El 26 de junio de 1945, los
representantes de cincuenta estados, entre ellos Colombia, se reunieron en San Francisco
para suscribir la Carta Constitutiva de las Naciones Unidas, uno de los documentos
trascendentales de la historia de la humanidad. El nombre de Naciones Unidas fue ideado
por el presidente Franklin Delano Roosevelt y se empleó por primera vez en la segunda
Guerra Mundial, cuando los representantes de 26 naciones se comprometieron a seguir
luchando contra las potencias del Eje. Al momento de la reunión de San Francisco todavía
se combatía en Europa contra la Alemania de Hitler y aún no había capitulado el Japón,
pero ya se acercaba la victoria. La nueva organización internacional, la más amplia que
ha conocido la historia (actualmente 185 estados forman parte de ella) tenía como
finalidad el mantenimiento de la paz y la seguridad dentro de la justicia. La delegación
colombiana, integrada por Alberto Lleras Camargo, quien la presidió, Eduardo Zuleta
Angel, Alberto González Fernández, Jesús María Yepes y Silvio Villegas, cuyas firmas
aparecen en la Carta, jugó un papel importante en las deliberaciones y en algunos asuntos
trascendentales imprimió su sello.
En las conferencias de Yalta y Dumbarton
Oaks, las grandes potencias -Estados Unidos, Unión Soviética, Ingleterra y China
(Francia no asistió)-, se reservaron el derecho de veto. La Carta no menciona
expresamente la palabra veto, pero establece que las decisiones del Consejo de Seguridad
deben ser adoptadas con el voto afirmativo de todos los miembros permanentes, con lo cual
el voto negativo de cualquiera de ellos implica un veto que paraliza la acción del
Consejo de Seguridad. Contra esto se levantaron en San Francisco muchos países, en
especial los latinoamericanos, los cuales, dentro de su estructura regional ratificada en
el Acta de Chapultepec, habían establecido la igualdad jurídica de los estados, con la
consecución de un voto igual para todos. Alberto Lleras, en brillantes intervenciones,
argumentó jurídicamente y advirtió sobre los efectos negativos que el privilegio del
veto tendría en el futuro, pero se impuso el peso de las grandes potencias y se consagró
esta figura. A manera de constancia histórica sólo dos estados, Colombia y Cuba, votaron
en contra. Jesús María Yepes, a nombre de la delegación colombiana, se convirtió, con
sus intervenciones, en el autor del artículo 2 de la Carta, que consagra el principio de
la buena fe en el cumplimiento de los tratados.
Fue en el tema
de los acuerdos regionales en el que la delegación colombiana tuvo su más activa
participación. En el documento que las potencias elaboraron en Dunbarton Oaks no había
lugar para las organizaciones regionales. Las grandes decisiones deberían ser tomadas por
ellas en el Consejo de Seguridad. Pero América Latina tenía tradición en el campo de la
organización regional, y un momento culminante había sido la reunión de Capultepec,
celebrada en la antesala de la Conferencia de San Francisco. Allí se congregaron los
representantes de las repúblicas americanas para discutir sobre los problemas de la
guerra, la paz y la defensa común, y para consignar que cualquier agresión a un país
del hemisferio lo sería contra todos y los obligaría a salir en defensa del agredido.
Alberto Lleras redactó el proyecto de Acta de Chapultepec y luego, en la Conferencia de
San Francisco, presidió el Cuarto Comité encargado de los arreglos regionales. Tras
arduas negociaciones y debates se incluyeron en la Carta de las Naciones Unidas los
artículo 51 y 54. En ellos se consignó lo referente a la legítima defensa individual y
colectiva, a la existencia de los acuerdos u organismos regionales y al arreglo pacífico
de las controversias de carácter local en los organismos regionales, antes de que fueran
sometidas al Consejo de Seguridad. En el marco de estas disposiciones se fundó en
Bogotá, en 1948, la Organización de Estados Americanos (OEA), de la cual Alberto Lleras
fue primer secretario. Y en 1947 se suscribió en Brasil el Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca (TIAR).
Terminada la
reunión de San Francisco, Eduardo Zuleta Angel fue elegido presidente de la comisión
preparatoria de la primera Asamblea General, que sesionó en Londres. En tal calidad,
intervino activamente en la escogencia de Nueva York como la ciudad que albergaría
definitivamente a la Organización. Así mismo, participó en la consecusión de los
terrenos para la sede, los cuales fueron donados por la familia Rockefeller, y en la
decisión sobre el proyecto arquitectónico referente a los edificios que la albergarían,
por lo cual hubo de estar en permanente comunicación con el famoso arquitecto Le
Corbusier.
