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EDICION 141
SEPTIEMBRE 2001
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Fundaciones coloniales y republicanas en
Colombia
Normas, trazado y ritos fundacionales
Por: José Agustín Blanco Barros
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 141
Septiembre de 2001
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Plano de santa Marta, ca. 1534,
(publicado por Juan Friede en "Hojas de Cultura Popular Colombiana", 1953).
Archivo de Indias, Sevilla.
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Mapa geográfico del saco de San Buenaventura.
Plano de Antonio Salazar, 1821. Archivo General de la Nación, Bogotá.
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Con la conquista (o invasión
hispánica) del territorio actual de Colombia vino la fundación de ciudades de manera
oficial o legal, y el asentamiento espontáneo de muchos peninsulares y canarios en la
tierra recién descubierta y conquistada. Antes de tal acontecimiento histórico los
indígenas taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta ya habían fundado por lo menos
tres ciudades relativamente populosas. Posigueica, Pueblito y Faronaca, a más de
numerosas aldeas. En el interior andino de Colombia los muiscas poseían dos fundaciones
de importancia: Bacatá y Hunza, que no eran ciudades propiamente.
FUNDACIONES COLONIALES HISPANICAS
El descubrimiento, conquista y colonización por parte de
españoles, de territorios americanos, debían estar precedidos de una
"capitulación" entre el rey y el futuro jefe de la expedición conquistadora.
Una de las obligaciones de este último consistía en fundar una o dos ciudades, villas y
lugares. Por otra parte, en muchos casos la firma de la capitulación fue posterior a la
fundación de un nuevo poblado, esto por razones de hecho. Dice Carlos Martínez:
"Como las nuevas fundaciones en las provincias de Santa Marta y Cartagena no daban
espera a las licencias oficiales, los gobernadores y adelantados delegaron esa misión a
los capitanes más sobresalientes. Después esa facultad se extendió a audiencias,
presidentes y virreyes".
La conquista de una provincia daba a la Corona el dominio
eminente del territorio de ella, de manera que fundar poblaciones allí significaba
tener posesión de dichas tierras. Añade el autor citado que "el rey poseía en lo
civil la potestad en todo lo referente a la erección y gobierno de nuevas ciudades.
Además, tenía el título de real patrono de las nuevas cristiandades: podía
erigir iglesias, autorizar parroquias y diócesis, y fijarles límites". El patronato
real era uno de los privilegios que el papa Alejandro VI había otorgado a los Reyes
Católicos a raíz del descubrimiento colombino.
NORMAS PARA FUNDAR
El primer funcionario castellano en aplicar normas para
fundar ciudades en América fue fray Nicolás de Ovando, gobernador de Santo Domingo (Isla
Española): "... Fundó ciudades y villas conforme al modelo del municipio
castellano, gobernadas por cabildos municipales, repartió tierras a los colonos, con la
condición de que residieran en ellas y las hicieran producir, les adjudicó solares
urbanos..." Todo eso sucedió antes de 1504.
En 1529, Carlos V dio disposiciones relativas al mismo
importante asunto. Y más tarde, en las Leyes Nuevas (1542), expidió su
"Instrucción y reglas para poblar. Código para todas las colonias". Felipe II
en 1573 expidió sus "Ordenanzas de poblaciones", cuyo título oficial es
"El orden que se ha de tener en descubrir y poblar". Se le considera como el
primer código de urbanismo de la edad moderna.
Hay que señalar que en general las normas enumeradas
dejaron de cumplirse con exactitud en América, lo mismo que las expedidas en 1680. Esto
por razones varias.
SITIOS PARA FUNDAR
Según las ordenanzas de 1573, los españoles en América
debían "poblar de asiento y no de paso". Para poblar de asiento se debían
considerar todas las ventajas del lugar, que garantizaran que la fundación perduraría:
recursos naturales abundantes, agua suficiente, piedra y maderas para construir, clima
"no enfermizo", facilidad de defensa, espacio para el futuro crecimiento de la
población. Infortunadamente en muchos casos --como ya se anotó-- esas recomendaciones no
fueron tenidas en cuenta, lo que explica el fracaso de la acción fundacional: el fundador
y los vecinos abandonaban la "ciudad" porque habían tenido informaciones sobre
lugares más prometedores: existencia de metales preciosos, mejores tierras, clima más
saludable, poca hostilidad de los indígenas, etc.
