Ficha bibliográfica
Titulo:
El encuentro de Barcelona. 500 Años del Descubrimiento de América
Edición original: 2005-06-11
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-11
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Gustavo Vargas Martínez

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 33 - SEPTIEMBRE 1992

 






EL ENCUENTRO DE BARCELONA
500 Años del Descubrimiento de América
Por: Gustavo Vargas Martínez

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 33
Septiembre de 1992



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En pos de los reyes para informarles de su retomo y del hallazgo de la ruta atlántica a la India Oriental, Colón llegó a Barcelona el 20 de abril (2 de mayo) de 1493. Mucho se ha escrito sobre el recibimiento, calificado de pomposo: comitiva de nobles, gran muchedumbre y un infaltable desfile triunfal que se iniciaba con los indios azorados, objeto de la curiosidad pública, luego la exhibición de las plantas y de los animales exóticos, junto con las muestras de piedras y minerales preciosos, y al final del cortejo, el Almirante en medio de su comitiva. No se sabía qué mirar más, si a los indios rehenes, a los papagayos multicolores o al brillo de tunjos, coronas, pectorales, brazales, narigueras y bezotes de oro.

Cuando Colón terminó su relato -según dicen las crónicas de algunos testigos como Gonzalo Fernández de Oviedo, entonces muy joven-, los reyes y el príncipe don Juan se hincaron en tierra y prorrumpieron en un emocionado Te Deum laudamus que arrancó lágrimas a más de uno. Por ahí estaba otro corresponsal, Pedro Mártir de Anglería, quien le escribía a su amigo Carlos Borromeo el 15 de mayo de 1493: "En estos días ha llegado un tal Christoforo Colonus de las antípodas occidentales; es un hombre de Liguria, a quien mis soberanos casi con repugnancia confiaron tres buques para buscar aquella región porque se pensaba que lo que decía era fabuloso, volviendo con pruebas palpables, muchas cosas preciosas y en particular oro, que se produce allá naturalmente. Pero pasemos a cosas menos ajenas..."

 


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Tan pronto pasaron los festejos y la perplejidad que despertaron los indios, se cuestionaron todos, tal vez por vez primera, si eran gentiles o paganos estos hombres de la India Oriental y, en consecuencia, si habría de bautizarlos como a cristianos. Fernando, Isabel y Juan se aprestaron a ser padrinos, y desde entonces llamaron a estos indios "Don Fernando", "Don Juan" y "Don Diego", intérprete sagaz este último, que acompañó a Colón en su segundo viaje. A "Don Juan" lo dejaron en España adscrito a la casa real, donde murió en el siguiente año.

El resto de su tiempo en Barcelona lo gastó Colón en obtener de los reyes el anhelado escudo de armas y en la confirmación de los privilegios que había obtenido en las capitulaciones santafesinas de abril de 1492. Tres meses pasó el Almirante en Barcelona. Y asombra la actividad que desplegó desde allí, porque bien pronto hizo publicar la carta en que anunciaba el descubrimiento de unas islas en el archipiélago japonés y la ruta para llegar hasta la India Oriental, que los mapas llamaban Catayo (China). Según su experiencia y su opinión, que no cambió jamás, esas islas eran nuevas en el sentido de que Tolomeo no las había conocido, porque estaban al oriente del Quersoneso Aureo (Malaca), en una península tan grande como la misma Africa, en donde quedaban, al norte, el Claustro para los judíos, las tierras del Preste Juan al centro y, allí no más, al oriente, el imperio del Gran Can...