cuestión del
peso proporcional que tenga un grupo social dentro del conjunto permite establecer hasta
qué punto sus posibilidades de acción eran más o menos amplias y, además, ayuda a
medir la importancia que sus decisiones tenían en la sociedad.
a) Datos cuantitativos: empadronamientos
Para el caso concreto de la Nueva Granada, el libro arriba citado de Gutiérrez de Pineda
y Pineda hace una recopilación de empadronamientos, parciales, irregulares e incompletos,
realizados por las autoridades coloniales durante el siglo XVIII. Pese a las grandes
dificultades estadísticas y prácticas, la visión borbónica que suponía en las
colonias un potencial económico muy importante que había sido desperdiciado, la
necesidad intelectual de los ilustrados de entender la sociedad y el mejoramiento en la
recolección tributaria fomentaron estos inventarios de población. Como es obvio, en
ellos se hicieron las distinciones entre los diferentes grupos sociales, lo que nos
permite tener ciertos indicadores en torno al número de mestizos.
Ahora, dado el alto grado de confusión respecto a la pertenencia a los grupos, en los
padrones (que fueron regionales y, por lo tanto, de calidad y cubrimiento muy variables
(35)
) sólo se toman en cuenta cuatro grupos:
blancos, indios, esclavos y mezclados de todos
los colores
(36)
. Los investigadores
realizan una sumatoria tentativa de los resultados de los diferentes empadronamientos con
la intención de establecer un cuadro aproximativo para toda la Nueva Granada. En total,
los mezclados sumarían un 46.6% del total de la población, los blancos el 24.9%, los
indios el 20.3% y los esclavos el 8.2%
(37)
.
Las diferencias regionales son notables, según se puede deducir de los diferentes
padrones, y las dinámicas de crecimiento de la población mezclada también dependían de
variables locales y regionales. Así, según los autores, en muchos casos la realidad
social de las regiones inducía a que los empadronados se clasificaran como indios o
blancos, pese a ser, genéticamente, resultado de algún grado de mestizaje; de la misma
forma, las interpretaciones respecto a la pertenencia a la categoría de mestizo, mulato o
zambo para quienes tuvieran mezcla de las tres etnias presentes son bastante arriesgadas.
La población mestiza, según los razonamientos inductivos que realizan los
investigadores, ocupaba especialmente el altiplano cundiboyacense, el altiplano
nariñense, el sur de Santander, la zona de Popayán y uno que otro enclave; su
proporción podría acercarse a un 20% de la población total
(38)
.
Por otro lado, tenemos las cifras de Francisco Silvestre quien, basándose probablemente
en el censo de 1778, sostiene que había 826.550 habitantes, de los cuales un 80% eran
blancos o mestizos, un 15% indígenas y un 55 esclavos
(39)
.
La diferencia entre este estudio, realizado con las fuentes y la técnica disponibles en
esa época, y los resultados de la investigación arriba reseñada son más que evidentes,
y muestran las dificultades de realizar este tipo de ejercicios.
b) Apreciación de la época: el matiz cualitativo
Es muy diciente también la información que nos proporcionan documentos de la época
sobre la presencia e importancia de los mestizos dentro de la sociedad colonial. Sobre
este punto consultamos la visión de Pedro Fermín de Vargas, uno de los criollos más
ilustrados, que en sus escritos defendió el desarrollo económico del Virreinato
(40)
y, más adelante, su separación de la
monarquía española
(41)
.
En una de sus obras, y refiriéndose a la presencia de mestizos, dice: En los
países mediterráneos del Continente, donde la falta de minas, la bondad del clima o
algunas circunstancias particulares han conservado más número de indios, éstos se han
aliado con los españoles, y de estos enlaces ha resultado la clase de mestizos [...]. A
esta clase, montando gradualmente sigue el de los Criollos [...]. De esta especie son
pocas las personas que se hallan en aquellas colonias. La mayor parte de los criollos
están enlazados con los mestizos
(42)
.
