Hace
apenas unos días, un hombre confesaba que si llegara a
tener en su mano una lámpara de Aladino, el único
deseo que pediría sería el de lograr entender a
las mujeres de hoy. Su comentario generó un murmullo en
el público. Los hombres asintieron con la cabeza e invocaron,
con actitud arrogante, un poco de sentido común. Las mujeres
rieron con una tímida incomodidad y en seguida salieron
a la defensiva. ¿Cómo así, por qué?
Era evidente que la reflexión de aquel hombre se les metía
por los poros, y cada una dentro de sí misma buscaba una
respuesta, algo que en palabras sencillas, les diera la formula
para explicárselo. “¿Acaso es difícil
definir qué son las mujeres? ¿Qué tenemos
distinto de los hombres? Por qué es tan difícil
entendernos? Pero si las mujeres somos:…”.
Esa es la cuestión. No existe, a pesar de todas las reflexiones
machistas y feministas, un concepto que describa íntegramente
a la mujer del siglo XX. ¿Dónde encontrar una definición
simple, contundente, completa, como la de cualquier ser o cosa
en el mundo? Pues... en las enciclopedias, en los diccionarios.
Me propuse examinar en distintos diccionarios editados en el siglo
XX el significado de la palabra mujer. Me preguntaba, ingenuamente,
si con el paso del tiempo se habrían producido variaciones.
La liberación femenina, los derechos políticos,
el nuevo rol dentro e la familia, el papel activo en la sociedad,
la píldora, en fin, todo lo que aún les queda complicado
entender a los hombres.
El recorrido empezó en 1947. Mitad del siglo. La décimo
séptima edición del Diccionario de la Real Academia
de la Lengua Española dedica una larga columna de su fino
papel de arroz a la definición de “Mujer:
Persona del sexo femenino”, y en seguida enumera las acepciones:
“Mujer de gobierno: Criada que tiene a
cargo el gobierno económico de la casa (ama de llaves)”,
“Mujer de su casa: la que manda y ejecuta
los quehaceres domésticos y cuida de su hacienda y familia
con mucha diligencia”. Y luego: “Mujer del
arte, de la vida airada, del partido: Prostituta”,
“Mujer de la mala vida, del mal vivir:
Prostituta,. “Mujer mundana, perdida o pública:
Prostituta”.
No hay miradas
muy nuevas nueve años más tarde. El mismo diccionario,
pero en su décima octava edición, de 1956, hace
la descripción pura de: “persona del sexo femenino”,
y luego menciona una veintena de refranes de mujeres. “Mujer,
viento y ventura pronto se mudan, quiere decir que las
tres cosas pronto se van. La Mujer y el vino, sacan al
hombre de tino, dejarse dominar por la liviandad y por
la embriaguez”. Y así por una larga página,
todos refranes en referencia al gran aporte de la mujer a la humanidad.
“A la mujer casta, Dios le basta”,
“A la mujer y a la mula por el pico les entra la
hermosura”, “La mujer rogada y la olla reposada”.
¡Qué amplitud de mirada! El rol de meretrices, el
del agradecido trabajo en el hogar, el cuidado de su virginidad
al servicio del Señor y las destrezas culinarias. Muy completitas
ellas.
En 1961, el Diccionario Hispánico comienza su descripción
con las traducciones de la palabra mujer. F. Femme, I. Donna,
I. Woman, A. Weib, P. Mulher. Y en seguida se lanza a exponer
10 derivados que también nos dan una pista de la claridad
de los conceptos existentes en la época: “Mujercilla:
de poca estimación y porte”, “Mujerzuela: Ramera”,
“Mujerón: Grande y corpulenta”,
y sigue hasta Mujeriego y Mujeril.
Llegando a los 70 echemos una mirada a la Enciclopedia Quillet:
“Mujer: persona del sexo femenino; del
latín múlier. La que ha
llegado a una edad madura. La casada, con relación al marido”.
Y a continuación más refranes; “La
mujer honrada, la pierna quebrada y en casa, aconseja
el recato y el recogimiento que deben observar las mujeres (ojo
al verbo ‘deber’)”. Y cuando llegan referencias
muy cultas y elegantes, son reservadas a la ficción: “Mujeres
en Asamblea: Una comedia de Aristófanes”,
“Mujer sin Sombra: Ópera en tres
actos, de Richard Strauss e inaugurada en Viena en 1919”.
Ante este panorama desalentador, busqué en la misma enciclopedia
la definición de Hombre. No por contraste,
no, sólo por curiosidad. Ocupa 3 páginas completas
y tiene 80 acepciones. La primera: “Animal racional. Genérico
de la especie humana. Varón: Criatura racional del sexo
masculino”. Y sigue: “Entre el vulgo, marido”.
Por lo visto el hombre es el ser racional y la
mujer, no. ¡Ah, y marido sólo se usa ‘entre
el vulgo’. Interesante.
Pero vale
la pena hacer gala de otras muy importantes definiciones: “Hombre
gentil, hombre de armas, buen hombre, hombre bueno, hombre de
campo, hombre de capa y espada, hombre de guerra, hombre de fortuna,
hombre de negocios, hombre de palabra, hombre de pelo en pecho,
hombre de letras, hombre de lunas, hombre espiritual”...
y así por 80 acepciones, todas a cual más elogiosas,
cuando no compasivas: “pobre hombre, hombre al agua,
hombre menudo, hombre viejo, ¡hombre!”. Así
es, las definiciones de hombre eran 80 en 1973 para los editores
de la Enciclopedia Quillet, mientras las de mujer, sólo
15.
Me voy al Diccionario de María Moliner en 1998: “Mujer:
A diferencia de la niña, es un ser femenino adulta”.
Moliner agrega la acepción de señora
como una forma de trato más respetuoso. Referencia siete
acepciones y amplía el concepto de la utilización
de la palabra en las Notas de Uso: “Tienes tres
hijas ya mujeres”, “Algunas mujeres
están de luto toda la vida” y “La
mujer de la limpieza”.
Casi al final del recorrido diccionárico, por fin hay noticias
