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EL
ENCUENTRO DE BARCELONA
500 Años del Descubrimiento de América
Por: Gustavo
Vargas Martínez
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 33
Septiembre de 1992
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En pos de los reyes
para informarles de su retomo y del hallazgo de la ruta atlántica a la India Oriental,
Colón llegó a Barcelona el 20 de abril (2 de mayo) de 1493. Mucho se ha escrito sobre el
recibimiento, calificado de pomposo: comitiva de nobles, gran muchedumbre y un infaltable
desfile triunfal que se iniciaba con los indios azorados, objeto de la curiosidad
pública, luego la exhibición de las plantas y de los animales exóticos, junto con las
muestras de piedras y minerales preciosos, y al final del cortejo, el Almirante en medio
de su comitiva. No se sabía qué mirar más, si a los indios rehenes, a los papagayos
multicolores o al brillo de tunjos, coronas, pectorales, brazales, narigueras y bezotes de
oro.
Cuando Colón terminó
su relato -según dicen las crónicas de algunos testigos como Gonzalo Fernández de
Oviedo, entonces muy joven-, los reyes y el príncipe don Juan se hincaron en tierra y
prorrumpieron en un emocionado Te Deum laudamus que arrancó lágrimas a más de uno. Por
ahí estaba otro corresponsal, Pedro Mártir de Anglería, quien le escribía a su amigo
Carlos Borromeo el 15 de mayo de 1493: "En estos días ha llegado un tal Christoforo
Colonus de las antípodas occidentales; es un hombre de Liguria, a quien mis soberanos
casi con repugnancia confiaron tres buques para buscar aquella región porque se pensaba
que lo que decía era fabuloso, volviendo con pruebas palpables, muchas cosas preciosas y
en particular oro, que se produce allá naturalmente. Pero pasemos a cosas menos
ajenas..."
Tan pronto pasaron los
festejos y la perplejidad que despertaron los indios, se cuestionaron todos, tal vez por
vez primera, si eran gentiles o paganos estos hombres de la India Oriental y, en
consecuencia, si habría de bautizarlos como a cristianos. Fernando, Isabel y Juan se
aprestaron a ser padrinos, y desde entonces llamaron a estos indios "Don
Fernando", "Don Juan" y "Don Diego", intérprete sagaz este
último, que acompañó a Colón en su segundo viaje. A "Don Juan" lo dejaron en
España adscrito a la casa real, donde murió en el siguiente año.
El resto de su tiempo
en Barcelona lo gastó Colón en obtener de los reyes el anhelado escudo de armas y en la
confirmación de los privilegios que había obtenido en las capitulaciones santafesinas de
abril de 1492. Tres meses pasó el Almirante en Barcelona. Y asombra la actividad que
desplegó desde allí, porque bien pronto hizo publicar la carta en que anunciaba el
descubrimiento de unas islas en el archipiélago japonés y la ruta para llegar hasta la
India Oriental, que los mapas llamaban Catayo (China). Según su experiencia y su
opinión, que no cambió jamás, esas islas eran nuevas en el sentido de que Tolomeo no
las había conocido, porque estaban al oriente del Quersoneso Aureo (Malaca), en una
península tan grande como la misma Africa, en donde quedaban, al norte, el Claustro para
los judíos, las tierras del Preste Juan al centro y, allí no más, al oriente, el
imperio del Gran Can...
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