Según este testigo, eran, pues, pocos los blancos que vivían en las colonias, y sus
relaciones con los blancos eran muy próximas. Pero de forma más concluyente, en cuanto
al número de mestizos, dice: Los indios se extinguen rápidamente; pero en su lugar
aumentan los mestizos que nacen de éstos y los blancos
(43)
.
Si relacionamos estas apreciaciones con las cifras que Gutiérrez de Pineda nos da, con
base en los padrones, bien podemos pensar que el número de mestizos era más alto en
términos relativos (y, con menor certidumbre, en términos absolutos) que el que parecen
indicar dichos datos. En todo caso, desde los dos puntos de vista aparece el hecho que la
población mestiza, o que se tomaba como tal, formaba una parte importante de la sociedad
colonial, lo suficientemente grande, creemos nosotros, como para que su situación misma
de exclusión social presentara grandes problemas.
2. ventajas socioculturales del mestizo
Ante esta situación, es evidente que alguna salida habrían de tomar los mestizos. La
disyuntiva política entre la acción colectiva y la respuesta individual a los problemas
colectivos debe ser analizada, pero teniendo en cuenta la cultura política que se tenía
en ese entonces, es decir, las estructuras mentales que permitían o impedían tomar una u
otra vía.
Esta cuestión cultural nos lleva a abordar un punto: la relación entre mestizaje y
aculturación. También denominados como mestizaje biológico y
mestizaje cultural, estos dos fenómenos íntimamente relacionados se
refieren, respectivamente, a la mezcla genética de las razas y al proceso
cultural de mezcla. En este trabajo nos centramos básicamente en las incidencias sociales
del primer aspecto. En muchos casos, un mestizo biológico puede tener referentes
culturales de una sola de las razas, por lo que culturalmente pertenecerá a ella. Como se
puede deducir, el mestizaje cultural juega un papel clave en la representación que el
mestizo se haga de sí mismo, como miembro de alguna de las repúblicas o como excluido y,
por allí mismo, se reflejará en sus estrategias sociales
(44)
.
Intentaremos estudiar la manera como el mestizo podía aprovechar su posición social para
solucionar los problemas generados por la exclusión, sin olvidar que un individuo inmerso
en una sociedad no tiene una independencia absoluta para decidir su posición, ni siquiera
entre las alternativas que teóricamente se le presentan.
A primera vista, se podría pensar que el mestizo no encontraría mayores ventajas en
acercarse al grupo de los indios, pues su estatus social lo acercaba más al del blanco.
Sin embargo, gran parte de los primero mestizos se criaron en y formaron parte de las
redes sociales indígenas. Esta situación, que más parece un destino que una
determinación, pudo verse reforzada por el mejor estatus legal que tenían los indígenas
(45)
y por la existencia de un marco de
pertenencia cultural dentro de los pueblos de indios, así dicha cultura estuviera un
proceso de disolución
(46)
.
La realidad histórica hizo que muchos hijos de españoles, especialmente si eran mestizos
de primera generación y su padre los rechazaba, terminaran viviendo dentro de la
comunidad de su madre. Sin embargo, parece ser que dentro de éstas la situación del
mestizo podía, en casos extremos, ser negativa, dado que no se le consideraba como
verdaderos miembro del grupo
(47)
. Además, la
conciencia de su propia condición diferente le podría crear problemas de adaptación
(48)
, que son los que fundarían ese grupo de
mestizos móviles que tan mala fama tendrían
(49)
.
La otra gran posibilidad para evadir la exclusión social era el asimilarse al grupo
español y, más específicamente, al criollo. Las ventajas de esto son evidentes: mejor
estatus social, acceso a cargos públicos
(50)
y a oficios nobles
(51)
, mejor situación
legal. Sin embargo, como era de esperarse, la oposición de los blancos al ingreso de
mestizos a su grupo fue bastante grande, pues los privilegios compartidos pierden
valoración
(52)
; es en este sentido en el que
deben entenderse buena parte de los litigios de linaje de los que hablamos más arriba.
Además de esto, cierta endogamia blanca se vio favorecida, además de ciertas
disposiciones legislativas encaminadas al efecto
(53)
.
