Ficha bibliográfica
Titulo:
El mito del bosque primario. Antes que españoles y antioqueños, ya los quimbayas habían colonizado
Edición original: 2005-06-11
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-11
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Julio Carrizosa Umaña

 

Revista Credencial Historia


EDICIÓN 33 - SEPTIEMBRE 1992

 





EL MITO DEL BOSQUE PRIMARIO
Antes que españoles y antioqueños, ya los quimbayas habían colonizado.
Por: Julio Carrizosa Umaña

Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 33
Septiembre de 1992


imagen1.jpg (14912 bytes)




La conmemoración del V Centenario ha motivado la revisión de mitos: entre ellos el de la virginidad de la naturaleza americana precolombina. La existencia en América de bosques primarios intocados por el hombre o perfectamente protegidos por los indígenas precolombinos ha sido parte de la doctrina ecológica y sustento de las políticas conservacionistas más ortodoxas, pero parece apoyarse más en la subjetividad de los observadores europeos que en datos comprobables.

Las nuevas visiones del estado de la naturaleza americana antes de Colón se fundamentan en tres conjuntos de investigaciones recientes: el modelaje de las cadenas demográfico-migratorias que se iniciaron en Bering, la "datación" por el carbono de asentamientos humanos descubiertos recientemente en Brasil y la consiguiente revaluación de la población total del hemisferio. Los modelos de migraciones han demostrado que es posible que pequeños grupos de cazadores dieran origen a poblaciones de varios millones de habitantes a lo largo de las tres Américas; las dataciones agregaron alrededor de 20 mil años a la presencia del hombre en América del Sur y las estimaciones de la población total se han elevado a cifras fluctuantes entre 50 y 100 millones de habitantes (la séptima parte de la población actual).

 

imagen6.jpg (17178 bytes)


El río Caquetá frente al puerto de Descanse.
Acuarela de Manuel María Paz, 1857.



Si esto es cierto, cabe preguntar cuál fue el área necesaria para proporcionar alimento, vivienda y vestido a una población de ese tamaño, aislada del resto del planeta y, como lo confirman los primeros cronistas, gozando de buena salud y calidad de vida. En el caso del territorio colombiano, uno de los más favorables para la vida primitiva por sus condiciones ecológicas, una población de cinco millones de habitantes, dotada de técnicas agropecuarias muy simples, necesitaría un área semejante o mayor a la que se utilizaba al final del siglo XIX. Si, como parece probable, esta población fuera sensiblemente mayor a la promedio del continente, debido a la mayor humedad y a la fertilidad de las tierras, el terreno utilizado en agricultura, cacería y asentamientos humanos puede haber sido semejante a la totalidad del área deforestada en la actualidad; esta probabilidad hace clara la importancia de adelantar estudios sobre el tema.

 

imagen7.jpg (14575 bytes)


Vista del río Meta desde Orocué,
provincia de Casanare, 1856.


 

Progreso, romanticismo, materialismo y virginidad

Como todo nuevo paradigma, estas ideas deben primero explicar la aceptación de las anteriores. ¿Por qué se creyó en el predominio del bosque primario a pesar de que los primeros cronistas documentaban la existencia de grandes cultivos y hombres tan abundantes "como moscas"? La explicación parece tener mucho que ver con la ideología de los inmigrantes que llegaron tardíamente a América, cuando ya habían desaparecido casi totalmente los cultivos indígenas. La gente que llegó durante el siglo XVIII,
53 mil personas según Sánchez Albornoz, que tuvo una influencia extraordinaria en todas las actividades coloniales, fue sorprendida por la magnitud de la vegetación, sin saber que ésta había crecido durante los dos siglos anteriores, cubriendo los lugares donde había fracasado la tecnología agropecuaria europea, o donde la aparición del paludismo había obligado el desplazamiento de los indígenas sobrevivientes. De esa sorpresa inicial, los hijos del iluminismo pasaron a construir modelos de explicativos coincidentes con las ideas de progreso y de racionalismo científico que, coherentemente con la visión lineal de la historia, minimizaban las formas culturales y las técnicas precolombinas.