nuevas. En 1999, un año antes del nuevo siglo, a la mujer
le adjudican la gracia de la ‘razón’ y de la
‘animación’. Los autores de tal milagro son
tres españoles: Manuel Seco, Olimpia Andrés Puente
y Gabino Ramos González. Su Diccionario del Español
Actual define Mujer como un “Ser animado
y racional del sexo femenino”. Este mismo diccionario también
dice que animado significa: “dotado de alma”. ¡Qué
bueno! Debemos estar agradecidas con estos españoles. Ah,
pero chequeemos ‘razón’, para estar seguros:
“Facultad de discurrir, acto de discurrir el entendimiento”.
Mejor aún, ahora que tenemos alma, además podemos
participar del entendimiento. Esto conduce a la primera conclusión
de esta informal investigación. La humanidad, o por lo
menos el mundo hispanohablante, le otorgó, con el paso
del tiempo, definiciones nuevas a ‘Mujer’.
Consulté, para terminar, el diccionario on line de la Real
Academia Española de la Lengua, actualizado en agosto de
2005. Encontré siente novedades, a saber: “Mujer:
que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia:
¡Esa sí es una mujer!”, “Mujer
de honor, de tesón, de valor”, “Mujer
de campo, y Mujer de digo y hago”, definida como
fuerte, resuelta, y osada. Aparece la Mujer de letras.
la que cultiva la literatura o las ciencias humanas. Una más
moderna: “Mujer objeto: la que es valorada
exclusivamente por su belleza o atractivo sexual”. Y finalmente,
la “Mujer fatal: aquella cuyo poder de
atracción amorosa acarrea fin, desgracias o a sí
misma o a quienes atrae”.
Cincuenta años después del primer diccionario consultado,
‘Mujer’ tiene nuevas definiciones.
La mayoría apunta a la independencia, aparecen valores
positivos como el honor, el tesón, referencias a su cuerpo
como objeto y hasta se le otorga la condición de la fatalidad.
¿Será mucha exigencia preguntar cómo se definirían
la mujer productiva, la mujer trabajadora? Para
no dejar así, revisamos el Diccionario Económico,
Ediciones, Orbis 1987, recopilado por Arthur Seldon. Por la M
no aparece ninguna referencia a la palabra mujer, pero por la
H aparece la descripción en cuatro extensos párrafos
del “Hombre económico: Aquel que
se preocupa por el objetivo inmediato de obtener el máximo
dominio posible sobre los recursos con un sacrificio mínimo”.
Entendemos que es una aproximación técnica a la
generalización del individuo económico, pero bueno,
se le atribuye esto al hombre y no a la mujer. Entonces, si no
nos definen como ‘mujeres económicas” no estamos
insertadas en el sistema? ¿Y lo que trabajamos? ¿Cómo
lo definimos?
En pleno siglo XXI, es claro que los diccionarios que lo definen
todo, no nos definen. En estos tiempos sabemos que hay derechos
iguales para todos, que nos la jugamos por igual por vivir la
vida con independencia y que no es suficiente la condición
natural de ser hembra. Sigue siendo un desafío encontrar
palabras exactas para lo que somos hoy. Además de cargar
con lo que nacimos y utilizarlo a nuestro antojo para la conservación
de la especie, nos enfrentamos a los múltiples dilemas
que nos imponen los roles: La casa - la oficina; mujeres - madres;
profesionales - madres; bonitas - más bonitas; feas - inteligentes;
bonitas - brutas; feas - felices; solteras - solteronas. Además
de los que nos impone la guerra: viudas - madres; huérfanas
de hijos, abuelas de huérfanos.
Concluyamos que el siglo XX logró construir con dificultad,
las respuestas a las preguntas reales de las mujeres sobre sus
roles y avanzó en la elaboración de fórmulas
para combinar los anteriores dilemas. Ha sido el siglo del sí,
de la apertura, de la política, de la liberación
y, por todo eso, también de la confusión. En el
camino se ha acertado, hoy muchos escenarios del pasado son impensables,
pero también se ha errado, se ha exagerado y se ha faltado.
La superación de la mujer ha convertido en obsesión
su perfección. En el libro Rosas y Espinas, la escritora
Ángela Carmona, narra 100 historias de mujeres del siglo
XX: la primera que votó, la primera que se graduó,
y la de Aurora Rodríguez Carballeira, una mujer española
que quería formar la mujer perfecta. En 1914 recurrió
a la eugenesia (aplicación de las leyes biológicas
de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana), su
hija Hildegarth nació y antes de cumplir un año
hablaba y escribía muy bien su nombre. A los dos años
ganó un concurso de mecanografía y a los trece años
era licenciada en Derecho. A los 14, ingresó en las Juventudes
Socialistas y daba charlas por todo el país. Inició
una relación sentimental con un diputado socialista, pero
su madre, que no se sentía satisfecha, la asesinó
en 1933. “Si un arquitecto, una vez realizado su más
extraordinario proyecto, se da cuenta de que el edificio va a
hundirse, antes lo vuela. Así hice yo con mi hija”,
¿Hasta dónde llegar para ser iguales? ¿Para
ser perfectas? ¿Cómo quieren los hombres que sepamos
con facilidad lo que somos ahora que somos lo mismo que los hombres
sin serlo? De pronto los poetas, que desafiaron la rigidez de
los diccionarios, y le atribuyeron a mujer todos los significados,
inverosímiles, románticos, veraces, sublimes, le
respondan al hombre de la lámpara de Aladino.
Nosotras, por ahora, estamos pensando en el nuevo siglo, porque
aun queda mucho por hacer.
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Alumnas
de la Escuela Normal Superior pasan por frente al Palacio de la
Gobernación, durante el desfile olímpico del 20
de julio de 1945. Cromos.