Pese a la oposición de los blancos, gran cantidad de mestizos logró franquear los
obstáculos. La existencia de las gracias al sacar (mercedes reales que
blanqueaban legalmente al individuo
(54)
),
la existencia de blancos pobres, la aceptación del matrimonio interétnico e intercastal
(55)
, la posibilidad de cambiar de ámbito
geográfico (y, por allí mismo, de pasado familiar), la simple confusión por la
similitud fenotípica
(56)
; estas y tantas
otras fueron las puertas por las cuales los mestizos pudieron acceder a este grupo social,
saltando así las barreras a lo que sociológicamente se llama la movilidad social
ascendente
(57)
.
3) Desequilibrio sin rebelión
Esta condición de exclusión y limitación a la movilidad social (que permitiría,
individualmente, escapar del apartamiento) podía desembocar en una situación de
violencia e insurrección. Sin embargo, es bien sabido que, durante la guerra de
Independencia, el conflicto social que se dio en realidad fue entre criollos y españoles.
Debemos entonces preguntarnos qué ocurrió, dentro de la sociedad colonial, con la
presión que ejercía sobre ella el grupo de los mestizos.
a) exclusión mayoritaria y ventajosa: el fin de una época
Es en este punto donde nuestra tesis se concreta de forma más clara: el mestizo, como ya
vimos, tenía cada vez más peso demográfico y era el único que tenía la posibilidad,
si bien limitada, de movilidad social. Estas cualidades, dentro de la sociedad, no fueron
dirigidas de manera conjunta a subvertir el orden existente, sino que socavaron las
instituciones sociales hasta el punto de permitir que las guerras de Independencia se
llevaran a cabo.
El efecto más evidente de este lento y silencioso proceso está en la variación,
también lenta, de los valores socio-culturales. La aplicación de las políticas
económicas de los Borbones permitió el surgimiento de una burguesía, que hizo que el
oficio de comerciante pasara a ser unos de los más prestigiosos en el siglo XVIII (en
esta época, por ejemplo, se fundó el consulado de comerciantes en Cartagena). La
concesión real de las gracias al sacar se hizo porque un Estado moderno, como
el que querían implementar los Borbones, requiere funcionarios hábiles, sin importar su
color
(58)
.
Estos cambios en la valoración cultural que se hacía de los mestizos se reflejaron en el
relajamiento de las normas sociales que legitimaban su marginamiento. La propiedad
individual de la tierra pasó de ser únicamente española para incorporar castas
(59)
. Se disminuyó el número de pueblos de
indios y se incrementó el de parroquias, especialmente gracias al crecimiento del número
de mestizos y a la disminución de los indios
(60)
.
La importancia de los artesanos, en su gran mayoría mestizos o mulatos, crecía ante el
aumento de la población y los problemas del comercio con la metrópoli
(61)
. Todos estos cambios sociales se dieron, en todo o en
parte, debido al peso social y político cada vez mayor de los mestizos.
En suma, el carácter estamental de la sociedad se va limitando cada vez más,
acercándose al modelo de sociedad industrial, dividida en clases sociales, pues el
blanqueamiento de los mestizos y la pobreza de algunos blancos va borroneando
las mismas fronteras de color y linaje
(62)
.
b) La tranquilidad del mestizo
Entre la asimilación a una u otra república, muchos mestizos se dedicaron a suplir las
falencias de la rígida estructura social ante las nuevas necesidades, explotando la
tierra de forma más libre que los indios, ejerciendo oficios como pequeños comerciantes
o artesanos
(63)
.
La actitud del mestizo ante una sociedad que lo excluía se entiende por diferentes
factores, que enunciaremos brevemente. Por un lado, hemos visto que existía una tendencia
importante a identificarse con los dos polos de la sociedad, el indio y el español. Esta
carencia de identidad, si bien se hizo menos aguda a medida que crecía el número y la
importancia de los mestizos, dificultó gravemente la cohesión como grupo social y alejó
las respuestas de conjunto, con lo que la respuesta a estos retos se expresó
esencialmente por la vía individual. El mestizo no tenía un interés real en modificar
radicalmente la sociedad, justamente porque esta falta de unidad le impedía tener un
proyecto político colectivo. Además, al no existir una definición cultural, una cultura
mestiza como tal que se opusiera a la cultura dominante, los lazos de unión eran más
difíciles de crear.