Además, le
correspondió abrir la primera Asamblea General de las Naciones Unidas gracias a su cargo.
Tiempo después, en 1978, Indalecio Liévano Aguirre sería nombrado como presidente de la
Asamblea General de aquel año.
Participación colombiana
Colombia ha
tenido un perfil mediano en las Naciones Unidas, como manifestación de su posición en el
contexto internacional. Ha sido miembro no permanente del consejo de seguridad en cinco
ocasiones: 1947-48; 1953-54; 1957-58; 1969-70; 1989-90. Esto significa que es uno de los
países que más ha tomado asiento en tan importante órgano. En Latinoamérica, Brasil ha
participado siete veces y Argentin, seis. Canadá ha sido elegido en igual número de
oportunidades y Japón y la India lo han sido más veces. También ha sido uno de los
países que más ha participado en el Consejo Económico y Social (ECOSOC). En éste ha
participado en seis períodos de diferente duración: 1946, año en que estuvo
representado por Carlos Lleras Restrepo; 1962-64, periodo en el cual, entre 1963 y 1964,
fue presidido por Alfonso Patino Roselli; 1974-79; 1982-90; 1992-94; 1995-96. Pero en
otras esferas de las Naciones Unidas, Colombia no ha tenido mayor representación. En la
actualidad sólo hace parte de seis de los 54 comités existentes.
Entre los
colombianos que han ocupado posiciones destacadas en las Naciones Unidas, aparte de los
mencionados, se pueden citar los siguientes:
Jesús María
Yepes, miembro de la Comisión de Codificación del Derecho Internacional, creada por la
Asamblea General en 1946, y de la Comisión de Derecho Internacional, elegido por la
Asamblea de 1947.
Edmundo de Holte
Castello, quien presidió el Consejo Consultivo de las Naciones Unidas para la
Administración Fiduciaria de Somalia.
Bernardo Zuleta
Torres, quien actuó como secretario general adjunto entre 1974 y 1983 para la Conferencia
sobre el Derecho del Mar.
Enrique
Peñalosa Camargo, subsecretario general para la Conferencia sobre Asentamientos Humanos
(HABITAT), en Vancouver, Canadá, en junio de 1976.
Belisario
Betancur, quién presidió la comisión la Comisión de la Verdad, producto de los
Acuerdos de Paz, con el auspicio de las Naciones Unidas, en 1991.
Augusto Ramírez
Ocampo, subsecretario general para elaborar y ejecutar el Plan Especial de Cooperación en
Centroamérica.
Héctor Charry
Samper, quien fue presidente del XLII período de sesiones de la Comisión de Derechos
Humanos, en Ginebra, y director adjunto del Centro Internacional de Migraciones (CIM).
Luis Fernando
Jaramillo, quien presidió el Grupo de los 77, en 1993.
El magistrado
Eduardo Valencia, secretario de la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya.
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Delegación de
Colombia en San Francisco: Jesús María Yepes, Alberto González Fernández, Roberto
Urdaneta Arbeláez, Alberto Lleras Camargo, Miguel López Pumarejo, Eduardo Zuleta Angel,
Silvio Villegas. De pie: Jorge Koppel Holguín, José Joaquín Gori Osorio, Alberto
Botero,
Luis Eduardo Nieto Arteta. Foto de Sam Rosenberg, UN, 1945.
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Primer quinquenio
Durante los
cinco primeros años, Colombia tuvo un alto perfil en la Organización. Fue una época de
excepcional importancia porque se trataba del fin de la guerra, del inicio de la
confrontación bipolar y de la guerra fría que marcarían al mundo durante cuatro
décadas, y del período en el que las Naciones Unidas tenían que definir su rumbo y sus
prácticas. En 1946 se celebró la primera Asamblea General y la delegación colombiana
quedó conformada así: Alfonso López Pumarejo, quien la presidió, Eduardo Zuleta Angel
y Alberto González
Durante los
cinco primeros años, Colombia tuvo un alto perfil en la Organización. Fue una época de
excepcional importancia porque se trataba del fin de la guerra, del inicio de la
confrontación bipolar y de la guerra fría que marcarían al mundo durante cuatro
décadas, y del período en el que las Naciones Unidas tenían que definir su rumbo y sus
prácticas. En 1946 se celebró la primera Asamblea General y la delegación colombiana
quedó conformada así: Alfonso López Pumarejo, quien la presidió, Eduardo Zuleta Angel
y Alberto González Fernández. López se retiró poco después del 9 de abril y fue
sucedido por Roberto Urdaneta Arbeláez. En ese mismo año de 1946, Colombia fue elegida
por primera vez para ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad, con 53 votos sobre 54.
