Ficha bibliográfica
Titulo:
Márquez y Santander. Paralelismo y divergencias de dos fundadores de la República.
Edición original: 2005-06-11
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-11
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Luis Horacio López Domínguez

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 45 - SEPTIEMBRE 1993

 





MARQUEZ Y SANTANDER

Paralelismo y divergencias de dos fundadores de la República.
Por: Luis Horacio López Domínguez

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 45
Septiembre de 1993


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José Ignacio de Márquez. Fotografía de Autor anónimo. Colección J.J.
Herrera Biblioteca Luis Angel Arango.





Entre luces y sombras se han vinculado las figuras de Santander y Márquez en el anecdotario bogotano de las rivalidades amorosas por Nicolasa Ibañez. Explicación un tanto visceral de sus controvertidas imbricaciones en el curso de complejos procesos políticos que compartieron ambos granadinos como hombres públicos, más allá de lo que se piensa.

Por los años de 1792 en Villa del Rosario, en la frontera con la Capitanía de Venezuela, y 1793, en Ramiriquí, nacen Francisco de Paula Santander y Umaña y José Ignacio de Márquez Barreto. Entre plantaciones de cacao, aprendiendo las primeras letras castellanas y los principios de latín, transcurre la niñez del primero. En un medio rural de pueblos de indios y parroquia de blancos José Ignacio es iniciado por el cura del pueblo. Con el apoyo de su tío materno ingresa en 1805 Francisco de Paula al Colegio Real de San Bartolomé. Para su admisión allega la documentación que da prueba de legitimidad y de limpieza de sangre y la ausencia de parientes que hubieran practicado "oficios innobles o mecánicos". Vestirá la beca bartolina y será designado conciliario del Colegio de San Bartolomé. El conciliario cucuteño rubricará la documentación de la probanza de sangre del boyacense Márquez Barreto. Ambos habían nacido durante la administración del virrey barcelonés José de Ezpeleta, en el reinado de Carlos IV. Apenas un año largo los distancia, mas no así su muerte en la Bogotá republicana, Santander a los 48 y Márquez a los 87. Márquez, presidente de la Nueva Granada, se reconcilia con Santander y preside sus exequias. Como presidente de los Estados Unidos de Colombia, el general Julián Trujillo acudirá al Cementerio Central a la inhumación del ex presidente Márquez.

 

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Plaza principal de Ramiriquí con el monumento a José Ignacio de Márquez.



El 20 de julio de 1810, a los provincianos internos bartolinos la revolución los conducirá por caminos diferentes a lo largo de la década. Santander marchará, interrumpiendo sus estudios, como abanderado en las tropas patriotas. Márquez, ajeno a los ajetreos militares, se recibirá en 1813 como bachiller en Derecho y continuará su práctica forense de 48 meses; se someterá a exámenes de la Real Audiencia para litigar como abogado e incursionar en la cátedra. Entre tanto, y bajo el mando de Bolívar, Santander ascenderá en los ejércitos de Nueva Granada y Venezuela. Al mando de la vanguardia invadirá el virreinato en la campaña libertadora de 1819. Compartiendo con Anzoátegui, jefe de la retaguardia, los honores del triunfo de Boyacá y la liberación de la Nueva Granada, son ascendidos por el Libertador a generales de División. Encarga a Santander del poder ejecutivo y marcha a Venezuela, da cuenta de los triunfos al Congreso de Angostura y se crea la unión de los pueblos granadino y venezolano.

Al Constituyente de Cúcuta acude Márquez y, después de sucesivas y fatídicas designaciones de presidentes, le corresponde presidir las sesiones del Congreso en que se debate el sistema centralista y el federalista como proyectos políticos para la nueva república, por el año de 1821. En el templo donde recibiera el bautismo Francisco de Paula, el presidente del Congreso de Cúcuta José Ignacio de Márquez posesiona a Bolívar como presidente de Colombia y como vicepresidente a Santander, triunfador sobre Nariño después de varias votaciones. En 1828, en Ocaña, la cuna de las Ibáñez, en el templo de San Francisco, presidirá la Gran Convención, que marcó el principio del fin de los proyectos de integración acuñados por Bolívar y Santander.

