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EDICION 154
OCTUBRE DE 2002
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LA UNIVERSIDAD COLOMBIANA
EN EL SIGLO XIX
Entre la precariedad, la politización y las guerras civiles
Por: Renán Silva
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Tomado de:
Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 154
Octubre de 2002
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Un provinciano conduciendo a su hijo al colegio. Acuarela
de Ramón Torres Méndez, ca. 1850. Litografía de Víctor Sperling, Leipzig, 1910.
Colección Banco de la República, Bogotá.
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No son demasiadas las
investigaciones sobre la universidad colombiana en el siglo XIX. Descontado el hecho
visible del propio atraso de la historiografía nacional, posiblemente la razón de esa
ausencia de investigaciones tenga que ver con la propia precariedad del sistema
universitario de entonces, para el caso de que resulte correcto utilizar la expresión
"sistema universitario" en la Colombia en el siglo XIX.
La creación y el sostenimiento de instituciones culturales fuertes y
sólidas, capaces de crear tradiciones y de producir logros estables en el tiempo exige
siempre un entorno favorable, entorno del que en general se careció en el siglo XIX. El
atraso económico, el peso de la los herencia cultural de la sociedad colonial, la pobreza
de la sociedad misma y, sobre todo, la inestabilidad política expresada ante todo
en los enfrentamientos partidistas y en las repetidas guerras civiles, son los datos
básicos del primer siglo de vida republicana, y un contexto en el cual resultaba difícil
el florecimiento de una institución universitaria con un cuerpo docente estable, con al
menos atisbos de programas de investigación, con una población universitaria creciente,
reclutando sus miembros de manera amplia en capas sociales diversas de la población,
sobre la base de criterios de mérito y con un sistema de carreras universitarias
diversificadas.
Nada de lo anterior es posible encontrar en el siglo XIX colombiano,
pero no hay que hacerse un cuadro demasiado sombrío de la situación, pues a pesar de los
esfuerzos de Humboldt y de Bonaparte, la universidad moderna diferente de los
modelos originales de Oxbridge, de Paris, de Salamanca o de Bolonia es en sentido
estricto una realidad del siglo XX. Por lo demás, considerado el sistema universitario en
términos de proyectos y de políticas educativas, lo que llama la atención es la
modernidad y a veces la audacia de las formulaciones de los responsables de la
educación y de los hombres de gobierno que en la Colombia en el siglo XIX intentaron dar
vida a un conjunto de ideales educativos en los que tenían posiblemente una confianza
exagerada. Pero el casi nulo desarrollo económico por lo menos hasta 1880 y
el torbellino de la política conspiraron a lo largo de todo el siglo y llevaron al
naufragio las que aparecían como las mejores intenciones. Como testimonio de esas
intenciones y como prueba de lo que se ha llamado el "proyectismo" de los
políticos del siglo XIX nos ha quedado la huella de una amplísima legislación
universitaria, que no es expresión simplemente de lo que algunos llaman el
"legalismo" de los colombianos, sino ante todo la prueba de que las mejores
políticas educativas no tienen ninguna posibilidad de aplicación cuando no encuentran un
entorno institucional favorable, o cuando no son capaces de crearlo. Así pues, quien se
ocupa de la universidad del siglo XIX en Colombia debe saber que, en buena parte, antes
que con el análisis de funcionamientos institucionales concretos, el historiador debe
disponerse a la consideración de proyectos fracasados o de realizaciones que sólo muy
tenuemente lograron aquello que se proponían.
Eso es lo primero que se constata cuando se examinan las propuestas y
realizaciones del proyecto "santanderista" (1826-1840) de creación de un
sistema universitario centralizado, monopolizando la formación profesional, con niveles
académicos similares a los de Europa, con una estructura curricular moderna y gozando de
relativa libertad académica, ya que a principios de esos años 40 lo que se podía
constatar era la multiplicación en provincia de "cátedras universitarias"
funcionando por fuera de todo control, una baja calidad de los procesos de formación y
sobre todo un gran desacuerdo político e ideológico en torno de los fines que debería
cumplir la enseñanza universitaria, que por el momento parecía ser tan solo un lugar de
paso de jóvenes de clase media que encontraban más bien sus posibilidades sociales en la
actividad política, a pesar del intento inicial de los "neoborbones" de
favorecer el estudio de las ciencias útiles y de aplicación práctica.
Después de 1842 y a través de una de las reglamentaciones más
prolijas que se conocieron en el siglo XIX, los conservadores, representados de manera
visible por Mariano Ospina Rodríguez, intentaron controlar la politización estudiantil,
reglamentar el acceso al cuerpo docente, controlar la educación universitaria en las
provincias y relanzar el estudio de las "ciencias útiles", bajo la idea de que
había que dar prioridad "a los asuntos industriales y a las ciencias útiles,
especialmente aquellas relacionadas con la agricultura". Pero se trató una vez más
de un esfuerzo frustrado a pesar de que en 1847 Rufino Cuervo redactara un nuevo
Plan de estudios que mantenía los mismos énfasis, no sólo por la carencia de
recursos que hicieran posible la traída de profesores extranjeros y laboratorios para
garantizar la enseñanza de materias que eran en general desconocidas, sino sobre todo por
el fuerte rechazo que hacia los conocimientos útiles expresaba una opinión pública de
padres y estudiantes que, pudiendo comprender la importancia teórica de las "nuevas
ciencias", no dejaba de ser sensible al hecho de que difícilmente un practicante de
esos nuevos saberes encontraría en la sociedad un lugar para su realización profesional.