En suma, por estas y otras razones que deben ser mejor entendidas y más estudiadas, el
mestizo no se unió como grupo social para luchar por sus intereses, sino que intentó
forzar, individualmente, los caminos de la movilidad social para ser mejor aceptado en la
sociedad; el mestizo sí participó en las revueltas, pero lo hizo no como mestizo sino
como artesano o, incluso como americano
(64)
.
Esta idea nos plantea un nuevo interrogante, relacionado con los hechos que, a fines del
siglo XVIII, ya se podían entrever, y que cambiaron la estructura de poder. Para el
mestizo, este enfrentamiento era una posibilidad ideal para unirse como grupo social, al
igual que lo estaban haciendo criollos y chapetones, y reivindicar sus
intereses y sus derechos. El mestizo, sin embargo, luchó en uno u otro bando, al igual
que los indios o las demás castas. Sus razones para apoyar a unos o a otros dependían no
de los intereses grupales sino de otro tipo de factores. Pero recordemos, en todo caso,
que lo contrario habría sido una lucha de clases sociales, lo que era claramente
impensable en aquél momento.
Debió existir, sin embargo, algún tipo de relación entre los llamados de los
revolucionarios criollos a la libertad y los intereses mestizos, pues aun si se trataba de
individuos aislados, este tipo de llamados se dirigía a la realidad personal e
individual, con lo que sí encontraba algún punto de unión con el interés del mestizo.
c) El criollo y la revolución burguesa
Las guerras de Independencia se incluyen tradicionalmente dentro del ciclo de revoluciones
burguesas que incluye la Independencia norteamericana, las revoluciones francesas de 1789
y 1830 y las europeas de 1848
(65)
. Como todas
ellas, su intención no era la de transformar de forma profunda y radical la sociedad,
sino permitir a la burguesía naciente tomar la posición de elite dentro de ella. Es en
este sentido que debe comprenderse el enfrentamiento entre los criollos, más preocupados
por el devenir de América que los chapetones
(66)
.
En ese sentido, no existió oposición entre diferentes grupos sociales.
En los escritos de Pedro Fermín de Vargas se aprecia una visión particular sobre los
mestizos, que contrasta con la mala imagen que de ellos se suele dar: la mayor parte
de los criollos están enlazados con los mestizos, en tanto grado que estas dos últimas
clases se pueden reputar por una sola, que es sin contradicción la más numerosa
(67)
; y en relación con la capacidad de industria de
ellos, agrega: sería muy de desear que se extinguiesen los indios confundiéndolos
con los blancos, declarándolos libres del tributo y demás cargas propias suyas, y
dándoles tierras en propiedad. La codicia de sus heredades haría que muchos blancos y
mestizos se casasen con las indias, y al contrario, con lo que dentro de poquísimo tiempo
no habría terreno que no estuviese cultivado
(68)
.
Vemos que para el autor el mestizo tendría la misma valía que el criollo, con quien
compartiría un mismo origen europeo (limitado, pero no por eso inexistente en el
primero), una misma capacidad económica y unos mismos intereses políticos.
Estas ideas, escritas antes del estallido de las revueltas de 1810 en América, muestran
un interés de un criollo por las posibilidades del mestizo. Suponemos que Fermín de
Vargas ya tenía en su horizonte una América independiente (su accionar emancipador lo
llevó a relacionarse con Francisco de Miranda)
(69)
y que veía con interés que los mestizos se aunaran a la causa de los criollos
independentistas. Esta alianza, que jamás se dio, no fue mencionada por él por un mero
interés de los criollos pues, así éste fuera su motivo principal, debe pensarse que
alguna base debía tener esta valoración. Desde el punto de vista de un intelectual, de
un pensador, Pedro Fermín de Vargas notó la importancia del mestizo y la existencia de
intereses en común con el criollo, con lo que se podría terminar el yugo español y
facilitar el desarrollo económico que su obra esboza.