Según Salcedo Salcedo, "la fundación de una ciudad
comenzaba con la toma de posesión del territorio, que se hacía en el nombre de las más
altas potestades: Dios y el rey". El ceremonial de la toma de posesión y fundación
se puede ver en el texto siguiente, transcrito por Francisco J. Vergara y Velasco,
referente a la fundación original de Anserma:
"...Luego el dicho Sr. capitán [Jorge Robledo] como
sabio e d'esperencia mandó cabalgar a ciertos caballeros e otra gente e fue a un sitio
llano, que estaba junto al dicho real, e allí hizo talar (sic) cierta cabaña e
árboles, e hizo hacer un hoyo, e trajeron un madero e le hizo hincar en aquel hoyo, e
dijo ansí el dicho escribano [Pedro Sarmiento] que le diese testimonio como allí
fundaba, en nombre de Su Majestad e del Sr. Gobernador, una cibdad que llaman San Juan e
la iglesia mayor Santa María de los Caballeros, e echó mano a la espada e en señal de
posesión dio ciertas cuchilladas en el madero, sin contradicción alguna e pidió
testimonio a mí el escribano. E dijo que aquel madero señalaba por picota en que fuese
ejecutada la justicia real de Su Majestad; e luego él tomó dos varas de justicia en sus
manos, por virtud de los poderes que para ello traía, e señaló alcaldes ordinarios de
Su Majestad a Suero de Nava e Martín de Amoroto, e por alguacil mayor a Rey Venegas,
Alférez, el cual había ido a donde estaban los españoles de Cartagena, e señaló otros
ocho caballeros por regidores, e de todos ellos excepto del dicho Rey Venegas, recibió
juramento e hicieron la solemnidad que derecho se debía hacer. Y el dicho señor Capitán
dijo que allí fundaba la dicha cibdad, según dicho es, y con aditamiento si otro mejor
sitio hallase, que le pudiese mudar en parte más conveniente, lo cual pasó el día de
Nuestra Señora el 15 de agosto [de 1539]; e señaló los términos de la dicha cibdad
hasta las manas de Buriticá e por el río arriba hasta la provincia de Gorrones, e por
los lados a treinta leguas por cada cabo [...] E andando por la tierra, cuatro leguas
desta cibdad más adelante hallaron otro mejor sitio e le hicieron saber al dicho señor
Capitán; el cual sabido lo susodicho, fue allá con ciertos caballeros, e visto el dicho
sitio, se averiguó ser mejor e mandó que allí se fundase la dicha cibdad, que primero
había fundado..." Acto seguido algunos de los presentes con toda solemnidad
trasladaron el rollo de justicia al nuevo sitio y lo hincaron en el centro del cuadrado de
terreno destinado para plaza de la nueva fundación.
En Colombia, la mayoría de las ciudades coloniales
fueron fundadas siguiendo las ritualidades prescritas por las ordenanzas oficiales, aunque
también es cierto que al conocer el texto de las actas fundacionales se notan diferencias
menores; pero como expresa un especialista en la materia, "conocida la fundación
hispánica de una ciudad, se conocen todas". El acto fundacional culminaba con una
acción de gracias a Dios, generalmente con la celebración de la misa.
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Plano puntual del terreno que corresponde a las
ciudades de Cartago y Buga, desde la ciudad de Arma antigua (b) hasta la ciudad
de Cali (12). 1779. Archivo General de la nación, Bogotá.
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La villa de Medellín y poblados de Itagüí y
Envigado. Plano de Francisco José Ramos, 1791. Archivo general de la Nación,
Bogotá.
