|
Revista Credencial ha tenido la maravillosa idea de publicar un
cuadernillo dedicado a la Historia que ya conoce la edición No.
7. Muchas felicitaciones.
En su último número, el de julio de 1990, aparece un artículo titulado
"¿Cómo fue la Constituyente en Estados Unidos?" cuyo autor es el doctor
Daniel García. Tiene el escrito el siguiente subtítulo: "Para cambiar la
Carta Fundamental sin violarla, en 1787 se recurrió al Constituyente
Primario". La idea de que con anterioridad a 1787 existía una
Constitución de los Estados Unidos de América se repite a lo largo del
artículo. A título de ejemplo cito los siguientes pasajes: "La primera
Carta Fundamental, los Artículos de Confederación, no funcionaban y por
lo tanto había que encontrar una manera de reformar el orden
constitucional existente"..."¿Cómo cambiar esa primera Constitución sin
violarla?".
Es evidente que el doctor Daniel García afirma la existencia de una
Constitución anterior a la actual con el objeto de poder afirmar
tendenciosamente, como efectivamente lo hace: "La reunión de Filadelfia
se había convertido, de hecho y por mano propia, en una Convención
Constitucional, es decir, una asamblea nacional constituyente violando
el orden constitucional vigente".
Nada más inexacto históricamente hablando. Los Artículos de
Confederación no eran una Constitución, sino un pacto o convenio o
tratado celebrado entre las trece antiguas Colonias Inglesas, ya para la
fecha trece Estados independientes. No había, pues, "orden
constitucional vigente". La Confederación fue una liga de Estados
soberanos. No existía un gobierno nacional, y las "leyes" del llamado
Continental Congress no podían ser directamente aplicadas ni al
pueblo ni a los Estados Confederados, sin la previa aprobación de cada
uno de ellos a través de su órgano competente: su propio legislativo.
Podría decirse que ese Continental Congress se parecía más a un
organismo internacional que a cualquiera otra cosa. No hay nada extraño
en ello. Es lo característico de esa Unión de Estados Soberanos, que se
conoce universalmente con el nombre de Confederación. La primera
Constitución americana fue, pues, elaborada en 1787, y si no estoy mal,
sólo entró en vigencia dos años más tarde.
No había pues Constitución antes de que la Convención de Filadelfia, que
abrió sus sesiones el 14 de mayo y las clausuró el 17 de septiembre,
expidiera la carta de 1787, después de una fecunda y milagrosa tarea que
creó el primer Estado Federal de la historia, al igual que el régimen
presidencial.
Es cierto que el 21 de febrero de 1787 el Continental Congress
aprueba la convocatoria de la Convención "para el solo y expreso
propósito de revisar los Artículos de Confederación". Por voluntad de
los delegados de los Estados reunidos en Filadelfia se avanzó hacia una
"más perfecta unión", que dio por resultado la fundación, mediante la
Constitución, de un nuevo Estado: los Estados Unidos de América. Podría
incluso hablarse de que los Constituyentes de Filadelfia se apartaron de
la decisión adoptada por los Estados en el Continental Congress.
Pero, si hubo violación, fue de un tratado, de un acto de voluntad
aprobado por los Estados, y no de una Constitución, que mal podía ser
violada, pues no existía.
La Historia, se ha dicho, es la política de ayer. ¿Para qué manipularla
en función de las inclinaciones políticas contrarias al respeto al
Estado de Derecho, de hoy, si los Estados Unidos, al igual que todos los
países civilizados de la tierra practican el principio, y ellos desde
siempre, de que nadie, ni gobernantes ni gobernados, pueden estar por
encima de la Ley?
Me he tomado el trabajo de escribir esta nota como un homenaje a la
magnífica idea de publicar con toda seriedad el coleccionable sobre
Historia, y como un homenaje a la calidad de los lectores de esta
publicación.
Jesús Pérez González Rubio
Respuesta de Daniel García en la próxima edición.
|