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EDICION 166
OCTUBRE DE 2003
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SEPARACION DE PANAMÁ: LA HISTORIA
DESCONOCIDA
Intervención
de especuladores norteamericanos en el proceso de Independencia
Por: OLMEDO BELUCHE
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Tomado de:
Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 166
Octubre de 2003
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Contrario
a lo usualmente afirmado por la historia oficial panameña, la separación de Panamá de
Colombia en 1903 no fue producto de un movimiento genuinamente popular, ni de un anhelo
liberador de los istmeños frente al "olvido" en que supuestamente nos tenía
Bogotá.
El estudio documental
de la época más bien demuestra una integración cultural y política de los panameños
en el conjunto de la nación colombiana, incluso entre los sectores de la oligarquía
comercial conservadora de la ciudad de Panamá, que sería agente de la conspiración
separatista.
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Las
diversas crisis políticas producidas a lo largo del siglo XIX, expresadas en lo que
nuestra historia llama genéricamente "actas separatistas" (1826, 1830, 1831,
1840-41, 1860), muchas veces han sido sacadas de su verdadero contexto para ser
presentadas como expresiones de una nación en ciernes que viene a concretarse en 1903.
Pero un repaso cuidadoso de los hechos que rodearon a cada una de esas coyunturas muestra
que, más que un proceso de conformación nacional diferenciado de Colombia, estos
movimientos expresaron conflictos políticos (liberales vs conservadores),
económicos (librecambismo vs proteccionismo) y administrativos (federalismo vs
centralismo)(Beluche, 1999).
En
Panamá, conocer y aceptar los verdaderos móviles y actores de la separación ha sido un
parto que nos ha tardado cien años producir, pero al que están contribuyendo nuevas
investigaciones recientemente aparecidas (Díaz Espino, 2003). Aunque hubo pioneros que
desde hace décadas se atrevieron a señalar los hechos en toda su crudeza (Terán, 1976),
sus trabajos fueron sistemáticamente ocultados y denigrados. También hubo historiadores
extranjeros que abordaron objetivamente el acontecimiento, pero estos libros quedaron como
material de especialistas y lejos del alcance del gran público (Lemaitre, 1971; Duval,
1973).
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Los actores principales de este drama son: el
expansionismo imperialista de Estados Unidos, expresado en su carismático presidente
Teodoro Roosevelt; la quebrada Compañía Nueva del Canal, de capitales franceses,
representada por Philippe Bunau-Varilla; en el centro de los hechos, el prominente abogado
neoyorkino William N. Cromwell, verdadero cerebro de la separación y representante legal
tanto de la Compañía Nueva del Canal como de la Compañía de Ferrocarril de Panamá;
los agentes norteamericanos y panameños de la Compañía del Ferrocarril, como José A.
Arango y Manuel Amador Guerrero y, por supuesto, el venal e inepto gobierno colombiano del
vicepresidente José Manuel Marroquín.
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A
fines del siglo XIX, Estados Unidos iniciaba su proceso de expansión en el Caribe,
desplazando de allí a sus otrora rivales: España e Inglaterra. A la primera le arrebató
Cuba y Puerto Rico con la guerra de 1898; con la segunda firmó el Tratado Hay-Pauncefote
en 1901, por el cual se reconocía la preeminencia norteamericana en la posible
construcción de un canal por el istmo centroamericano. El canal era una necesidad lógica
del desarrollo capitalista norteamericano, ya que era la única forma de integrar y
comunicar sus costas atlántica y pacífica
En principio, la ruta privilegiada por
Washington para construir este canal no era Panamá, sino Nicaragua, siguiendo el cauce
del río San Juan hasta sus grandes lagos. Aquella parecía más factible y menos costosa,
en especial si ya estaba el precedente del fracaso francés en la construcción del canal
por Panamá.
Mediante el Convenio
Salgar-Wyse (1878) una empresa francesa, encabezada por el ingeniero Fernando de Lesseps,
había iniciado la excavación del canal en 1880. Esta primera empresa fracasaría ante
las enormes dificultades tecnológicas, hacia 1888, dando paso a un nuevo intento con la
Compañía Nueva en los años 90 del siglo XIX, que también fracasaría.
De manera que, para
fines de 1901, la Comisión Walker del Congreso norteamericano, luego de estudiar ambas
alternativas, se había pronunciado por la vía de Nicaragua, y el 18 de noviembre se
firmó un tratado con ese país. ¿Qué motivó que dos años después Estados Unidos
cambiara completamente de opinión?