Tanto en la Asamblea como en el Consejo de Seguridad, López Pumarejo intervino en forma
destacada durante los debates sobre las sanciones a España y su petición de admisión a
la Organización, el veto, la discriminación racial en Surafrica, el conflicto de los
Balcanes y la guerra civil en Grecia, la independencia de Indonesia, el conflicto entre la
India y Pakistán, la cuestión Palestina y la creación del Estado de Israel.
A propósito de
la admisión de España, Colombia sostenía que, de acuerdo con la Carta, no se trataba de
valorar su sistema, sino de saber si el Estado en cuestión ponía en riesgo la paz. Esta
misma posición la tuvo Colombia en San Francisco, a través de Alberto Lleras, respecto a
la Argentina, cuyo ingreso era impugnado por Polonia y la Unión Soviética a causa de las
simpatías de su gobierno con Alemania. En el debate sobre este punto, Lleras se enfrentó
a Molotov. Este se oponía también a que la India y Filipinas formaran parte de las
Naciones Unidas, pues dudaba de su independencia. Alberto Lleras le respondió que esta no
sería menor que la que podrían tener Bielorrusia o Ukrania, países que acababan de ser
admitidos con representación independiente respecto a la Unión Soviética. Tiempo
después, durante las agitadas sesiones de la Asamblea General de 1961, al delegado
colombiano Francisco Umaña Bernal le tocaría también recibir la formidable andanada de
los soviéticos, esta vez por boca del mismo Kruschev. Fue éste el año en el que Fidel
Castro y el líder soviético acapararon la atención en una Asamblea General famosa,
entre otras cosas, por la beligerancia de Kruschev, quien pedía la palabra con golpes en
la mesa propinados por el zapato que acababa de quitarse. En aquella ocasión, la
propuesta del vocero colombiano para que un tema de descolonización se tratara en una
comisión y no en la plenaria, suscitó la ira de Kruschev, quien descalificó no
solamente al orador, sino también a la delegación colombiana en pleno, al régimen y al
conjunto de los gobernantes colombianos.
Especial
mención merecen las intervenciones de López Pumarejo en 1947, a propósito del problema
de Palestina y de la fundación del Estado de Israel. López aconsejó prudencia antes de
tomar una decisión definitiva. Manifestó su solidaridad con el pueblo judío y con su
derecho a poseer un hogar, pero advirtió que debería tenerse en cuenta la opinión
adversa de los pueblos árabes y musulmanes, los cuales constituían la tercera parte de
la humanidad. Puso de manifiesto el hecho de que importantes estados dendas para auxiliar
a Corea del Sur e imponer el retiro de las tropas agresoras. En lo más álgido de la
guerra fría, Laureano Gómez, quien se posesionó como presidente el 7 de agosto de ese
año, aprovechó la oportunidad para congraciarse con el gobierno de los Estados Unidos,
que conservaba reservas respecto a él por la posición de simpatía que le había
observado con las potencias del Eje durante la guerra, y envió un batallón y una fragata
a la guerra de Corea. El nuestro fue el único país latinoamericano que envió tropas a
la península asiática. Al terminar la guerra en 1953, se realizó una Conferencia de Paz
en Ginebra, en la que intervino Colombia como uno de los países que habían participado
en la contienda.
Egipto fue
invadido en 1956 por tropas de Israel, Francia e Inglaterra, como consecuencia de la
nacionalización de la Compañía del Canal de Suez. El gobierno del general Rojas Pinilla
envió tropas de infantería, las cuales, bajo la di visa de las Naciones Unidas,
estuvieron en la franja de Gaza, entre el 16 de noviembre de 1956 y el 13 de mayo de 1958.