Elegantes bogotanas en el Bosque de San Diego.
Dibujo de Fídolo Alfonso González Camargo. El
Gráfico, 1916.

Las
mujeres de la primera mitad del siglo XX estuvieron en la primera
línea de las acciones por el bienestar de los infortunados.
Grupo de promotoras de la casa de menores de Medellín acompañan
al Gobernador de Antioquia en el acto de beneficiode esa institución.
Foto de Francisco Mejía M. El Gráfico, 1925
Damas boyacenses en colecta de fondos para las obras sociales
de su departamento. El Gráfico, 1922.

Grupo de maestras del departamento de Cundinamarca agasajadas
por el director de Instrucción Pública.
El Gráfico, 1925.

Grupo de señoritas de Zipaquirá que tomaron parte
del homenaje a los próceres zipaquireños fusilados
el 3 de agosto de 1816. El Gráfico 1916.

Elegantes damas de los dorados años veinte bogotanos, en
una fiesta ofrecida en la legación de Francia. El Gráfico
1925.
Doña Conchita Bernal Ramírez, quien obtuvo con calificaciones
brillantes su grado de profesorado. Cromos, 1935.
En la década de los treinta la mujer colombiana se incorporó
de manera muy activa en los distintos deportes. Equipo del Colegio
de la Merced que venció en sensacional partido al centro
Moderno. Cromos 1935.
No menos importante fue la participación femenina en actividades
artísticas. Damas del Club Unión de Medellín
que ofrecieron un gran concierto para clausurar el año
de estudios de la Academia de Música Mejía. Cromos,
1935.

La Hilandera. De la serie Tipos del Pueblo bogotano. 1938. Foto
Luis B. Ramos - Banco de la República.
Redulja Ramírez, de Tipacoque, 1950. Foto Luis B. Ramos
- Banco de la República.
A partir de los años 70 la participación de la mujer
en la política fue cada vez mas ideológica, militante
y combativa. Grupo de madres trabajadoras, en la plaza de Bolívar,
exigen del gobierno la devolución de sus parientes desaparecidos.
Archivo El Tiempo.

También se incorporó la mujer, desde los años
ochenta, en actividades que durante lo corrido del siglo habían
sido impensables para ella. Ejercicios de adiestramiento de mujeres
en el ejército.
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