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Repaso de
Historia
JOSE IGNACIO DE MARQUEZ, EL CIVILISTA
Por: Javier
Ocampo López
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 45
Septiembre de 1993
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José Ignacio de
Márquez Miniatura de J.M. Paredes, 1978.
Biblioteca Luis Angel Arango.
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Uno de los presidentes de Colombia
considerado como el más respetuoso de la democracia en su más pura esencia, del derecho,
la Constitución, las leyes y la filosofía política del "civilismo" fue el
estadista boyacense José Ignacio de Márquez, natural de Ramiriquí, quien nació hace
200 años, el 9 de septiembre de 1793, hijo de José Gregorio de Márquez Castañeda y de
Juana María Barreto, naturales de Somondoco. Este jurista y político ramiriquense
perteneció a la llamada Generación Fundadora o de los Caudillos, personajes que nacieron
en los años de transición entre los siglos XVIII y XIX, y cuya vigencia social la
encontramos en las décadas de los veinte a los cincuenta en el siglo XIX: Francisco de
Paula Santander (1792), José María Obando (1795), Tomás Cipriano de Mosquera (1798),
José Hilario López (1798), Juan García del Río (1794), Pedro Alcántara Herrán
(1800).
Los caudillos fueron
criollos granadinos educados en un estilo de vida dualista, que giraba entre la
Escolástica y la Ilustración, y en un ambiente militar. Les correspondió actuar en la
revolución de Independencia aún en plena adolescencia, por lo cual su meta ideal fue
político-militar, buscando ante todo el triunfo de la revolución. Su importancia social
fue la organización de la República y la conformación de un Estado nacional delineado
según las nuevas ideas del demoliberalismo. Los caudillos fueron los primeros estadistas
administradores, constitucionalistas y legisladores. Algunos surgieron por su influencia
política en las provincias, con la cual proyectaron su liderazgo dominante en las masas
populares; otros surgieron por la elocuencia y acción legalista en los congresos y en la
administración pública; y la mayor parte, por su participación militar en la guerra de
Independencia. La generación de los caudillos se debatió entre los problemas del
militarismo y el civilismo, las luchas ideológicas entre los partidarios del centralismo
y federalismo, las divergencias entre los fanáticos defensores de la Iglesia y los laicos
anticlericales, y las fuerzas antagónicas siempre permanentes entre los partidarios de la
tradición colonial o de la modernidad democrática y republicana.
La familia del
presidente Márquez se estableció en Ramiriquí, donde poseía una hacienda de labranza y
de ganado, y una casa alta y de teja situada en la plaza principal. José Ignacio era el
cuarto entre dieciocho hijos. Su padre llegó a ser alcalde de Ramiriquí y corregidor del
partido de Chivata, con jurisdicción en las poblaciones de Chivata, Ramiriquí, Soracá,
Viracachá, Siachoque, Toca y Pesca. El joven José Ignacio aprendió las primeras letras
al lado de sus padres y del cura párroco de Ramiriquí, Fernando Sarmiento y Otero; éste
le dio las primeras lecciones de aritmética, latinidad e historia. El 2 de noviembre de
1807, Márquez fue recibido como estudiante del Colegio de San Bartolomé. Era un alumno
con escasos recursos, muchas privaciones y con hábitos de orden, exactitud y austeridad.
Fueron sus profesores José Félix Restrepo, José Ignacio de Herrera, Frutos Joaquín
Gutiérrez, Crisanto Valenzuela, Emigdio Benítez, Custodio García Rovira y otros
maestros de la Ilustración y el civilismo granadino. Uno de sus compañeros fue Francisco
de Paula Santander, con quien posteriormente le correspondió actuar en la organización
civilista de la Gran Colombia y de la Nueva Granada.
Cuando Márquez
recibió el grado de bachiller en Derecho Civil, en 1812, tenía diecinueve años, y de
inmediato fue destinado a la cátedra de filosofía. Durante cuatro años hizo la
práctica forense bajo la dirección de Tomás Tenorio Carvajal, y en 1817 presentó el
examen riguroso como abogado ante la Real Audiencia. El 15 de septiembre de 1819, Márquez
inició su carrera republicana, cuando el Libertador Simón Bolívar lo nombró en la
Suprema Corte como ministro fiscal del ramo de Hacienda, afirmando su vocación política
en las primeras elecciones colombianas de 1820, en las cuales fue elegido representante
suplente por la provincia de Tunja ante el Congreso de Cúcuta que sesionó en 1821. Sus
competidores denunciaron la corta edad de Márquez para llegar al Congreso, aun cuando su
elección fue considerada válida, pues se comprobó que a la sazón tenía veintisiete
años. Como algunos representantes principales no pudieron concurrir, le correspondió a
Márquez participar activamente en el Congreso de Cúcuta. A pesar de su corta edad,
Márquez fue elegido dos veces presidente del Congreso de Cúcuta, y en esa importante
posición le correspondió firmar la Ley Fundamental de la República de Colombia y dar
posesión de la Presidencia de Colombia al Libertador y de la Vicepresidencia al general
Santander.
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José Ignacio de
Márquez. Oleo de Jaime A. Ariza,
Academia Boyacense de Historia, Tunja.
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En 1825, Márquez fue
nombrado intendente de Boyacá, dedicando su actividad política al desarrollo de los
diferentes ramos de la administración. Impuso en Boyacá un fuerte régimen económico
con medidas especiales para evitar los fraudes y organizar las finanzas departamentales.
Su principal preocupación fue la creación de escuelas primarias en todas las poblaciones
de Boyacá; y, en la misma forma, el progreso de los colegios del departamento. Fundó la
imprenta departamental y el periódico El Constitucional de Boyacá, su órgano oficial.