Uno de los temas importantes durante el período fue la descolonización. Europa salió
debilitada de la segunda Guerra Mundial. Durante ésta, muchos habitantes de los
territorios coloniales fueron incorporados a los ejércitos que luchaban contra las
potencias del Eje, y en esa actividad no sólo obtuvieron el entrenamiento militar que
luego utilizarían en las luchas de liberación nacional, sino que también tomaron
conciencia de sus derechos. Por eso no es casual que el fin de la guerra coincida con el
movimiento de descolonización que tendría su apogeo en los años cincuentas y sensentas.
Colombia apoyó
tradicionalmente el movimiento de descolonización y la lucha contra el racismo, aunque
tuvo un retroceso en su posición durante los años cincuentas. Cuando Colombia hizo parte
del Consejo de Seguridad en 1947-48, se presentaron los asuntos de la independencia de
Indonesia frente a Holanda y de discriminación en Suráfrica. Ante ellos el representante
de Colombia, Alfonso López Pumarejo, tomó posiciones claras y democráticas. Tanto
Holanda como Suráfrica, argumentaban que las Naciones Unidas no podían ocuparse de los
respectivos asuntos por tratarse de un problema interno de esos estados. La argumentación
colombiana fue la de que tanto el colonialismo como el racismo eran un problema universal
y no doméstico y que la Carta autorizaba a la Organización para actuar. Frente a ese
mismo tipo de problemas, la posición colombiana varió a principios de los años
cincuenta. Por ejemplo, cuando se presentaron los casos de Argelia y de Marruecos, el
representante de Colombia sostuvo la incompetencia de la; Naciones Unidas para ocuparse
del problema por tratarse de un asunto interno de Francia. Y cuando una vez más se
presente el problema del apartheid en Suráfrica, e embajador Juan UribeCualla se opuso a
que el tema fuera tratado, por considerarle un asunto interno de Suráfrica, porque según
sus palabras, «...es el Gobierno de esa nación, organizada democráticamente el que
puede decir, dentro de sus atribuciones soberanas, qué reclamos son justos y cuáles
peticiones son aceptables». (Memorias de Relaciones Exteriores, julio 1953-julio 1956. p
84).
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Clausura de la IX
Conferencia Panamericana: Pómulo Betancur, Eduardo Zuleta Angel y Claudio de Brigard,
secretario de la Conferencia. «Semana», mayo 8 de 1948.
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Intervención del
presidente Belisario Betancur ante la Asamblea General
de Naciones Unidas. Nueva York, octubre 5 de 1983.
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El
Frente Nacional
Al caer Gustavo
Rojas Pinilla el 10 de mayo de 1957 y a partir de la Junta Militar, la Cancillería se
esforzó por mostrar que la posición colombiana sobre los anteriores tópicos había
cambiado. Alberto Zuleta Angel, como embajador alterno en las Naciones Unidas, hizo una
brillante intervención para corregir el rumbo anterior. Expresó que para Colombia temas
como derechos humanos, recismos y descolonización estaban dentro de la órbita de
competencia de la Organización, por estar consagrados en la Carta desde su preámbulo, y
que mal podría un Estado alegar como asunto interno lo relacionado con ellos. Por otra
parte, en una serie de intervenciones, Germán Zea Hernández expresó la posición
favorable a la descolonización y recordó que también a las repúblicas latinoamericanas
se les había dicho en su momento que no estaban maduras para la independencia. Colombia
formó parte desde sus inicios de la comisión formada por las Naciones Unidas para el
asunto de la independencia de Namibia.
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Embajadores
permanentes ante las Naciones Unidas, en Nueva York
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Alfonso López Pumarejo
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1946-1948
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Roberto Urdaneta Arbeláez
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1948-1949
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Fernando Londoño y
Londoño
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1949-1950
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Elíseo Arango
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1950-1952
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Carlos Echeverri Cortés
(ad interim)
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1952-1953
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Evaristo Sourdís
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1953
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Francisco Urrutia Holguin
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1953-1957
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Alfonso Araújo
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1957-1961
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Germán Zea Hernández
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1961-1965
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Alfonso Patino Roselli
(a.i.)