La intención de este autor, sin embargo, desborda la realidad, puesto que los grupos
burgueses criollos tenían intereses mucho más definidos que los de los heterogéneos y
dispersos mestizos, pero no por esto sus ideas al respecto dejan de aclararnos algo: para
un observador agudo, el mestizo era un elemento de extrema importancia, así el poder que
tuviera en sus manos fuera limitadísimo.
Conclusiones
El fin del siglo XVIII significa el momento previo a la Independencia, movimiento que
aceleró el fin de la sociedad colonial para reemplazarla, paulatinamente y por medio de
un proceso que duraría más de cien años, por una sociedad industrial.
La forma de estructurar toda la sociedad colonial, como todo sistema, traía en sí misma
el germen de su destrucción. La política de segregación entre indios y blancos, ideada
tardíamente e implementada deficientemente, no pudo evitar el incremento de los mestizos,
esos seres excluidos de la sociedad colonial pero más cercanos a ella que los negros, los
indios o los blancos. Este carácter de producto propio, sumado a la capacidad
camaleónica de ser blanco, indio o mestizo, según las conveniencias de cada individuo,
cada momento y cada región, desestabilizó la estructura entera. El mestizo tuvo como
reto enfrentarse a un Leviatán extranjero, y por medio de su adaptabilidad y su
sentimiento inherente de libertad (libre de tributo y libre de responsabilidad; ni
dominante ni dominado), aprovechó cualquier grieta en el sistema para burlarlo y,
lentamente, socavar su legitimidad.
La historia del mestizaje no se ha acabado. Las sociedades nunca están en quietud, sus
transformaciones son permanentes; el mestizaje continuó durante los siglos XIX y XX y
aún hoy existe, tanto en el sentido biológico como cultural.
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Estudiante
de Historia de la Universidad de los Andes. Este artículo es el resumen de un trabajo
realizado por el autor para el curso América Latina colonial, dictado por la
profesora Diana Bonnett.
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Citado
por MÖRNER, Magnus, Race Mixture in the History of Latin America, Boston, Little, Brown
and Company, 1967, p. 2
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ALONSO,
Martín, Enciclopedia del idioma, Madrid, Aguilar, 1958, p. 2807.
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Ibid.
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Esto se
confirma al leer que otra de las derivaciones de la raíz latina, miscere, es mestitz en
occitano, y su significado es vil, bajo, según COROMINAS, Joaquín,
Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana, Berna, Ed. Francke, 1954.
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Anglicismo.
Proviene de miscegenation, que el Oxford Concise Dictionary define como
interbreeding of races, especially of whites with non-whites (Oxford Concise
Dictionary, Oxford, Oxford University Press, 7ª ed., 1982, p. 646). Como vemos, su
significado inicial es el mismo que el de mestizaje (la etimología es
similar, pues los dos provienen de miscere, que significa mezclar en latín,
aunque éste contiene además genus, que significa raza en la misma lengua),
pero su uso es más neutro.
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ALONSO, Martín, op. cit., p.2807. Esta
acepción proviene de la Recopilación de Leyes de Indias de 1680.
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Véase
MÖRNER, Magnus, op. cit., pp. 7-8; JARAMILLO URIBE, Jaime, Mestizaje y diferenciación
social en el Nuevo reino de Granada en la segunda mitad del siglo XVII, Bogotá, Imprenta
Nacional, 1967, pp. 21-22.
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MÖRNER,
Magnus, Informe preliminar, en El mestizaje en la historia de Ibero-América,
México D.F., Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1961, que es una
publicación sobre un coloquio dedicado a este tema en Estocolmo en 1960.
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ALONSO,
Martín, op. cit., p. 3593. La acepción se encuentra datada en 1640 y es la más antigua
de las allí consignadas.
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Para este
punto y sus desarrollos, véase MELO, Jorge Orlando, Historia de Colombia, Tomo I: El
establecimiento de la dominación española, Medellín, Ed. La Carreta, 1977, pp. 342-344.