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TRAZA DE LA CIUDAD
La mayoría de las ciudades coloniales de la actual Colombia
estaban ya fundadas cuando Carlos II (1680) promulgó la Recopilación de las Leyes de los
Reinos de Indias. En ella aparecen los detalles legales que debía tener la plaza mayor de
la futura ciudad: medidas, forma, ubicación, etc. En este año ya habían sido fundadas
muchas ciudades en el Nuevo Reino, las cuales tenían calles que se cortaban
ortogonalmente, o sea en ángulo recto, con anchuras que se apartaban de lo dispuesto en
la Recopilación. En muchas de esas ciudades, por consiguiente, las manzanas o
"islas" eran perfectamente cuadradas y sus lados de una misma dimensión, aunque
en algunos casos resultaran rectangulares. En Cartagena, por ejemplo, algunas manzanas
presentaban la forma de trapecios. Algunos autores opinan que tal irregularidad obedece a
que Pedro de Heredia no efectuó la traza de la ciudad, como se infiere de las crónicas
de Juan de Castellanos y de Gonzalo Fernández de Oviedo, sino que entre 1535 y 1537 quien
la efectuó fue Juan de Vadillo, quien como juez residenció al adelantado Heredia.
Salcedo Salcedo dice: "El patrón urbano de manzanas cuadradas regular fue empleado
por Francisco Pizarro en Lima. Sebastián de Belalcázar lo aplicó en Cali (1536), Pasto
(1537). Fue adoptado en el Nuevo Reino en Santa Fe (1539), Tunja (1539) y Pamplona (1549),
Toro y Buga (1573), Medellín (1675) y San José de Cúcuta (1733)".
La distribución de los solares de la fundación
hispánica colonial en unos casos la efectuó el jefe o capitán de la expedición
conquistadora, o uno de sus subordinados, o el Cabildo, Justicia y Regimiento, el cual
siguiendo la antigua tradición legal castellana gobernaba a nombre de todo los vecinos de
la ciudad. Por lo regular los más importantes de la hueste que había ayudado al fundador
recibían los predios más cercanos a la plaza mayor, y luego, según su categoría
militar o civil, los demás vecinos. Esto jerarquizó socialmente a los habitantes de la
ciudad. Tener residencia "en el marco de la plaza" significaba ser personaje
importante y respetado. Tal se puede comprobar en el plano de la ciudad de Tunja, año de
1623. Además, "trazado el embrión de la ciudad una vez demarcado el lugar de la
plaza mayor, con la iglesia, la casa del fundador y las casas particulares, a su alrededor
en perfecta cuadrícula se fueron fijando los solares de los demás conquistadores".
Es un hecho que a cabalidad no se cumplieron las normas que mandaban que los solares
fuesen sorteados. Pudo más el poder y la codicia de los privilegiados.
OTRAS FUNDACIONES COLONIALES
En el siglo XVII, cuando había desaparecido la clase
conquistadora, algunas "ciudades" fueron fundadas mediante un decreto virreinal,
o por una orden o una licencia del gobernador de la respectiva provincia, o en veces por
petición de personas ya asentadas en determinado lugar. Entre muchos otros, es el caso de
Nunchía, Casanare. Resumimos esta información de una obra de la historiadora Jean M.