En el siglo XIX, racionalismo y romanticismo se aliaron para construir el paradigma en el que se simplificaba la historia americana, reduciéndola a la confrontación del buen salvaje, protector de la naturaleza, con el europeo portador de la ciencia y la tecnología capaces de transformarla. Posteriormente, el materialismo histórico otorgó visos de verosimilitud al modelo, enmarcando a América en sus esquemas economicistas universales. Fue necesario el replanteamiento actual de la validez de estas ideologías, para destruir el modelo que tenía raíces múltiples en el pensamiento de Voltaire, Rousseau y Marx y que se reforzaba con la lectura iluminada de los cronistas, olvidando que algunos de ellos escribieron de oídas o presionados por los intereses de quienes necesitaban ocultar la magnitud del descenso demográfico de los primeros 50 años o para justificar la actitud feudal de los "beneméritos".

 

imagen8.jpg (24414 bytes)


Indias sálivas del Casanare, bailando.
Acuarela de Manuel María Paz, 1856.


 

La relectura de Pedro Cieza de León, uno de los pocos cronistas de Indias que caminaron al lado de los conquistadores, proporciona indicios válidos para la construcción de un nuevo paradigma sobre la naturaleza precolombina en el territorio de lo que hoy es Colombia. En especial, son importantes las numerosas descripciones que hace Cieza sobre el valle inferior del Cauca cuando acompañaba a las avanzadas del mariscal Robledo que a principios del siglo XVI penetraron desde Urabá hasta el cañón del río. Los estudiosos de la historiografía de Indias tienen opiniones divergentes sobre los textos de Cieza; mientras unos lo incluyen entre los ilusos que exageraron la magnitud de las civilizaciones precolombinas, otros lo clasifican como uno de los cronistas más objetivos y realistas. La calidad y claridad de sus textos facilitan la lectura e inducen su aceptación como documento histórico de lo que podría denominarse la colonización quimbaya de la cuenca del Cauca.

En efecto, el cronista distingue claramente entre la situación casi virgen del bosque húmedo tropical de Urabá (con excelente descripción de la diversidad de su fauna y flora) y el "desarrollo" -difícil emplear otra palabra- que encuentra en las vertientes del Cauca, en donde cada población está rodeada de huertos y sementeras irrigados por complejas redes de acueductos construidos con guaduas. A lo largo de su recorrido por el valle, predominan las descripciones detalladas de lo construido por el hombre sobre las imágenes de la naturaleza, la cual aparece nuevamente vigorosa en las partes planas cercanas a Cali, en donde Cieza se sorprende por los extensos guaduales, plenos de serpientes y felinos.

 

imagen9.jpg (17498 bytes)

imagen10.jpg (20058 bytes)


Indios de Pancitará e indios del Puracé en la provincia de Popayán.
Acuarelas de Manuel María Paz, 1853.


 

Si las vertientes del Cauca habían sido cultivadas por los indígenas precolombinos, ¿de dónde surge el mito del descuaje decimonónico de la selva quindiana? Entre las descripciones de Cieza y las de los primeros viajeros por el Quindío hay un vacío de casi dos siglos y medio, periodo que incluye los años terribles inmediatamente posteriores a la entrada de las primeras expediciones europeas, años que se caracterizan en toda América por el descenso agudo de la población indígena, debido tanto a las epidemias como a la tensión cultural, a la confrontación armada y el consecuente servilismo. El mismo Cieza proporciona una descripción escalofriante de las primeras secuencias de la tragedia, cuando el jefe Nutibara se cuelga de un árbol para evitarse a sí mismo el horror de contemplar a los europeos.