La historia simplista
narra que, en posteriores debates del Congreso, tanto Bunau-Varilla como Cromwell
mostraron estampillas de correo nicaraguenses en las que se aprecian los volcanes de este
país, y que los senadores norteamericanos, impresionados por la explosión del volcán
Mount Pelée, que había borrado del mapa la isla de Saint-Pierre, y por una falsa noticia
de la erupción del Momotombo, entonces se decidieron por Panamá.
Pero, ¿qué motivó al
abogado Cromwell y al ingeniero francés Bunau-Varilla a intervenir tan activamente para
convencer a los senadores de adoptar la ruta panameña? Lo que no se cuenta es que, ya
para 1896, la Compañía Nueva del Canal, a través su presidente Maurice Hautin, dada la
incapacidad para terminar el Canal de Panamá y ante la posibilidad de perder 250 millones
de dólares en inversiones cuando expirara la concesión en 1904, había contratado a
William N. Cromwell para convencer al gobierno norteamericano de comprarles sus
propiedades.
Cromwell no se limitó
al cabildeo para el que fue contratado, sino que inició un plan que denominó
"americanización del canal", por el cual reuniría un grupo de notables
empresarios de Wall Street que sigilosamente comprarían las devaluadas acciones del
"canal francés" y las revenderían a su gobierno. Para ello, su bufete Sullivan
& Cromwell estaba en una posición privilegiada, ya que contaba con clientes como el
banquero J. P. Morgan, entre otros.
El 27 de diciembre de
1899, Cromwell fundó la Panama Canal Company of America, con 5.000 dólares de capital,
emitiendo acciones por 5 millones, de las que participaron empresarios como J.P. Morgan,
J. E. Simmons, Kahn, Loeb & Co., Levi Morton, Charles Flint, I. Seligman (Díaz
Espino, 2003).
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Este grupo influyó en
el prominente senador y líder republicano Mark Hanna, quien actuó como vocero de la
"causa panameña". Luego del asesinato del presidente McKinley, este grupo
también convenció al presidente Teodoro Roosevelt, haciendo partícipes del negocio a
Henry Taft, hermano del ministro de Guerra y futuro presidente William Taft, y al cuñado
de Roosevelt, Douglas Robinson.
El traspaso de la
Compañía Nueva, de manos francesas a las yanquis, tardó varios meses por la resistencia
inicial de Hautin a renunciar por completo a la empresa y vender a muy bajo precio. Sin
embargo, la adopción de la propuesta por Nicaragua en 1901 sirvió de acicate a los
accionistas franceses que sacaron de en medio a Hautin, y nombraron vocero a Maurice Bo,
director del banco Credit Lyonnais, y éste a su vez envió a Bunau-Varilla para negociar
con los norteamericanos.
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El negocio era redondo, se invirtieron 3.5
millones de dólares en las acciones de la Compañía Nueva, que fueron compradas en lotes
pequeños, y se revenderían al gobierno norteamericano en 40 millones de dólares,
obteniendo los inversionistas norteamericanos utilidades por cada acción por el orden del
1.233 %.
Por supuesto, concretar
el negociado pasaba, primero, por convencer al gobierno y al Congreso de Estados Unidos de
optar por Panamá; segundo, firmar un tratado con Colombia que autorizara a ese país para
terminar la obra iniciada por los franceses. En enero de 1902, el senador John Spooner a
instancias de Roosevelt presentó el proyecto de ley que autorizaba a su gobierno a
negociar con Panamá y que anulaba la precedente Ley Hepburn, que favorecía a Niacaragua.
Ese año el esfuerzo se
centró en negociar con Colombia el tratado, camino que estuvo lleno de dificultades, dada
la actitud patriótica del negocaciador José Vicente Concha, que objetó reiteradamente
aspectos leoninos del tratado propuestos por el secretario de Estado John Hay. Sin
embargo, la presión norteamericana pudo más, forzando al gobierno del vicepresidente
Marroquín a desautorizar reiteradamente a su embajador, el cual finalmente renunció. El
camino quedó despejado para un acuerdo, firmado en enero de 1903 y que llevó el nombre
de Tratado HerránHay.
Pero este tratado cayó
como una bomba en Colombia, y en Panamá por extensión. Mediante el acuerdo se segregaba
una zona de 5 kilómetros a cada lado del canal, incluyendo ríos, lagos y los principales
puertos, en la cual Norteamérica tendría plena jurisdicción. El "canal
francés" sólo segregaba 200 metros a cada orilla sin menoscabo de la soberanía
nacional. Además la compensación económica que se proponía (10 millones de abono y
250.000 dólares anuales) era evidentemente inferior a lo que ya el Estado colombiano
recibía por los derechos del ferrocarril (250 mil dólares anuales) y otros tantos por
uso de los puertos. Comparado con el Salgar-Wyse, el Herrán-Hay era totalmente
inconveniente.