Rausch. El gobernador de esa provincia urgió al arzobispo virrey Antonio Caballero y
Gongora (1786) para que dictara un decreto a fin de que familias de la provincia del
Socorro fueran a habitar en la llanura oriental. Era vital establecer parroquia y villas
en ciertos puntos estratégicos de las reducciones de indios. Creía el gobernador que eso
disuadiría a los indígenas de desertar y ayudaría a alejar a los Guahibos. Dice la
autora: "La primera población desarrollada en tierra bien dotada para la agricultura
y la ganadería estaba entre los ríos Tocaría y Pauto [...] En el siglo XVI la parroquia
de Tocaría había existido allí, pero luego de dos incendios había sido suprimida. Para
1770, más de cien personas vivían otra vez en el sitio, y como se esperaba que ellas
debían asistir a misa en Morcote, a una jornada que se hacía difícil y por caminos
impasables durante la estación de lluvias, esas personas pidieron al arzobispo que las
considerara como una parroquia aparte". Y sigue: "El cura de Morcote [...] Juan
Laureano de Rosas y Torres, y el gobernador Francisco Domínguez de Tejada respaldaron su
solicitud. Ambos atestiguaron que lo azaroso de los caminos impedía a muchos pobladores
cumplir con sus deberes religioso. Aquellos que alcanzaban a llegar a Morcote no hallaban
donde alojarse, especialmente durante la Semana Santa y otras festividades. Se alojaban
donde los indios, a los que emborrachaban con aguardiente para luego lograr ventajas de
éstos. `Para mí es claro, decía el cura, que ya en algunos poblados muchos indios son
mestizos, y esto puede no obedecer a ninguna otra causa que a la mezcla con blancos en
esos lugares'. La creación de una nueva parroquia podría detener esa práctica, porque
`los blancos no vivirían entre los indios y sus resguardos' [...] El gobernador
Domínguez de Tejada reiteró estos argumentos y sugirió que la nueva iglesia podría
equiparse con los ornamentos sagrados confiscados a la capilla de los jesuitas en
Caribabaru. Ante argumentos tan fuertes, el 27 de noviembre de 1770 la sede arzobispal
aprobó la nueva parroquia de San Carlos de Nunchía".
Otro caso muy interesante, también documentado por
Rausch, es el de Arauca. Escribió esa historiadora: "El 4 de diciembre de 1780 dos
personajes provenientes de Barinas, Juan Isidro Daboin, que era un sacerdote secular, y
Antonio Useche, un hombre del agro, cruzaron el río Arauca y se hallaron ante una banda
de guahibos semicristanizados. Al recibir una cordial acogida,los dos decidieron
permanecer allí, y Daboin asumió la responsabilidad de la dirección espiritual de los
nativos. Fue a Morcote donde el gobernador Caicedo y le pidió permiso para llevar más
colonos con sus esclavos y esclavas desde Barinas, Cuiloto y Betoyes, y que lo autorizara
para distribuir tierras para ganadería y cultivos. Para 1784 cien blancos y negros
habían levantado chozas techadas con palma en el poblado y habían iniciado hatos en los
llanos circundantes. Santa Bárbara floreció a causa de que su localización sobre el
río Arauca facilitó el comercio con Venezuela. En 1793 había logrado el status
de viceparroquia de Chire, lo que significaba que el cura de este lugar tenía que atender
la capilla de Santa Bárbara de una manera regular. La designación como viceparroquia
significó que Santa Bárbara quedara reservada para españoles y no pudiera convertirse
en pueblo de indígenas".
Ocurrió también que algunas ciudades colombianas
actuales no tuvieron fundación propiamente dicha, como es el caso de Barranquilla, o tal
vez el de Palmira. La existencia de la primera se inicia como un proceso de asentamiento
en que diferentes fechas se hacen presentes en la desembocadura del río Magdalena:
primero, lugar indígena para intercambio comercial con "naturales" de la
región de la actual Santa Marta; segundo, establecimiento en esa área de corrales de
ganados vacuno, caballar, ovino y otros desde 1551, por lo menos; tercero, fundación a
orillas de una ciénaga y un caño anexos al río, de una hacienda de los ganados dichos,
más chiqueros de cerdos; la hacienda fue la de San Nicolás, establecida por el capitán
Nicolás de Barros y de la Guerra, entre 1627 y 1637, y probablemente en 1629; cuarto, la
presencia de navegantes fletadores de canoas indígenas en ese lugar antes de 1704;
quinto, también el establecimiento allí de gente de las sabanas vecinas.
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Reparto de solares de la población de Paipa. Plano
de 1602. Archivo General de la Nación, Bogotá.
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Pueblos de La Serrezuela y Bogotá (Funza).
Mapa de 1771. Archivo General de la Nación, Bogotá.