El final de la década
de los veinte en el siglo XIX corresponde a la crisis de la Gran Colombia. Después de la
visita que hizo el Libertador a Tunja en noviembre de 1826, Márquez, un gran adicto y
defensor de la Constitución de Cúcuta y liberal moderado, renunció a su cargo oficial y
pensó retirarse de la política. En 1827, en el oratorio de San José de la Hacienda de
Soconsuca, en el municipio de Sotaquirá, contrajo matrimonio con María Antonia del
Castillo Vargas Machuca. En Soconsuca vivió Márquez con su esposa por varias temporadas.
El matrimonio Márquez y Del Castillo tuvo cinco hijos: Enriqueta, Carolina, Juana, María
Ignacia y José Gregorio Márquez.
En 1828 fue nombrado
primer rector de la Universidad de Boyacá. Sin embargo, su actividad docente no fue
efectiva, debido a sus actividades políticas y, en especial, a su participación en la
Convención de Ocaña, que se instaló el 9 de abril de 1828. Márquez asistió como
diputado por la provincia de Tunja. Con su brillante labor, fue elegido dos veces
presidente de la Convención, destacándose por su oratoria. Se manifestó partidario de
la federación para Colombia, no en forma extremada, sino moderada. En la misma forma
lideró el grupo político de los liberales moderados, quienes se manifestaron fieles a
los principios de respeto a la Constitución de Cúcuta. El liberalismo moderado de
Márquez y sus partidarios consideraba que era preciso modelar la República sobre la base
de la tolerancia y la conciliación.
A José Ignacio de
Márquez se le tuvo especial respeto como estadista civilista, partidario de un Estado de
derecho basado en el respeto a la Constitución y las leyes; así mismo, por su permanente
moderación y conciliación. En 1830 el Libertador lo nombró prefecto de Cundinamarca,
cargo que desempeñó por pocos días, pues el vicepresidente Domingo Caycedo, encargado
de la Presidencia de la República, lo designó ministro de Hacienda, mediante decreto del
10 de marzo de 1830. El país se encontraba en grave crisis económica, con una completa
desmoralización en la percepción de rentas y decadencia en la industria. En pocos días
puso orden en la administración financiera, empezó a organizar el cobro de la renta y
fomentó la industria del tabaco. Estableció una política proteccionista en lo
económico; fomentó la agricultura y el desarrollo industrial; insistió en la necesidad
de desamortizar los bienes eclesiásticos, disminuir los días festivos y organizar los
impuestos directos para el fortalecimiento de la economía. Fue partidario siempre de la
austeridad económica, con su idea de "gastar apenas lo necesario y economizar en lo
superfluo".
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Partida de
bautismo de José Ignacio de Márquez,
septiembre 9 de 1793. Archivo Parroquial, Ramiriquí.
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En 1831, Márquez participó en el Congreso Constituyente de la Nueva Granada, por la
provincia de Tunja; sobresalió por su oratoria y moderación. Fue el primer presidente
del Congreso de la Nueva Granada, y le correspondió firmar la Ley Fundamental de la Nueva
Granada. Dos veces ocupó la Presidencia de la República: la primera, en su condición de
vicepresidente, en 1832, durante ocho meses, mientras regresaba al país el presidente
titular Francisco de Paula Santander. Estableció un gobierno de paz, unión y concordia.
La segunda vez ocupó la Presidencia de la Nueva Granada entre 1837 y 1841, elegido con el
apoyo de los liberales moderados y del grupo de los antiguos bolivianos, triunfando sobre
las candidaturas del general José María Obando y de Vicente Azuero.
En la Presidencia de la
Nueva Granada, Márquez se caracterizó por el espíritu civilista y legalista; fue
fundador de numerosas escuelas y colegios de segunda enseñanza, se manifestó partidario
de la educación popular, como fundamental para el progreso de los pueblos. Organizó las
finanzas públicas y propició la moderación y la conciliación nacional. Entre sus obras
de gobierno más representativas se señalan la organización de la Hacienda nacional, la
definición de la deuda pública de la Independencia en relación con Venezuela y Ecuador
(a la Nueva Granada le correspondió asumir el 50%). Estimuló la industria nacional y la
producción del tabaco. Es de destacar principalmente su pasión vehemente por el
desarrollo de la educación nacional. En Bogotá, creó el Colegio de la Merced para la
educación femenina.
Le sucedió en la
Presidencia el general Pedro Alcántara Herrán. Márquez se dedicó posteriormente a sus
actividades de jurisprudencia y docencia; fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia,
dictó clases de derecho en la Facultad Nacional, y dedicó toda su vida a la
jurisprudencia. Murió en Bogotá, el 21 de marzo de 1880. Por su elocuecia fue llamado el
Cicerón de la Gran Colombia.
Márquez fue el primer
presidente civil que tuvo Colombia en el siglo XIX, pues los anteriores presidentes fueron
militares. Enfocó sus ideales y acciones al fortalecimiento de un Estado nacional
republicano, democrático, legalista y libre, con respeto a la Constitución y a las leyes
y en defensa de un Estado de Derecho. Defendió las ideas de la democracia directa y del
federalismo moderado. En su alocución presidencial del 1 de abril de 1837 expresó sus
ideas sobre la instrucción: "Sin la educación de las masas no hay espíritu social
ni verdadero interés por las libertades públicas, ni puede afianzarse el sistema
republicano sobre bases sólidas y estables. En una palabra, es de las luces comunes y de
su difusión, la prosperidad de los Estados".
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