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MÖRNER,
Magnus, La Corona española y los foráneos en los pueblos de indios de América,
Estocolmo, Almqvist & Wiksell, pp. 69-139.
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MENGUS,
Margarita, La desestructuración del señorío indígena y la formación de la
república de indios en la Nueva España, en BONILLA, Heraclio, El sistema colonial
en la América española, Barcelona, Ed. Crítica, pp. 17-55.
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Véanse
MÖRNER, Magnus, La Corona española..., op. cit, pp. 56-60; GUTIÉRREZ DE PINEDA,
Virginia, PINEDA, Roberto, Miscegenación y cultura en la Colombia colonial 1750-1810,
Bogotá, Universidad de Los Andes y Colciencias, 1999, pp. 95-100.
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MELO,
Jorge Orlando, op. cit., pp. 328-340; MÖRNER, Magnus, La Corona española..., op. cit.,
pp. 21-29; ROSENBLAT, Ángel, El mestizaje y las castas sociales, pp. 15-18, 23-25.
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Hasta
el final del período colonial, [...], la gran mayoría de los mestizos procedían del
trato sexual extramatrimonial y su nacimiento era ilegítimo, KONETZKE, Richard,
Sobre el problema racial en la América Española, en Revista de Estudios
Políticos, Madrid, No 113-114, Instituto de Estudios Políticos, 1960, p. 183.
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ROSENBLAT,
Ángel, op. cit., pp. 20-23.
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Ibid.,
pp. 179-181.
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KONETZKE,
Richard, op. cit., pp. 181-187.
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Un
excelente resumen de esta situación puede verse en la obra arriba citada de KONETZKE.
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MÖRNER,
Magnus, La Corona española... , op. cit., pp. 25-27, 35-41; ROSENBLAT, Ángel, op. cit.,
pp. 19-20.
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Al
respecto, ver FERRARI, Vincenzo, Funciones del Derecho, Madrid, Ed. Debate, 1989.
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ESCOBAR,
Gabriel, El mestizaje en la región andina: el caso del Perú, p. 199.
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Véase,
KONETZKE, Richard, op. cit. Para casos en que los mestizos reciben encomiendas en
sucesión durante los siglos XVI y XVII, véase OLAECHEA, Juan Bautista, capítulo 7
(El sí y el no del sacerdocio en la primera generación mestiza), del libro
El mestizaje como gesta, Madrid, Mapfre, 1992; ver, también, KONETZKE, Richard, op. cit
pp. 198-209. Respecto a la educación, ver JARAMILLO URIBE, Jaime, op. cit., pp. 39-41; y
KONETZKE, Richard, op. cit., pp. 209-212
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COLMENARES,
Germán, Historia económica y social de Colombia 1537-1719, Cali, Universidad del Valle,
1973, p. 310; GUTIÉRREZ DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp. 322-327.
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GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp. 418-421. También se menciona, por
ejemplo, el uso de las armas (pp. 441-446). Ver también KONETZKE, Richard, op. cit., pp.
193-194.
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JARAMILLO
URIBE, Jaime, op. cit., pp. 30-36.
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|
MELO,
Jorge Orlando, op. cit., pp. 367-373; GUTIÉRREZ DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op.
cit., pp. 372-373.
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GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., p. 417.
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|
|
Ibid.
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JARAMILLO
URIBE, Jaime, op. cit., pp. 30-36.
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Citado
por JARAMILLO URIBE, Jaime, op. cit., p 31.
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|
Ibid.,
pp. 31-32.
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Ya en
1978, Germán Colmenares se quejaba de esta falta de precisión, con sus correspondiente
deficiencia en la historia social. Véase, COLMENARES, Germán, La economía y la
sociedad coloniales 1550-1800, en Manual de Historia de Colombia, Bogotá, Instituto
Colombiano de Cultura, 1978, pp. 281, 284 especialmente.
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|
Los
factores de inexactitud incluyen la determinación de pertenencia a los grupos, el
cubrimiento, la pericia de los empadronadores, la no simultaneidad entre ellos, etc.