Caben, sin embargo, otras preguntas: ¿por qué los castellanos no ocuparon las poblaciones de las vertientes del Cauca, como lo hicieron con tantos otros asentamientos indígenas?, ¿por qué permitieron que la selva creciera durante 250 años en esas laderas húmedas fertilizadas con cenizas volcánicas? Probablemente cuando se estudie en detalle esta incógnita, la respuesta estará ligada a la precariedad de las tecnologías agropecuarias y sanitarias de la Corona. Así, los castellanos fueron incapaces de sobrevivir en donde habían prosperado los quimbayas.

Esta visión de una colonización quimbaya tan próspera como la que desarrollaron los antioqueños del novecientos es coherente con lo poco que se sabe y lo mucho que dejaron estos pueblos y sus vecinos de la cuenca del Cauca. Es difícil explicar la abundancia y la belleza estética de la cerámica y la orfebrería del Cauca precolombino sin la existencia de una multitud de artistas sostenidos por una sociedad madura, suficientemente alimentada y alejada de lo que hoy llamamos pobreza.

Paradójicamente, la brillantez y los significativos resultados económicos de la colonización antioqueña pueden haber contribuido a opacar la historia precolombina del Cauca. La hazaña del descuajador de selvas decimonónico que crea un nuevo país de la nada se hace más dramática si se ha ejecutado sobre el vacío humano de la selva primaria y su importancia histórica disminuye si lo que se hizo fue tumbar la selva secundaria para sembrar nuevamente en los huertos quimbayas, pero, para consuelo de sus panegiristas, si existe una conciencia de culpa ecológica del antioqueño, ésta puede disminuir al compartirla con los descendientes de los caminantes de Bering.

 

imagen11a.jpg (15322 bytes)

imagen11b.jpg (21481 bytes)


Indios macaguajes e indios andaquíes sacando pita en Descanse, Caquetá.
Acuarelas de Manuel María Paz, 1857.


 

Análisis semejantes podrían hacerse de otras porciones del territorio de lo que hoy es Colombia. Investigaciones arqueológicas recientes han demostrado el intenso uso agrícola de zonas que considerábamos vírgenes como la Sierra Nevada de Santa Marta y el complejo desarrollo agrícola-piscícola del valle del Sinú, que a principios del XIX estaba cubierto de selva densa. La "tierra abastecida, donde se ve gente vestida", que describió Juan de Castellanos entre Vélez y Bogotá, aparecía cubierta de vegetación silvestre cuando pasó un visitador real cuarenta años después.

En otros países las investigaciones están desmontando el mito del bosque primario: la población precolombina de México se estima ahora en 25 millones, un poco más de un tercio de la actual, y se han encontrado textos del siglo XVI que ordenan la averiguación sobre tierras "que hay baldías", para su repartimiento a los indígenas, interesante indicio de su escasez.

En Colombia, después de los análisis de la población de la altiplanicie cundiboyacense que hizo Germán Colmenares, casi nada se ha publicado al respecto y convendría una recopilación y un análisis de las investigaciones sobre población y medio ambiente que condujeran a aclarar cuestiones tan complejas como la relación entre los sistemas de cultivo multiestrata y el uso de la tierra en la ladera de los Andes húmedos, la horticultura en la selva amazónica, la utilización del bosque magdalénico como territorio de caza y proveedor de materia prima, la localización de los cultivos de algodón y, en general, la transformación de la naturaleza durante los primeros 30 mil y más años.

 

BIBLIOGRAFIA

CARRIZOSA, JULIO. "La ecología". En: El libro grande de Colombia. Bogotá, Círculo de Lectores. 1983.

CARRIZOSA, JULIO. "Desarrollo sostenible en los ecosistemas cafeteros". Revista Iberoamericana, (Madrid, 1987.)

MEBEGUE, MARGARITA. "La destrucción del señorío indígena y la formación de la República de Indios en la Nueva España". En: HERACLIO BONILLA (Ed.). El sistema colonial en la América española. Barcelona. Crítica, 1991.

MORNER, MAGNUS. "La crisis colonial en Mesoamérica y los Andes, problemática metodológica comparativa". En: El sistema colonial en la América española. Obra citada.