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FUNDACIONES REPUBLICANAS
Con la Independencia y el remplazo del régimen español por un
gobierno republicano, cambiaron radicalmente los caracteres del proceso de poblamiento de
nuestro país, y de consiguiente del acto de fundación de ciudades. Si antes había
habido en esos hechos cierto simbolismo religioso debido a la tradición medieval
española, carácter simbólico presente en las Ordenanzas Reales, ahora, con el país ya
independiente, la fundación de una población en general pasó a ser un acto puramente
civil. Si antes el poblar un espacio geográfico era asunto de un súbdito de la corona
española, ahora el colono, el que ocupaba de hecho o solicitaba al gobierno tierra para
establecerse, era el ciudadano de una República.
Con el advenimiento de ésta, fue mucho mayor la libertad
para movilizarse. Así se explica el fenómeno migratorio de la gente de una región a
otra del territorio nacional durante el siglo XIX, por ejemplo. Cierto también que
operaron otras causas. Autores como el geógrafo James J. Parsons o el sociólogo Eduardo
Santa (Arrieros y fundadores) han indicado las posibles causas del movimiento
migratorio antioqueño, el cual se inicia a fines del siglo XVIII (1787) desde el área de
Sonsón y Abejorral, en el sureste de Antioquia, y sin interrupción se desarrolla en
dirección sur. Tal flujo de colonos cubre literalmente el siglo XIX y los primeros
decenios del XX. Las causas se pueden reunir así: 1. Enorme crecimiento demográfico en
la Antioquia original; había en ella familias con 16 o más hijos. 2. Explicable
apetencia de tierras, muy productivas y baldías, que se sabía existían de Antioquia
hacia el sur. 3. Natural índole aventurera de los antioqueños. 4. Búsqueda del
legendario "tesoro de Pipintá" en el país o comarca del Quindío (no
exclusivamente el territorio del actual departamento del Quindío). Se sabía de las
muchas sepulturas que contenían oro del ajuar funerario de los indios, antiguos
habitantes de esa extensa región. El lucrativo negocio de la guaquería produciría la
clase especial de los "cuyabros". 5. Las guerras civiles muy frecuentes en el
siglo XIX, y en especial las de 1885 y 1899-1902.
Lo que Parsons llama "colonización antioqueña
moderna" se desarrolló en los territorios de los departamentos de Antioquia, Caldas,
Risaralda, Quindío, Valle del Cauca y Tolima. Además, con menor énfasis, se dirigió
hacia el Chocó, Córdoba y otros sectores más lejanos: Casanare, Meta, Caquetá,
Putumayo. Una lista parcial de las fundaciones antioqueñas es la siguiente: Sonsón y
Abejorral (1787-89), Aguadas (1814), Pácora (1824), Salamina (1825), Fredonia (1830),
Caramanta (1835), Neira y Salento (1843), Santa Rosa de Cabal (1844), Manizales (1848), El
Fresno (1856), Libano y Manzanares (1860), Pereira (1863), Jardín (1865), Santo Domingo
(Herveo) (1866), Ansermanuevo (1872), Filandia (1878), Pueblorrico (1884), Calarcá y
Quinchía (1886), Armenia y Circasia (1889), Mocatán (1890), Montenegro (1892), Sevilla
(1903), Caicedonia (1905). De esta lista, sabido es que se destacan Manizales, Pereira y
Armenia, cuyo mayor desarrollo las convirtió merecidamente en capitales departamentales.
Ellas y muchas de las otras ciudades constituyen el denominado Eje Cafetero, una de las
bases económicas de Colombia.
Otro grupo de fundaciones de los tiempos republicanos
presentan un carácter muy peculiar. Se trata de las hechas o dirigidas por los misioneros
capuchinos catalanes en el territorio de los departamentos de Putumayo y Caquetá. Anota
el geógrafo alemán Wolfgang Brücher, bajo el subtítulo "La misión de los
capuchinos en el Putumayo y en el Caquetá": "En 1896 fueron encargados por el
obispo de Pasto de la misión de esa zona. En ese mismo año dieron comienzo al nuevo
establecimiento de Mocoa, que después de haber servido de colonia penal, ya no constaba
sino de cinco chozas [...] y en 1910 se fundó oficialmente por convenio con el gobierno
de Bogotá la Prefectura Apostólica del Caquetá, que comprendía desde el (río) Napo
(Ecuador) hasta el Guaviare al norte y abarca así la totalidad de la región selvática
del suroeste".