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1965-1967
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Julio César Turbay Ayala
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1967-1969
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Joaquín Vallejo Arbeláez
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1969-1970
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Augusto Espinosa
Valderrama
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1970-1973
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Aurelio Caicedo Ayerbe
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1973-1975
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Germán Zea Hernández
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1975-1977
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José Fernando Botero
(a.i)
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1977-1978
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Indalecio Liévano Aguirre
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1978-1982
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Carlos Sanz de Santamaría
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1982-1983
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Carlos Albán Holguin
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1983-1987
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Enrique Peñalosa Camargo
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1987-1990
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Fernando Cepeda Ulloa
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1991
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Luis Fernando Jaramillo
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1992-1994
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Julio Londoño Paredes
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1994
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Podría decirse
que en el decenio de los sesentas una de las preocupaciones centrales de la política
hemisférica fue Cuba. Por una parte, existía un conflicto bilateral entre Cuba y los
Estados Unidos y, por otra, había una situación de enfrentamiento del gobierno cubano
con la mayoría de los países latinoamericanos por la política de Fidel Castro de
exportar la revolución. Estos asuntos se trataron fundamentalmente en la OEA, organismo
del cual fue suspendida Cuba en la reunión de cancilleres en San José de Costa Rica. En
estos acontecimientos, Colombia jugó un papel protagonice por medio de los ministros de
Relaciones Exteriores del presidente Alberto Lleras, José Joaquín Caicedo Castilla y
Julio César Turbay Ayala.
En 1960 y 61,
Cuba presentó sendas quejas por agresión de los Estados Unidos ante el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas. Colombia, por medio del canciller Julio César Turbay
Ayala, insistió en que estos asuntos deberían ser tratados en el seno de la
organización regional, es decir la OEA, para ser concordantes con lo que se había
consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, con base en la posición que Alberto Lleras
había liderado en San Francisco. Esta había sido también la posición colombiana
cuando, en 1954, el gobierno de Jacobo Arbenz llevó al Consejo de Seguridad el caso de la
agresión a su país por parte de tropas procedentes de Honduras. Colombia procedió en la
misma forma en 1964, ante un caso llevado al Consejo de Seguridad por Panamá contra los
Estados Unidos, por agresión armada. En tal ocasión, Colombia y Brasil presentaron un
proyecto de Resolución que fue aprobado en el Consejo de Seguridad para que el asunto
fuera tratado en la OEA y no en la ONU.
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Intervención del
presidente Virgilio Barco ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
Nueva York, octubre 2 de 1986.
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Indalecio Liévano
Aguirre,
presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas en 1978.
Oleo de Inés Acevedo Biester. Palacio de San Carlos,
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Las relaciones
de Colombia con la Cuba de Fidel Castro han sido difíciles y contradictorias. Colombia
rompió relaciones con Cuba en 1962. Luego, éstas se restablecieron en el gobierno de
Alfonso López Michelsen en 1975 (también con China), para ser rotas de nuevo en 1981,
durante el gobierno de Julio César Turbay y restablecidas en el gobierno de César
Gaviria, en 1993. Esta tensa relación y sus protagonistas explican un episodio inusual
que vivieron las Naciones Unidas por cuenta de los dos países. En 1979, durante la
administración Turbay Ayala, Cuba presentó su candidatura para ser miembro del Consejo
de Seguridad, con el apoyo del grupo regional, es decir el latinoamericano, como es usual.
Posteriormente, Colombia presentó la suya y la Asamblea General fue sometida a un
espectáculo jamás visto en la historia de las Naciones Unidas: se dieron 154 votaciones
de la cuales Cuba ganó 153, pero sin alcanzar en ninguna las dos terceras partes
necesarias para ser elegida. Después de dos meses y medio de votaciones, que se llevaron
a cabo inclusive el 31 de diciembre, ambos países se retiraron, y fue elegido México.
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Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas.
Fotografía: G. Reed, UN.
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Firmas de los
delegados de Colombia en la Carta de las Naciones Unidas:
Alberto Lleras Camargo,
Alberto González Fernández, Eduardo Zuleta Angel, Silvio Villegas,
Jesús María Yepes. San Francisco, junio de 1945.
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La apertura
Para
finales de los años sesentas, el panorama del mundo había cambiado sustancialmente. La
guerra fría fue suplantada por la distensión. El bloque soviético se debilitó con el
conflicto chino-soviético. El proceso de descolonización se consolidaba y daba lugar al
nacimiento de decenas de nuevos estados que aumentaron el tamaño de las Naciones Unidas y
fortificaron el Movimiento de los No Alineados. En occidente, Europa pasó de la
postración a convertirse en potencia económica.