Tuvo que lidiar Márquez con los generales granadinos y venezolanos; vivir en carne propia todos los sucesos políticos durante su agitada vida burocrática en el período de 1820-1850: alianzas, negociaciones, indultos, renuncias, viajes clandestinos, persecuciones, ocupación de sus propiedades por la tropa, petición de ayuda al presidente Juan José Flores de Ecuador para sofocar las rebeliones de las provincias del sur. Los antagonismos entre el estamento militar y el civil estaban marcados por las actuaciones y mutuas relaciones de los hombres de la independencia. No sobra retomar de la pluma del Libertador su apreciación cuestionadora del papel de los jurisconsultos republicanos y de los centros de educación como espacios de perversión política, en la hora de las conspiraciones de 1828. La tradición recoge sus palabras en el camino de Honda hacia la muerte: "Prefiero el destierro o la muerte a la deshonra de dejar mi gloria en manos del Colegio de San Bartolomé", universidad que como "cubil de leguleyos" ablandaba en la confusión al Estado en formación. Márquez y Santander, ex alumnos de San Bartolomé, trazarían en los diez años siguientes a la muerte del Libertador una huella secular en la forma de hacer política y de gobernar. En el fondo del discurso escaso de Márquez y extensísimo de Santander es palpable la argumentación perenne de la lealtad a la patria y el servicio a su independencia y libertad, bajo el régimen constitucional y de observación de la ley y los derechos. Mentalidades racionalistas penetradas por el código y la norma, la libertad y el derecho. Mentalidad legislativa.

El testamento político de Márquez a sus conciudadanos fue redactado anticipadamente, a catorce años de su muerte. Resonancia de las despedidas de Bolívar v Santander en sus lechos de muerte: "Y ya que cercano a la tumba me dirijo acaso por última vez a mis compatriotas, me aprovecharé de la ocasión para dar de nuevo las más rendidas gracias a la nación por el cúmulo de honores con que por muy cerca de cuarenta años tan generosamente me favoreció; honras tanto más gratas cuanto más espontáneas, porque yo jamás solicité destinos, antes bien los renunciaba; ni ambicioné puestos, ni mendigué votos, ni traté de captarme el aura popular [...] Y tanto más me linsojean, cuanto que sin bordados, bandas, penachos y estrellas no me hacía notable por los ensangrentados laureles cogidos en los campos de batalla, ni por esas proezas guerreras que publica estrepitoso el clarín de la fama, que tanto deslumbran a los pueblos, ora salvajes, ora bárbaros, ora civilizados. Simple ciudadano, la nación no podía ver en mí, para hacerme por tantos años depositario de su alta confianza, sino mi acrisolada probidad, mi consagración absoluta al desempeño de mis deberes, sin faltar a ellos por respetos humanos, aunque perdiera el amigo, o me granjeara enemistades. Yo le serví con amplia lealtad, y jamás me separé por malicia del sendero que me trazara la ley, de acuerdo con el interés del público, sin tener en mira mis propios medros, sin arredrarme las censuras, buscando el modo de servir así mejora mi patria". Evocativa síntesis de su trayectoria pública y sus controvertidas actuaciones como mandatario. Débil para unos, moderado para otros. Claudicante ante los generales de la guerra de los Supremos. Ensayó y multiplicó las amnistías, los indultos y todos los intentos de apaciguar las sublevaciones. Denostado tanto y más que Santander puesto que, ya ex presidente, aquél irrumpió como jefe de la oposición parlamentaria. Mientras otros lo hacían en la calidad de sediciosos, como lo señalara Mosquera.

Las tensiones sociales fueron polarizando los bandos y amplificando los debates políticos y los intereses de casta. La sucesión del general Santander en la Presidencia de la Nueva Granada con las candidaturas de Vicente Azuero y del general José María Obando -preferido por Santander- recayó en Márquez, el vicepresidente constitucional. Invocando imcompatibilidades, cuestionó Santander su elección y entró por medio de La Bandera Nacional a instaurar la oposición en la tradición republicana al gobierno de tumo. Los "ministeriales", afectos al régimen de Márquez, respondieron desde la imprenta con El Argos.

Cuando cerró ediciones La Bandera Nacional, le siguió pronto El Argos, pues ya no había con quién pelear. Los "doctrinarios" atizaron en torno a la instrucción pública y a los textos utilitaristas leídos en las aulas, un debate que se prolongó hasta finales del siglo XIX. La Católica, con la complacencia del nuncio papal, la emprende contra el arzobispo de Bogotá Manuel José Mosquera. Los oficiales republicanos editan El Amigo del Pueblo (Herrán y Mosquera, yerno y suegro). Se debatía sin fin por la legitimidad de la oposición, ajena a la sedición. Entre tanto. Lorenzo María Lleras empezaba a agrupar ideas en torno a las sociedades populares, la Democrática Republicana. Santander agobiaba a la administración con memoriales y con petición de transcripción de documentos. Márquez le encarga redactar un código militar que deja en 222 folios (recién descubiertos por el general Jaime Duran Pombo en el caótico archivo del Congreso). Pero duele a Santander ser perdedor (ante un Márquez que fue siempre ganador en las designaciones presidenciales en el Congreso), en el año 1839 frente a Joaquín Mosquera por la Presidencia. Ya Santander había metido mano en el proyecto de código penal que Márquez redactara y que le correspondió sancionar en 1837 y estuvo vigente durante un siglo, hasta 1938.