Más adelante dice Brücher: "Basándose en el
Concordato, el Estado encargó a la Orden la supervigilancia y responsabilidad de la
educación y le dispensó también plenos poderes especiales de carácter temporal [...]
El Estado [no] mostró actividad alguna en las selvas del Sureste y la Misión cumplió
[...] el cometido de llenar el vacío político y de representar allí, en caso dado, los
intereses colombianos, lo que realmente vino a suceder así, en relación con el conflicto
de Leticia". Agrega que los religiosos "construyeron un camino de herradura
desde Pasto hasta el valle de Sibundoy, fundaron varias colonias: Sibundoy (1899) y lo
siguieron hasta Mocoa. Bajo su dirección se fundaron una serie de pueblos a lo largo de
la cordillera: Florencia (1902), Puerto Umbría (1912), Alvernia (1915), Belén (1917),
Guacohuaya (1921) y Puerto Limón (1922) [...] En otros sitios se volvieron a establecer
las colonias que habían sido fundadas durante la época de la economía de explotación
del caucho [...] En 1912 fue fundada Puerto Asís como "vanguardia" [...]
baluarte de nuestro derechos [colombianos], vigía de la frontera y poderoso centro de
colonización. De Puerto Asís en adelante se fundaron otras poblaciones, como son San
Antonio del Guamués (1922) y Puerto Ospina (1924). Por insinuación de los capuchinos
fundó el gobierno en 1919 la colonia penal y agrícola de Caucayá, hoy Puerto
Leguízamo, que ya no es colonia penal..." Según el autor, las fundaciones se
poblaron con indios, aunque en Alvernia los colonos fueron antioqueños.
Según un informe oficial insertado en la obra Misiones
católicas en el Putumayo, con el objeto de impulsar la colonia agrícola de Puerto
Asís hubo que llevar "simientes de yuca, plátano, maíz y caña dulce". En
otro lugar se dice que para el beneficio de la caña se importó un trapiche de hierro
desde Norteamérica. Y a fin de iniciar la ganadería se introdujeron pastos de cultivo. Y
a más de los colonos llevados de los alrededores de la ciudad de Pasto y de artesanos
traídos del Ecuador, se instaló en la colonia una guarnición del ejército nacional,
para cuyo alojamiento la Misión cedió bodegas e instalaciones ya construidas.
Terminemos con otro caso interesante: en el siglo XX fue
fundada otra colonia agrícola mediante un decreto del presidente Alfonso López Pumarejo,
fechado el 7 de agosto de 1935. Se trata de Ciudad Mutis, popularmente conocida como
Solano (por San Francisco Solano). Fue establecida en la bahía homónima de la costa
pacífica. En la obra publicada por Eduardo García Vega, fuera de otros datos, se puede
leer el acta de fundación. De ésta extractamos los siguientes detalles: Carlos Villegas
Echeverri, el fundador, fue designado por el gobierno nacional; la fecha de fundación es
el 7 de agosto de 1935; lugar de la fundación: una ensenada en la bahía Solano, conocida
como Jella, por el río del mismo nombre, el cual desemboca en ella; la ocupación inicial
del sitio se efectuó allí donde "deberían tener lugar los desmontes"; no hubo
asignación de predios a los habitantes, sólo una fijación general de los linderos de la
colonia; ya había familias de habitantes en el ámbito de Bahía Solano y sus nombres
aparecen en el acta; hubo izada del pabellón nacional y canto del himno patrio; los
testigos fueron: Alfonso Villegas Echeverri, Cupertino Villamizar y otras personas,
incluso algunas damas. Se anota, finalmente, que no existía un proyecto para una vía
terrestre destinada a conectar la nueva fundación con el interior del territorio, a
efecto de dar salida a los productos de la colonia "agrícola", al menos, no
consta en el acta; la única comunicación era la marítima con Buenaventura, al sur, y
con Juradó y con Panamá, al norte. En la actualidad, la comunicación más rápida con
Bahía Solano es la aérea, por Medellín.
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