Durante el
gobierno de Carlos Lleras Restrepo, la política exterior de Colombia comenzó a
evolucionar. Se hizo un especial énfasis en el aspecto económico, se creó el Pacto
Andino y se ampliaron las relaciones exteriores. Se reanudaron relaciones con la Unión
Soviética y se volvió más abierta la actitud respecto a la admisión de la República
Popular China en las Naciones Unidas. Alfonso López Michelsen, como ministro de
Relaciones Exteriores, enunció como lema de la política exterior de Colombia el réspice
similia (mirar a los semejantes), en lugar del respice polum (mirar hacia el
polo, es decir, hacia los Estado Unidos), que había sido propuesto a principios de siglo
por Marco Fidel Suárez. Lleras Restrepo fue el primer presidente colombiano en ejecicio
que visitó las Naciones Unidas, y allí habló ante el Consejo de Seguridad. Entre sus
preocupaciones estuvo la reforma de la Carta, temática que fue continuada por Alfredo
Vázquez Carrizosa, canciller del presidente Pastrana, y reiterada durante el gobierno del
presidente Gaviria por el embajador Luis Fernando Jaramillo. En todas ellas está presente
la crítica al veto, por antidemocrático y por paralizante de la Organización.
En 1983, el
canciller Rodrigo Lloreda formalizó en la reunión de Nueva Delhi el ingreso de Colombia
al Movimiento de los No Alienados. Por esa misma época tomaba fuerza el Grupo de
Contadora, surgido en gran parte por la iniciativa del presidente Belisario Betancur. Con
estos hechos se daba un vuelco a la diplomacia colombiana y a los parámetros que la
habían regido. La filosofía del Grupo de Contadora se basaba en buscar una salida
latinoamericana para un problema de la región, como era la guerra de Centroamérica, y no
ya en el marco del panamericanismo o de la organización regional, es decir, en la OEA.
En ese momento
las circunstancias regionales se habían modificado radicalmente con respecto a la época
de San Francisco. La OEA se había vuelto inoperante e ineficiente. Las dictaduras que
poblaron el hemisferio a partir de los años setentas le imprimieron su sello a las
representaciones que enviaron ante la Organización, la cual se desacreditó hasta en sus
más altas esferas. SÍ en los cincuenta y sesenta los problemas regionales se remitían a
la OEA, a partir de los setentas los países latinoamericanos acudían directamente a la
ONU para resolverlos. Tal fue el caso de Ornar Torrijos, quien logró que el Consejo de
Seguridad, haciendo una excepción, sesionara en Panamá, como una muestra de apoyo a la
causa panameña por la recuperación de la Zona del Canal y del Canal. La guerra de las
Malvinas asestó el golpe de gracia a la credibilidad de la OEA y del TIAR. Respecto a la
primera, por su inoperancia; con relación a la segunda, porque en contra de lo que
establecía su organización en el sentido del apoyo militar hemisférico ante un ataque
del exterior, uno de sus miembros, los Estados Unidos, habían hecho causa con Inglaterra
en contra de otro miembro, la Argentina. En el diagnóstico de Contadora sobre la
situación centroamericana, uno de los elementos sustanciales era el de que el territorio
servía de base a un conflicto entre las superpotencias. De allí que la respuesta fuera
una solución latinoamericana, con participación de las Naciones Unidas y con apoyo
europeo, pero no ya un asunto de la OEA, en el marco del panamericanismo. En adelante los
problemas de la región tomaron ese rumbo para su resolución: los acuerdos de Esquipulas,
los acuerdos de paz en El Salvador, el proceso Nicaragüense, que dio tránsito del
sandinismo al gobierno de Violeta Chamorro, las conversaciones de paz de Guatemala, todos
ellos fueron prohijados por la ONU, y en ellas Colombia tomó parte activa.
La droga es uno
de los problemas más fuertes de la época contemporánea y por ello no es casual que su
problemática de haya convertido en tema de las más importantes reuniones internacionales
y que haya sido llevado a las Naciones Unidas por las implicaciones que tiene en el
ámbito internacional. En el proceso de la droga, que abarca producción, transformación,
transporte, consumo, lavado de dinero y actividades anexas, como tráfico de agentes
químicos (los llamados precursores) y tráfico de armas, se ha llegado a la conformación
de verdaderas multinacionales del crimen. Todo ello, por supuesto, ha atraído el interés
de la comunidad internacional, en la medida en que se trata de una problemática de la
cual es muy difícil que un país pueda sustraerse.
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