 

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José Ignacio de Márquez. Fotografía de autor anónimo.
Museo Nacional, Bogotá.



La guerra de guerrillas, los alzamientos en Vélez, Casanare y Pasto, confunden al mandatario Márquez a la mitad de su mandato. Indulto de Herrán a los sureños después de la batalla de Buesaco. Luego vendría el indulto de Los Arboles, de Herrán a Obando; reinserción fallida, abusos con los indultados de Vélez. En lo educativo, debe ceder a las presiones para extirpar los textos de Jeremías Bentham de los estudios en los colegios santanderinos. Los debates parlamentarios en torno al indulto vuelven a enfrentar ya no a los hombres, sino a las administraciones Santander y Márquez. Santander inclinado al indulto, al olvido de las corrientes de oposición. Ultimo ataque al ex presidente Santander en la más cerrada de las agitaciones en su contra. Ha publicado Santander en 1837 sus Apuntamientos y dado la versión de los acontecimientos que protagonizara. Eladio Urisarri le rebate en un conjunto panfletario de cartas, las "Cartas de los sin cuenta". En marzo de 1840 el general Eusebio Borrero ataca desde el Senado a Santander por su severo comportamiento frente a los conspiradores de 1833. Las crónicas afirman que el debate precipitó la muerte de Santander. Lo cierto es que mientras se sepultaba a Santander, Borrero, secretario del Interior, caía como sacrificio político de Márquez a la reconciliación, y como catalizador del desagrado popular. Pero la muerte de Santander no acalla al descontento popular. Nuevos focos de sublevación reaparecen por el sur. Se precipita la crisis del gabinete. Los triunfos de los sublevados del oriente andino hacen flaquear a la administración. Márquez emprende misión secreta hacia Popayán en busca del ejército leal. Se multiplican los alzamientos y las escaramuzas. Antiguos soldados de la independencia y oficiales encargados por la administración se enfrentan al gobierno de Márquez. José María Reyes Patria y Juan José Neira, coterráneos boyacenses, refulgirán en el escenario del conflicto. Neira entra a la nómina de los héroes consagrados por Bogotá y Márquez ofrece un discurso fúnebre, pieza de encendido sentimiento.

 

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Vajilla francesa con las iniciales de Márquez.
Museo Nacional.



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Botones de mancorna en marfil con su retrato, 1875. Museo Nacional.



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Estatua acéfala de José Ignacio de Márquez en el destruido Palacio de Justicia de Bogotá.


 

Buen trecho de la vida pública y hogareña de Márquez transcurre en Bogotá y la Sabana. Incursiona hacia su Boyacá natal en busca del escenario para su matrimonio con la hija menor del antes marqués de Surba y Bonza, María Antonia del Castillo y Vargas. Había vivido unos meses encargado de la administración política de la provincia de Tunja. Había sido rector de la Universidad de Boyacá. Por el año de 1826 le había insinuado a Santander la supresión de conventos en la provincia, para dedicar sus rentas a la instrucción pública. Había pertenecido al Consejo de Estado y allí redactó su proyecto de código de instrucción pública. A semejanza de Santander, una vez iniciada su vida de ex presidente de la Nueva Granada continuó como parlamentario, por sucesivos períodos.

Le correspondió fallar en el juicio contra el general Obando por traición a la patria en torno a los sucesos del golpe de Meló, acogiendo la sentencia absolutoria, a pesar de las constantes deslealtades y violaciones a indultos y perdones de Obando. Como rector de la Universidad Central (hoy Universidad Nacional) había sido designado desde 1846 por el presidente José Hilario López. Habría de terminar destituido a finales de 1849 por presiones estudiantiles que exigían la supresión de ejercicios espirituales. Otro escándalo de tipo religioso había sucedido durante su mandato, promovido por universitarios, en ceremonias de la iglesia catedral. Ahora sería el debate religioso en torno a la reexpulsión de los jesuítas el nuevo toque de la agitación política. Márquez desde el Senado apoyaba a los eclesiásticos. Pero al fin se produjo el extrañamiento de la Compañía de Jesús.