Había otro escollo: el
tratado contemplaba el pago de 40 millones de dólares que Estados Unidos haría a la
Compañía Nueva del Canal en compensación, pero esto era completamente ilegal, pues
estaba claramente prohibido por la Constitución y por el propio Salgar-Wyse, que impedía
a esta empresa traspasar sus propiedades a un gobierno extranjero. El Tratado HerránHay
nació, pues, condenado por la opinión pública colombiana y panameña, especialmente por
el menoscabo de la soberanía.
El gobierno de
Marroquín tuvo ante el HerránHay una actitud incongruente: por un lado, había
autorizado a su embajador Tomás Herrán a firmarlo; por otro, no puso empeño en
defenderlo, especialmente ante el Congreso, que fue convocado en junio de 1903 para
ratificarlo. Pero no era la soberanía lo que preocupaba al gobierno Marroquín, sino que
se centró en tratar de recibir una tajada de los 40 millones que recibirían los
accionistas de la Compañía "francesa". Sin saberlo Marroquín, creemos, con
esta aspiración tocaba las fibras más sensibles de poderosos intereses norteamericanos,
lo que les llevaría a secesionar al Departamento del Istmo, pues no estaban dispuestos a
renunciar a su ganancia.
Cuando el Congreso
colombiano cerró sus sesiones sin ratificar el tratado, a mediados de agosto, emitió una
resolución que expresaba la esperanza de que en 1904, cuando las propiedades de la
Compañía francesa hubieran pasado a Colombia, por expirar el contrato Salgar-Wyse, se
estaría en mejores condiciones de negociar con Estados Unidos.
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El razonamiento era simple, pero equivocado: en
pocos meses quedarían fuera de la negociación los franceses, y podrían negociar
directamente, sin un tercero de por medio, Bogotá y Washington. ¿Qué apuro podía tener
Roosevelt, si hasta terminaría pagando menos, porque se podría ahorrar esos 40 millones?
Era lógico, pero errado, porque Roosevelt y sus socios eran los reales beneficiarios de
esos 40 millones, y no los franceses.
De ahí que el rechazo
del Tratado HerránHay por el Congreso colombiano desencadenara la trama de la
"separación", que empezó a prepararse ante la eventualidad, desde junio o
julio. William N. Cromwell hizo viajar a Nueva York desde Panamá al capitán J.R. Beers,
agente de fletes de la Compañía del Ferrocarril de Panamá; se dice que se entrevistó
en secreto (en Jamaica) con el abogado panameño de esta empresa, y prócer de la
separación, José A. Arango; y finalmente recibió por dos meses, entre fines de agosto y
fines de octubre, a Manuel Amador Guerrero, otro empleado y futuro primer presidente de la
República de Panamá, para tramar los hechos del 3 de Noviembre.
La ganancia estimada
propició que los accionistas norteamericanos de la "Compañía francesa del
canal" invirtieran grandes sumas que sirvieron para pagar miles en sobornos que
oficiaron de parteras de la nueva República, por supuesto, con el apoyo de varias
cañoneras de la Armada que convenientemente Roosevelt envió a principios de noviembre
para "tomar el Istmo". Lo demás es historia conocida.
Bibliografía:
1. BELUCHE, OLMEDO.
1999. Estado, Nación y Clases Sociales en Panamá. Pequeño Formato 115. Panamá:
Editorial Portobelo.
2. BELUCHE, OLMEDO.
2003. La verdadera historia de la separación de 1903. Reflexiones en torno al
Centenario. Panamá: ARTICSA.
3. DÍAZ ESPINO,
OVIDIO. 2003. El país creado por Wall Street. La historia no contada de Panamá.
Bogotá: Planeta.
4. DUVAL JR., MILES P.
1973. De Cádiz a Catay. La historia de la larga lucha diplomática por el Canal de
Panamá. Panamá: Editorial Universitaria.
5. LEMAITRE, EDUARDO.
1971. Panamá y su separación de Colombia. Bogotá: Biblioteca Banco Popular.
6. TERÁN, OSCAR. 1976.
Del Tratado Herrá-Hay al Tratado Hay-Bunau Varilla. Historia crítica del atraco
yanqui, mal llamado en Colombia la pérdida de Panamá y en Panamá nuestra independencia
de Colombia. Bogotá: Valencia Editores.
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