Las conocidas reformas liberales del medio siglo, cuyo supuesto básico era el de
terminar de una vez por todas con la "herencia colonial", significaron para la
universidad el desmonte de los pocos elementos de construcción de un sistema
universitario nacional que se habían logrado, ya que el resultado de la "libertad de
enseñanza" fue por lo menos paradójico, si se recuerdan cuáles eran las
intenciones de sus promotores, puesto que con las reformas se buscaba ante todo
desestabilizar las profesiones universitarias tradicionalmente dominantes: la medicina y
el derecho. En verdad, lo que ocurrió fue el desmonte de las cátedras de ciencias
naturales, las que, dejando de ser obligatorias, como se había establecido en 1842,
simplemente fueron abandonadas por sus asistentes.
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Universidad de Antioquia. Grabado
de Francisco Landínez. "Colombia Ilustrada", agosto 11 de 1891.
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De manera práctica, la
organización de un sistema universitario nacional no se planteará de nuevo hasta 1867,
con la fundación de la Universidad Nacional, bajo el Federalismo y con el auspicio de los
gobiernos liberales, quienes de manera perspicaz observaron que en un marco federal
extremo como el que había impuesto la Constitución de Rionegro, la única forma de
garantizar la cohesión y unidad nacionales era a través de un sistema educativo
uniforme, cuya cabeza central visible fuera una universidad que agrupara desde las
escuelas de más alta formación hasta las instituciones de formación de artesanos en
oficios prácticos.
Durante casi veinte años la Universidad Nacional cumpliría de
manera a veces accidentada con esa función, y lograría, a través de la
centralización de escuelas y de cátedras, de un sistema de becas para estudiantes de las
provincias, de la incorporación de profesores nacionales y extranjeros, del sostenimiento
de laboratorios de ciencias y del mantenimiento de un clima de libertad intelectual, los
primeros gérmenes de una institución estable, con iniciales trabajos de investigación y
con un cuerpo docente que por primera vez empezaba a formar una comunidad académica
regida por convenciones que no dependían directamente de su adscripción a un bando
político. En ese marco el país conocería por primera vez el avance de la enseñanza de
la medicina sobre el derecho y la presencia continua de cátedras de matemática que
permitirían la consolidación inicial de la profesión de ingeniero, hecho que tendría
luego su continuación en los trabajos de la Escuela de Minas de Medellín, ya durante el
periodo de la Regeneración, bajo otro clima intelectual y en condiciones de un inicial
desarrollo económico, auspiciado por el auge exportador cafetero.
Pero la Regeneración significó también el desmonte de la Universidad
Nacional como institución centralizada, pues acusada de ser el centro de
"ideologías disolventes" que habían sido causa de guerras civiles, se
procedió a su desmembramiento, aunque muchos de sus logros en el camino de creación de
un sistema universitario nacional serían ya en adelante un patrimonio del país, como se
comprueba al recordar que en ese periodo se afirmarían las nuevas profesiones, se
crearían las primeras comunidades científicas y sociedades de sabios y se ampliaría la
propia población universitaria.
Desmembrada la Universidad Nacional, cuyas escuelas pasarían al
control directo de diferentes ministerios; desaparecida la autonomía universitaria y
establecido un férreo control ideológico sobre estudiantes y profesores, ninguno de los
viejos males que afectaban a la universidad del siglo XIX desaparecieron, y ante todo, en
el contexto de las nuevas pugnas partidistas, la institución volvería a mostrar que la
politización exaltada y la imposición de debates que en rigor no le pertenecían,
continuaban siendo dos de sus características, como se vería de manera particular en el
curso de la guerra de los Mil Días.
Sólo a principios del siglo XX, después de 1910, con la conciencia de
estar iniciando ahora sí una fase nueva del desarrollo del país, caracterizada por una
incipiente industrialización y el surgimiento de nuevos problemas y desafíos, los grupos
dirigentes volverían a plantearse al problema de la creación de un sistema universitario
nacional, cuyo primer esbozo moderno se encontrará en la "refundación" de la
Universidad Nacional como escuela integrada de saberes y profesiones, de docentes y
estudiantes empeñados en un proceso de formación de alto nivel que tiene como referente
básico de orientación los grandes problemas de la sociedad. Dirigentes liberales y
conservadores prestarán su apoyo a esa tarea, pero será la República Liberal la que
firmará el acta de nacimiento de la nueva esperanza.
ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA
Las anteriores observaciones se apoyan en algunos de los pocos estudios existentes
sobre el tema. Diversos artículos de Jaime Jaramillo Uribe, siguen siendo una guía
confiable y sugestiva en este terreno. Véase por ejemplo su Travesías por la
Historia, Antología. (Bogotá, 1997). Frank Safford, El ideal de lo práctico
(Bogotá, 1989), sigue siendo la mejor fuente sobre la educación técnica en el siglo
XIX. John Lane Young, La reforma Universitaria en Nueva Granada, 1820-1850
(Bogotá, 1994) reporta datos interesantes y confiables y tiene el mérito de mostrar las
relaciones del proyecto educativo local con los de Estados Unidos y Europa. Fernando
Uricoechea, La profesionalización académica en Colombia (Bogotá, 1999) ofrece un
marco sociológico de interés para analizar el surgimiento de las profesiones académicas
en el siglo XIX. La Revista Colombiana de Educación ha cumplido una tarea
encomiable publicando análisis y materiales básicos para comprender el problema de la
educación colombiana en el siglo XIX.
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