Véase,COLMENARES, Germán, op. cit., pp. 95-101.
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GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp.17, 95.
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|
Ibid., p.
107. No sobra reiterar que estas cifras son aproximativas y no permiten tener certeza
sobre el estado de la población.
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DE
VARGAS, Pedro Fermín, Relación sucinta del estado actual de las colonias
españolas en la América meridional, en Pensamientos políticos siglo XVII-siglo
XVIII, Bogotá, Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, 1968, p. 93 (mapa), 123-124.
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Citado
por JARAMILLO URIBE, Jaime, op. cit., p. 25.
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DE
VARGAS, Pedro Fermín, Pensamientos políticos sobre la agricultura, comercio y
minas de este reino, en op. cit., pp. 13-113.
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|
Ibid.,
pp. 165-223.
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Ibid.,
pp. 171-172. Las cursivas son nuestras.
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|
Ibid., p.
174.
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Para el
problema de la relación entre actitudes sociales y estructura social, véase MERTON,
Robert K., Teoría y estructura sociales, México, Fondo de Cultura Económica, 1992; ver,
igualmente, PARSONS, Talcott, The Structure of Social Action, Nueva York, Free Press,
varias ediciones; del mismo autor, The Social System, Nueva York, Free Press, varias
ediciones.
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MÖRNER,
Magnus, La Corona española..., op. cit., p. 60; GUTIÉRREZ DE PINEDA, Virginia, PINEDA,
Roberto, op. cit., pp. 258-262.
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|
Ibid.,
pp. 296-301.
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OLAECHEA,
Juan Bautista, op. cit.
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GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp. 94-97.
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ROSENBLAT,
Ángel, op. cit., pp. 26-29.
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|
KONETZKE,
Richard, op. cit., pp. 190-192.
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|
JARAMILLO
URIBE, Jaime, op. cit., pp. 41-43.
|
|
|
Ibid.,
pp. 33-34.
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|
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GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp. 465-489; JARAMILLO URIBE, Jaime, op.
cit., pp. 36-39.
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|
GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp. 461-463.
|
|
|
MÖRNER,
Magnus, Race Mixture in the History
, op. cit., pp. 25-27, 35-41; ROSENBLAT, Ángel,
op. cit., pp. 19-20.
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|
|
Ibid.,
68-70.
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Puede ser
interesante comparar esta situación de existencia de una sociedad relativamente cerrada
durante la Colonia y la Colombia del siglo XX, para lo cual remitimos al artículo de
TORRES, Camilo, La violencia y los cambios socio-culturales en las áreas rurales
colombianas, en Once ensayos sobre la violencia, Bogotá, Cerec- Centro Gaitán,
1985, pp. 53-115.
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|
GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp. 367-368.
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MÖRNER,
Magnus, Race Mixture in the History
, op. cit., p. 101.
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|
COLMENARES,
Germán, op. cit., pp. 313-314.
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GUTIÉRREZ
DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., pp. 372-374.
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JARAMILLO
URIBE, Jaime, op. cit., p. 24.
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COLMENARES,
Germán, op. cit., p. 310; MÖRNER, Magnus, Race Mixture in the History
, op. cit.,
pp. 97-101; GUTIÉRREZ DE PINEDA, Virginia, PINEDA, Roberto, op. cit., p. 372.
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En
relación con los movimientos sociales, véase MCFARLANE, Anthony, Civil disorders and
popular protests in late colonial New Granada, en Hispanic American Historical Review, No
64.1, 1984; PHELAN, John L., El pueblo y el rey. La revolución comunera en Colombia 1781,
Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1980.
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BUSHNELL,
David, Colombia, una nación a pesar de sí misma, Bogotá, Planeta, 1999, pp. 51-80.
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DE
VARGAS, Pedro Fermín, op. cit., pp. 189-194.
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|
Ibid., p.
172.
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|
Ibid., p.
137.
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Nota
biográfica que abre la obra consultada, Pensamientos políticos siglo XVII-siglo XVIII,
Bogotá, Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, 1968, p. 11.
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