Márquez se dirige al exilio voluntario en Europa y viaja por Inglaterra y Francia. Su estadía supera el año y retorna al país. A medida que envejece, va desdibujándose su figura en el panorama político nacional. No padece del síndrome de abstinencia de los hombres que han detentado el poder. Ajeno a los símbolos externos de la autoridad y del poder, ni siquiera la Presidencia le hace modificar sus hábitos hogareños en su vivienda de la Candelaria, en la calle 11. Confundieron los contemporáneos los movimientos involuntarios de su cerviz, para opinar sobre la altivez del ciudadano Márquez. Estos gestos de alzamiento de cabeza se acentúan; sus prácticas de ferviente católico le conducen cotidianamente a la misa, que atiende de rodillas, al decir de sus biógrafos. Pero sus últimos treinta años, o poco menos, transcurren en el ostracismo o el eclipse político: "Encerrado en glacial reserva, con melancólica mirada interpelaba los desgraciados sucesos que en ese tiempo tuvieron lugar. Sólo se acentuaba el movimiento convulsivo de su cabeza". Quedaban lejanos los días en que se ensayó un movimiento armado para impedir la posesión de Márquez, en 1837, como presidente constitucional, neutralizado por los generales de la independencia Antonio Obando y Santander.

Los textos de historia patria, ortodoxos o no, subrayan entre las ejecutorias de sus administraciones y en la sanción de leyes del Congreso múltiples aspectos del quehacer económico y fiscal (impuesto al tabaco, contabilidad nacional, proteccionismo), servicio militar por sorteo, liquidación de deuda externa de la independencia... Pero más que los acartonados títulos de "Cicerón de Colombia", "Presidente de casaca negra" y "Togado leguleyo", como se le ha pretendido calificar, Márquez es el testimonio de una vida dedicada a servir a las instituciones republicanas. Opacada su figura histórica por el brillo de los mandatos de sus amigos generales de la República, empezando por Santander. Márquez fue el único de los constituyentes del Congreso de Cúcuta de 1821 que fue elegido a la Presidencia de la República; el exponente de una generación letrada que, conviviendo y debatiéndose con los estamentos militares, intentó un manejo jurídico de las tensiones políticas y de orden público, con una voluntad de servicio incomparable. En la década de los años treinta, fue el sucesor de Santander y primer presidente civil de la Nueva Granada, venciendo electoralmente a su opositor, el general Obando.

 

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Tumba de Márquez en el Cementerio Central de Bogotá.



Epoca de controversias, de contrarrevolución, de gestación del bipartidismo, aún sin estatuto orgánico. Fue ésta la época de Santander y Márquez, y en los años sucesivos, un movimiento pendular de tensiones, sublevaciones, guerras civiles. En fin, Márquez, como su condiscípulo Santander, contribuyo en medio de sus detractores a afianzar el espacio político de la controversia, en una dialéctica que se vuelve caprichosa y biliar en los entretelones de la vida privada. Herederos ambos de una mentalidad legalista colonial, ensayaron fabricar una estructura jurídica alternativa, con el lastre tricentenario de la vida colonial. Hombres de provincia, marcados por la tierra y sus maestros, alternando en el empeño de modelar una sociedad que hoy apenas identifica cómo comenzaron los procesos de formación de la nacionalidad y la identidad de colombianos, en la América libre. Pocas huellas reproduce en la memoria colectiva el país de estos personajes; para con Márquez más tacaña que con Santander la historia nacional. Apenas si se levanta en su Ramiriquí natal una estatua de factura francesa, del togado presidente. La otra estatua, la de la Plaza Mayor, en el recinto del Palacio de Justicia, cayó decapitada en la toma y destrucción. Allí también fue abatida la máxima santanderina: "Las armas os dieron independencia, las leyes os darán libertad". Una condecoración del poder Judicial lleva el nombre de Márquez para honrar a los herederos de la tradición legalista. Llevan su nombre adicionalmente una provincia de Boyacá y algunos establecimientos educativos y salones de instituciones del poder judicial. Pocos grabados y óleos nos perpetúan su fisonomía, acentuados sus gestos, tornándolo huraño o malhumorado. Ajenos, como él mismo dijo, a los penachos y casacas militares. Pero en la mentalidad legalista del colombiano, aún se agitan elementos primigenios de la mentalidad impulsada por el jurista y presidente Márquez. Patrimonio común de civiles, militares, religiosos, agnósticos y masones. Fue una época de transiciones y de búsqueda de opciones políticas.